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Lee Miller, libre y queer Avant-garde

Lee MillerTuvo una vida de leyenda, aunque quizá sería mejor decir que fue ella quien vivió su vida convirtiéndola en leyenda. Lee Miller vivió intensamente todas las vidas que quiso, sin dejar que nada ni nadie lo impidiera. Antes de cumplir los veinte fue una de las modelos más famosas del mundo, y a los veintiséis una de las fotógrafas más reconocidas a nivel internacional.  El mundo artístico la atraía de una forma irresistible y no dudó en abandonar su país para irse a vivir a París, cuando París era París. Los años veinte en París eran los años de la bohemia, de los surrealistas, de la libertad… y Lee no tarda en entrar en contacto con quienes a partir de entonces siempre formarían parte de su mundo: Picasso, Paul Eluard, Man Ray, Jean Cocteau, Joan Miró, Salvador Dalí…

El inquebrantable espíritu libre y aventurero de Lee la llevó a cambiar la bohemia de París por mundos más exóticos: Egipto y el desierto fueron testigos de la intensa vida de aquella joven norteamericana en la bañera de Hitlerque, por encima de todo, devoraba la vida. El destino quiso que la segunda guerra mundial se cruzara en su camino y ella decidió tomar parte. Las fotografías de Lee de la desolación de los bombardeos de Londres, de los combates en primera línea o del horror de los campos de concentración dieron la vuelta al mundo junto a las crónicas que escribía desde las trincheras. Conforme el ejército aliado avanzaba hacia Berlín Lee era testigo de una barbarie cada vez mayor. Su odio hacia los nazis se hizo insoportable. Juró vengarse del hacedor de aquel infierno y pudo hacerlo cuando entró con las tropas aliadas en Berlín bañándose en la bañera del propio Hitler el mismo día que éste se suicidaba.

Acabada la guerra se retiró a Inglaterra y vivió una vida apartada del mundo. Reacia a conceder entrevistas e incluso a que sus fotografías se expusieran, su obra cayó injustamente en el olvido. La sensibilidad de aquella mujer que Torre-Eiffelno había dudado ni un instante en tirar por la borda todas las comodidades para perseguir sus sueños, no merecía ese destino. Lee vivió su vida rompiendo todas las reglas que intentaban impedírselo. Amó la vida, la devoró, la vivió con tal intensidad, que nada de lo que hizo merece caer en el olvido. Jamás permitió que otros marcaran el rumbo que debía seguir, que otros decidieran por ella, que otros vivieran por ella. Hizo muchas cosas, y todas las hizo bien porque era ella entera, con toda su pasión, la que las hacía. Lee Miller fue, sin duda, una de las mujeres más bellas, libres e importantes del siglo XX, una mujer capaz de encontrar la belleza hasta en el horror, de transformar el dolor en belleza. Fue una buscadora infatigable de su lugar en el mundo, de su libertad, de su papel en un universo cerrado y masculino que no es que cerrase las puertas a las mujeres, sino que ni siquiera se planteaba por qué había que dejárselas abiertas. Y allí, en aquel mundo indómito donde la violencia y la barbarie marcaron el destino de la humanidad, Lee fue capaz de vivir su vida, todas sus vidas, contra la corriente.

La voz de Margo Timmins y los Cowboy Junkies con su “Misguided angel” pueden ser una buena compañía, si quieres, para este viaje.

