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Cuando el viento grita tu nombre…

wildbunch-781239Su mundo había cambiado, solo los restos de lo que un día fue quedaban en pie. Atrás quedaron, enterrados, los valores que les habían mantenido vivos. Nada de lo que les trajo ese futuro que se había hecho presente les iba a dar la más mínima oportunidad. Eran los perdedores, los acabados, los inadaptados, os prescindibles en ese nuevo mundo que todo lo arrasaba. Habían pasado su vida robando, atracando bancos y trenes, matando para no morir… hasta que un día, cansados del mundo y de sí mismos, se encuentran con un destino que les da la oportunidad de dar sentido a sus vidas, de, por primera vez, hacer algo por los demás, de sacrificar sus propias vidas por los demás. Esta es la historia que Sam Peckinpah nos cuenta en una de sus películas más inolvidables, The wild Bunch (Grupo Salvaje), una verdadera obra de arte que denuncia la extrema violencia existente en el mundo precisamente utilizando la violencia y filmándola como nunca se había hecho hasta entonces.

wildbunchposeLa película comienza con las imágenes de un atraco a un banco que comete la banda. No lo saben pero todo es una trampa. Les están esperando para acabar con ellos. Un ejército de mercenarios ávidos de dinero, sangre y codicia les espera apostado en los tejados de una mísera ciudad del oeste. El inoportuno desfile de una manifestación antialcohólica se cruza entre ellos y el banco. Aprovechan la situación para dar el golpe. La banda de música atraviesa la calle tocando sus himnos mientras ellos están en el banco. La avidez de los mercenarios hace que vean varios de sus rifles brillando en los tejados. Son conscientes de que aquello es una trampa y de que para salir de allí va a ser necesario que se derrame mucha sangre. Salen a la calle. Empieza el tiroteo. La cámara de Peckinpah capta de manera El tiroteo inicialimplacable el sinsentido de toda aquella violencia. Mueren mercenarios, forajidos y, como tantas veces, personas que pasaban por allí, que simplemente estaban donde nunca deberían haber estado…

Los supervivientes del grupo huyen con el botín, un botín que, cuando lo quieran repartir verán que no son las monedas de oro que esperaban sino simples arandelas. Toda esa sangre, todas esas vidas por unas simples arandelas. Perseguidos por los mercenarios entre los que va un antiguo miembro de la banda que ha sido obligado a traicionarles, acaban cruzando la frontera de Méjico. Allí están a salvo. La huida ha valido la pena. Pero están sin un duro. La vida, generosa en ocasiones, les brinda la oportunidad de dar el último golpe, ese que cambie sus vidas para siempre. Se trata de robar al ejército yankee un cargamento de armas y municiones para entregárselo al ejército mejicano que está luchando contra los revolucionarios de Zapata y Pancho Villa. La paga disfrazados de militares tras el primer atracoserá alta. Aceptan. Solo uno de ellos, Ángel, un joven mejicano, renuncia a cobrar su parte en oro. Participará en el golpe si puede quedarse con una caja de rifles que entregará a los revolucionarios, a los suyos. Dan el golpe. Hacen la entrega de las armas al ejército mejicano. Cobran el precio pactado. Todo va bien hasta que el general mejicano detiene a Ángel. Sabe que se ha quedado una de las cajas. Y aquí es donde viene la grandeza de esta película. El grupo podría irse dejando a Ángel a su suerte. Es lo que siempre habían hecho. A fin de cuentas él sabía el riesgo que corría… Pero no lo hacen. Por primera vez en su vida no lo hacen. Renuncian a la huida, a salvarse, para ir a rescatar a Ángel. Saben que nunca lo conseguirán. No les importa. Están dispuestos a poner fin a todo aquello, a morir llevándose a todos aquellos soldados por delante.

Wild_Bunch_Peckinpah_&_HoldenLa forma de plantear este momento en la película habla de la grandeza y el genio de Peckinpah. En el guion tan solo estaba escrita en tres líneas la escena en la que Pike, el jefe del grupo, se acerca al resto de la banda, les mira fijamente y simplemente les dice “Vamos”. Todos le entienden perfectamente. Sonríen y, sin decir una palabra, van a enfrentarse a su muerte iniciando un tiroteo suicida contra trescientos soldados. Fue en el momento del rodaje cuando Peckinpah decidió improvisar la que después ha sido la escena por la que más se recuerda esta película y que ha pasado a formar parte de la historia del cine. En el guion simplemente cogían sus armas de sus caballos y, por corte, aparecían frente al general mejicano para exigir la libertad de Ángel. Pero ahí Peckinpah decide que los cuatro bandoleros vayan andando cruzando el pueblo rodeados por los soldados mejicanos hasta entrar en el cuartel del general. Ese paseo de los cuatro, juntos, decididos, plenamente conscientes de que van a su muerte, te entra tan dentro que es imposible de olvidar. Contribuye a ello otra genialidad de Peckinpah, que fue rodar al grupo de soldados mejicanos que estaban cantando una canción con una guitarra e integrarlo en el paseo hacia la muerte de esos cuatro bandoleros convertidos ya en los cuatro jinetes del apocalipsis que se van a llevar por delante a todo el que se ponga en su camino.Las posiciones de cámara que emplea Pekinpah, y el montaje intercalando planos medios con planos generales tomados a mucha distancia, con planos subjetivos, hace que te sientas totalmente dentro de esa escena.

