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27 de septiembre de 1975, cuando el olvido es un crimen

8Hoy hace treinta y nueve años que el régimen franquista asesinó a cinco jóvenes que luchaban por la libertad y por hacer de este mundo algo mejor. Les fusilaron tras una pantomima de juicios en los que no pudieron defenderse de los crímenes que les acusaban. Ni uno solo de los tribunales militares admitió las pruebas que pedían las defensas. Estaban condenados a muerte antes de ser juzgados, como reconocieron varios observadores internacionales presentes en los procesos de guerra que les condenaron. Franco murió pocas semanas después. Su régimen empezó con sangre y acabó con sangre. Ni uno solo de los militares que les condenaron, de los ministros que firmaron la sentencia, de los policías que les torturaron o de los guardias que les fusilaron fue juzgado. Los familiares de aquellos jóvenes, como los de tantos otros asesinados y “desaparecidos” del franquismo siguen pidiendo verdad, justicia y reparación.

Llevamos más de francoreytreinta años de la mal llamada democracia y ni uno solo de aquellos juicios y consejos de guerra ha sido anulado, ni una sola víctima reconocida y sus familiares reparados. Ni siquiera la repetida exigencia de Naciones Unidas para que se investiguen los crímenes del franquismo sirve en este país para que se haga justicia. Los asesinos siguen campando a sus anchas y sus descendientes ocupando sillones, cargos y poltronas de la justicia y los cuerpos de seguridad del estado. Olvidar aquellos hechos, no exigir verdad, reparación y justicia para las víctimas del franquismo es un crimen; olvidar a los cinco últimos fusilados del franquismo es volver a fusilarlos.

Tres de los asesinados, Jose Humberto Baena Alonso, Jose Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz era miembros del FRAP (Frente 5Revolucionario Antifascista y Patriota). Los otros dos, Juan Paredes Manot (Txiki) y Ángel Otaegi, eran de ETA-Político Militar. La mayoría tenían poco más de veinte años. En los estertores del franquismo la represión fue especialmente brutal. Las cargas policiales solían acabar con muertos. La policía disparaba por las calles a matar. Obreros, estudiantes y todo aquel que luchara por la libertad eran sus objetivos. La tortura era común en las comisarías, la temida Brigada Político Social tenía carta blanca para hacer lo que quisiera. Las cárceles estaban llenas de presos políticos y los juicios y procesos estaban a la orden del día.

Eran tiempos en los que salir a la calle a manifestarse era una heroicidad y correr delante de los grises una temeridad. Y, sin embargo, la gente salía, la gente se la jugaba, se comprometía y tomaba partido para luchar contra aquel régimen fascista que oprimía al país. La clandestinidad era común a quienes decidían hacer frente a la barbarie. Franco murió en la cama, es cierto, pero no hay que olvidar que su régimen cayó en la calle, abatido por todos aquellos que tuvieron la valentía de enfrentarse a él. Muerto Franco, de la solidaridad angel otaeginoche a la mañana, todos los que le habían apoyado, sus militares, sus jueces, sus policías, sus ministros y sus lacayos resultaron ser demócratas de toda la vida. Fueron ellos quienes diseñaron lo que llamaron transición democrática y que nos ha llevado a la situación actual en la que el partido que nos gobierna con mayoría absoluta fue fundado por uno de sus ministros que tenía las manos manchadas de sangre: Manuel Fraga. Fuimos muchos los que salimos a las calles para exigir la amnistía para todos los que estaban en las cárceles. Muchos recibieron palizas y fueron detenidos por hacerlo. No nos dimos cuenta de que, a escondidas y en el último momento, en la ley de amnistía del 77 se incluyó una enmienda que beneficiaba también a los franquistas, enmienda en la que se han amparado los tribunales “democráticos” para cerrar la puerta a la investigación de los crímenes del franquismo y a la exigencia de verdad, reparación y justicia que exigen sus víctimas. La justicia actual, dominada por muchos de los que en aquellos años ocupaban los Tribunales de Orden Público franquistas, ha cerrado todas las puertas. La querella que ha tenido que presentarse en Argentina contra los crímenes del franquismo es la única esperanza de justicia que tienen hoy, en nuestro democrático país, las víctimas del franquismo.

