Cine/Teatro General

Marsella, todo lo tenía y todo me lo quitaron…

8¿Pueden robarnos el derecho a amar?, ¿Quién es más madre, una madre biológica o una de acogida?, ¿Merecemos una segunda oportunidad, hayamos hecho lo que hayamos hecho…? Todas estas cuestiones son las que, magistralmente, aborda “Marsella”, la nueva y esperada película de Belén Macías. Soberbiamente protagonizada por María León, Goya Toledo y Noa Fontanals en tres interpretaciones antológicas, la película nos cuenta la historia de Sara (María León), una mujer joven a la que la vida le negó la más mínima oportunidad que, tras años luchando por rehabilitarse del alcohol y por intentar vivir el sueño de rehacer su vida, recupera a Claire (Noa Fontanals), su hija de once años a la que la ley le había obligado a dar en acogida a Virginia (Goya Toledo), otra madre con la que la niña ha vivido casi toda su vida. Es una película en la que no hay malos o buenos, todos, todas en este caso, tienen derecho a vivir su vida y a intentar ser felices. Huyendo del maniqueísmo, la sabia mano de Belén Macías hace que el espectador entienda y se sienta identificado en todo momento con las dos madres: la biológica porque es la verdadera madre y merece la oportunidad que la vida le ha negado hasta ahora, y la de acogida, porque es quien ha sido la verdadera madre de Claire durante todos esos años. Y vemos todo eso desde la mirada inocente y limpia de una niña que las quiere a las dos, que en las dos encuentra el amor que necesita, y que, en la mezcla de ellas, tiene lo que toda niña merece: la seguridad y la estabilidad que le da Virginia y la libertad y pasión por la vida que le ofrece Sara. Desde el primero hasta el último plano de la película el corazón del espectador está dividido apoyando a esas dos mujeres capaces de darlo todo por amor.

¿Qué ocurre cuando un juez devuelve a una niña a su madre biológica tras años de haber vivido con una madre de acogida? Las palabras de 6Belén Macías nos hablan de la respuesta, las infinitas respuestas, que existen para esa pregunta: “Es aquí cuando empieza Marsella, la historia del enfrentamiento entre dos mujeres por lo que consideran que les pertenece, algo tan delicado y frágil como el amor de una niña. Una historia de superación y aprendizaje en ambas direcciones. Una road-movie que se inicia cuando ambas deciden emprender el viaje, junto a la niña, para conocer al padre desaparecido hace años. Por el camino aflorarán sus miserias, pero a la vez darán lo mejor de sí mismas, siempre teniendo como testigo la mirada de Claire. Para Sara, el viaje es determinante en el nuevo rumbo que ha decidido tomar en su vida. Necesita encontrar a ese hombre que la abandonó, embarazada y sin motivo aparente, para presentarle a su hija. Siempre la trató bien y nunca entendió el abandono. Sara necesita mostrarle a Claire que todavía pueden tener un referente de familia. A pesar de perderle la pista hace años, está convencida de que las recibirá con cariño y querrá conocer a su hija. Para Virginia, el viaje se plantea en un inicio como una locura, en la que participará para no perder 5de vista a Claire. Su intención es desenmascarar las buenas intenciones de Sara y aprovechar cualquier signo de debilidad para quitarle de nuevo la custodia de la niña, avisando al organismo de tutelas. Pero ese propósito se irá desmoronando conforme vaya conociendo a Sara. Su inocente optimismo, dejando de lado cualquier adversidad, su capacidad para ilusionarse con la nueva oportunidad que le ofrece la vida, desarmarán a Virginia. Y sobre todo, el comportamiento de Claire, que asiste entregada y con ilusión a la aventura que le plantean sus dos madres…”