The-Wild-BunchSe les ve tranquilos, decididos, su paso es firme. Sus cuerpos, maltrechos ya por tanta herida y el peso de tantos años malgastados, parecen recuperar la dignidad perdida. Nada ni nadie les puede parar. Han tomado una decisión. No se van a volver atrás. Por primera vez en su vida van a luchar por los demás, no van a pelear por salvar su pellejo, sino que van a entregar la vida por unas personas extranjeras a las que casi ni conocen pero que les recibieron con sus brazos abiertos. Saben que esas personas les necesitan, que sin ellos seguirán en manos del tirano. Y es en ese momento en el que entienden lo que de verdad significa esa maravillosa frase de Abraham Verghese: “No somos de donde nacemos, sino de donde nos necesitan” La amistad, el amor, la lucha por la justicia o por la libertad nada saben, ni deben saber, de fronteras, patrias o Estados. Es algo que, sin saber 6cómo, cuándo o porqué, aparece de pronto y da sentido a tu vida. Los demás no te entienden. Los que te rodean te consideran un loco o un extraño, pero tú sabes que jamás te habías sentido más cuerdo que en ese momento. No eres un iluminado, pero has llegado a intuir que hay una luz que todo lo ilumina, que da sentido a la existencia, a la vida en sí. Es amor, pero no un amor de pareja o a uno mismo, sino un amor universal que hace que necesites darte a los demás. No buscas su aprobación, admiración o respeto. Simplemente necesitas hacerlo y lo haces, sin darle la mayor importancia. Unos, como los de la película, lo hacen ofreciendo su muerte; otros, la mayoría, dando su vida en los barrios, en las calles, en las escuelas y los hospitales, ayudando a los sin hogar, cobijando a los sin papeles, poniéndose frente a los antidisturbios a pecho descubierto, escribiendo, gruposalvaje2tendiendo siempre esa mano amiga a quien la pueda necesitar, escuchando a los demás, interesándose por ellos, entendiendo sus problemas, sufriéndolos con ellos… A Pike y sus compañeros de partida es la injusticia que se comete con Ángel, su amigo, la que les lleva a ver esa luz, a iluminar su vida empujándoles a hacer algo que diera sentido a una existencia basada hasta entonces en el egoísmo y la violencia. Su mundo, el mundo que ellos conocían, ha desparecido. Viene, está ya aquí, un mundo nuevo en el que saben que ya no tienen lugar. Y la vida les ofrece la posibilidad de redimirse a sí mismos, de recuperar la dignidad perdida, sacrificándose para ayudar a que ese mundo nuevo venga antes. Saben que los peligros y amenazas que acechan a ese nuevo mundo son grandes, que el poder está empeñado en no dejarle nacer. Y ellos deciden ser los ginecólogos del parto de ese nuevo mundo dando sus vidas para que pueda, algún día llegar a nacer… Vida, muerte, nacer, morir, llegar, partir… en ese entorno cobra todo el sentido la elección del propio Peckipah de incluir la canción “Las golondrinas” al final de la película. Es la canción que los mariachis cantan como despedida el último día de sus actuaciones en el sitio donde están. Solo la cantan esa vez, la última vez…

Ernst BorgnineLlegar a alcanzar un grado de compromiso tan fuerte como para dedicar tu vida a los demás o incluso a jugártela por ellos es algo a lo que, como a Dios, se puede llegar a través de la razón o, mucho más frecuente, a través de la compasión y el amor. Es acercarnos a la injusticia, conocerla, vivirla, lo que nos hace trascender y pasar de nuestro cómodo egoísmo a la solidaridad, de nuestro individualismo a la generosidad, de nuestro pasotismo al compromiso. No hace falta ofrecer la muerte para ser coherente contigo mismo cuando escuchas esa voz que te habla del sufrimiento de los demás y que grita tu nombre con fuerza, pero sí estar dispuesto a dar la vida por los demás, a renunciar a ti mismo, a tus privilegios, a tus comodidades, a dar tu tiempo, a compartir lo que sabes y lo que eres, y a hacerlo sin esperar nada a cambio. Cada uno lo hace a su manera, en el lugar donde puede, durante el tiempo que puede, de la forma que puede, con los medios que puede. Unos lo hacen dedicando su vida por completo a ello, otros tan solo algún momento, pero todos lo hacen porque han sentido la indescriptible sensación de que estamos aquí por algo, de que formamos parte de algo, de que no podemos ser felices si los demás no lo son, de que no podemos ser libres si los demás no lo son, de que no podemos vivir si no amamos… Bob Dylan, en su Blowing in the wind, preguntaba ¿cuántos caminos debería un hombre recorrer para poder considerarse a sí mismo hombre, cuántas veces deben volar las balas de cañón antes de ser prohibidas para siempre, cuántas veces debe un hombre levantar la vista para poder ver el cielo, cuántas orejas debe tener para poder oír el llanto de los demás…? Y nos decía que la respuesta está en el viento, en ese viento que, cada día, grita tu nombre con más fuerza

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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