4Los cinco últimos fusilamientos del franquismo fueron cinco asesinatos “legalizados”. Dos de ellos, los de Txiki y Xose Humberto Baena, reflejan lo que fue aquella atrocidad. A Txiki le acusaban de haber participado en un atraco a una oficina del Banco Santander en Barcelona en la que se produjo un tiroteo y murió un policía. Sus abogados defensores, Marc Palmés y Magda Oranich, solo tuvieron cuatro horas para preparar su defensa, aunque el fiscal militar pedía la pena de muerte. Le aplicaron una legislación antiterrorista hecha a medida y aprobada deprisa y corriendo que le aplicaron con carácter retroactivo. El tribunal militar no admitió ni una sola de las pruebas solicitadas por la defensa. Estaba condenado antes de que empezara el juicio, un juicio en el que Txiki reconoció pertenecer a ETA pero no haber participado en el atraco del que le acusaban. Txiki fue fusilado a las ocho y diez de la mañana del 27 de septiembre en un bosque cercano al cementerio de Cerdanyola del Vallés, en Barcelona. El relato de sus últimas horas y de su fusilamiento que hicieron sus abogados no ofrece lugar a duda sobre lo que hicieron con él: Durante toda la noche mantuvo una serenidad impropia de un joven de TXIKI ASESINADO21 años. Sabía que le iban a matar, pero su serenidad era tan grande que hasta uno de los guardias que le custodiaban se sorprendió de que él, su hermano Mikel y sus abogados estuviesen tan tranquilos y le dijo que cómo era que estaba tan tranquilo si sabía que lo iban a fusilar al amanecer. “Porque ninguno de los que estamos aquí tenemos nada de lo que avergonzarnos. Vosotros sí” fue la respuesta de Txiki.

A la mañana siguiente le llevaron al bosque y le ataron las manos a la espalda. Rehusó que le taparan los ojos. El pelotón, formado por seis guardias civiles que se habían presentado voluntarios, formó ante él. Txiki gritó: “¡Aberri ala hil!” (“¡Patria o muerte!”) y “Gora Euskadi askatuta”, y empezó a cantar el “Eusko gudariak” (himno del soldado vasco) El jefe del pelotón dio la orden de fuego. Los guardias civiles no la respetaron y no hubo ráfaga. La ejecución fue tiro a tiro. Tenía 11 balas en el cuerpo, repartidas entre el estómago y la parte alta del tórax. La noche antes de morir dejó escritos en el reverso de una fotografía estos versos del Che Guevara: “Mañana, cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad”

Una de las canciones más impresionantes que se han escrito jamás, Al Alba, de Luis Eduardo Aute, está compuesta en los días previos a los fusilamientos como homenaje a los cinco jóvenes. Para escapar de la censura franquista la disfrazó de historia de amor, pero las metáforas, las imágenes de su letra son un desgarrado grito ante la injusticia y la barbarie

El caso de Xose Humberto Baena tampoco fue muy diferente. Acusado, sin prueba alguna, de haber matado a un policía, fue fusilado en Madrid junto Flor y Humberto Baena. El fue el último fusilado, sentenciado a muerte por Franco en 1975.a Jose Luis y Ramón. El testimonio del cura que estuvo presente en la ejecución te pone la piel de gallina: “Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente que mandaba el pelotón y le dio el tiro de gracia, sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó”

No dejaron que los familiares estuviesen presentes, a pesar de ser una ejecución pública. Se quedaron esperando a unos cientos de metros del lugar donde les fusilaron. Desde allí oyeron los disparos. A eso de las diez de la mañana, cuando ya se había apagado el estruendo de la última ráfaga, vieron bajar a los autobuses que llevaban a los guardias. Pasaron junto a ellos. Iban riendo y gritando.

