Cine/Teatro General Otros temas

Charles Chaplin, un canto a la dignidad

Charles-Chaplin_CLAIMA20120628_0239_19Podemos decir de él que fue un actor, director, guionista, productor, músico… pero siempre nos quedaríamos cortos. Solo se le puede definir con una palabra que es conocida en el mundo entero: CHARLOT, ese vagabundo universal que lucha por sobrevivir en un mundo cruel y sinsentido donde palabras como amistad, amor, generosidad, dignidad o libertad carecen por completo de significado. Nadie como él ha sabido crear un personaje capaz de ser entendido y querido en los cinco continentes por hombres y mujeres de todas las razas y religiones, por niños, por jóvenes y viejos… Y, como casi todas las cosas maravillosas y geniales de la vida, ese personaje inolvidable surgió casi por casualidad: “No tenía idea sobre qué maquillaje ponerme.

No me gustaba mi personaje como reportero (en Carlitos periodista). Sin embargo en el camino al guardarropa pensé en usar pantalones 2014-charlie-chaplin-1925bombachos, grandes zapatos, un bastón y un sombrero hongo. Quería que todo fuera contradictorio: los pantalones holgados, la chaqueta estrecha, el sombrero pequeño y los zapatos anchos. Estaba indeciso entre parecer joven o mayor, pero recordando que Sennett, el productor, quería que pareciera una persona de mucha más edad, agregué un pequeño bigote que, pensé, agregaría más edad sin ocultar mi expresión.

No tenía ninguna idea del personaje pero tan pronto estuve preparado, el maquillaje y las ropas me hicieron sentir el personaje, comencé a conocerlo y cuando llegué al escenario ya había nacido por completo” Pero Charles Chaplin fue mucho más que su personaje: fue un hombre concienciado políticamente, un hombre que no dudó en enfrentarse a todos y a todo para defender lo que creía justo, un hombre que, por encima de todo, amó la vida, el amor y la libertad.

Si quieres, puede acompañarnos ahora una de las muchas canciones originales que él compuso para sus películas: Candilejas, esa inolvidable historia del viejo cómico que, antes de llegar a Chaplin_Claire_Bloom_fotograma_i_Candilejas_isu final, ayuda a una joven actriz a que se abra camino en la vida. La escena final en la que la vemos a ella triunfar en el escenario mientras él muere entre bambalinas es de lo mejor que se ha hecho en la historia del cine. Todo está allí: el amor al teatro, la pasión por la vida, la generosidad y altruismo del viejo perdedor, el amor de la joven que nace a la vida, la humildad de quien, en segundo plano, acepta su destino entregándose a los demás, el sagrado mantra de todos los actores, ese que dice que, pase lo que pase, la función debe continuar…

