Cine/Teatro General

Vivir es fácil con los ojos cerrados

descarga¿Son acaso mentira los sueños por no convertirse en realidad? ¡No! La mentira es la realidad que no nos atrevemos a vivir con la intensidad y la pasión de un sueño. Eso es lo que nos plantea la espléndida película de David Trueba: que nos atrevamos a vivir nuestros sueños, todos nuestros sueños. Amistad, aventura, amor, poesía, magia, belleza, ternura… todo está en ese pequeño coche verde que une a tres soñadores sin remedio que se rebelan ante la huida en que pretenden convertir nuestras vidas para transformar las suyas en un maravilloso viaje por las desconocidas tierras almerienses de los años sesenta. Un profesor enamorado de la música de John Lennon, una casi adolescente que busca el lugar en el mundo donde traerá a su hijo y un chaval que, harto de la represión y el sinsentido de una época de represión triste y gris, decide marcharse de su casa, son el trío sobre el que Trueba vertebra esta historia de la esplendorosa victoria que hay en todo perdedor.

Con un ritmo sabio y pausado, asistimos al viaje a ninguna parte de esos tres héroes incomprendidos por una sociedad empeñada el_cabo_de_gata_en_vivir_es_facil_con_los_ojos_cerrados_564_570xen mantener las tradiciones que ahogan los sueños, las costumbres que aniquilan la vida. La visita de John Lennon a Almería para rodar una película pone en marcha esta historia, inspirada en la vida real de Juan Carrión, un humilde y enorme profesor de Cartagena (Albacete en la película) empeñado en enseñar inglés, y sobre todo lo que es la vida, a sus alumnos a través de las letras de las canciones de Lennon. Carrión se lio la manta a la cabeza, lo dejó todo y partió en busca de su sueño: conocer a John Lennon. ¿Locura? ¿Quimera? No, realidad vivida con la intensidad de un sueño. ¿Qué sería de la vida sin nuestros sueños? Un viejo y destartalado 850 verde es el Rocinante de este nuevo caballero que sale a cabalgar las llanuras en pos de su Lennon Dulcinea. Quijote donde los haya, no duda en recoger en su camino a todos cuantos le pueden necesitar. Un Javier Cámara capaz de transmitirnos hasta el más mínimo aliento de Carrión nos tiende una mano foto-vivir-es-facil-con-los-ojos-cerrados-11-977abierta desde la pantalla invitándonos a que nos unamos a él, a que vayamos en pos de nuestros sueños… En su viaje salva a una princesa, Natalia de Molina, de las garras de un pirata. Lo de Natalia es prodigioso. En su segunda película transita por la pantalla como si hubiera nacido en ella. Es una mujer y actriz con algo muy especial: la capacidad de transmitir al tiempo una vulnerabilidad y dulzura sin límites con una capacidad de amar y apasionarse que va más allá de todo lo que los más retrógrados considerarían políticamente correcto. La escena en la que masturba a ese joven huido que encarna prodigiosamente Francesc Colomer mientras le susurra una canción al oído es una de las secuencias más eróticas que he visto en el cine en años. Formidable. Sabía de lo grande que es Natalia en un escenario pues la había visto varias veces en aquel paraíso que fue Garaje Lumière, pero me ha sorprendido la maestría que muestra frente a la cámara, una cámara que, como todos los espectadores, se enamora irremisiblemente de ella. Y junto a estos tres argonautas renacidos emerge la figura de ese prodigio de la interpretación que es Ramón Fontseré, dando vida a ese catalán de vuelta de todo al que la vida, o un amor que viene a ser lo mismo, ha llevado hasta la costa almeriense.

Los seis Goyas que se ha llevado la película (película, director. guion original, actor protagonista, actriz revelación y banda foto-vivir-es-facil-con-los-ojos-cerrados-5-971sonora)hacen justicia a esta pequeña y enorme obra de arte que es “Vivir es fácil con los ojos cerrados” El excelente guion de Trueba y su habilidad para contarnos una historia cotidiana desde la cámara haciéndonos partícipes de ella hacen que esta película sea una verdadera invitación a la vida y al deleite de ver cine, buen cine. Sin duda, otro de los aciertos de Trueba está en haberle encargado la banda sonora de “Vivir es fácil con los ojos cerrados” a Pat Metheny. La fuerza y la suavidad de su guitarra lo llenan todo desde ese aparente segundo plano en el que debe estar la música en una película: acompañando a la historia, nunca empujándola. Porque eso es lo que tiene esta película, un suave fluir, un dejarse llevar, un sentarte frente al mar para reencontrarte contigo, con tus sueños, con tus anhelos, con todas esas vidas que has vivido y que aún, si cierras los ojos y los oídos a los desafinados cantos de sirena de esta sociedad seca y vacía, puedes vivir.