Sobre la calidad humana de estos jóvenes asesinados por Franco habla la carta con la que Xose Humberto se despidió de sus padres el día antes de morir.

“Papá, mamá:

Me ejecutarán mañana de mañana. Quiero daros ánimos. Pensad que yo muero pero que la vida sigue. Recuerdo que en tu última visita, papá, me habías dicho que fuese valiente, como un buen gallego. Lo he sido, te lo aseguro. Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos, para ver la muerte de frente. Siento tener que dejaros. Lo siento por vosotros que sois viejos y sé que me queréis mucho, como yo os quiero. No por mí. Pero tenéis que consolaros pensando que tenéis muchos hijos, que todo el pueblo es vuestro hijo, al menos yo así os lo pido. ¿Recordáis lo que dije en el juicio? Que mi muerte sea la última que dicte un tribunal militar. Ese era mi deseo. Pero tengo la seguridad de que habrá muchos más. ¡Mala suerte!
solidaridad_xose_humberto¡Cuánto siento morir sin poder daros ni siquiera mi último abrazo! Pero no os preocupéis, cada vez que abracéis a Fernando, el niño de Mary, o a Manolo haceros a la idea de que yo continúo en ellos. Además, yo estaré siempre con vosotros, os lo aseguro. Una semana más y cumpliría 25 años. Muero joven pero estoy contento y convencido. Haced todo lo posible para llevarme a Vigo. Como los nichos de la familia están ocupados, enterradme, si podéis, en el cementerio civil, al lado de la tumba de Ricardo Mella.
Nada más. Un abrazo muy fuerte, el último.

Adiós papá, adiós mamá.

Vuestro hijo:
José Humberto”

En este reportaje encontrarás lo que le hicieron y todo lo que ha hecho su familia para que se haga justicia con él. El Constitucional les ha cerrado las puertas porque cuando asesinaron a Xose Humberto la Constitución todavía no se había aprobado. El tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo también se las cerró porque, en 1975, España no había firmado la declaración europea de derechos humanos. Su única esperanza son las Naciones Unidas, unas Naciones Unidas a las que el actual gobierno de este país está presionando para que ser admitido como miembro no permanente de su Consejo de Seguridad, pero que ignora y desprecia sistemáticamente las exigencias que le hace para que investigue los crímenes del franquismo y que sus víctimas obtengan, al fin, lo que toda víctima merece: verdad, justicia y reparación.


Los sucesivos gobiernos”democráticos” que hemos tenido se han cuidado muy mucho de hacer desaparecer las pruebas y los horrores del solidaridad José Luis Sánchez-Bravofranquismo. En 2008 derribaron la cárcel de Carabanchel donde miles de antifranquistas fueron encarcelados. Solo queda un edificio en pie, la antigua enfermería, que hoy se utiliza como Centro de Internamiento para Extranjeros: es el CIE de Aluche. El 26 de octubre, domingo, a las doce de la mañana, hay convocada una manifestación que partirá de lo que fue el reformatorio de Santa Rita (C/Eugenia de Montijo, 53), para llegar a los terrenos donde se ubicaba la cárcel. Es el camino que los presos recorrían cada día para construir la cárcel en la que serían encerrados. Exigirá la creación de un centro para la paz y la memoria. Acompañando a la manifestación irá, en silencio, una cuerda de presos formada por expresos antifranquistas, tras un cartel que dirá: “La represión ayer”. Junto a ella, en paralelo y también en silencio, irá otra cuerda de presos, esta vez formada por inmigrantes, tras un cartel que dirá: “La represión hoy”. Si quieres contribuir a que, por fin, se haga verdad, justicia y reparación no dejes de asistir.

PD. La delegación del gobierno en Navarra ha prohibido que se celebre un acto de homenaje a los cinco últimos fusilados del franquismo con motivo del 39 aniversario de su muerte alegando que es un acto de “apología del terrorismo”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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