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Sam Shepard, el indomable espíritu de un hombre libre

12Hablar de Sam Shepard no es fácil porque es, posiblemente, uno de los últimos humanistas del Renacimiento que quedan vivos. Y le califico como humanista renacentista por la variedad de campos en los que se expresa, por la visión global que tiene del mundo y, sobre todo, por la independencia y libertad de su pensamiento. Muchos le conocen por su faceta de actor, otros simplemente por haber sido pareja de Jessica Lange durante tres décadas, otros como músico, otros como guionista, otros como poeta, otros como novelista, y otros como dramaturgo, faceta en la que es considerado como el autor norteamericano más representado tras Tennessee Williams. Así es. Shepard ha tocado muchos palos y ¡todos los ha tocado bien! Ganador de varios premios Obie, del Pulitzer, nominado al Oscar, Palma de Oro en Cannes… Sus poemas, sus obras de teatro, sus canciones, sus novelas, sus guiones, y hasta los personajes que interpreta, destilan el amargo sabor de la soledad, el anhelo de los sueños perdidos, la lucidez del que se sabe solo en un mundo que ni entiende ni le entiende, la profunda sabiduría que habita en las cosas aparentemente pequeñas e insignificantes… Para los ilusos que se creen vencedores las obras de Shepard hablan de perdedores. ¡Pobres ilusos, jamás llegarán a entender que lo importante no era ganar!

8Nacido en Fort Sheridan, Illinois, en 1943, hijo de un piloto de la fuerza aérea alcoholizado y de una maestra, pasó la mayor parte de su infancia viviendo de base militar en base militar y de traslado en traslado. Trasladados a California, allí compaginaba sus estudios con un trabajo como mozo de cuadra en un rancho de caballos. Es en aquellos tempranos años cuando empieza a actuar en representaciones teatrales en el colegio y a escribir poesía. La lectura de “Esperando a Godot” le marcó profundamente. Al trabajo como mozo de cuadra le siguieron otros como esquilador de ovejas, recolector de naranjas, etc. Su afición por los animales le llevó a matricularse en Veterinaria, pero lo dejó antes de acabar el primer año para irse con una compañía de teatro ambulante que pasó por la ciudad. Estuvo dos años con aquella compañía. Poco después, apenas cumplidos los diecinueve, su espíritu aventurero le llevó a Nueva York, donde, trabajando como camarero y en los oficios más diversos, empezó a escribir obras de teatro de un solo acto. En 1964 dos de sus obras (Cowboys y The Rock Garden) hicieron que la Universidad de Minnesota le concediese una beca. A aquella beca le siguieron otras de las fundaciones Rockefeller y Guggenheim.

a duo con Patty SmithLa irresistible necesidad que tenía de expresar todo lo que llevaba dentro le empujó a adentrarse en el mundo de la música. Tocaba la batería y la guitarra, y formó parte, como batería, de los Holy Medal Rounders. Es entonces cuando conoce a Patty Smith, con la que tiene una historia de amor y escribe Cowboy Mouth. Su pasión por la música le lleva a congeniar mucho con otro de los mitos de la cultura norteamericana: Bob Dylan. Con Dylan escribirá el guion de Renaldo and Clara, película dirigida por el propio Dylan en la que Shepard debuta como actor de cine. Su relación con Dylan no acabó ahí ya que luego escribieron juntos la canción “Brownsville girl”, que llegó a ocupar los primeros puestos en las listas y que, si has querido, estás escuchando ahora.

No contento con todo eso, empieza a escribir guiones para series de televisión y para el cine. Su segundo guion fue nada menos que el de “Zabriskie Point”, la mítica película de Antonioni que aborda magistralmente el tema de la contracultura y que es un grito de libertad frente a la idiocia del mundo que le rodea. A Zabriskie Point le siguieron una decena de películas más entre las que se encontraban títulos como “Oh, Calcuta” y “Paris, Texas”.

