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Astrid Jones, las alas del blues…

1Escuchar la voz de Astrid Jones es aceptar una invitación a un viaje al fondo de lo que es ser, un dejarse llevar para fluir calmada, tierna y suavemente por el río de la vida. Y en ese lento fluir que nos lleva vamos descubriendo lo que nos rodea, todas esas cosas que están a nuestro alrededor y que apenas vemos, todas esas personas que forman nuestro mundo y a las que apenas conocemos. Porque lo queAstrid Peforming Smiling Astrid nos propone, a través de su música, es que despleguemos nuestras alas, que nos atrevamos a volar hasta ese no lugar donde, desde siempre, habitan nuestros sueños. En los ancestrales ritmos que yacen en su música y en esa voz que abraza y acaricia reconocemos lo que somos, lo que fuimos y lo que aún podemos ser, porque todo está allí, en esos acordes, en esos susurros del alma con los que nos mece y acuna para llevarnos al paraíso sin tiempo del ser. Si cierras los ojos escuchando su voz no tardarás en ver una mariposa volando a tu lado, una mariposa multicolor que vuela alegre celebrando el sol de la mañana. Y junto a ella estarás tú. También volando, transformado en una mariposa que, feliz y asombrada, se extasía disfrutando de la belleza que le rodea, esa belleza que siempre ha estado allí, esperando a que cerrases los ojos para poderla ver.

La música de Astrid es así porque ella es así: curiosa, inquieta, abierta al descubrimiento permanente de la vida, dulce, tranquila, aventurera, la-Orquesta-del-Solar-David-Montes-Astrid-Jones-y-Javibi-Martinapasionada, soñadora, solidaria, luminosa, generosa y, por encima de todo, sabia, inteligente y sensible. Su sabiduría la llevó a no conseguir la nota de corte para entrar en la carrera que quería: periodismo. La inteligencia a adaptarse a lo que de bello podía ofrecerle empresariales, una carrera en la que, sin querer, se vio metida. Y la sensibilidad a empaparse de todo lo que le rodea, dejar que entre en ella y transformarlo en belleza. Su decisión de dedicarse profesionalmente a la música no fue algo vocacionalmente imparable o una decisión improvisada. Fue, como es ella, un dejarse llevar, un suave fluir hacia el encuentro consigo misma. Consciente de que la carrera que estaba estudiando no le aportaba gran cosa, compaginó los últimos cursos con sus primeros pasos en su carrera musical . Incorporarse a un coro semiprofesional fue una de las decisiones que marcaría su vida para siempre.

Mujer apasionada, inquieta como pocas y soñadora sin remedio, no desaprovechó la primera oportunidad que tuvo de ir a vivir a Londres, una ciudad que, desde siempre, gritaba su nombre con fuerza. Allí descubrió que lo que realmente quería hacer en la vida era cantar. Necesitaba expresar todo aquello que llevaba dentro. Si le preguntas porqué lo hizo te dirá, simplemente, que porque era lo que más le gustaba. Esa es una de sus virtudes: atreverse a vivir lo que le gusta, y hacerlo con todas sus fuerzas. ¿Miedos? ¡Todos! ¿Inseguridades? ¡Sin límite! ¿Determinación? ¡Absoluta!

A su regreso a Madrid lo primero que hizo fue reincorporarse al coro. De aquel coro salieron posteriores giras con Marta Sánchez o Pitingo. astrid-jones-and-the-blue-flapsCompaginaba sus actuaciones con clases de canto. Pero la vida del artista nunca ha sido fácil, y menos en este país. Para mantener su irrenunciable independencia no dudó en aceptar varios trabajos que le surgieron: un banco, donde aguantó cuatro meses, una multinacional de cosmética, donde no pasó de seis, hasta que encontró un trabajo que, por horario, le permitía compaginar su amor a la canción con el comer.