Marsella es la historia de un sueño y de la inquebrantable voluntad de Belén por hacerlo realidad. Tardó más de dos años en escribir el guion. Tras su formidable debut como directora con “El patio de mi cárcel” (https://laplacenta.clandestinodeactores.com/el-patio-de-mi-carcel/ ), tenía claro que su segunda película debía contar una historia original que llegara al espectador como llegó con su primer largometraje. Escribió el guion en sus ratos libres porque en un país donde no hay ayudas a los guionistas tienes que trabajar en otras cosas para poder comer y dedicar las horas que te quedan libres a escribir ese sueño que tanto anhelas. Belén tuvo la fortuna de poder trabajar en lo 1que es su profesión y, tras acabar “El patio de mi cárcel” dirigió varias tv movies y series de televisión (La señora, La República, Historias robadas, La princesa de Éboli…) Una vez acabado el guion empezó el periplo de buscar productora a la que le pudiera interesar. Tuvo la fortuna de que un canal de televisión se interesó, pero se encontró con lo que tantas veces nos encontramos: lo que para ella era su sueño, su proyecto vital, para la cadena nunca fue más que uno de los tantos proyectos que tenía entre manos. Pasaron los meses y el interés de la cadena fue desvaneciéndose. Pero es ahí cuando Belén sacó lo mejor de sí misma, su férrea fuerza de voluntad y su inquebrantable confianza en los proyectos en los que ella cree, para buscar otras productoras que quisieran compartir su sueño. Como dijo en la premiere de Marsella Gerardo Herrero, productor de Tornasol, Belén es lo suficientemente tozuda y perseverante como para vencer todas las dificultades que le pongas y esa es la única forma de hacer una película en la España de hoy. Gracias a aquel encuentro Marsella puede verse hoy en los cines.

Trabajar a las órdenes de Belén es un verdadero placer. Su formación como actriz le permite transmitirte en todo momento lo que quiere, llevarte hasta tus límites dándote la confianza suficiente para que arriesgues, para que no le temas al fracaso, para que busques en lo más hondo de ti 34ese detalle, ese matiz aparentemente minúsculo que dará vida a tu personaje. Nunca olvidaré lo que me ayudó en “El patio de mi cárcel” cuando ensayaba con Verónica Echegui la secuencia en la que, como médico de la cárcel, tenía que informarle de que tenía el VIH. En cada ensayo me caían las lágrimas al tener que decirle a una niña de dieciocho años que la vida se acababa para ella. “No, no llores, contén tus lágrimas. Son las del espectador las que han de caer…” me repetía Belén una y otra vez. Y esa es la clave magistral que Belén domina a la perfección: la contención a la hora de interpretar. Es el sello de todas sus películas: soberbias interpretaciones cuidadas al detalle caracterizadas por la contención interpretativa. Pero no es el único: la tranquilidad que te da durante el rodaje, ese hacerte sentir que tú eres lo importante de la película pase lo que pase a tu alrededor, es algo que todos los actores agradecemos profundamente. Por la temática que abordan “El patio de mi cárcel” y “Marsella” podría pensarse que el cine de Belén es un cine de mujeres, pero no es así, sino que, como ella dice, “es un cine con mirada de mujer”, esa mirada hoy tan necesaria y que hoy solo representa al 9% de la industria cinematográfica española. Esa mirada de mujer se transmite incluso en la creación 14de sus personajes masculinos: el camionero que interpreta, antologicamente, como siempre, Eduard Fernández, no obedece al tópico del camionero rudo y macho al que el cine nos tiene acostumbrados, sino que tras el sudor y el olor a gasolina que desprende en todo momento, vemos la sensibilidad de un hombre que no duda en reconocer que lo ha perdido todo, que lo que mejor hace en la vida es intentar ser un buen padre y que tiene un gran “defecto” cuando intenta ligar: “ojo, que soy de los que se enamoran” La ternura masculina que transmite Eduard en Marsella, ese lado “femenino” que todos tenemos aunque casi siempre escondemos, solo podía haber sido creada por una mujer. Ese camionero de Eduard, como la Sara de María León o el personaje de Verónica Echegui en “El patio de mi cárcel” son el prototipo de perdedores que le interesan a Belén: “los que se sobreponen a sus circunstancias y encaran la vida con optimismo. Me interesa reflexionar sobre cómo el entorno te marca, pero sin derrotismos”. Esos son los detalles que hacen de Belén una de las mejores directoras de actores que hay en este país: su capacidad para mostrarte que no es lo mismo ser un perdedor que ser un derrotado. Sobre ese aparentemente simple matiz puedes construir a tu personaje.