En 1970 decide dejar los Estados Unidos para ir a vivir a Londres, donde pasará tres años en los que escribirá varias obras de teatro. El hecho de que con treinta años hubiera estrenado ya una treintena de obras da una idea de lo prolífico que Shepard puede llegar a ser. Tres años después regresa a los Estados Unidos como escritor residente en el Magic Theater de San Francisco, donde trabajará diez años simultaneando su trabajo con su carrera como actor. Tras su debut en la película dirigida por Bob Dylan, trabajó a las órdenes de Terrence Malick en “Días de cielo”, en 1978 Su 17intervención en la película “Frances”, en 1982, cambiaría su vida ya que allí conoció a Jessica Lange, con la que ha estado unido durante casi tres décadas. Ese espíritu inquieto que ha impulsado siempre su vida le llevó, un año después, a dirigir su primer montaje teatral “Loco de amor”, que recibió críticas extraordinarias y obtuvo innumerables premios. En aquel mismo año su papel en la película “The right Stuff” le valió su nominación al Oscar como mejor actor de reparto. Y, tampoco contento con eso, en 1988 dirigió su primer largometraje “Far North”.

A esa etapa tan creativa le siguió una década en la que se centró más en su faceta como actor. En los noventa intervino en catorce películas trabajando con artistas como Denzel Washington, Jack Nicholson, Diane Keaton o Julia Roberts. El nuevo milenio le pilló escribiendo intensamente, y haciéndolo con una temática cada vez más política 13en contra del neoliberalismo imperante, el fascismo republicano como Shepard lo denomina. Sus libros de relatos, desde “Crónicas de motel” a “El gran sueño del paraíso”, forman parte de la historia de la literatura. La capacidad que tiene Shepard de crear imágenes y personajes en sus relatos cortos hablan de la sensibilidad y la profundidad de un hombre enamorado de la vida pero preocupado por la deriva del mundo que le rodea. Declarado enemigo de las nuevas tecnologías y lo que conllevan, aún hoy sigue escribiendo en una máquina de escribir porque se niega a utilizar el ordenador. Fiel representante de la cultura Beat, de la contracultura, defiende con su obra y con su vida todos los valores que el mal llamado progreso se está llevando por delante: la naturaleza, el amor, la amistad, el silencio… Quizá un pequeño extracto de algunos de sus relatos te permitan entender mejor lo que digo:

En “Coalinga a medio camino”, uno de los relatos de “El gran sueño del paraíso”, nos cuenta la huida de 18un marido que lo abandona todo en pos de su amante. Acaba de dejar atrás todo su mundo y, en su huida, detiene el coche para llamar desde una cabina a su mujer para decirle que la ha abandonado. Tras la conversación, el relato dice: “Le hubiera gustado que ella hubiera colgado el teléfono de golpe y hubiera gritado. Que hubiera gritado algo que él nunca había oído. Algún insulto. Sigue sujetando el teléfono con la mirada perdida en los acres llenos de ganado en cautiverio. No puede creer que esté llevando esto a cabo; no puede creer que ya esté hecho. No puede volver. Está a más de medio camino de Los Ángeles y no puede volver atrás. Una puerta se ha cerrado detrás de él con un clic suave. Una voz de mujer le está hablando. Una voz de operadora pregrabada le está diciendo que cuelgue el teléfono. Lo repite sin parar, luego la voz se convierte en un agudo pitido. Deja caer el teléfono, que se queda balanceando. El pitido continúa…”