2012 fue un año que cambió su vida: decidió crear su propio proyecto musical. Lo comentó con Bratt, buen amigo y formidable músico que la había acompañado en más de una ocasión. La química musical entre ambos es absoluta, como lo es también la confianza que se tienen. Astrid le habló de sus sueños. Bratt de los suyos. Y vieron que sus sueños eran idénticos: crear un proyecto musical con hondas raíces en el soul y en el blues donde ambos pudieran crear en libertad. Astrid no dudó en decirle a Bratt que escogiera sus músicos y que llevara la producción musical. Así nació Blue Flaps, el grupo que acompaña a Astrid.El proceso creativo de Astrid para componer sus canciones suele ser que ella crea una melodía, le pone letra, Bratt actúa como productor y define el sonido y entre todo el grupo hacen todo lo demás: arreglos, instrumentación, mezclas, etc. Tienen previsto lanzar su primer disco aunque, sabios como son, no Astrid-Jonesse agobian poniendo plazos, fechas o compromisos que puedan coartar su libertar o condicionar su creatividad. Oírla hablar de este disco me recordó a “El tormento y el éxtasis”, aquella maravillosa película sobre la pintura de la capilla sixtina en la que Charlton Heston daba vida a Miguel Ángel y Rex Harrison al Papa Julio II que, preocupado por la fecha de finalización de los trabajos, cada día le preguntaba: “¿Cuándo lo terminarás?”, a lo que, invariablemente, Miguel Ángel le contestaba desde lo alto del andamio: “¡Cuando lo acabe!”

Y si 2012 fue un año vital para Astrid, 2013 no se quedó atrás. Una amiga, actriz y cantante, Rebeca Ledesma, le contó que se iba a hacer un Diego-Astrid-Jones-Sergio-Peris-Mencheta_EDIIMA20120930_0041_4casting para una obra de teatro escrita e interpretada por Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Peris-Mencheta. ¿Actriz? ¡Por qué no! Y se presentó. En cuanto leyó el texto supo que quería hacerlo por encima de todo: era un texto que hablaba sobre la inmigración y de Samba Martine, inmigrante muerta en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche por falta de atención médica. Astrid no es inmigrante, ha nacido aquí, pero conoce lo que es la inmigración como conoce lo que es sufrir el racismo y la xenofobia: sus padres, Astrid-Jones-en-Un-trozo-invis_54387957110_54374916805_576_694guineanos, sí fueron inmigrantes. Comprometida hasta los tuétanos con todas las causas que considera justas, la obra “Un trozo invisible de este mundo” era algo que sabía que quería y que debía hacer. Y lo hizo. Ganó el casting y desde entonces ha estado representando esta obra por toda España. Acabarán la gira donde la empezaron, en el Matadero de Madrid, donde estarán hasta el 8 de junio. Uno de los momentos de la obra que te pone la piel de gallina es cuando Astrid canta una canción africana. Es una nana, la nana del mundo, esa nana que, desde siempre, ha acunado a bebés de todas las razas y de todas las religiones. Le pregunté a Astrid por esa canción y, desde esa humildad con la que todo lo hace, me contestó: “Bueno, en los ensayos Sergio me pidió que cantase algo, que improvisase cualquier cosa… y ahí nació esa canción”

Considera que el trabajo de actriz tiene muchos puntos en común con el de cantante y disfruta mucho haciéndolo, aunque confiesa que se siente 2mucho más libre en la canción, quizá porque se siente más vulnerable como actriz que como cantante. He tenido la fortuna de verla en ambas facetas y no me cabe duda de que es una fuera de serie en ambas, y lo es porque, haga lo que haga, tiene el don que da la generosidad más absoluta: entregarse a los demás. Su forma de jugar con el silencio, ese elemento que ella utiliza sabiamente para dejar que todo fluya, es maravillosa.

Convencida de que la vida es viaje, hace ya tiempo que zarpó del puerto. A muchos es Ítaca o la promesa de Ítaca la que les empuja a zarpar. A Astrid no le hacen falta las Ítacas porque ella sabe que lo importante no es el destino, sino el viaje, ese viaje que te permite ser y dejar de ser tú, aprender, compartir, descubrir, crear, equivocarse, perdonarse y perdonar a los demás… Astrid es una de esas contadas personas que, en el mundo de hoy, tiene opinión propia y no se limitan a repetir lo último que han oído o lo que más les han repetido o gritado. Cuando le preguntas a Astrid ella sonríe, o ríe a carcajadas, guarda un momento de silencio, piensa, reflexiona, siente y, lentamente, con su voz dulce y calmada, te responde desde su verdad más profunda. Si le preguntas cómo se ve dentro de diez años su respuesta no será que aspira a haber conseguido todas las cosas que le rodean, sino haber dado todo lo que lleva dentro. Así es ella: bella y libre, como las alas del blues.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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