General Literatura

José Antonio Labordeta, un hombre sin más

1«Nací en Zaragoza en el año 1935 en el seno de una familia pequeñoburguesa e ilustrada. En mi casa igual se leía a Virgilio que a Lautremont. Tuve una infancia secretuda y llena de escondites donde guardaba mis ansias de ser un hombre. No fui un buen estudiante pero sí un buen amigo de mis amigos. De mi hermano Miguel heredé el ansia de escribir y de mi hermano Manuel la de cantar. De mi padre heredé los silencios y de mi madre las desconfianzas hacia el ser humano. Escribí versos, reí con mis amigos y el franquismo me puso la cara seria hasta tal punto que, durante unos años, me olvidé de reír… Un día me puse a cantar, pero nunca me lo tome muy en serio porque estaba convencido de que ese no era mi oficio…” Así se definía a sí mismo José Antonio Labordeta, profesor, poeta, cantautor, escritor y político aragonés, un hombre que quería ser recordado como un hombre, sin más, un hombre que, por encima de todo, amó a su tierra y a la libertad, y lo hizo como se tienen que hacer esas cosas: con toda el alma. Son muchas las palabras que podrían definirle, pero tres destacan por encima de todas: dignidad, compromiso y coherencia. La dignidad de no renunciar jamás a ser él mismo; el compromiso con los demás, con los que, como él, soñaban con la libertad, y la coherencia de una vida vivida siempre de acuerdo a sus más firmes convicciones. Un cáncer, un cruel e implacable cáncer de próstata, nos lo robó hace casi cuatro años.

10Nacido en plena república en el seno de una familia de izquierdas que regentaba un colegio, pronto probó el sabor de la derrota, que no el del vencido ya que a Labordeta nunca pudieron vencerle. El régimen franquista apartó a su padre de la cátedra de latín y de la gestión del colegio. José Antonio no deslumbró como estudiante, aunque pronto empezó a hacerlo como poeta, siguiendo los pasos de su hermano Miguel, uno de los más grandes poetas españoles del siglo XX y, posiblemente, también labordeta juanauno de los más olvidados. Tras dos años, abandonó la carrera de derecho para estudiar filosofía y letras. En cuanto acabó la carrera se presentó a unas oposiciones que le permitieron dedicarse a algo que de verdad le gustaba y llevaba muy dentro: la docencia. Profesor de Historia en un instituto de Teruel, donde la que fue su mujer también era profesora de latín, compaginaba su vida académica con la de escritor, una actividad que nunca abandonó. De hecho él nunca creyó que la canción llegaría a ser la faceta por la que sería más conocido. La escritura, y la poesía en concreto, eran su verdadera pasión. Para él sus canciones no eran más que poemas cantados.

DÍAS HUIDOS (José Antonio Labordeta)

“Los alumnos me saludan
16con la dulce nostalgia
de los días huidos
y, con melancolía,
me recitan, en los largos pasillos,
los versos de Vallejo cuando era domingo
en las claras orejas de su burro.
Luego cantamos canciones de despedida
y se van como la lenta tarde de este sábado
lleno de sol y de infinitos rostros anublados
de aquellos muchachos y muchachas
que se amontonan lentos
en el fulgor impertinente de toda la memoria
inacabada”

Su voz rota y firme era un estilete contra las injusticias que veía a su alrededor. La melancolía y el sabor a derrota de los que perdieron una 300px-Labordetaguerra impregnaron su poesía, su vida y sus canciones. Enamorado de los paisajes de su tierra, de sus gentes, de sus tradiciones y su folclore, no dudó en ponerse la mochila a la espalda para recorrer toda la geografía que le había visto nacer. A aquella experiencia le siguió la de “Un país en la mochila”, el programa de televisión con el que entró en nuestras casas durante cinco años. Aparecer en televisión no era algo nuevo para él: había actuado en la serie de TVE “Del Miño al Bidasoa”, encarnando al vagabundo Dupont. La soledad y el desencanto fueron también otras de las constantes de su obra: la soledad del que se sabe solo; el desencanto del que sabe que jamás llegará a ver su sueño realizado. Pero aprendió a transformar su soledad en creatividad y su desencanto en belleza para llegar al corazón de todos con los que se cruzaba en su camino. Su campechanía, su valentía para no callar nunca la verdad, y su mirar profundo, sabio y triste, calaron muy hondo en todos los que le conocieron.

