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Pere Casaldàliga, un corazón lleno de nombres

descarga¿Qué lleva a una persona a abandonarlo todo para jugarse la vida por gente a la que ni siquiera conoce? ¿Qué impulsa a un corazón a abrirse a los demás para hacer suyos los sufrimientos y el dolor de los otros? ¿Qué hay en ese corazón capaz de plantar cara a la muerte para que otros puedan seguir viviendo? ¿Es posible que en el mundo de hoy, ese desierto egocéntrico y egoísta en el que habitamos, todavía haya personas capaces de creer en la utopía y de dar hasta la vida por ella? Saber que sí es algo que reconforta, que te ayuda a recuperar la esperanza en el ser humano. Una de esas personas es Pere Casaldàliga, obispo de Sao Félix do Araguaia, en el Mato Grosso brasileño, donde vive y lucha por los más desfavorecidos desde hace cuarenta y cinco años.

Nacido en 1928 en Vic (Barcelona) de padres agricultores, se ordenó sacerdote con veinticuatro años recién cumplidos. Permaneció en España hasta 1968 en que fue D_Pedro_Casaldaligaenviado a Sao Felix, su primer destino como misionero, donde vive desde entonces. Su concepción de lo que es ser un misionero está muy alejada de aquella que, a los de mi generación, nos contaban cuando, de niños, nos sacaban a pedir para las misiones por las calles con unas huchas con forma de cabeza de “chinitos” y “negritos” Más bien es la antítesis de aquella versión: “Los misioneros deben abandonar esa actitud de poseedores de las verdades plenas, e ir al encuentro de Dios en todos los corazones. Cuando ellos llegaron aquí, Dios ya estaba en este mundo. Cada vez más se habla de diálogo ecuménico e inter-religioso con todos los credos, sea de los indios, de los orientales o de los afros. El primer papel del misionero es el diálogo. Después, ser una presencia de solidaridad, una profecía que detenga el proceso de opresión y de injusticia y que levante la esperanza de los pueblos. Diálogo, profecía y esperanza deben pautar la acción del misionero”

Su encuentro con la brutal realidad de los campesinos y los parias del Mato Grosso le hizo tomar conciencia política y esa conciencia le ha mantenido fiel a su compromiso dom_pedro_casaldaliga_1968_arquivo-da-Prelazia-de-São-Félixdurante todos los días de su vida. Los campesinos, sin tierra, no tenían ningún derecho. Vivían explotados por los terratenientes que, amparados por el gobierno, su policía y sus jueces, habían implantado un régimen dictatorial más propio del feudalismo medieval que del siglo XX. Allí la vida no valía nada. Los terratenientes tenían y ejercían el monopolio de la violencia. Nadie osaba enfrentarse a ellos porque, quienes lo hacían, aparecían muertos a los pocos días. Casaldàliga llegó allí sin saber lo que iba a encontrarse y sin saber tampoco si su estancia iba a ser larga o corta. Fue el duro impacto con aquella realidad descarnada la que le hizo tomar partido y elegir quedarse allí para defender a los pobres. Los terratenientes esperaban que el nuevo cura fuese dócil y sumiso, que se dedicara a decir misas, a bautizar y a casar a la gente, y que no se entrometiera en sus asuntos. Pero no fue así. Desde el primer día Casaldàliga dejó bien claro que no se iba a callar y que iba a defender los derechos de los desposeídos. Esa posición, ese defender a los demás, hizo que se ganara el respeto de los parias y el odio de los terratenientes que, sin dudarlo y haciendo lo que acostumbraban a hacer, le amenazaron de muerte e intentaron asesinarlo en más de una ocasión. El azar quiso salvar la vida a Casaldàliga un día cuando los secuaces de los terratenientes abatieron a balazos a un cura ayudante de Casaldàliga al que habían confundido con él.

