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Inside Llewyn Davis

inside-llewyn-davis-1INSIDE LLEWYN DAVIS es una película bella y, por encima de todo, necesaria, y lo es porque nos habla de las historias de los que son llamados perdedores por quienes creen que han ganado sin haberse dado cuenta de que han tirado su vida siguiendo el camino que otros les marcaron. Llewyn Davis es ese alguien que todos llevamos dentro, ese alguien capaz de renunciar a todo y a todos para seguir su propio camino, ese alguien que mantiene su independencia y su libertad contra todo y contra todos, ese alguien que no se vende, que no se prostituye, ese alguien que cree en lo que hace y con eso le basta. Es un incomprendido, un marginado para los más, un perdedor para quienes no han entendido ni jamás entenderán lo que de verdad es vivir. Una sociedad que no acepta al diferente, que margina al que no se rinde, que persigue al que es libre, jamás entenderá la grandeza que hay detrás de cada Llewyn Davis, detrás de cada persona capaz de soñar y de luchar por sus sueños, capaz de amar y de hacerlo sin límite, capaz de vivir sin jamás mirar atrás ni desperdiciar su vida esperando un futuro que no existe. Nuestro futuro somos nosotros, es lo que hacemos aquí y ahora, y no lo que cada día nos venden, esas promesas de falsa felicidad con las que pretenden adormecernos y evitar que nos rebelemos, que seamos nosotros mismos, que vivamos nuestra vida.

Soberbiamente dirigida por los hermanos Coen, además de un excelente guion, INSIDE LLEWYN DAVIS cuenta con un reparto excepcional y un 1Oscar Isaac que hace una de las mejores interpretaciones que he visto en mucho tiempo. Ya la primera escena de la película con Isaac cantando en los claroscuros de un primerísimo primer plano ese desgarrado Hang me, Oh hang me (Cuélgame, Oh cuélgame), es una declaración de intenciones de lo que el espectador va a vivir. El Village de principios de los sesenta es el verdadero protagonista de esta historia de outsiders que jamás existieron en los libros de historia. En efecto, para la Historia oficial, la Historia con mayúsculas, la música folk ignora por completo los años que van desde Woody Guthrie, Pete Seeger y grupos como Peter, Paul & Mary o los Brothers Four hasta la esplendorosa eclosión del folk de la mano de Bob Dylan, Joan Baez, Tom Paxton y compañía. Los cantautores de aquellos años, los Dave Van Ronk en que se basa la película, nunca inside-llewyn-davis-oscar-isaac-catpasaron a los libros de texto, sencillamente no existieron. Pero existieron, claro que existieron, aunque les borraran las huellas para que nadie les pudiera seguir. Se adelantaron a su tiempo, ese fue su pecado, el pecado más grave que se puede cometer en la sociedad de la especulación y la estulticia en la que estaban, y seguimos estando, metidos: no ser comercial, no generar beneficios, no dar dinero al especulador de turno que pretende forrarse con tu arte, con lo que haces, con lo que eres…

Con su guitarra por único equipaje, esos soñadores sin remedio recorrían las calles buscando un lugar donde tocar y un lugar donde dormir. Solían tocar en bares y clubes nocturnos impregnados de humo y alcohol, y acababan durmiendo en el sofá de la casa de cualquier amigo que les diera cobijo. Cantaban lo que veían en las calles, lo que callaban los diarios, lo que gritaban los sin voz. Por eso sus canciones eran tan descarnadas y, a la vez, tan poéticas. Entrar en el mundo de aquellos outsiders era entrar en la vida real, la que bullía bajo los anuncios y las luces de neón, esa vida que habla de sueños rotos y de decepciones, esa vida de encuentros y desencuentros, de noches sin alba y besos robados, de amaneceres lluviosos y calles desiertas…