Su infancia fue tremendamente dura. Nació en Londres, en 1889, en una familia de artistas. Su padre, Charles Spencer Chaplin, era un actor y cantante de music-hall que se casó con su madre, Hannah Hill, artista de variedades conocida como 2Lily Harley, cuando se enteró de que estaba embarazada y que su novio la había abandonado. Tanto el padre como la madre tenían cierto éxito y eran artistas conocidos en los ambientes londinenses. La afición a la bebida de su padre y el inestable equilibrio emocional de su madre hicieron que se separasen cuando Charles tenía 3 años. El y su hermanastro mayor se quedaron a vivir con su madre que, soñando con llegar a cantar un día en las grandes salas de Londres, se ganaba la vida cantando en bares y pequeñas salas de los suburbios. Una noche, cuando Charles todavía no había cumplido los siete, su madre se quedó sin voz antes de salir a cantar. El dueño del teatro empujó a Charles al escenario. Cantó una canción y la gente le tiró varias monedas que él, sorprendido, empezó a recoger y a contar en el escenario. La carcajada fue total, se había salvado la afonía de la madre con el mayor de los éxitos, pero el problema de la voz de su madre no era una simple afonía. Tuvo que dejar de cantar. Desde entonces la situación económica de aquella madre y sus pequeños pasó a ser dramática. El padre no respondió a ninguna de las peticiones de ayuda que le hicieron. En 1896 tuvieron que ingresar los tres en un albergue de beneficencia. Las autoridades no permitieron que los tres siguiesen juntos y dejaron a la madre en el asilo mientras enviaban a los dos hermanos a un orfanato. La tendencia depresiva de Hannah se agudizó y tuvo que ser ingresada a menudo en hospitales psiquiátricos. Charles tenía 7 años. Charlie Chaplin2Con once años, Sidney, el hermanastro mayor de Charles, es enviado por la beneficencia a trabajar en un buque escuela. Dos años después, su madre consigue salir del hospital y se reúne con sus hijos. Charles sale del orfanato con nueve años y Sidney abandona el buque escuela. Los tres intentan sobrevivir como pueden. Cualquier trabajo es bueno si trae dinero a casa. Charles trabaja como chico de los recados y vendedor callejero. Pero no consiguen ganar el dinero suficiente para vivir y aquello acaba por llevarles nuevamente a un orfanato y a separarse de nuevo de su madre, que es ingresada en un manicomio. La ley obliga al padre a hacerse cargo de sus hijos. Van a vivir con él y con su compañera, también alcohólica, en un ambiente que les es totalmente hostil. Cuando la madre, aparentemente curada, logra salir del manicomio, intenta recuperar a sus hijos, que malviven con ella en condiciones miserables. La desgracia, el hambre y la miseria son los fieles compañeros de correrías del joven Charles. De su madre recuerda su capacidad de lucha por la supervivencia: “No había nadie como ella para salir de las situaciones difíciles. En unas horas sabía encontrar un alojamiento, alquilaba una máquina de coser, se proporcionaba tela y aquella misma noche había ganado lo suficiente para la comida del día siguiente” Las deudas les perseguían y, de embargo en embargo, fueron tirando. Solo conservaron los colchones, porque la ley inglesa prohibía embargarlos. Los niños no tenían ni zapatos y la madre les prestaba los suyos para que fueran a buscar comida a los comedores sociales. Charles sobrevivía como podía cantando y bailando en la calle. Solía ponerse junto a algún organista callejero. El cantaba y bailaba hasta que se acababa la canción. Entonces pasaba la gorra entre el público y salía corriendo para huir del organista que le perseguía hasta que se cansaba. 9En 1903 Charles consiguió entrar a formar parte de una compañía de music-hall. A esa compañía le siguió otra más importante donde tenía pequeños papeles. Su madre seguía ingresada en el manicomio y Charles trabajó con aquella compañía hasta que se acabó su contrato. Entonces empezó a actuar en solitario en circos, bares y pequeños teatros donde tuvo mucho éxito. En 1907 ocurrió algo que cambiaría su vida para siempre: entró a formar parte de la compañía de mimo de Fred Karno, con la que, tres años más tarde, fue de gira a Estados Unidos. En aquella compañía trabajó y compartió habitación durante la gira americana con el que después sería conocido como Stan Laurel, el flaco de “el gordo y el flaco”. Mark Sennet, productor del entonces incipiente mundo del cine, vio actuar a Charles en un teatro de Nueva York y lo contrató. Adaptarse al mundo del cine no le fue fácil a un actor como él, que estaba acostumbrado al teatro gestual y a la comedia. A pesar de que en el cine mudo la interpretación se acerca mucho a la del teatro, la técnica es absolutamente distinta. Su primera película pasó sin pena ni gloria y Sennet estuvo a punto de despedirlo. Fue la insistencia de Mabel Normand, socia y directora de las películas de la productora de Sennet,  para que le diera otra oportunidad la que lo impidió. Y no se equivocó. Desde su segunda película Chaplin fue el actor de mayor éxito de la productora. Todavía no había creado a su inolvidable Charlot. Lo hizo un año después, en 1914. Aquel personaje entroncó con la sensibilidad del público como nunca antes lo había hecho otro personaje. Todos se sentían identificados con aquel perdedor al que el mundo se empeñaba en no dejar chaplin-charlie-modern-times_02-jtvivir.

Los valores que transmitía su personaje y el impresionante trabajo corporal de Chaplin dándole vida y matizando en cada uno de sus gestos lo que sentía el bueno de Charlot, lo convirtieron rápidamente en un icono universal. Rodó más de setenta películas con aquel personaje, entra las que se incluyen algunos largometrajes como “La quimera del oro” que están considerados entre los mejores de la historia del cine. La última vez que Chaplin dio vida a Charlot fue en “Tiempos modernos”, en 1935, que acaba precisamente con un plano de Charlot y su compañera (con la que se casaría un año después en la vida real) Paulette Goddard , caminado de espaldas alejándose de la cámara en una carretera desierta.

