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“La sal de la tierra”, la mirada de Sebastiao Salgado

sabastiaosalgadoexhibitionopening4yz8nokdhhzlLa mirada de Sebastiao Salgado es una mirada única e irrepetible. Capaz de abarcar lo más universal en lo más elemental y lo más espiritual en lo más material, a través de su mirada vemos la belleza de lo que nos rodea, belleza que él sabe encontrar hasta en el horror. Sus paisajes y sus retratos en blanco y negro nos llevan a un universo sin tiempo donde todo es belleza, belleza y silencio. Desde las fotografías que dedicó a los distintos trabajos del hombre en su serie Workers, a esos paisajes todavía vírgenes que fotografió para Génesis, el sello de la particular forma de mirar de Salgado está presente en todas y cada una de sus fotografías. “La sal de la tierra” es un espléndido documental dirigido por Wim Wenders y por Juliano, el propio hijo de Sebastiao, que nos cuenta la historia de este hombre que lo dejó todo para seguir una mirada, esa mirada serena y profunda que habita en su interior y que, cámara en mano, se adentra en los paraísos más remotos y los infiernos más cercanos para recordarnos, por encima de todo, lo que significa estar vivo.

6Economista de formación y fotógrafo de vocación autodidacta, la vida de Salgado es la de aquellos que son capaces de abandonarlo todo para seguir un sueño. Porque eso es lo que él hizo: dejar un trabajo cómodo y seguro para dedicarse a lo que le gustaba: la fotografía. Al principio trabajó para algunas de las grandes agencias hasta que, en 1994, creó Amazonas Images, su propia agencia, lo que le permitió eliminar la palabra “jefe” de su vida y dedicarse con total libertad a hacer lo que más le gustaba. Desde entonces se mantiene fiel a su forma de trabajar: seleccionar cuidadosamente el tema que quiere abordar, documentarse profundamente sobre él, planificar sus viajes para fotografiarlo por todos los rincones del mundo, recopilar todo el material y prepararlo para su presentación en una exposición y, posteriormente, libro monográfico. Por eso cada uno de sus trabajos suele llevarle varios años.

Fotografiar el horror de la guerra y de la barbarie humana ha sido algo de lo que Salgado no ha huido. De hecho ha habido quien le ha criticado muy duramente por lo que han considerado la utilización de la miseria, el dolor y el 3horror con fines comerciales aunque yo me inclino por la versión que da el propio Salgado argumentando que mostrar el dolor, no esconderlo, es denunciarlo y, con ello, intentar ayudar a paliarlo. Son cientos de miles las personas que visitan las exposiciones de Salgado por todo el mundo, cientos de miles de personas que, sin esas fotografías, habrían seguido permaneciendo ajenas al dolor ajeno, al sufrimiento extremo de gran parte de la población de un planeta que Salgado ama como pocos. Su postura sobre esos que le critican es muy clara: “Los que me critican nunca han estado donde yo estuve, nunca han visto lo que yo he visto, nunca estuvieron frente a situaciones como las que yo enfrenté. Son gente que está ahí, con el culo en la silla de un periódico; les pagan para hacer críticas y las hacen. Al principio es difícil de aceptar, después me di cuenta de que entra en la lógica de las cosas. Otra lucha eterna. El que hace y el que piensa en lo que otros hacen” Sin embargo esa proximidad al horror ha dejado cicatrices muy profundas en el alma de Salgado. Presenciar el genocidio de Ruanda le llevó a hastiarse de la humanidad, a no querer saber ya nada más dela especie más cruel y sanguinaria que puebla la Tierra y a abandonar la que hasta ese momento había sido una de sus actividades principales: la fotografía social.

9Salgado es un hombre de una profunda espiritualidad. Se define como ateo, como seguidor de la teoría evolucionista de Darwin, pero en su mirada, en todo lo que dice y todo lo que calla, late un ser de una sensibilidad extraordinaria y una profundidad espiritual fuera de lo común. Ama su tierra, ama lo que ve, se identifica con todo lo que le rodea y se deja impregnar, hasta lo más hondo, de todo cuanto le atrae. Desde que tuvo que exiliarse de su país por sus ideas políticas contrarias a la dictadura militar Salgado ha hecho de su vida un canto a la libertad. Fue su mujer la que le regaló una cámara de fotos y le abrió ese universo nuevo que ya nunca abandonó. Cuando le preguntas que por qué se dedica a la fotografía te responde que simplemente por el placer que le produce. Su forma de acercarse a lo que va a fotografiar no es la de un fotógrafo cualquiera, que toma su foto y desaparece, sino que se impregna de lo que va a fotografiar, convive con ello, lo hace suyo y se hace de ello en una perfecta simbiosis que le permite llegar a pasar totalmente desapercibido, a ser considerado como uno de ellos“

Los humanos somos los mismos. No hay diferencia entre fotografiar a una tribu de Amazonas o a alguien en el corazón de París. En el momento en
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que levanto la cámara esa persona me permitirá o no que entre en su intimidad. Necesariamente debe haber una explicación sobre qué fui a hacer y para qué. Soy yo quien fui a su casa, el que debe acercarse, el que debe hacerse parte del grupo. Por eso viajo solo cuando puedo (como un cazador), por fuerza me tengo que acomodar al grupo, hacer lo que ellos hacen… Si tengo sed, si estoy triste porque me falta mi familia, debo hablar con ese grupo, adaptarme, hacer que me acepten. Decirles que voy a pasar mucho tiempo con ellos, que no haré una foto y me iré. Que no estoy de paso. Ser uno más. Hay que saber llegar y saber quedarse.” Su técnica para aproximarse a la naturaleza es idéntica: dejarse imbuir por ella, adaptarse a sus reglas, renunciar a tratarla como un ser humano: “Es igual. En las Galápagos comprendí que las tortugas gigantes tienen sus reglas, sus tiempos, no tenía que seguir la lógica humana porque si no era rechazado. Ante mis fracasos, un guía me dijo: “Sebastião, para que la tortuga te acepte tienes que venir a su altura”. Entonces empecé a aproximarme de rodillas. Y la tortuga venía hacía mí y yo retrocedía, siempre arrodillado. Cuando ella se dio cuenta de que yo aceptaba sus reglas, que reconocía que era su casa, no tuve más problemas.”