El trabajo interpretativo es fundamental para Belén: “Me siento responsable del buen hacer de mis actrices. A mí no me vale con que el actor sea 31natural y se interprete a sí mismo, me gusta que componga a su personaje. Ese buen hacer se alcanzó a través de tres fases cruciales del trabajo: los ensayos previos, la interpretación y dirección delante de la cámara y la labor de edición y elección de tomas” Así como en “El patio de mi cárcel” y en “Historias robadas” tuve un par de secuencias, en Marsella solo tenía una: hacía de mosso d´esquadra que registra el coche de Sara porque ha recibido un chivatazo de que lleva droga en el maletero. Eran solo cuatro frases. El montaje final, centrado en la trama principal, las ha eliminado prácticamente y apenas se me ve, pero estoy orgulloso de haber participado en esta película, aunque al final casi nada de lo que hice haya salido, porque Belén me hizo sentir partícipe de su película, de ese sueño tan personal que para ella es “Marsella”, un sueño en el que llevaba trabajando seis años. Y, tras haber visto la película, no me cabe duda de que ese pequeño sacrificio valía la pena porque ha quedado una película verdaderamente fantástica. Rodar aquella secuencia me permitió, además, tener el privilegio de ver a esos dos monstruos de la interpretación que son Goya Toledo y María León en ese intenso y desesperado mano a mano que tienen por quedarse con su hija. Jamás olvidaré la intensidad dramática que las dos imprimieron a la secuencia, lo que arriesgaron al hacerla, y las diecisiete tomas que hizo Belén, a pesar de que la primera ya era toda una lección de interpretación por parte de las dos, buscando el matiz más sutil en cada una de ellas y abrazándolas con toda la ternura mientras les explicaba lo que quería que hiciesen en la siguiente toma. Solo así se pueden conseguir interpretaciones como las que consigue Belén.

El papel de Goya Toledo, Virginia, era, quizá, el más complicado porque corría el riesgo de caer en ser la “mala” de la película: mujer triunfadora a 12la que la vida le ha dado todo y que lucha contra una joven exalcohólica para quitarle a su hija. Sin embargo el buen hacer de Goya, ese dejarnos ver que también en quienes aparentemente lo tienen todo existe el sufrimiento, la duda y el miedo, hacen que empaticemos con ella desde la primera secuencia. Poco importa que la veamos usar todas sus malas artes para quedarse con la niña. Lo entendemos porque ella ha sido capaz de transmitirnos que no lo hace por egoísmo, sino por el bien de su hija ya que está convencida de que su madre biológica no está preparada para ser madre.

Y qué decir de María León, posiblemente una de las mejores actrices de este país: es todo 7fuerza y pasión al tiempo que vulnerabilidad y ternura. Cuando compartes una escena con otro actor o con otra actriz se crea algo especial que solo quienes lo han experimentado pueden entender. Es como si conocieras a esa persona de toda la vida. En ese momento te lo ha dado todo, absolutamente todo. He trabajado con grandes actores y con magníficas actrices, pero lo que he sentido frente a María es algo que muy pocos me han hecho sentir. Frente a ella, frente a esos ojos que te llegan a lo más hondo, no tienes más que relajarte y vivir la escena, porque sabes que todo saldrá bien, que vendrá rodado, que será fluido y, sobre todo, que tendrá verdad, toda la verdad del mundo.

Y junto a ellas en “Marsella” tenemos a otra actriz como la copa de un pino: la pequeña Noa Fontanals. Elegida en un casting entre seiscientas aspirantes, tiene ese don especial de enamorar a la cámara y de conseguir que todo lo que 32hace sea auténtico, sea pura verdad. Para ella actuar es un juego, un juego más, y eso le permite sentirse absolutamente relajada frente a la cámara que, como esas muñecas a las que abraza en la película, se transforma en ese callado refugio que la acoge y en un juguete, un juguete con el que Noa se divierte en cada toma.

Que en un país en el que los gobernantes no solo no tienen voluntad política de apoyar a su cine, sino que tienen manifiesta voluntad de destruirlo cercenando todas las ayudas con las que los demás países cuidan su cine y promulgando leyes que graban y condenan a nuestro cine o retrasando indefinidamente la promulgación de leyes de mecenazgo e incentivos fiscales que los cineastas de nuestros países vecinos tienen, que en un país en el que hasta la directora general del Instituto de cinematografía (ICCA) ha tenido que dimitir en una muestra de coherencia y dignidad frente a la criminalización que sufre el cine, se hagan películas es una heroicidad, y que se hagan películas como “Marsella” un auténtico milagro. Gracias, Belén, María, Goya, Noa, Eduard, Gerardo… gracias de corazón a todos y todas los que lo habéis hecho posible.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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