Su situación era crítica por la escasez de medios con los que contaba, la impunidad absoluta de los casaldaliga-nri7lywasesinos y el aislamiento en que se encontraba. Solo la decidida intervención del Papa Pablo VI ante el gobierno militar brasileño hizo que se respetase su vida. Pero sus dificultades no se centraban solo en la lucha contra la injusticia en su diócesis, sino que el mismo Vaticano que había intercedido por su vida le recriminaba su decidida toma de partido por los pobres. La Teología de la liberación nunca ha sido bien vista en Roma y figuras como las de Casaldàliga, Boff, Ellacuría y tantos otros han sido siempre vistas con recelo y perseguidas desde las más altas instancias vaticanas que no creen en la iglesia de los pobres por la que ellos han estado siempre dispuestos a dar la vida. Para entender la situación en la que se encontraba Casaldáliga basta recordar que no pudo ir ni al entierro de su madre porque sabía que, si abandonaba Brasil, los militares le prohibirían la entrada a su regreso. Por eso han sido contadas las ocasiones en las que Casaldáliga ha abandonado su diócesis.

Su forma de entender la religión y la fe como un acto de resistencia es la que le ha llevado a elegir la opción por y con los pobres, a convertirse en un pobre más, a sufrir el 9dolor y el hambre como un pobre más. Esa es su grandeza, la grandeza de los humildes: “Hay muchos tipos de fe. Está la fe religiosa, pero también existe la fe en la vida. Yo he caminado junto a muchos no creyentes cuya esperanza era tan válida como la mía. Hay gente que no cree en la religión, pero cree en la vida que, en última instancia, es el sueño y el proyecto de Dios. Yo creo que en el mundo hay cada vez menos ateos, aunque hay muchos agnósticos. Pero aquí, en la Teología de la Liberación, afirmamos que lo contrario de la fe no es la duda. Para nosotros, lo contrario de la fe es el miedo y la cerrazón”

Construir escuelas y enfermerías, ayudar a organizarse a los campesinos en la defensa de sus derechos y estar siempre e Pere-Casaldaliga-en-cuclillas-_54351224828_53389389549_600_396incondicionalmente junto a los que más le necesitan es la iglesia que Casaldàliga ha creado en el Mato Grosso. Y lo ha hecho siempre implicándose a fondo y teniendo muy claro que quien había acercarse a la cultura indígena era él, y no al revés, que su camino estaba en conocer y respetar las ancestrales costumbres de los campesinos y formar parte de ellas. Por eso ha sido muy crítico incluso con la política del presidente Lula, que, aunque propugnaba acabar con la pobreza y la injusticia, en el tema indígena defendía su integración en el mundo occidentalizado del Brasil de hoy, en lugar de respetar las tradiciones y la forma de hacer de quienes llevan miles de años viviendo en aquellas tierras en total armonía con la naturaleza.

4Casaldáliga, hombre de una sensibilidad y espiritualidad muy profundas, utilizó sus pastorales para impulsar la toma de conciencia y la denuncia de la injusticia. Pero no solo lo hizo a través de sus pastorales y de su propia vida, sino que también lo hizo a través de su poesía, porque, no podía ser de otra manera, Casaldàliga tiene alma de poeta. Tomando un verso de una poeta brasileña, él se define a sí mismo diciendo “No soy alegre, ni triste, soy poeta”

Su poesía rezuma sensibilidad y compromiso. Es una invitación a la reflexión y a la toma de postura en el mundo de hoy. Sus versos son cortos, esenciales, directos, y siempre llenos de esperanza, esa esperanza que, como decía Marcuse, solo merecen los que están en el camino:

DENTRO DE AUSCHWITZ

¿Cómo
hablar de Dios
después de Auschwitz?,
os preguntáis vosotros,
ahí, al otro lado del mar, en la abundancia.
¿Cómo
hablar de Dios
dentro de Auschwitz?,
se preguntan aquí los compañeros,
cargados de razón, de llanto y sangre,
metidos en la muerte
diaria
de millones…

MALDITA SEA LA CRUZ

Maldita sea la cruz
casaldaliga-pereque cargamos sin amor
como una fatal herencia.
Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.
Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.
Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote del lujo,
ante los ojos del miedo.
Maldita sea la cruz
que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás.
Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
– quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.
¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser La Cruz!