TARDE ESTIVAL (José Antonio Labordeta)

“Nos sentamos en la terraza
del café de Levante
y con parsimonia y lentitud
nos tomamos una leche merengada
desbordada de canela.
El calor, agobiante, no nos permite
hablar de nada ni de nadie.
labordeta_moncayoEl camarero, un muchacho rumano,
nos sonríe detrás de su rostro sudoroso
y se esconde en el interior
donde el aire acondicionado
salva de la angustia de la calle.
Al atardecer una brisa suave se levanta
y las mesas vacías se llenan
de parejas que se aman ardorosamente.
Es, en ese momento, cuando
abandonamos la terraza
porque a nuestra edad
no estamos ya para contemplar
amores desenfrenados”

SENTADO EN EL VIEJO SILLÓN (José Antonio Labordeta)

15“Sentado en el viejo sillón de la azotea
mientras repican los tambores del Viernes Santo
a los pies de mi vieja casa,
veo a mi padre perdido en el gran naufragio
de su España republicana.
Apenas una mueca de dolor,
una mirada ausente
y una lágrima limpia
por lo que nunca fue
aunque jamás
perdida la esperanza”


Era consciente de que su generación fue una generación secuestrada, una generación silenciada por una dictadura que reprimió con toda la jose_antonio_labordeta_rodeado_escanos_vacios_congreso1violencia que tenía a su alcance a quienes intentaban enfrentarse a ella. Él fue uno de ellos. Nunca dejó de serlo: «Avanzamos dejando en las veredas y en los caminos, en los recuerdos y en las vivencias, paisajes y paisanajes que el tiempo destruye, desvirtúa, y con ellos se nos van muchas esperanzas e ilusiones. Somos una generación complicada, porque, cuando fuimos jóvenes, el poder nos miraba como un peligro y ahora, ya mayores, el poder nos mira como un estorbo y un problema. Creo que lo mejor que podríamos aportar a la sociedad es nuestra paulatina desaparición» Pese a ese diagnóstico tan desgarrador de su condición en el mundo, él jamás dejó de creer y de combatir. Su oposición a la guerra de Irak llegó a ser legendaria, como lo son también las palabras con las que calló a los diputados del PP que, faltándole al respeto e insultándole mientras estaba haciendo uso de la palabra en la tribuna del Congreso, intentaron callar su voz: El “A la mierda” que les dijo entonces no salió de su boca, sino del corazón y la boca de todos los ciudadanos de este país hartos de un gobierno dictatorial que, siguiendo los delirios de grandeza de su presidente, nos metió en una guerra absurda, injusta y cruel que costó cientos de miles de vidas.

SE HAN MARCHADO (José Antonio Labordeta)

“Se han marchado todos
y nadie ha vuelto
12para cerrar la puerta.
Esta, vieja y desguazada,
golpea contra el viento
en las noches de asombro
como si nadie la quisiera oír,
como si todos los páramos del tiempo
se encerrasen aquí,
sobre estas galerías de casas agrietadas.
Y lejos,
más allá de las últimas carrascas,
alguien recuerda la cama
donde fue concebido con tristeza”

TRIBULATORIO (F) (José Antonio Labordeta)

“Cuando vuelvas
cuando cansado te sientes al borde del camino
y contemples el mar
como una luz vencida
11y el otoño te traiga
el amargo sabor de los días agrestes
RECUERDA,
como si nada fuese a suceder,
tus infinitos pasos
huellas sobre las yerbas de otros días.
Luego crece
crece hasta sucumbir como un gigante
como una hormiga inútil
Tú y yo
y el celeste paisaje de las noches
habremos sido viento
palabras apresadas
miedo vencido
inútil NADA”

