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Boyhood, el imperceptible paso de la vida…

Boyhood_filmBOYHOOD es una película que me ha dejado profundamente impactado. Es una verdadera obra maestra, una joya del cine. Nunca había visto algo así, algo tan auténtico y real como la vida en una pantalla. Aparentemente es una película sencilla, una película que cuenta una historia sencilla vivida por gente sencilla. Pero no es así. Es todo un canto a la vida, a esa vida que está formada por todos esos momentos aparentemente sin importancia que vivimos creyendo que la vida es otra cosa. El tiempo, ¡Ah el tiempo…! ese es el verdadero protagonista de esta película, como también lo es de nuestra propia vida. Dejamos escapar esos momentos porque no les damos importancia, porque son sencillos y son muchos. No los vivimos intensamente,simplemente los existimos y dejamos que se escapen. Hasta que llega un día en que miramos atrás y nos preguntamos ¿Vivir era eso? Nos pasamos la vida haciendo cosas a las que no les damos importancia creyendo que algo vendrá en el futuro que dará sentido a todo lo que hacemos, a nuestra vida. Pero esas cosas no vienen nunca, tenemos que ir a buscarlas porque están escondidas entre esas pequeñas cosas a Boyhood-Bikelas que no les damos la más mínima importancia. Y llega el día, porque siempre llega, en que nos damos cuenta de que tenemos más recuerdos que sueños, de que ya no crecemos, sino que envejecemos, de que el futuro nunca ha existido, de que lo único que podíamos esperar eran esos momentos que pasaron sin que nos diésemos ni cuenta. Y nos preguntamos por el sentido de todo eso, por el sentido de nuestras vidas, de nuestro paso por el mundo… ¿Por qué tardamos tanto en darnos cuenta de que lo importante era vivir, disfrutar y saborear todos esos sencillos y pequeños momentos que tanto despreciamos?


BOYHOOD es una experiencia única en la historia del cine: por primera vez se rueda en tiempo real una película que transcurre durante doce años. Es la historia del compromiso de unas personas que creen que las cosas se pueden hacer de otra manera. Cada año los actores y el equipo técnico Ellar Coltranese reunían para rodar durante una o dos semanas. Acabado el rodaje de cada año, el director montaba lo grabado y escribía el guion de lo que pasaría el siguiente año. Tenía la estructura de la película, los personajes, las situaciones, lo que quería contar, pero no el cómo iba a contarlo ni lo que iba a pasar. Es esta película había tanta incertidumbre como en la vida misma. Y eso era un reto no solo para los productores y para él, sino para los actores que encarnaron sus personajes durante esos doce años haciéndoles evolucionar conforme ellos mismos evolucionaban, y entre ellos estaban dos niños que empezaron la película con seis años ¡y la acabaron con dieciocho ya cumplidos! Una de las mayores dificultades era que entre semana y semana de rodaje pasaba un año sin que hubieran trabajado con su personaje, la grabación de cada año era como si fuera una nueva película para ellos, pero debiendo mantener el personaje que habían creado un año antes… Pero las dificultades no solo eran para ellos, qué decir de las del equipo técnico: la fotografía, el sonido… Un reto apasionante, sin duda.

BOYHOOD nos habla de nuestra relación con el mundo, con nuestro mundo, ese mundo tradicionalmente formado por la familia, por nuestros padres, nuestros hijos y nuestros hermanos. Es nuestro pequeño mundo, el mundo que nos marca desde que nacemos y que nos acompaña boyhoodsiempre. Cualquier relación que tenemos a lo largo de nuestra vida toma el mundo de nuestra infancia, de nuestra familia, como referencia. Estamos condicionados no solo por lo que vivimos, sino por la estructura social que nos quiere hacer creer que con la familia somos todo y sin la familia nada. La protagonista de la película, Patricia Arquette, es una mujer que se queda embarazada muy joven y que acepta ese rol de madre que la sociedad le invita a aceptar. Poco o nada importa que no esté preparada para serlo o que su pareja, un Ethan Hawke extraordinario, como siempre, tampoco lo esté. Se embarcan en una aventura que les va grande, que no entienden. La separación está cantada. Con ella empieza la película. Cada uno busca su propio camino para intentar encontrar la felicidad, y cada uno, a su manera, vive la paternidad o la maternidad como mejor la entiende.

