accimg-photocall-poster_img_18x15 (2)PhotocallAlfombra roja, fiestas, glamour, fama, dinero… esa es la imagen que muchos tienen del mundo del espectáculo, la idea que tienen del mundo de los artistas, pero ¿Qué hay detrás de todo eso?, ¿Qué se esconde debajo de la alfombra roja? Esas son las preguntas que, en cierto modo, se harán todos los espectadores que vean PHOTOCALL, la obra de teatro escrita por Alberto Conejero y llevada al escenario por la compañía Acciones Imaginarias en la que los espectadores participarán activamente en toda esa divertida y alegre vorágine que es asistir a un estreno. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir un papel?, ¿Qué estamos dispuestos a dar para tener un trabajo?, ¿Vendernos a nosotros mismos es nuestro trabajo?, ¿Qué queda de valores como compromiso o verdad detrás de toda la maquinaria del espectáculo?, ¿ Somos algo más aparte de nuestra imagen?, ¿Realmente era esto lo que queríamos?, ¿Era este el futuro con el que tanto habíamos soñado…? Encadenados a nuestra imagen vagabundeamos de estreno en estreno y de alfombra roja en alfombra roja, con un único propósito: dejarnos ver, que nos vean, que sepan que existimos, que estamos aquí, que todavía seguimos en el mercado, que se acuerden de nosotros cuando piensen en un papel para una película o una serie de televisión… Esto no es algo exclusivo del mundo de la farándula. En todas las profesiones el conflicto entre la ética y la amoralidad, entre lo que es y lo que debería ser, existe. ¡Bienvenidos todos, sonreíd, estamos en el PHOTOCALL!

Sobre una idea de Rubén Vejabalbán, que también dirige el espectáculo, Alberto Conejero ha construido un texto inteligente que nos obliga a accimg-photocall-ensayos_01 (2)replantearnos nuestro lugar en el mundo, a recordar nuestros sueños y a pensar en la realidad que nos impide vivirlos, a preguntarnos a nosotros mismos si esta era la vida que queríamos. Bajo un concepto de espectáculo que va mucho más allá de una obra de teatro, PHOTOCALL hace que los espectadores formen parte del evento, de ese estreno que podría cambiar sus vidas para siempre. Pisan la alfombra roja, la recorren mientras son entrevistados por periodistas ávidos de “noticias” y de fans que no paran de aclamarles. Posan en el PHOTOCALL, se someten a las preguntas sobre su vida privada que, indefectiblemente, suelen hacerte cuando estás en el PHOTOCALL. Se toman tranquilamente una copa de cava mientras deambulan por el escenario charlando con otros que, como ellos, han acudido a la llamada de la fama, a la irresistible llamada del éxito… Cuando se sientan se percatan de que una pareja llega tarde. Está claro que son de accimg-photocall-ensayos_02-print (2) accimg-photocall-ensayos_02la profesión. Saben posar, saben estar, saber aparentar esa radiante felicidad que acompaña a todo actor y a toda actriz la noche de un estreno. Pero algo pasa con ellos. No entran. Discuten. Se dicen las verdades, crueles y descarnadas verdades larvadas durante mucho tiempo. ¿Es una simple discusión de pareja?, ¿Es algo más?, ¿Quién es ese misterioso viejo que pasea a su alrededor y que parece saberlo todo sobre ellos?, ¿Quién tiene razón, él que está dispuesto a todo por conseguir un papel, o ella que no quiere participar en ese juego de favores y vanidades en el que alguien convirtió la profesión que amaba? En esta obra no hay buenos y malos, solo estamos nosotros, tú y yo perdidos en ese laberinto de luces y sombras en que hemos dejado que conviertan nuestras vidas. Mientras asistimos como auténticos voiyeurs a esa discusión, vemos que la fiesta, como la vida, sigue imparable alrededor de esa pareja que se encuentra perdida en la encrucijada de tener que elegir, de tener que ser… La música del DJ nos envuelve en un halo de mágica irrealidad, el resto de invitados escenifica lo que es