NOS HACES UNA FALTA SIN FONDO (José Antonio Labordeta)

“¡Hermano, hoy estoy en el poyo de casa,
donde nos haces una falta sin fondo!
Oye, hermano, no tardes
en salir. ¿Bueno? Puede inquietarse mamá”
César Vallejo

labordeta-365xXx80“Miguel: Y caminamos.
Aunque se hizo el silencio
y no viniste, seguimos caminando.
Atruena la ciudad.
Los verduleros -sus voces tan hirientes
ya no hieren- bajo tu ventanal
suavizan a desgarros la mañana.
Atruena la ciudad
y en su silencio, tu nombre lo ha evocado
un joven escritor
de menos de mil años
al preguntar por dónde te has marchado.

El resto,
los señores de alegres corbatines,
se agobian de queridas y de acciones
y tu te quedas
solo.
Mamá
quiere besarte sobre el rostro
-se lo hemos permitido-
y con su beso de lágrimas,
de atroces tiempos y recuerdos,
te has marchado de casa
apenas comenzaba a atardecer.
Ella
te llora en los rincones
y la ciudad,
que apesta a soledades y decoros,
no puede olvidar
tus voces acusando,
amando,
señalando injustas manos rotas
de jóvenes airados
con potencia de águila paloma en las palabras.
17Miguel:
mamá te vuelve a descubrir
cada mañana
y mira tus camisas,
tus viejos pantalones,
tu boina de domingo,
tus zapatos de campo y de paseo
y te gesta de nuevo,
esta vez a lágrimas y llanto.
Mi hija
-Ana pequeña ahijada tuya-
me pregunta cuándo vas a nacer
de nuevo,
para volver aquí, a nuestro lado.
Y todo el gesto duro
de la vida,
se vuelca en mi costado
dañándome la ausencia
con que nos has dejado”

Su sempiterno bigote, su grave voz pausada y esa mirada profunda que todo lo sabía, hicieron que pronto le empezasen a conocer como “el 5abuelo” Pocos motes más ajustados, quizá, que aquel, porque Labordeta era el abuelo de todos nosotros, ese abuelo entrañable que nos contaba historias de guerras perdidas por quienes nunca debieron haberlas perdido, de tierras lejanas que, más allá de los sueños, cobijan a amantes y poetas, de silencios que gritan nuestro nombre, de caminos por recorrer en esa inmensidad sin mar que es la yerma tierra de nuestra realidad. Paisaje de nuestra memoria y nuestros sueños, fecundo páramo de nuestro olvido, Labordeta es ese ser indomable que todos queremos tener al lado cuando vienen mal dadas, cuando sentimos que luchamos una batalla que jamás podremos ganar, cuando, solos y rotos como la mayor parte de nuestros sueños, necesitamos una mano amiga que nos ayude a levantar… Ese es Labordeta: un hombre libre, un hombre recio, un hombre tierno, un ser humano íntegro y entrañable capaz de cobijar con el abrazo de su profunda voz todas nuestras derrotas.

Estoy seguro de que al “abuelo” le habría gustado que fueran las palabras y los versos de su hermano Miguel quienes acabasen este pequeño homenaje a un hombre que nos enseñó a ser libres:

LA VOZ DEL POETA (Miguel Labordeta)