Antonio, el personaje de Javier Cámara, parte hacia la aventura persiguiendo su sueño: conocer a John Lennon, pero lo maravilloso Vivir-es-fácil (1)de esta historia es que es capaz de hacer partícipes de su sueño a sus compañeros de viaje, Natalia, Francesc, y todos los espectadores que estamos en la sala y que, desde nuestras butacas, empujamos su desvencijado 850 verde por las cuestas del Algarrobico para que pueda seguir su viaje hacia esa Lennon/Ítaca que le hizo partir. Todos somos Antonio. Trueba consigue que esos sueños tanto tiempo dormidos en nuestro corazón empiecen a aletear de nuevo recordándonos que, si nos atrevemos, aún estamos a tiempo de vivirlos, de vivirnos.

Viendo la pasión de Antonio por Lennon no he podido dejar de recordar la que siento por mi adorado Bruce. Son pocos los Vivir-es-fácilconciertos que me he perdido de él en España. Le he visto en estadios grandes, en pabellones y hasta en la intimidad del teatro Tívoli. Y cada vez que viene intento acercarme para ver si se produce el siempre soñado encuentro. Cuando vino solo para dar sus conciertos acústicos en el Tívoli de Barcelona pensé que tenía frente a mí la oportunidad que había esperado tanto tiempo. Consciente de lo que son las formas para el resto de los mortales, me puse mi mejor traje y elegí mi mejor corbata para ir al lujoso hotel donde se alojaba asegurándome que, de esa guisa, nadie me negaría la entrada. Todo iba bien. El portero me abrió la puerta y me saludó educadamente. Al llegar a recepción una encantadora señorita me preguntó qué deseaba. “Vengo para traerle esto al señor Springsteen”- le dije desde la formalidad más exquisita. “Perfecto”- me contestó aquella belleza de ojos eternamente azules – “¿Quiere entregárselo usted mismo?” Yo no estaba preparado para contestar a aquella pregunta. Dudé, me asusté, temblé… y dejé que el miedo decidiera por mí. “No, muchas gracias, con que se lo suban es suficiente”. Jamás sabré si habría llegado a verle o simplemente la señorita habría llamado a alguien de su equipo que hubiera recogido el paquete… esa es mi penitencia por mi pecado de cobardía. En aquel paquete le dejé una carta en la que le explicaba lo importante que él había sido en mi vida desde que, a principios de los setenta le descubrí. Natalia de MolinaTambién le pedía que, aquella noche, cantase la canción que, posiblemente, ha sido el himno de mi vida: The river, esa desgarrada canción de los sueños rotos en la que Bruce pregunta si los sueños son acaso mentira si no llegan a convertirse en realidad… También en esa carta le decía que, décadas después, mi respuesta a aquella pregunta era que la mentira no está en los sueños que no llegan a convertirse en realidad, sino en la realidad que no nos atrevemos a vivir como un sueño. Me despedía dándole las gracias y diciéndole que quería acercarme al camerino para conocerle personalmente al acabar el concierto… El concierto fue inolvidable. Valieron la pena las carreras, los apretujones y las horas de espera para conseguir la entrada. ¡Estaba en un palco a menos de diez metros de mi adorado Bruce! Tras casi tres horas de sueños y baladas se acabó el concierto y vi que se formaba un pequeño grupo en la puerta que va a los camerinos. Aquella era mi oportunidad, la oportunidad que había esperado durante tanto tiempo. Iba ya a bajar cuando la que entonces era mi mujer me dijo que habíamos quedado con unos amigos a la salida del concierto y que nos estaban esperando. Intenté explicarle que debía ir a los camerinos, que tenía una cita con Bruce. Solo quien comparte la intensidad de tu sueño, quien lo vive contigo, puede entenderte. No fue el caso y acabamos cenando con aquellos amigos. A la mañana siguiente, al bajar a tomar el café de cada día, en el bar de cada día, con la soledad de cada día, mi amigo el camarero me preguntó por el concierto. Le dije lo maravilloso que había sido, lo increíble que había estado Bruce, cómo nos había hecho vibrar a todos… Y me dijo: “Ya, ya, pero y lo de después ¿qué?” Le dije que un contratiempo me había impedido acercarme a los camerinos. “Pues qué lástima, porque ha venido María, ya sabes, la que trabaja en el banco de la esquina, y me ha dicho que al acabar el concierto fue a verle a los camerinos y que Bruce les dijo a los 20 o 30 fans que había allí: ¿Qué tal si nos vamos todos a cenar?”
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Tras aquel concierto han venido muchos más. Nunca he dejado de ir a verle y de intentar entrar en los hoteles donde se hospeda buscando ese encuentro que me ilumine la vida. Me he arruinado pagando carísimos desayunos en lujosos hoteles. Ya he conocido a todos los miembros de la E-Street Band. Guardo un recuerdo muy especial de Clarence… A Bruce nunca le he visto. Pero tras haber visto “Vivir es fácil con los ojos cerrados” sé que algún día lo conseguiré…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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