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Ry Cooder, derribando fronteras…

1Escuchar la guitarra de Ry Cooder es emprender un viaje más allá de todo límite, más allá de la última frontera. Melancolía, esperanza, lucha, rabia, indignación, belleza, sueños… todo, todo está en su inigualable forma de tocar. Folk, blues, tex-mex, rock, góspel, música celta, rancheras… todo, todo está allí, en una guitarra capaz de elevarte alto, muy alto. Poco aficionado a la música en directo, este genio de la guitarra considerado por la revista Rolling Stone como el octavo mejor guitarrista de la historia ha tocado con y para los más grandes. A finales de los sesenta tocó con los Rolling y a punto estuvo de incorporarse a ellos, aunque lo rechazó porque no quería renunciar a su música, a esa constante búsqueda de la belleza que ha hecho de su vida. Su espíritu universal y humanista le ha llevado a fusionar todo tipo de música, desde Cuba a Méjico pasando por India o África, y a componer algunas de las bandas sonoras más recordadas de la historia, como la de la película “París-Texas”, de Wim Wenders.

ry-cooderNacido en Los Ángeles en 1947, nadie diría que llegaría a ser el virtuoso que es cuando, a los cuatro años, un accidente con un cuchillo le vació su ojo izquierdo que, desde entonces, es de cristal. Pero su pasión por la música le llevó a superar todas las dificultades. Aunque el primer instrumento al que le acercaron era un piano, pronto se decidió por la guitarra, una guitarra que toca sin púa ya que prefiere la sensibilidad de sus dedos acariciando las cuerdas. Siempre se ha caracterizado por colaborar con otros músicos. Con el primero que lo hizo fue con Taj Mahal, blues en estado puro. La denuncia de la injusticia en la realidad que le rodea siempre ha sido una de las constantes de su vida. Por eso halló en el blues su primera forma de expresar todo lo que llevaba dentro.

4Amante sin remedio de su libertad, no dudó en emprender su carrera en solitario. No fue fácil para un músico que se encontraba mucho más a gusto tocando en estudio que frente al público, pero su necesidad de expresarse, de comunicar, le empujaron a hacerlo. Es en esa época cuando muchos de sus temas son instrumentales, a pesar de tener una voz con sabor a madrugada y a alcohol que transmite emociones como pocas. Su particular forma de tocar la guitarra alcanza cotas increíbles cuando utiliza el slide, esa desgarrada voz de arena y desierto con la que llora la guitarra del Sur. Nadie como Cooder para traernos las imágenes de la soledad del camino, de las alambradas y cuchillas con que allá y aquí refuerzan las fronteras, del dolor del ser humano que lucha por ser libre y mantener su dignidad.


Rompedor de moldes, fue capaz de romper el bloqueo yanqui a Cuba para acercarse a tocar con los viejos músicos cubanos en una experiencia 8inolvidable que Win Wenders recogió en su documental sobre el “Buena Vista Social Club”. El éxito de aquella experiencia sorprendió a propios y extraños y ayudó a que fuera de Cuba y del mundo de los amantes de la música cubana conociesen a músicos como Ibrahim Ferrer, Compay Segundo y tantos otros. El mundo entero puso sus ojos en la prodigiosa música que salía del corazón de aquellos ancianos llenos de vida que, desde la isla, hicieron bailar a jóvenes y mayores al son de una música melancólica y alegre que habla de amores, de desamores, de sueños y de vida.


Cooder se entrega por completo a fusionar su música con las músicas del mundo, pero, fiel a sí mismo, regresa siempre a sus orígenes. Su Ry-Cooder-drives-his-son-Joachim-around-Havana-Cuba-during-the-making-of-Buena-Vista-Social-Club-0forma de componer es sencilla: se encierra en su casa con su hijo Joachim, un espléndido percusionista, y ahí empieza todo: “Mi colaborador principal es Joachim, mi hijo. Él toca la batería y yo la guitarra. Si la canción se sostiene, yo añado bajo, mandolina, lo que pida. Para los coros y los vientos, vas a un buen estudio. Pero con las ideas muy claras: los estudios tienden a ser templos de la tecnología y yo no soy religioso. Voy a cumplir 65 años, necesito simplificar mi trabajo. Es lo último que me queda” Aquí le tienes tocando en directo con su hijo.