Lee+Miller

Nacida en el pequeño pueblo de Poughkeepsie, en el Estado de Nueva York en 1907, tuvo una infancia feliz en compañía de sus padres y sus dos hermanos. Su padre se había empeñado en educarla como a sus hermanos, sin que el hecho de que fuera niña tuviera que tener la menor importancia en su vida. Fue de él de quien Lee recibió el don más preciado que un padre le puede dar a un hijo: enseñarle a ser libre. Atraída, como su padre, por la técnica, desde muy pequeña sintió verdadera pasión por los trenes. Cuando un día sus padres le dijeron que iban a ir en tren todos juntos ella desapareció de casa. Tenía siete años. No la encontraron por mucho que la buscaron. Estaba en la estación de tren preguntándole al maquinista todos los secretos de aquellas máquinas de vapor que la llamaban con tanta fuerza. Fue el maquinista quien, al ver que la pequeña estaba sola, la acompañó hasta su casa. Pero aquella infancia feliz se vio truncada cuando, a los ocho años, sufrió algo que la marcaría de por vida: fue violada por un hombre cercano a su familia. Sus padres la habían llevado por primera vez a Nueva York, donde la dejaron unos días en casa de unos amigos. 6Una tarde que ese matrimonio amigo salió de recados,  un conocido de esos amigos se quedó a cuidar a Lee. La violó. Al trauma de la violación le acompañó que su violador le contagió una gonorrea que su madre curó con remedios de lo más dolorosos. Su padre, ingeniero y apasionado por la técnica, era un gran aficionado a la fotografía. Convencido de que lo mejor para que su hija superase aquel trauma era romper con la imagen de violencia y suciedad de la violación y que reconociese su cuerpo como algo bello y limpio, aconsejado por los médicos, empezó a fotografiarla desnuda, en poses eróticas, en sesiones a las que también asistía su mujer. Fue la fotografía la que, en cierto modo, ayudó a que Lee superase el trauma, aunque, desde el mismo día de la violación, el carácter feliz y abierto de la pequeña Lee se hizo más tosco y reservado. La eterna sonrisa de su niñez dejó paso a una mirada triste y perdida que ya siempre la acompañaría. Ella nunca habló a nadie de la violación. Su propio hijo se enteró después de que Lee hubiera muerto. 14Sin renunciar a la educación libre que su padre pretendió darle, los años que siguieron fueron años en los que sus padres intentaron que Lee hiciese amistad con otras niñas de su edad y jugase con ellas. Los estudios no le interesaban demasiado, prefería jugar con las máquinas y los inventos de su padre. Solo una asignatura, la literatura, le apasionaba. Pasó una adolescencia como la de la mayoría de las adolescentes de su edad que vivían en el campo. Poco a poco el arte fue llamando su atención: la música, el teatro, la danza… Cuando Lee tenía diecisiete años sus padres fueron de viaje con ella a París. Si Nueva York la había fascinado, el París de los años veinte la enamoró. Consiguió que sus padres accediesen a que se quedase un año allí estudiando un curso de escenografía. Sola y con diecisiete años, aquel París que todavía era París le mostró lo que es la vida. Tras una aventura amorosa con el director del curso de escenografía, regresó a Nueva York, pero ya nada iba a ser igual. La sangre aventurera y bohemia había empezado a correr por sus venas. 8_leemiller_montroseCN00004706Fue entonces cuando, paseando un día distraída por la calle, estuvo a punto de ser atropellada por un taxi. La salvó en el último momento un hombre que estaba a su lado. Casualidad o destino, aquel hombre era Conde Nast, el editor de una de las revistas de moda más prestigiosas del mundo: Vogue. Fascinado con la belleza indómita de aquella joven de dieciocho años, le preguntó si querría hacerse modelo y posar para su revista. Fotógrafos como Edward Steichen la fotografiaron una y mil veces y su rostro no tardó en ser conocido en toda América. El éxito fue arrollador. Su belleza, que competía con la de las actrices más famosas del momento, tenía algo especial. La simbiosis de aquel cuerpo adolescente con la tristeza de su mirada hacía de ella una mujer irresistible. La fotografía le permitió independizarse económicamente. La vida le sonreía y parecía que había encontrado una profesión en la que podía aunar sus dos grandes pasiones: el arte y la técnica. Sin embargo, la aparición de una foto suya en un anuncio de compresas causó un revuelo impresionante. Le llovieron críticas por todos lados ya que hasta entonces, y por extraño que pueda parecer, nunca una mujer había sido la imagen de un anuncio de compresas. Al principio a ella le molestó aquella reacción, pero enseguida salió su vena reivindicativa de los derechos de la mujer y decidió mandar a paseo a aquel mundo pequeño y estrecho que era incapaz de entenderla. 11Con 22 años y estando en la cúspide de su carrera como modelo, abandonó Nueva York para irse a vivir a su adorado París. Pero aquel cambio no vino solo. También decidió abandonar su profesión de modelo para dedicarse a la de fotógrafa. En París estaba Man Ray, un fotógrafo norteamericano considerado como uno de los mejores del mundo.