11Su propia vida no está ausente en sus relatos. Fíjate cómo empieza “Concepción”, también de “El gran sueño del paraíso”: “Mi padre consultaba a adivinas gitanas con regularidad. Nunca hablábamos del tema, mi madre y yo, pero era verdad. Lo sé porque una noche paró el coche de repente delante de una pequeña casa de piedra, detrás de un bosquecillo de limoneros, pasado Upland. Mi madre y yo estábamos en el coche, yo vestido con mi toga del coro de la iglesia y ella con un traje azul marino, un gorrito y un bolso a juego. Era por Pascua y había habido algún oficio religioso importante con los coros de los hombres y de los niños combinados. Mi madre estaba muy orgullosa de mi voz, dijo, aunque no entiendo cómo podía haberla distinguido de entre las docenas de las otras voces. Cómo podía haber escuchado solo la mía. Estaba sentada en el asiento del copiloto, delante de mí, y los dos observábamos, a través de la ventanilla, a mi padre, que estaba en el porche de la casa de piedra bajo una luz amarilla y llamando al timbre. Iba de punta en blanco con su uniforme del ejército del aire, y pequeñas polillas y mosquitos hacían círculos encima de su gorra de capitán. Se quedó con la mirada perdida más allá de los limoneros y las lejanas luces de San Dimas mientras esperaba que alguien le abriera la puerta, y ni siquiera una sola vez se volvió para mirarnos. Parecía tener muchas cosas en la cabeza, pero fuere lo que fuere, nosotros no estábamos incluidos…”

La poesía de Shepard es un desgarrado grito en favor de la esencia, de la autenticidad del ser humano. Simple, desprovista de todo artificio, busca acercarnos a todo lo que nos hace ser seres humanos y que hoy, perdidos en el océano sin límite del falso progreso y de la cirugía estética, es más necesario que nunca:

“Ya he visto prácticamente
Todas las narices arregladas
Todos los dientes con funda
Y todas las tetas remozadas
Me voy de regreso
A la mujer natural”

blackprem092911JxLa humildad y la grandeza de Shepard queda patente en todos y cada uno de sus actos. Jamás ha querido encasillarse ni ha permitido que le encasillaran. Ha seguido su instinto y sus impulsos hasta las últimas consecuencias. Capaz de trabajar con los actores y directores más importantes del mundo, y con personas que simplemente tienen un sueño, un sueño que él se atreve a compartir con ellos. Aventurero de espíritu libre y firme defensor de sus convicciones, no duda en echar una mano a quien se lo pide. Por eso no dudó en protagonizar “Blackthorn”, película dirigida Mateo Gil, habitual guionista de las películas de Amenábar, que cuenta la hipotética historia de Butch Cassidy tras el tiroteo en el que se le dio por muerto en Bolivia. A pesar de ser un profundo defensor de su intimidad, tampoco dudó en aceptar que se hiciese una película y se editara un libro con la correspondencia personal que mantuvo durante décadas con su gran amigo Johnny Dark. ¿Por qué? Porque creyó en el proyecto y pensó que esas cartas podrían servirle a alguien para quien, como para él, la amistad sea una de las cosas más importantes de la vida.

Personalidades como la de Shepard son auténticos faros para navegantes en las turbulentas aguas que hoy nos toca vivir. En un mundo donde la Sam-Shepard-portraitinmediatez y la superficialidad han desplazado al placer de la calma y la serenidad de la naturaleza, donde el whatsapp ha sustituido a la tertulia y el Facebook al encuentro cara a cara, a la caricia y al abrazo, la voz de Shepard resuena fuerte y clara para recordarnos que no debemos dejarnos engañar por las falsas promesas de felicidad que nos hacen los tahúres tecnológicos, esos vendedores de prisas que jamás entenderán que la vida, la aventura de la vida, es otra cosa y que la creatividad, la imaginación y la fantasía son más, mucho más, poderosas que sus bits y sus pixeles. Si visitas su página web (http://www.sam-shepard.com/) encontrarás mucha información sobre su obra, pero no demasiada sobre su vida porque, como él dice, prefiere que sea su obra la que hable por él. Y, fiel a su declarada animadversión por la tecnología, si entras en el apartado e-mail de esa web verás este mensaje: “No tengo ordenador, no uso internet y no tengo e-mail. No tengo ninguna de esas mierdas. S. Sephard”

PD Hoy, 31 de julio de 2017, alguien me ha dicho que Sam murió ayer. Gracias por la belleza de los versos, por la magia de tu teatro, por esas interpretaciones inolvidables y, sobre todo, por habernos enseñado que incluso en el absurdo mundo de hoy se puede ser libre y feliz. Vuela mi abrazo más fuerte allá donde estés

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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