cannes-beachNo contento con hacer llorar a su guitarra, Cooder parece cada día más obsesionado con denunciar las atrocidades que ve en el mundo en el que vive. “Estoy obsesionado por las canciones como vehículo de comunicación. Deben tener música excitante, claro, pero lo primero es la historia. De hecho, me sobran tantas historias que ahora publico un libro de relatos noir … Aunque ya nadie lee…” Su visión del mundo actual no es optimista, sino todo lo contrario. Firme defensor de los derechos humanos, contrario a las fronteras y la xenofobia, a la codicia de los banqueros y las guerras neocoloniales, tiene muy claro que el papel de todo ciudadano es el de tomar partido y comprometerse. Eso le ha llevado a 9perder oportunidades que otros no hubieran dudado en aprovechar, pero él ha preferido siempre mantenerse fiel a sí mismo y a su compromiso con la vida y el mundo. Consciente de que lo que estamos viviendo no es más que la conclusión lógica del desmoronamiento del mundo iniciado por Ronald Reagan, se muestra profundamente pesimista sobre la situación actual y futura de la música en Estados Unidos y es tremendamente crítico con la industria musical y con el pensamiento imperante en su país. Tras grabar “We’ll never turn back”, repertorio de la lucha por los derechos civiles, declaraba: “Eso salió en 2007 y, desde entonces, nadie me ha llamado para producir un álbum. Lo mismo con Hollywood. Hace 15 años que no firmo una banda sonora”

Quizá la proximidad de Los Ángeles a la cultura hispana, y a la mejicana en particular, le ha llevado a denunciar públicamente el tratamiento que RY COODER OGWTphotograph by Alan Messer/ Dezo Hoffman Collection/Rex Features/reciben los inmigrantes ilegales en su país y las atrocidades que se cometen en ese nuevo muro de la vergüenza que es la valla que están construyendo en la frontera. Ha colaborado con Chavela Vargas o con Lila Downs y con un sinfín de espléndidos músicos mejicanos recogiendo el folclore de la frontera, esa frontera que, como él dice, solo existe en los mapas. De hecho su último disco, un directo tras más de treinta años de sacar discos grabados en estudio, es “Corridos famosos”, un canto a la música mejicana. El tema de la frontera siempre ha estado presente en su vida. Aquí le tienes interpretando “Vigilante man”, un desgarrador grito de denuncia contra quienes se encargan de vigilar el funcionamiento de un sistema corrupto e injusto que criminaliza al pobre y al necesitado.


Su posición sobre el alcance de las denuncias que hace a través de su música es muy realista y, quizá por ello, escéptica. No cree que sus 5canciones vayan a cambiar las cosas en un país donde los medios de comunicación están en manos del sistema y manipulan abiertamente a la población, pero no por ello acepta rendirse sin luchar porque, más allá de lo que uno pueda conseguir, está su dignidad, esa dignidad a la que nunca debemos renunciar: “Los grandes medios en este país te ofrecen toda una gama que va desde la derecha a la extrema derecha. En las cuestiones fundamentales, son un monolito. Pero tienes que reaccionar, aunque solo sea por razones terapéuticas. Cuando te enfadas y no haces nada, se te envenena la sangre”
El blues y el góspel forman parte de su vida. Lo lleva en la sangre. Ha tocado con los más grandes, con los verdaderos monstruos del R&B, y lo ha hecho desde su humildad, acompañándoles como un músico más. Aquí le tienes tocando nada más y nada menos que con B.B. King, Robert Cray, Etta James…


Su inquietud por acercarse y conocer otras músicas del mundo que, como la suya, pudieran llegar al alma, le llevó a trabajar con músicos indios y Ali-Farka-Toure-crop1africanos. El disco que grabó con el guitarrista maliense Ali Farka Touré llegó a ser un número uno dentro de la world music a nivel mundial. La capacidad de Cooder para integrarse por completo en los sonidos de otras culturas no tiene límites porque su alma es universal, es un alma que capta la esencia del ser humano, ese ser humano que, más allá de colores y fronteras, busca su lugar en un mundo que no entiende, en un mundo que le aprisiona y le persigue, que le condena y le margina. Y si lo hace es porque Cooder pone su compromiso, su dignidad y toda su alma, en esa constante búsqueda de la libertad que es la vida.


He querido dejar para el final este vídeo en el que le puedes ver charlando con Paddy Moloney, fundador de los Chieftains, con los que Cooder 1264610780-cheiftains and ry coodergrabó en 2010 el álbum San Patricio, un homenaje a los soldados irlandeses que desertaron del ejército estadounidense para unirse a las filas del ejército mejicano luchando por su libertad. Es un episodio casi desconocido de la historia, una historia que nos ha mostrado aquella guerra como un acto heroico de los norteamericanos en películas como “El Álamo”. En la grabación de este disco, además de los Chiftains y de Cooder, colaboraron artistas mejicanos como Chavela Vargas, Los tigres del Norte o Lila Downs. Es un homenaje a quienes dieron su vida por defender sus ideales, a quienes tomaron partido por los que les necesitaban, un verdadero canto de libertad.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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