Lee no dudó en acercarse a él y decirle que quería ser su ayudante. Man Ray se mostró reacio porque nunca había querido tener ayudantes. Pocos días después Lee era su modelo, su ayudante y su amante. Las fotos que Man Ray hizo de Lee en aquella época son de una sensualidad y una belleza impresionantes. El trabajo de Lee con Man Ray fue injustamente infravalorado ya que muchas de las fotografías atribuidas a Man Ray fueron hechas por ella, e incluso una de las técnicas atribuidas a él, la solarización, había sido descubierta accidentalmente por la propia Lee. Pero eso a ella poco le importó. Nunca sintió necesidad de aparentar o aparecer en los títulos de crédito. Precisamente en esta época hace su primer papel como actriz en la película La sangre de un tumblr_mdr84z6dfu1r500f1o2_500poeta, de Jean Cocteau. El mundo de la bohemia, con Dalí, Picasso, Eluard, Ernst y Cocteau, fue el que acogió a aquella joven norteamericana independiente y libre capaz de saltarse todas las reglas. La fidelidad digamos que nunca fue el fuerte de Lee, y su cuerpo conoció muchas sábanas distintas en aquellos meses, como seguiría conociéndolas durante toda su vida. Aunque tuvo relaciones de pareja estables, no puede decirse que encajasen en el esquema de la pareja tradicional. Su necesidad de libertad, de no sentirse enjaulada en una pareja o bajo cualquier etiqueta hicieron de Lee un ser absolutamente libre durante toda su vida. Era una mujer que rompía con todos los moldes y tabúes en cuanto a la sexualidad, a bañarse en top less, etc. ¡y todo ello en los años treinta! Posiblemente fue una de las pioneras del movimiento Queer, sin llegar a saberlo nunca. Pero los celos de Man Ray eran enfermizos y aquella relación no tardó en romperse. Lee tenía veinticinco años y, aunque abrió su propio estudio de fotografía en París, optó por dejarlo todo y decidió regresar a su país. lee-miller-siwa-egypt-1937-1387116010_orgAbrió allí un nuevo estudio fotográfico que tuvo mucho éxito. Las caras más conocidas de Hollywood hacían cola para que Lee las fotografiase. En cinco años, y con solo 26, había pasado de ser una de las modelos más famosas del  mundo a ser una de las fotógrafas más prestigiosas a nivel internacional. Pero de nuevo su espíritu inquieto le hizo abandonar otra carrera brillante en la cresta de la ola para casarse con un empresario egipcio e irse a vivir a Egipto. Lo exótico de aquel nuevo mundo, la irresistible atracción por el desierto y la libertad con la que se movía por El Cairo hicieron que sus primeros meses allí fueran meses de felicidad. Pero el fuerte contraste con el trato que recibían las mujeres egipcias y la falta de derechos que sufrían acabó por hacer insoportable para Lee la vida allí. Tras tres años en Egipto,  durante un viaje a París conoció a Roland Penrose, un inglés que estaba dando sus primeros pasos como pintor. Lee se sintió inmediatamente atraída por él e iniciaron una historia de amor que les llevó de viaje por Grecia y otros países que ella no conocía. Abandonó al empresario egipcio y pasó una temporada en París con sus amigos de siempre. Es en esa época cuando Picasso pinta varios retratos de Lee en los que, curiosamente, pinta un ojo en su vagina. 47Afincada con Penrose en Inglaterra, aunque la relación no va muy bien entre ellos, se queda embarazada de Anthony, su primer y único hijo. Consigue el divorcio de su marido egipcio y se casa con Penrose. El estallido de la segunda guerra mundial hace que tome partido y quiera participar activamente en aquella contienda con lo que ella mejor sabía hacer: la fotografía. El ejército inglés no acepta su solicitud de integrarse en las tropas como corresponsal de guerra y Lee empieza a fotografiar las calles de un Londres bombardeado y destruido con ese espíritu tan único que caracterizó todas sus fotos. La soledad, el silencio tras las 52bombas, el frío, los paisajes desolados y el terrible sinsentido de la barbarie son captados por su objetivo en una serie de fotografías que se publican en las principales revistas del mundo. Cuando su país entra en guerra el ejército norteamericano sí acepta que se incorpore como corresponsal de guerra. Es entonces cuando acompaña a sus fotografías con espléndidas crónicas de la contienda y del día a día en el frente. Su pasión por la literatura ayudó a que sus escritos tuviesen la fuerza y la sensibilidad que siempre habían caracterizado a sus fotografías. Estuvo presente en el desembarco de los aliados en Normandía y en la toma de varias ciudades como Saint Maló. Sus reportajes sobre la campaña aliada son seguidos por miles de lectores en el mundo entero. Conforme avanza el ejército aliado hacia Alemania, los combates se van endureciendo y las crónicas de Lee reflejan con toda crudeza el horror lee_miller3que se vive en las trincheras. Cuando París es liberado por los aliados, Lee va a visitar a su adorado Picasso que había renunciado a abandonar París durante la ocupación alemana. Como Picasso reconocería más adelante, Lee fue la primera soldado aliada que vio el día de la liberación. Lee siguió avanzando con las tropas aliadas y fue de las primeras en entrar en el campo de concentración de Dachau. Las fotos que ella hizo allí eran las más duras que había hecho en su vida.

