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Fatoumata Diawara, borrando las fronteras

548965_10151515132017622_76393144_nAunque no demasiado conocida aún en nuestro país, Fatoumata Diawara es una de las cantantes africanas más reconocidas a nivel mundial. De origen maliense y nacida en Costa de Marfil, hoy vive en París, tiene treinta y dos años y ha vivido todas las vidas. En Mali la conocen como actriz, en el mundo entero como cantante. De espíritu indomable, a los diecinueve años no dudó en abandonar su país natal cuando, en contra de la voluntad de sus padres, tuvo la oportunidad de unirse a una compañía de teatro en París. Con aquella compañía recorrió los escenarios de las principales ciudades del mundo. Siempre le gustó cantar, su vida había estado estrechamente unida a la música desde que era pequeña, pero jamás pensó que llegaría a cantar en público. Durante un ensayo el director la oyó 21cantar y le dio uno de los principales papeles como cantante en la compañía. Desde entonces no ha dejado de cantar sus propias canciones por todo el mundo. Asistir a cualquiera de sus conciertos es una experiencia única en la que sientes su música fluyendo por lo más hondo de ti, en la que tu cuerpo, sin poderlo ni quererlo evitar, empieza a moverse siguiendo un ancestral ritmo que reconoces como tuyo. Mujer comprometida con su gente, con esa África a la que tanto ama, con la lucha por la independencia y los derechos de la mujer, con la música que los fundamentalistas islámicos han querido prohibir en su país… su vida es una lección de coraje y valentía, la lección de una mujer que entiende que el sentido de la vida es el amor y que, sin renunciar a sus raíces y a sus orígenes, y manteniendo siempre su sonrisa, su esperanza y su alegría, ha elegido dedicar su vida a cambiar un mundo que margina y criminaliza a la mujer, que ignora a los pobres y los desheredados, que persigue a los soñadores y que parece empeñado en destruir todo cuanto suene a libertad, justicia o felicidad.

6Hija de una familia maliense de origen noble, nació en Costa de Marfil donde su padre tenía una compañía de danza. Fue su padre quien la empujó, con apenas cinco o seis años, a bailar, a expresar con su cuerpo todo lo que sentía aquella niña de ojos rasgados y sonrisa imborrable. La danza era la pasión de Fatoumata niña, una pasión por el universo creativo que le había enseñado su padre: “Una de las cosas más importantes que me dio mi padre fue enseñarme a disfrutar la libertad de la creatividad. Yo no tenía más de seis o siete años cuando me animaba a crear mis propios pasos, mis coreografías que, poco después bailaba su propia compañía. Por aquel entonces yo bailaba más de diez horas diarias”.

La danza lo era todo para Fatoumata cuando su padre, asustado por aquella pasión de su hija que la llevaba incluso a querer abandonar los estudios, decidió poner fin a todo aquello y mandó a la pequeña Fatoumata a Mali, a su pueblo natal, a vivir con su tía. Era una aldea pequeña, insignificante, uno de esos lugares donde nunca pasa nada. Y eso es lo que quería su padre: apartarla por completo de la danza para que pudiese recapacitar y seguir los pasos que siguieron sus abuelos y todos sus antepasados. La cultura tradicional maliense y sus ancestrales costumbres no son el mejor escenario para permitir que una mujer crezca libre. 22Pero con lo que no contaba aquel padre preocupado por el futuro de su hija era que la tía de Fatoumata era actriz. Aquella niña no tardó en descubrir que lo que sentía al actuar era exactamente lo mismo que sentía al bailar: el placer de la libertad de la creación. Gracias a su tía consiguió su primer papel en una película. Tenía trece años y había abandonado definitivamente los estudios. A aquel papel le siguieron otros y, años después, cuando ella apenas tenía dieciocho protagonizó una película que trataba de una joven maliense que luchaba por ser libre. El éxito de aquella película en Mali fue tan grande que todavía hoy la mayoría de los malienses conocen a Fatoumata por el nombre de su personaje. Para ellos siempre será aquella joven que se enfrentó a todos y a todo para defender el derecho a vivir su propia vida y a ser libre. De hecho, en Mali, Fatoumata para la inmensa mayoría es una actriz, muy pocos sabían y saben que también es cantante.

7Pero la vida de Fatoumata iba a dar otro giro de ciento ochenta grados. Para la tradición maliense, como para otras muchas en África, una mujer no es mayor de edad cuando alcanza unos años, sino cuando se casa. Y Fatoumata no estaba dispuesta a admitir aquello. Su necesidad de vivir en libertad, de que la dejaran ser ella misma, la llevó a unirse a Royal de Luxe, una compañía de teatro con base en París con la que recorrió medio mundo. Desde entonces vive en París, aunque nunca deja de ir a Mali, a aquella pequeña aldea que ella adora, para encontrarse con los suyos.