4Él, idealista irredento, intentando transmitir a sus hijos los valores que le impulsan; ella, más pragmática, lucha por darles a sus hijos lo que para ella es más importante: la sensación de estabilidad y seguridad. No hay buenos ni malos en ese mundo, solo diferentes formas de vivir y de afrontar la vida: la de quienes anteponen la libertad a todo lo demás o la de prefieren la seguridad por encima de todo. Él busca abrirse camino con lo que le gusta, la música; ella con lo que sabe: la docencia. Él busca el amor de ciudad en ciudad y de mujer en mujer. Ella intentando reconstruir la familia perdida, incorporando a ese padre ausente para sus hijos. Y vemos toda esa búsqueda, la eterna búsqueda que es la vida, a través de los ojos de su hijo que, día a día, va entendiendo que su lugar en el mundo no está en el de su padre ni en el de su madre, sino en el que él sea capaz de construir. A lo largo de los años el chaval se busca a sí mismo a través de sus amigos, del primer amor que descubre creyendo que será el último, de su pasión por la fotografía, de las primeras cervezas y los primeros porros, de Boyhood-Ellar-Coltrane-Ethan-Hawkeunos estudios que sigue porque le dicen que tiene que seguirlos pero que a él no le importan demasiado. El carácter del chaval está ya definido desde una de las primeras escenas de la película en la que, cuando solo tiene seis años, su madre le dice que su profesor le ha dicho que no ha entregado los deberes en el colegio, unos deberes que ella misma, cada día, ve que el chaval ha hecho. La respuesta del chaval es toda una declaración de intenciones: “no se los he dado porque él no me los ha pedido”


El juego con el paso del tiempo es una constante en las películas de Richard Linklater. Si en BOYHOOD lo emplea para abordar una historia 06BOYHOOD1-articleLargesaltándose todos los cánones del cine que había hasta ahora y empleando doce años para rodar la película, en su formidable trilogía “Antes de…”, también protagonizada por Ethan Hawke, su actor fetiche, lo hace mostrándonos en tiempo real la relación de una pareja desde su primer encuentro a lo largo de los años. Así, en “Antes del amanecer” vemos cómo se conocen, en “Antes del atardecer”, rodada nueve años después, su reencuentro, para acabar con el fin de la historia que nos cuenta en “Antes del anochecer”, rodada también nueve años después que la anterior. En esa trilogía vemos como el paso del tiempo afecta a las personas, a su forma de ver la vida, y para hacerlo afronta el reto de rodar con los mismos actores las diferentes partes de la trilogía con intervalos de nueve años. Como bien señala Hawke, BOYHOOD es a la familia lo que la trilogía “Antes de…” es a la pareja. Linklater no es un moralista, no pretende defender ningún tipo de valor, convicción o estructura social, simplemente nos muestra historias con las que todos y todas podemos empatizar porque las reconocemos como parte de las nuestras. Esa es su grandeza, la aparente sencillez de lo que cuenta y ser capaz de romper todos los moldes para contarlo como a él le gusta hacerlo: jugando con la realidad del paso del tiempo.

Y si el tiempo es uno de los protagonistas de BOYHOOD, la música también lo es. A lo largo de la película vamos reconociendo el paso del tiempo no solo por el crecimiento y el envejecimiento de sus protagonistas, sino por las canciones que escuchan o incluso cantan. Fabuloso Ethan Hawke Ethan_Hawke_Boyhood_Interview_640x360cantando a la guitarra algunos temas compuestos por él mismo. Recuerdo cuando le vi hace unos años en el teatro Español en aquella maravillosa iniciativa que era The Bridge Project en la que, dirigidos por Sam Mendes, un grupo de los mejores actores y actrices norteamericanos y británicos interpretaban obras de Shakespeare y de Chejov. Ver a un Ethan Hawke al que solo había visto en pantalla hacer el papel de un vagabundo que, guitarra en mano, se ponía a cantar en el escenario de la manera en que lo hacía te ponía la piel de gallina. No sabía entonces que, además, estaba inmerso en un proyecto tan fascinante como BOYHOOD. Admiro profundamente a los actores y actrices que, como él, son capaces de aceptar el reto de lo que es vivir la vida de la única manera que puede hacerse: desde el compromiso y la libertad, y admiro a directores como Richard Linklater, cuyo amor al cine les lleva a romper todas las barreras y a crear buscando la belleza que hay en el territorio de lo inexplorado.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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