el mundo de la noche, ese mundo donde el sexo o las drogas nos invitan a la huida del absurdo de nuestra cotidianidad… Cantan, bailan, nos transportan a ese mundo de estrellas sin universo donde todo parece posible…porque nada es lo que parece. Montar algo tan completo y complejo como PHOTOCALL ha exigido el trabajo de diecisiete jóvenes creadores accimg-photocall-ensayos_03entregados por completo a esa pasión que les hace vivir: el amor al teatro. Montar algo así exige una entrega total, un compromiso y amor por esta profesión más allá de cualquier límite. El texto, tremendamente descarnado pero a la vez maravillosamente poético, llega al fondo de nuestro corazón, a ese no lugar donde, todavía, habitan nuestros sueños, lo que aún podemos ser, las vidas que quizá, si nos atrevemos, estamos a tiempo de vivir… “Recuerdo la última vez que trabajé. Fue hace mucho tiempo. Me propusieron que hiciese de padre por primera vez. Me extrañó porque todavía me veía joven. Tuve que aceptarlo. No lo pensé. Llevaba mucho tiempo sin trabajar. No me disgustaba la idea. Te parecerá ridículo pero en aquella época yo quería ser padre… En la secuencia que tenía que rodar tenía que ir al colegio de mi hijo. Quique, se llamaba Quique. Su profesor quería hablar conmigo porque se había peleado con otros niños. Cuando llegué al set mi “hijo” ya estaba allí. Pensé que le vendría bien conocernos, eso siempre ayuda. Me acerqué y le dije: “¿Cómo te llamas chaval?” Él no levantó los ojos del móvil. Insistí. “¿Cómo te llamas, chaval, que voy a ser tu padre?” Entonces me miró. Con todo el desprecio del mundo me miró. Llamó a alguien de la productora y preguntó: “¿Por qué hace de mi padre un actor al que no conoce ni su puta madre…?” El paso del tiempo y de la vida es uno de los ejes fundamentales de PHOTOCALL. En esta profesión, accimg-photocall-eFlyermetáfora quizá de la propia vida, el tiempo es un verdugo, el implacable verdugo de nuestros sueños. Conforme pasan los años vamos viendo cómo se amontonan en nuestra memoria los personajes que no hicimos, los que ya nunca haremos, las vidas que no vivimos, los sueños que no nos atrevimos a seguir, las oportunidades que dieron a otros, a los que no son como nosotros, y un poso de amargura se va apoderando de nosotros: “Los viejos solo hacemos de viejos. Ya no somos los maestros que enseñan el cálculo y el alfabeto a un ejército de chiquillos o de mineros que llevan en los pulmones el miedo y la oscuridad de la tierra, o de mujeres que en sus arrugas custodian los pequeños pájaros del desengaño… No, los viejos solo hacemos de viejos… Como si no fuésemos más que nuestros años… nuestras arrugas… y la niebla que puebla nuestras pupilas…” Pero hay que sonreír, hay que dejarse ver, mostrar nuestro mejor lado, hay que moverse para que sepan que sigues ahí, que no has muerto, que sigues vivo, que todavía puedes hacer un papel, que sigues en el mercado…hay que dejarse ver… para no desaparecer… Vivir no es esperar la llamada que cambiará tu vida, sino ir tras ella, provocarla, hacer que alguien piense en ti, que alguien se acuerde de ti y te llame… Por eso hay que estar en el PHOTOCALL, escondiendo tus lágrimas tras la máscara, tras la sempiterna sonrisa, tras esa imagen en la que te has convertido… A ellos, como al público, no les interesa lo que sufres o lo mal que lo estás pasando, solo quieren tu sonrisa, tu promesa de felicidad. Poco importa que sea falsa. Eres su espejo, viven reflejados en ti. Con eso les basta. No puedes fallarles. Quieren, necesitan, pensar que algún día ellos también podrán estar en el PHOTOCALL… Si quieres vivir esta experiencia estás invitado: te esperamos todos los viernes a las 21h. en Nave 73, C/Palos de la Frontera, 5, Madrid.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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