El mundo de la música, de la canción, la atraía poderosamente porque siempre la había acompañado. En Mali la música forma parte de la vida, es algo espiritual, algo que todos los malienses sienten como suyo. Por eso componía sus propias canciones aunque no supiera tocar ningún instrumento. Su voz, esa parte de mí que no puede mentir como ella recuerda a menudo, 17le bastaba. La sensualidad de la voz de Fatoumata, esa calidez y fuerza que nos llevan a paraísos quizá remotos, pero nunca perdidos, ha sido siempre la fiel compañera de su soledad: “La voz ha sido mi primer compañero. Me separé de mis padres muy pronto y fue un cambio brutal porque descubrí la vida de golpe. Intentaba entender por qué mi padre me enviaba lejos y, en vez de llorar, convertí las lágrimas en canto. Escribía metáforas para entender las cosas. Cantaba para poder sentirme bien. Y recuperaba la sonrisa, como si cantar me aliviara” Aunque nunca se había planteado la posibilidad de cantar en público como cantante solista, su experiencia haciendo coros para varios músicos y su amor por la música la llevaron a aceptar una propuesta de dar su primer concierto en solitario en un pequeño bar de París. 3Por fin iba a subirse a un escenario para cantar acompañada solamente por un amigo guitarrista. Pero dos días antes del concierto aquel amigo le dijo que no podría acompañarla porque le había surgido otro compromiso. Pero ella no se amilanó. Quería cantar e iba a cantar. Se encerró dos días en casa para aprender a rasgar la guitarra y se presentó en el pequeño bar la noche del concierto. Salió al escenario aferrada a aquella guitarra que hasta hacía dos días había sido una perfecta desconocida para ella. Dio el concierto tocando ella la guitarra. El público se quedó anonadado viéndola rasgar torpemente las cuerdas, pero entendió lo que Fatoumata les quería decir: que, por encima de todo, ella iba a cantar y a dar todo lo que llevaba dentro. El éxito fue absoluto.

Desde aquel día empieza todos sus conciertos acompañándose la primera canción con la guitarra para demostrarse a sí misma y al público que ella está ahí para dar todo lo que tiene a los demás. Y que, pase lo que pase, mientras esté ella, habrá concierto. Nunca recibió una clase de guitarra, aprendió a tocarla en los escenarios.

14El mundo de Fatoumata es el mundo de África, de la mujer, de la lucha y la solidaridad, del compromiso, del querer cambiar un mundo injusto que mutila a las niñas con la ablación y obliga a los jóvenes a abandonar su país para emprender el viaje hacia un norte que les cierra sus puertas y les empuja a morir en el mar o pegados a una valla cada vez más alta y sanguinaria. Su mundo es el mundo de quienes saben que, por altas que construyan esas vallas, no pararán a los “hombres de aventura” como Fatoumata llama a los que nuestros políticos llaman clandestinos.

Escuchar a Fatoumata cantando Boloko, la canción que compuso contra la ablación de las niñas en África, te pone la piel de gallina. Es un ruego, un desgarrado grito, a los padres y madres para que eviten la mutilación de sus hijas. Como en más de una ocasión ha dicho al presentar esta canción, Fatoumata no la compuso para ella ni para las de su generación, porque ya es tarde, sino para que esas niñas de hoy y de mañana que tienen derecho a vivir su vida y a disfrutarla en libertad.

Fatoumata DiawaraLa fuerza del carácter inquebrantable de Fatoumara es una bandera para todas las causas que la necesitan. Se implica a fondo, hasta la médula, en todas las luchas en las que ella cree, como lo hizo para oponerse a la prohibición de la música que los fundamentalistas islámicos del norte de Mali quisieron imponer a todo el país y oponerse a la implantación de la sharia. A pesar de que le aconsejaron que no fuera a Mali pues su seguridad y su propia vida podían correr peligro, Fatoumata no dudó en invitar a una treintena de músicos malienses 15que vivían fuera de su país para que fueran a Mali a grabar un Mali-ko, una canción por la paz. Todos acudieron a aquella cita porque, como ella dice: “En mi país la gente ha perdido la confianza en los políticos, pero allí la música forma parte de la vida y por eso nos piden a los cantantes que hagamos algo, que demos un paso al frente para defender algo que nos pertenece a todos. La música siempre ha sido importante en mi país, es la esperanza, por eso en situaciones como esta la gente mira a los cantantes para que les indiquemos el camino a seguir”

5Fatoumata es un ser en permanente búsqueda de la creación artística. Se siente a gusto en cualquier ámbito donde pueda crear en libertad. Puede que la música, la danza o la interpretación no sean más que los caminos que ella ha descubierto hasta ahora y que en el futuro su forma de expresar todo eso que lleva dentro la lleve a explorar nuevos caminos. Esa búsqueda la ha llevado a encontrar una fusión de su música con el jazz y la música cubana con el pianista cubano Roberto Fonseca. La química que hay entre ambos es fascinante y nos demuestra que las fronteras no son más que absurdas líneas dibujadas en un pedazo de papel que nada tienen que ver con la realidad del mundo en que vivimos.

24La arrolladora personalidad de Fatoumata, esa fortaleza de carácter que la hace vivir sin miedo a enfrentarse a cuantos muros le pongan por delante, es para ella la mejor arma que tiene para no dejar que le roben su libertad: “En este mundo, y en esta profesión, tienes que tener un carácter muy fuerte, porque si no puedes perderte a ti misma en el camino…” Ojalá ese camino hacia la libertad que ella emprendió hace ya años la traiga pronto por estas tierras para que podamos disfrutar de su energía y sus conciertos, unos conciertos que rezuman amor a la vida y a la libertad. Si quieres saber seguir a Fatoumata y enterarte de dónde y cuándo serán sus próximos conciertos, no dejes de visitar su Facebook https://www.facebook.com/FatouMusic

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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