YO, PECADOR Y OBISPO, ME CONFIESO

Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber llegado a Roma con un bordón agreste;
casaldaliga-mauro-720_560x280de sorprender el Viento entre las columnatas
y de ensayar la quena a las barbas del órgano;
de haber llegado a Asís,
cercado de amapolas.
Yo, pecador y obispo, me confieso
de soñar con la Iglesia
vestida solamente de Evangelio y sandalias,
de creer en la Iglesia,
a pesar de la Iglesia, algunas veces;
de creer en el Reino, en todo caso
-caminando en Iglesia-.
Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber visto a Jesús de Nazaret
anunciando también la Buena Nueva
a los pobres de América Latina;
pedrode decirle a María: «¡Comadre nuestra, salve!»;
de celebrar la sangre de los que han sido fieles;
de andar de romerías…
Yo, pecador y obispo, me confieso
de amar a Nicaragua, la niña de la honda.
Yo, pecador y obispo, me confieso
de abrir cada mañana la ventana del Tiempo;
de hablar como un hermano a otro hermano;
de no perder el sueño, ni el canto, ni la risa;
de cultivar la flor de la Esperanza
entre las llagas del Resucitado.

PIENSA TAMBIÉN CON LOS PIES

Piensa también
con los pies
sobre el camino
cansado
por tantos pies caminantes.

Piensa también, sobre todo,
con el corazón
abierto
a todos los corazones
que laten igual que el tuyo,
como hermanos,
peregrinos,
casaldaligaheridos también de vida,
heridos quizá de muerte.
Piensa vital, conviviente
conflictivamente hermano,
tiernamente compañero.

RIO DAS MORTES

No pasa nada en este río.
Pasan
las formas de las nubes,
las copas invertidas,
la sombras de las alas,
nuestros ojos.
Pasamos.
Pasa el río.

Cuando Casaldàliga cumplió setenta y cinco años los de Roma intentaron jubilarle. Él lo aceptó, pues jamás ha sido rebelde para los asuntos que solo le afectan a él, pero pedro_prêmio-001exigió que, en contra de la forma de hacer vaticana que siempre impone su criterio, los campesinos de su diócesis tuvieran la palabra para poder decidir quién sería su mejor sustituto. Fue un acto de rebeldía, uno más, que Casaldàliga hizo por los suyos. Aquejado de Parkinson, ve su futuro en Sao Felix, ya que su enfermedad no le permite cumplir con uno de sus sueños: siempre, desde que se ordenó sacerdote, había querido ir de misionero a África. Le enviaron a Brasil y nunca ha pisado África, pero su voluntad era la de retirarse a pasar sus últimos días allí para, ya que no le pudo dar su vida a aquel continente que le fascina, poder darle su muerte. Ha renunciado a esa idea porque es consciente de que su enfermedad no se lo permite: “Mi sueño era ir a África, simplemente para estar en oración y solidaridad con los hermanos que moran en aquel continente marginado. La salud, sin embargo, ya no secunda mi sueño y no quiero dar trabajo a nadie. A Europa, no vuelvo. Todavía no he decidido, pero me quedo en el Tercer Mundo”

Casaldàliga, ese obrero de la utopía que lucha día a día y hora a hora para que los que vengan después la puedan vivir, suele decir: “Yo no sé los nombres de todos, pero me aprendo sus ojos, y por sus ojos les llamo”

NUESTRA HORA
Es tarde
pedro 1pero es nuestra hora.
Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer futuro.
Es tarde
pero somos nosotros
esta hora tardía.
Es tarde
pero es madrugada
si insistimos un poco.

«Al final del camino me dirán: -¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres» (Pedro Casaldàliga)

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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