Enamorado del cine y de la técnica cinematográfica, desde 1918 empezó a dirigir todas sus películas. Y no contento con escribirlas, dirigirlas e interpretarlas, en 1919 fundó, junto a Mary 140407_CHARLİECHAPLİNPickford, Mac Adoo, D. W. Griffith y Douglas Fairbanks, la United Artist, para garantizar su independencia como creadores frente a las distribuidoras. En todas las películas de Charlot suelen aparecer guiños o situaciones con las que Chaplin se identificaba plenamente y que utilizaba para denunciar la injusticia de los poderosos. Siempre fue un hombre de izquierdas y eso, en un país como Estados Unidos, iba a granjearle más de un problema. La aparición del cine sonoro cambió radicalmente la industria del cine. Fueron muchos los actores y las actrices que no supieron, o no pudieron, adaptarse a la nueva técnica. Chaplin se negó a que Charlot hablase. Siguió haciendo películas mudas hasta que, en la despedida de su personaje, en “Tiempos modernos”, se pudo oír su voz por primera vez. Lo hizo cantando y en un idioma ininteligible. Fue la forma que Chaplin eligió para que Charlot se despidiera de su público: sin renunciar jamás a ser él mismo y denunciando, como nunca se había hecho hasta entonces, el absurdo de la hegemonía de la BRITAIN_CHARLIE_CHAPLINmáquina sobre el hombre, la esclavitud del hombre moderno, la dictadura de la era industrial sobre el ser humano. Acabado su Charlot, Chaplin se enfrentaba al reto de sobrevivir a su personaje. Y lo logró con películas que han pasado a formar parte de la historia del cine: “Candilejas”, “Monsieur Verdoux”, “El gran dictador”… En todas ellas Chaplin utiliza a sus personajes para denunciar la situación del mundo: “Monsieur Verdoux” es una alegoría del capitalismo que es capaz de asesinar con la mayor frialdad, “El gran dictador” es la crítica más feroz que se ha hecho de Hitler y Musolini en la historia. El despiadado ataque que hace en esta película a las dictaduras (de hecho en España estuvo prohibida hasta que murió Franco y se estrenó con 35 años de retraso) y su clara defensa de los débiles encarnados aquí por los judíos, hicieron que en Estados Unidos los conservadores le considerasen un radical y un comunista. Su negativa a apoyar al ejército aliado durante la segunda guerra mundial, como sí lo había hecho durante la primera, fue considerada por muchos como una traición. Pero no lo era. Chaplin se negaba a apoyar regímenes de cualquier tipo empeñados en hacer guerras para defender únicamente los intereses del capital y no los valores humanos en los que él creía firmemente. Esta fue la gota que colmó el vaso y fue acusado de actividades antiamericanas por el Comité de Actividades Antiestadounidenses. Las tensiones entre Chaplin y las autoridades norteamericanas se prolongaron hasta el inicio de la década de los 50. Le citaron muchas veces a declarar, pero él nunca se presentó. En 1952, cuando había acudido al estreno de “Candilejas” en 1024px-CharlieChaplinAndGandhiLondres, el fiscal general de Estados Unidos dio instrucciones para detener a Chaplin y a su familia. No lo consiguió. Chaplin se exilió a Suiza, donde vivió hasta su muerte, en 1977. Su última aparición pública fue en Vevey, viendo una función de circo. Al acabar la función los payasos se quitaron sus narices y se las regalaron.

Conscientes de la injusticia que estaban cometiendo con él, las autoridades norteamericanas revocaron la orden del fiscal y le hicieron llegar a Vevey un permiso de retorno a Estados Unidos. Chaplin, en cuanto lo recibió, se fue a Ginebra a ver al embajador estadounidense y se lo devolvió. Como no podía ser de otra manera, Chaplin también hizo una película satirizando la injusticia y el absurdo del exilio: “Un rey en Nueva York”, que tardó diez años en poder ser estrenada en Estados Unidos.

Desde su exilio suizo acudió a Londres cuando la reina de Inglaterra le concedió el título de Sir y le concedió la Orden del Imperio Británico, en 1975 (que el gobierno británico le había negado chaplin-oscar-2en dos ocasiones anteriores por sus ideas políticas y por haberse casado en dos de sus cuatro matrimonios con jóvenes de dieciséis años) Tres años antes también había accedido a regresar a Estados Unidos a recoger el Oscar honorífico a su carrera que le concedieron en una ceremonia en la que el público, en pie, le regaló el aplauso más largo de la historia del cine. Duró doce minutos. Chaplin fue un luchador infatigable, un ser independiente y libre que jamás renunció a ser él mismo ni se apartó de sus ideales. Luchó durante toda su vida por cambiar el mundo, un mundo al que conocía muy bien y al que adoraba, y fue, sobre todo, una persona que amó keaton_chaplin_limelightla vida y que supo convertirla en algo maravilloso, viniese como viniese. El destino no quiso darle buenas cartas para jugar la partida de la vida. Pero eso, a él, nunca le importó: “Mirada de cerca, la vida parece una tragedia; vista de lejos, parece una comedia. Nunca te olvides de sonreír, porque el día en que no sonrías será un día perdido. La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive cada momento, antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos. Hay que tener fe en uno mismo. Aún cuando estaba en el orfanato o recorría las calles buscando qué comer, me consideraba el actor más grande del mundo. La vida es maravillosa…si no se le tiene miedo. Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo. Más que maquinaria necesitamos humanidad, y más que inteligencia, amabilidad y cortesía. Fui perseguido y desterrado, pero mi único credo político siempre fue la libertad”

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar