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Joanne Senandoah, la necesaria voz de la Madre Tierra

jshenandoah6mb_medDe la tribu de los Oneidas, descendiente de los que vivieron en armonía con la tierra durante miles de años, perteneciente al matriarcado del clan de los lobos, Joanne Shenandoah es la voz de la madre tierra, la voz de ese universo que será femenino o no será, la voz que nunca debimos hacer callar. Considerada por muchos como la primera voz de los indios norteamericanos, ha dedicado su vida a preservar la cultura, las tradiciones y los valores de su pueblo transformándolos, con su música, en un canto universal por la paz y el planeta. Profundamente espiritual, su música aúna las raíces de la música de su tribu y las de todos los pueblos, en una simbiosis que recuerda al canto gregoriano, a los mantras tibetanos, al folk norteamericano y a todos los cantos que luchan por la paz en el mundo. Es una música para ser escuchada desde el corazón. Poco importa que desconozcamos la lengua en la que canta porque su mensaje universal traspasa todas las fronteras y es capaz de llegar a todos los corazones y a todas las músicas, como las de artistas como Willie Nelson, Jackson Browne, Kris Kristofferson, Bruce Springsteen, Pete Seeger o Neil Young, con los que ella ha cantado.

En este tema que interpreta en estos dos videos junto a Lawrence Laughing, en inglés y en iroquois Oneida, nos dice que no es verdad que vengamos aquí solo a vivir, que venimos solo de paso, que no poseemos nada porque todo nos es dado a nosotros, que en este viaje nosotros comemos, dormimos y soñamos, y que cuando estés preparado, hacedor de la vida, vendré hacia ti…

Nacida en 1958 en el estado de Nueva York en el seno de la tribu de los oneidas, Joanne sigue viviendo en lo que fue la tierra de sus antepasados, esa shenandoahhisholinesspic_medtierra a la que sus ancestros, allá por 1800, cuidaban como a una madre porque sabían que esa tierra era, y es, la madre de todos. El matriarcado es la estructura social de los oneidas, una estructura donde las mujeres ocupan el lugar más destacado en todo lo referente al espíritu, a la preservación de las tradiciones, a la transmisión de los valores ancestrales que han guiado a su pueblo. Y lo hacen desde el consejo de la tribu, como una fuerza invencible que atempera y apacigua la violencia inherente a todo lo masculino. Que su tribu fuera masacrada por el “hombre blanco” no demuestra que su estructura o sus valores fueran equivocados, sino que el “hombre blanco” era más violento y tenía más poder. Que su cultura haya prevalecido a pesar de la dominación del “hombre blanco” durante dos siglos y que el propio “hombre blanco” la contemple ahora como una alternativa a la sinrazón del mundo que ha creado no es más que la prueba de que aquellos valores y aquellas tradiciones son las que nos pueden salvar a todos.

Descendiente del jefe John Shenandoah, fue educada por su madre, Maisie, madre del clan Oneida de los lobos y su padre, Clifford Shenandoah, 0001_090503_thomas-donley_l_medguitarrista de jazz. Las canciones de Billy Holliday o Frank Williams sonaban siempre en su casa cuando era pequeña. Para ella cantar es algo tan natural como respirar. Su nombre indio, Tekaiawahway, que le pusieron antes de que empezase a hablar, significa “la que canta” Apasionada por la música desde pequeña, fue autodidacta aprendiendo a leer música y a tocar el piano, la flauta, el cello y el clarinete. Fue la única india nativa que estudió en la Union Springs Academy de Nueva York. Al acabar sus estudios empezó a trabajar como especialista en informática en Washington. Lo hizo lo mejor posible, entregándose por completo a lo que creía que era lo más importante, pero no tardó en darse cuenta de que aquello no era lo suyo. El destino quiso que participase en un festival de música benéfico donde también cantaban Willy Nelson y Neil Young que, al escucharla, no dudó en apoyar incondicionalmente su carrera musical.


Empezó cantando en su lengua, el iroquois de los Oreida, para, con el paso del tiempo, hacerlo también en inglés. Admirada por público y crítica, ha 1recibido innumerables premios a lo largo de su carrera, entre ellos un Grammy y ha dado conciertos en los cinco continentes. El denominador común de su música es la espiritualidad, esa espiritualidad universal que habla de armonía, de paz y de sueños, que canta a la madre tierra y habla de lo que significa nuestro paso por el mundo, que pone voz a la naturaleza que debemos amar y preservar. Sus canciones rezuman una profunda melancolía y una fuerza irresistible cargada de esperanza, la esperanza de que estamos a tiempo de volver a la naturaleza, de volver a ser seres humanos, de vivir de acuerdo a los valores universales de los pueblos indígenas, esos valores que la revolución industrial y el mal llamado progreso quisieron llevarse por delante. No propone una vuelta atrás, un volver al pasado, sino vivir intensamente un presente donde todos los habitantes del planeta puedan vivir en paz y en donde haya justicia para todos.

La permanente búsqueda que Joanne ha hecho de su vida la ha llevado al mundo de la canción, de la composición de bandas sonoras y hasta la 2interpretación en varias películas donde, como todo lo que hace en su vida, lo ha arriesgado todo para defender la autenticidad de su esencia. Son varios los libros que ha publicado para divulgar las costumbres de su pueblo y defender el matriarcado. Esa búsqueda la ha llevado a ser una de las fundadoras del Instituto Hiawatha para el conocimiento indígena, de la Universidad de Siracusa. Voces como la de Joanne Shenandoah son hoy más actuales y necesarias que nunca. La voz de la madre tierra, del universo femenino, debe hacerse oír fuerte y clara si no queremos desaparecer en esa abyecta carrera a ningún sitio en que hemos convertido nuestras vidas. Escucharla es adentrarse en un mundo nuevo, el mundo que podía haber sido, ese mundo donde la tierra es lo sagrado y los sueños lo necesario, donde lo espiritual prevalece sobre lo material, donde la vida vence a la muerte, donde alcanzamos, al fin, a ser viaje y soledad…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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