La edición británica de Vogue se negó a publicarlas. No así la edición americana, que las publicó con el escueto título con el que Lee las envió: “¡Créanselo!” Cuando los aliados toman Berlín, Lee no duda en entrar en el apartamento de Eva Braun para que David Scherman, corresponsal de Life, y amigo y amante de Lee, la fotografiase bañándose en la bañera de Hitler. Esa sería su venganza. Aquellas fotos se hicieron el mismo día que Hitler y Eva Braun se suicidaban en un bunker cercano. Junto a la bañera vemos las botas de Lee llenas del barro y la sangre que ha tenido que pisar hasta llegar allí. En la repisa de la bañera un retrato de Hitler forma parte de la coreografía con la que Lee se está vengando de la barbarie. famb2bgAcabada la guerra, Lee sigue dedicándose durante un par de años a la fotografía profesional. Es a esa época a la que pertenecen los mejores retratos que se han hecho de Picasso. Pero es consciente de que, después de lo vivido y fotografiado en la guerra, ya nada será igual. Afectada, posiblemente, por el shock post traumático, decide abandonar definitivamente su carrera como fotógrafa, sus crónicas y su vida pública, y se encierra en una monótona vida de esposa de, junto a su marido, Penrose. El alcohol pasa a ocupar un lugar destacado en su vida. Es la única vía de escape que encuentra al horror y la brutalidad que ha vivido durante la guerra y que la acompañan siempre. Retirada de la vida pública, reacia a leemillerconceder entrevistas e incluso a que sus obras se exhiban, pasa los últimos años de su vida en un voluntario retiro de silencio y olvido hasta que, en 1977, con 70 años, muere de cáncer. Tiempo después su hijo Anthony descubrirá en un desván unas cajas llenas de fotos y de negativos que Lee había escondido. Eran fotos inéditas que nadie había visto hasta entonces. Anthony decide entonces publicarlas en un libro con el que pretende rescatar la imponente obra de su madre del injusto olvido en el que ha quedado la que fue una de las mujeres más importantes del siglo XX, una mujer que nunca renunció a sus sueños, que vivió la vida como ella quiso, que amó la libertad por encima de todo y que nunca tuvo miedo a tirar todo por la borda para empezar de nuevo siguiendo un nuevo sueño…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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