“En lo alto del Faro,
viendo ir y venir
a las pobres gentes en sus navegaciones de un día.
En lo alto del Faro,
contemplando el abismo de las criaturas y el vértigo de los astros.
En lo alto del Faro,
escuchando llegar a los rostros futuros
y oyendo en lo hondo de las aguas las voces de los muertos.
En lo alto del Faro,
amando,
sabiendo que el amor es un fracaso,
y cantando,
sabiendo que su canto no ha de ser comprendido.
Vestirse, alimentarse,
ganarse el pan de cada día,
discutir de las cosas banales,
endomingarse como cada cual
y hacer el amor a una dulce estudiante,
como cualquier empleado de Banca.
POESIA 5AY sin embargo,
velar largamente en duelo,
oír en los silencios el ritmo pavoroso de los tiempos,
acariciar la marea de las edades inmensas,
rompiéndose en quejidos y maravillosas melodías
contra el humilde corazón infortunado
en lo alto del Faro.
En lo alto del Faro,
mientras todos se emborrachan en los festines,
o corroen su envidia en las duras jornadas de trabajo,
o acaso buscan sus puñales secretos
para degollar al niño desconsolado que ellos fueron,
la mirada rauda de visiones
persigue el rumbo, en intemperie desconsolada y altiva
de los navíos futuros.
Y preguntar a la sangre el porqué del olvido
e indagar las primaveras que nacen del sollozo terrestre
y la melancolía que hila el atardecer solitario de los cielos.
Acariciándolo todo, destruyéndolo todo,
hundiendo su cabeza de espada en el pasmo del Ser
sabiendo de antemano que nada es la respuesta.
En lo alto del Faro.
La voz del poeta.
Incansable holocausto”

PLEGARIA DEL JOVEN DORMIDO (Miguel Labordeta)
“Hermanas Estrellas:
¿Me escucháis?
¿Oís el palpitar de mi ardiente manantial tronchado
indagando su fervor de precipicio
en este planetario estío
de hermosura sin faz?
Vosotras, mis hermanas mayores:
¿qué sabéis?
M. Labordeta¡Decidme! ¡Habladme del sentido del abismo
todo futuro sido en el espacio curvo…!
Contadme, mis hermanas gigantes,
contadme que fueron las borrascas nebulosas
preñadas de gérmenes dulcísimos
y de terribles olvidos sepultados
hacia una furiosa potencia en carne viva
devorándose a sí misma
en silencio y hormiga
labio y galaxia o brisa
siempre muerte resucitada…
¿Lo sabéis? ¿Sabéis a dónde iré yo?
¿Sabéis a dónde iréis vosotras,
mis lejanas hermanas?
¿Sabéis a dónde irá todo
cuando el Ojo Secreto
se aniquile en burbujas de Luz?
¿O no tendremos fin…?
¿Será todo como este ensueño
en que os sueño,
mis hermanas estrellas,
mis lejanas, mis gigantes hermanas?
¡Decidme! ¡Habladme!
¿Sabéis el destino de nuestros muertos
implacables de enigmas?
¿Qué sois,
anhelo puro,
vientres de luz?
¿Acaso pensamiento
de una serena grandeza fugacísima?
¿O frías criaturas de fuego
que esperáis algo inauditamente,
una mañana de primavera perenne quizá?
¿Lo sabéis? ¿O no conocéis nada?
¿O no existís ya
y sólo contemplo el último parpadeo
que lanzasteis sobre la Vía Láctea
cuando las cunas eran tan sólo
pleamares de lodo y semilla de engaño?
¿Me escucháis?
¿O no tienen respuesta mis palabras
de suicida recién nacido?
¿Nos encontraremos al final?
¿O el punto y el anciano,
la senda y el minuto,
el signo y la Bondad
son tan sólo perdidos amuletos de la Mente,
cenizas de fotones
callando nuestras fuentes milagrosas
polvo de melodías eternas,
certero enigma sin pupila,
miglabderramándose sobre quietos lagos desconocidos?
¿Y yo? ¿Sabéis quién soy?
¿Os sonreís? ¿O sois ciegas?
Sí.
¿O sois ciegas como yo?
Hermanas Estrellas,
mis lejanas, mis gigantes hermanas
moribundas sin acto,
frágil nota acurrucada
como polen de otoño
o labio encendido de muchacha
que ha de morir.
¿Qué matriz cercenada
se abre en vuestro misterioso nido?
¿Qué pecado pavoroso columbra
vuestra incógnita?
¿Hacia qué Totalidad embriagada
os dirigís sedientas de promesa y descanso?
Contadme,
contadme vuestros mitos maravillosos
de amor hacia los soles inacabables.
¿O no sabéis nada? ¿O sois ciegas como yo?
Mis hermanas, mis lejanas y gigantes hermanas Estrellas”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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