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Una historia verdadera…

the_straight_story_una_historia_verdadera-interior_frontal¿Qué se siente cuando sabes que la muerte está cerca?, ¿Qué hacer cuando sabes que tu paso por este mundo se está acabando?, ¿Qué viene a tu mente y a tu corazón cuando sabes que te estás yendo? Cada persona tiene su propia respuesta a esas preguntas, pero en todas las respuestas siempre hay un denominador común: la consciencia del amor que has dado y del que no te atreviste o no quisiste dar. Son tantos los abrazos no dados, los besos perdidos, las palabras silenciadas, las caricias nunca dadas… Porque es ahí, cuando te enfrentas a la soledad de la muerte, cuando realmente te das cuenta de que vivir no era más que amar y que solo existimos en todo lo que nos hemos atrevido a dar, a compartir con los demás. De eso trata esta joya de película de David Lynch: The straight story (Una historia verdadera), basada en el caso real de un anciano que, sabedor de que sus días se acaban, decide hacer las paces con su hermano, con el que hace años que no se habla. Para hacerlo tenía que recorrer más de mil kilómetros atravesando varios Estados. Como su vista no le permitía conducir un coche y sabía que ese era un viaje que debía hacer solo, lo hizo con el único medio de transporte que tenía a su alcance: su segadora corta césped. La película, como la historia, es una “road movie” totalmente atípica y maravillosa, un viaje iniciático lleno de poesía y de magia donde ese hombre que ya lo ha visto todo descubre las cosas verdaderamente importantes de la vida. Y lo hace meditando en su soledad, en esa soledad del camino recorrido lenta, muy lentamente, y también compartiendo su historia con las personas que va encontrando en su camino. Todas tienen algo que enseñarle, a todas tiene algo que regalarles…

9La película cuenta la historia de Alvin Straight (Lynch juega con el doble sentido del apellido Straight, que en inglés significa directo, para titular la película en un juego de palabras que sería “Una historia directa”, traducida al español como “Una historia verdadera”) La vida de Alvin había sido dura. Huérfano desde muy pequeño, pasaba las horas jugando con su hermano y compartiendo su afición favorita: mirar las estrellas, en la que fue la etapa más feliz de su vida. El tiempo, la edad, el destino o simplemente el azar, hicieron que, al crecer, cada uno hiciera su vida. Aunque mantuvieron una estrecha relación a lo largo de los años, cuando ambos habían cumplido ya los sesenta tuvieron una discusión que les llevó a dejar de hablarse entre ellos. Alvin vivía con una de sus hijas que era discapacitada mental. Esa era toda la familia con la que mantenía contacto. Diez años después de la discusión con su hermano alguien le dijo que había sufrido un infarto. Es entonces cuando decide ir a visitarle para hacer las paces con él iniciando el viaje que nos cuenta la película. Alvin murió tres años después de aquel viaje. Richard Farnsworth, el actor que le da vida en la pantalla, murió pocos meses después de acabado el rodaje. Nunca se había considerado a sí mismo como actor y le sorprendió estar nominado al Oscar a la mejor interpretación masculina de aquel año (1999). Posiblemente murió sin saber que fue uno de los más grandes actores que ha dado la historia del cine. El papel de Alvin es como si hubiera estado escrito para él, o como si Farsnworth hubiera estado viviendo toda su vida como una preparación para encarnar ese papel. Pocas veces en la historia del cine se ha dado una simbiosis tan perfecta entre un actor y su personaje.

8La dirección de David Lynch desborda sabiduría y humildad. La sabiduría de centrar toda la historia en la figura de Alvin, dejándole hacer, y la humildad de estructurar todo el rodaje de manera que el espectador se centre totalmente en la figura de Alvin, en lo que le pasa, en lo que siente, en ese profundo grito de amor y libertad que son sus silencios. A través de la mirada profunda y diáfana de Farsnwoth vemos cómo la vida va pasando a nuestro alrededor. La humildad y la grandeza de este personaje hacen que 10empaticemos con él desde el primer momento. Su vulnerabilidad nos conmueve. Su fortaleza y determinación nos animan a compartir su viaje, a empujar su segadora corta césped, y también a emprender ese viaje que tenemos pendiente para hacer las paces con aquellos y aquellas de los que, sin saber cómo o porqué, en su día nos distanciamos…

Otro de los puntos fuertes de esta película, junto a su espléndida fotografía, es su banda sonora. Compuesta por el compositor fetiche de Lynch, Angelo Badalamenti, con quien ya había trabajado en la inolvidable Twin Peaks , es una música que nos transporta a un estado muy especial, a ese estado en el que todo es posible porque ha hecho que nos sintamos capaces de todo, con fuerzas para saltar cualquier obstáculo, y con amor para hacerlo no por nosotros, sino para dar a los demás. Es una música melancólica, que no triste, que te llega a lo más hondo del corazón y que siempre que la escuchas te hace sentir vivo, intensa y maravillosamente vivo.

11Viendo esta película, acompañando a Alvin en su viaje, nos preguntamos cómo es posible que hayamos dejado escapar tantas oportunidades en la vida de abrirnos a los demás, de dar un abrazo, un achuchón, una caricia o simplemente decir una palabra amiga a todas esas personas, conocidas o anónimas, que se cruzan en nuestra vida o comparten alguna etapa de nuestro propio viaje. ¿Cómo es posible que el orgullo, el egoísmo, la cabezonería, la ira, el desprecio o la ignorancia hayan decidido tantas veces por nosotros?, ¿Dónde estábamos cuando todas esas cosas marcaron el rumbo de nuestro viaje, el destino de nuestra vida? ¿De qué nos sirven todos esos besos y abrazos no dados? ¿Podremos acaso llevárnoslos a la tumba? Si Alvin fue capaz de entenderlo y de recorrer más de mil kilómetros en su segadora para dar un abrazo, ¿A qué esperamos nosotros para hacerlo? ¿A verle la cara a la parca? Quizá esa visión nos empuje a hacerlo porque iluminará nuestro pensamiento y calentará nuestras emociones, pero el riesgo de no dar ese paso hasta entonces es Con Sissi Spaceckmuy alto, demasiado, porque muchas veces, la mayoría, la parca no te da una segunda oportunidad. Cuántas veces, frente a la muerte de un ser cercano, has sentido que te faltaban muchas, demasiadas, cosas por decir, que querías haberle dicho esto, haberlo contado aquello… y te quedas hablando solo en el silencio hablando el idioma de las palabras no dichas. Realmente somos seres muy contradictorios porque, como dice la canción, creemos que lo más bello es lo que nunca hemos tenido, que lo más amado es lo que perdimos… y estamos convencidos de que siempre tendremos tiempo para hacer esto o aquello porque la muerte va con los demás, no con nosotros. Hay algo en nuestro interior que deberíamos aprender a deconstruir desde que somos muy pequeños: eso que hace que no apreciemos nuestra salud hasta que la perdemos o que no entendamos qué es el amor hasta que se ha ido. Por eso películas como The straight story son importantes. No tienen la respuesta, esa solo la podemos encontrar nosotros, pero nos hace preguntas, muchas preguntas que nos empujan a ponernos en el camino

Aquí tienes, si quieres, el making off de la película (siento no haber encontrado una versión subtitulada), y una selección de los temas de su banda sonora. ¡Disfrútalos!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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