El aparente milagro de que las personas que aparecen en sus fotografías parezcan, muchas veces, ajenas al fotógrafo, es una labor que Salgado ha 7venido trabajando desde hace muchos años. Para él todos los seres humanos son iguales, sus reacciones son similares. Lo importante es conocerlos y respetarlos: “Hay una primera reacción de la gente que obedece a una cuestión de pudor. Ahora, en África, me aproximaba a grupos que quería fotografiar. Algunos querían, otros no. Todo bien. Después de un momento, los que no querían volvían, miraban a los otros y se iban otra vez. Al rato regresaban y se ponían para que los fotografiara, pero yo no lo hacía todavía. Se iban otra vez, pero finalmente volvían. Iba a fotografiar a un señor que se sacaba el sombrero, pero le quedaba en la frente la marca del sombrero. Entonces yo le hacía un pequeño masaje. Me dejaba, cerraba los ojos. Al principio todos reían pero después tocaban ellos. Al final, todos querían fotografiarse. En un tren que oficiaba de campo de refugiados en Croacia me pasó lo mismo. Eran bosnios que habían salido antes de ser violados, asesinados. Por eso no tenían el status internacional de refugiados perfectos y, mientras muchos de sus compatriotas salían para Alemania, Francia, Inglaterra, ellos se quedaban allí, a menos de dos kilómetros de la frontera donde mataban a sus familiares, a sus amigos. Escuchaban las bombas, los tiros. Estaban protegidos, pero expuestos en primera fila a esa angustia de saber lo que pasaba tan cerca y no poder hacer nada. Dentro de ese tren, una mujer de unos 65 años se dio cuenta de que la iba a fotografiar y vino hacia mí, me abrazó y lloró, lloró… Y ahí me di cuenta de que lloró porque alguien le prestaba atención. Cuántas veces cuando estaba fotografiando, la gente venía hacia la lente y hablaba ante él como si fuera un micrófono, para quejarse, pedir, llevar ese mensaje hacia otros.” Quien ha captado la sutiliza y la profundidad de la forma de fotografiar de Salgado es su buen amigo Eduardo Galeano: “Salgado fotografía personas, los fotógrafos de paso solo fantasmas”.

fo_salgado_genesis_int-2b1Salgado toma partido, no rehuye de su compromiso, pero no por ello se considera un fotógrafo militante o panfletario: “Mis fotos no son de protesta. Son fotos de una forma de mirar el mundo. Tengo mi ideología, mis principios y yo miro desde el lente dentro de esos principios. Intento ser lo más coherente posible con mi manera de vivir, de ser, de pensar y de fotografiar que es el complemento lógico de todo esto. Yo no soy un fotógrafo militante.” Sobre el contenido de las fotos, sobre los límites a lo que debe o no debe ser mostrado, tampoco vacila al contestar: “Existen límites. Cada uno tiene el suyo. Lo único que me niego a fotografiar es lo que ofende a la dignidad. El problema es ético y la ética no es una constante. Es una variable. En los campos de refugiados del Congo, en Goma, en el 94 morían 12 mil ruandeses por día. Yo estaba allí. Vi cosas bárbaras, terribles. La gente de aquí no las vio. Ahí tal vez esté la gran disparidad entre uno y los otros sobre la definición del campo de la ética. Entonces se produjo un gran debate, si sabía que mostrarlo o no. Para mí había que mostrarlas hasta en los colegios de chicos de cinco años, para que esto no volviera a pasar”

El hombre que hay tras la foto, el Salgado persona, es de una humildad y sencillez apabullantes: “Un director de cine trabaja con un iluminador, Ethiopia, 1984porque el cine es otra cosa. El fotógrafo trae consigo la luz que le viene de su mamá, de su calle, de su pueblito. Mi formación visual se hizo allí, en un pueblito del interior de Minas, Aimorés, una zona escarpada, una selva, con una descarga de lluvias torrenciales, con nubes bajas. Minas sigue hoy cerca del barroco. Mi imaginario también me viene de Vitória (capital de Espíritu Santo), donde veía salir esos barcos y me preguntaba qué sería el mar abierto, qué sería el resto del mundo. Y después viene la formación ideológica, la cultural, esas variables que te forman como persona. Al final una foto, como un libro, son distintas versiones de uno mismo”

10El blanco y negro es el distintivo de las fotos de Salgado. Ha trabajado el color, sí, pero por encargo de las agencias. Aún así él hizo aquellas fotos que
le pidieron, pero sin renunciar jamás a ser él mismo: “Hice color porque las revistas me pagaban por eso, pero yo siempre trabajé con tres cámaras, una en color y dos en blanco y negro. Los negativos blanco y negro los guardé, los de color no sé por dónde andan”

La grandeza de las fotografías de Salgado radica en lo que tiene delante del objetivo de su cámara, sin duda, pero sobre todo, está en el alma que mira tras ella, en esa mirada que lenta, pausadamente, se impregna de lo que ve, se integra en lo que le rodea, se deja llevar por la belleza indómita de un planeta que, a pesar de lo que le hacemos, sigue siendo infinitamente hermoso. Por eso cada una de sus fotos es un silencioso, que no callado, grito de dignidad, de amor y de libertad.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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