El talento de los Coen para crear esta obra maestra se ve en detalles como el personaje magistralmente interpretado por John Goodman del inside-llewyn-davis-trailer-1cantante de Jazz heroinómano que está en las últimas, que recorre el país de sobredosis en sobredosis poseído por lo único que ha aprendido de esta vida: el escepticismo más radical y el desengaño tan profundo que ya ni duele… Y junto a ese ser fantasmagórico que viaja aguardando su ocaso, o simplemente la muerte, vemos como, justo antes de la escena final, quien ocupa el escenario en el que al principio de la historia vimos a Oscar Isaac cantar sus sueños, es ocupado por un joven de voz atiplada y única que no es otro que el Bob Dylan de sus principios… El inexorable paso del tiempo, de la vida, la vida misma como realmente es, un círculo, y no esa estrecha línea recta en la que nos educan para que jamás nos apartemos, la causalidad, que nunca casualidad, de estar en el lugar adecuado en el momento preciso… y, por encima de todo, esa invitación a que vivamos nuestra vida, a que no renunciemos a nuestros sueños, a que, pase lo que pase, nos atrevamos a vivirlos, a que jamás convirtamos nuestra vida en una sempiterna espera de esa felicidad prometida o, simplemente, de la muerte. Porque eso es lo que es INSIDE LLEWYN DAVIS: un profundo canto a la vida y a la libertad.

A lo largo de la película asistimos al viaje que hace Llewyn a Chicago donde va a encontrarse con uno de los gurús de la música, un productor que inside-llewyn-davis-oscar-isaacpuede cambiar su vida, y también vivimos en primera persona el viaje interior que hace el propio Llewyn buscándose a sí mismo entre los hijos no deseados que quedan en el camino o las canciones calladas antes incluso de ser compuestas. Cada día, cada hora, cada instante es una oportunidad de vivir intensamente nuestra vida, una oportunidad de no rendirnos, de seguir adelante en nuestro propio viaje interior buscando nuestro lugar en el mundo, una oportunidad de encontrar la felicidad de la única forma que puede hacerse: no negándonos a ser nosotros mismos, no renunciando a vivir nuestra propia vida.

Hay una escena deliciosa en la película en la que el personaje de Joan, una amiga con la que Llewyn ha tenido una aventura amorosa, harta de su inconformismo y su incondicional amor a la libertad, le pregunta sentados a la mesa de un café si él no piensa nunca en el futuro. La respuesta de Llewyn es toda una lección de vida: “¿El futuro? ¿Te refieres a los coches voladores y todas esas cosas? No, nunca pienso en eso…”

Eso es sabiduría. Dejemos de pensar en coches voladores y vivamos nuestro presente, nuestro aquí y nuestro ahora, ese que solo nosotros ILD-01112-ct.JPGpodemos vivir, y vivámoslo con toda la intensidad de la que seamos capaces. Esto se puede acabar en cualquier momento y lo peor en la vida es darte cuenta de que no has vivido justo cuando te enfrentas a la muerte. Ahí ya no suelen dar segundas oportunidades, así que mejor que no las esperes y que cambies tu chip ya: abandona el sin vivir de las preocupaciones por lo que harás, los remordimientos por lo que hiciste, el terrible miedo que te impide vivir justificando todas tus no acciones y cobijando tus no decisiones, las confortables excusas que te llevan a vivir como los demás, las sutiles mentiras que tú mismo te haces para no apartarte del camino, y vive tu vida de una vez, no desperdicies ni un solo segundo, porque solo te darás cuenta de lo corta que era cuando ya no tenga remedio.

Y si la historia y las interpretaciones de INSIDE LLEWYN DAVIS son extraordinarias, no cabe duda de que la música es otro de los pilares de esta insidepelícula. Interpretada fundamentalmente por el propio Oscar Isaac, está compuesta por temas clásicos del folk, del mismo Van Ronk o de Bob Dylan. Son canciones que te hacen soñar, que te recuerdan que estás vivo, son el espíritu de los vagabundos que viajaban con sus sueños en los desvencijados trenes del olvido, el alma de los artistas capaces de hacer lo más difícil: no renunciar a ser ellos mismos. Esos artistas, no han muerto, son los nuevos Ulises que tienen que taparse los oídos para no oír los cantos de sirena con los que pretenden comprarles, son esos músicos que, a veces, encuentras tocando en un pequeño bar al que nadie va, o en esa esquina en la que nadie para. Si les ves detén tu camino, acércate a ellos, escúchales. En ellos escucharás esa canción que compusiste hace ya tanto y que, aunque siempre ha sonado en tu interior, nunca te atreviste a cantar para los demás. No dejes de hacerlo esta vez. Canta tu canción. Solo tú puedes hacerlo.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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