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Vysotsky, un desgarrado grito de amor y libertad

2Su voz era desgarrada, pasional y libre, absolutamente libre. Era la voz de la anarquía sojuzgada en la Unión Soviética, una voz perseguida y ninguneada por los dirigentes del Partido, una voz que siempre luchó por los desposeídos y los perdedores, una voz que siempre mantuvo la dignidad y jamás se vendió, y, por eso, una voz escuchada y amada por el pueblo, que la hizo suya. Así es. El monopolio musical de la Unión Soviética le vetó y no le dejó grabar discos, pero él recorrió todo el país dando recitales en pequeños teatros, en universidades, en bares, cualquier sitio era bueno para coger la guitarra y arrancarse a cantar… y los rusos, que se pasaban de 14mano en mano sus canciones grabadas en rudimentarias casettes clandestinas, le amaron como no habían amado a ningún otro. Todos sabían sus canciones de memoria porque eran canciones que hablaban de ellos, de lo que sentían, de lo que soñaban, de lo que amaban… Él era su voz. Una voz que no se apagará jamás en el alma rusa. Poeta, actor, compositor y cantante, Vladimir Vysotsky fue un hombre libre que, por encima de todo, amó la vida y el milagro de estar vivo. Murió en 1980. Tenía cuarenta y dos años. Miles de rusos asistieron a su entierro. Fue entonces cuando Gorbachev permitió que se grabara su primer disco. Hoy en Rusia existen calles, teatros, montañas, glaciares, barcos, cafés y hasta una variedad de flor que llevan su nombre. Muchos le conocéis por la inolvidable escena en la que Mijail Baryshnikov baila su música en el escenario vacío del Kírov ante su antiguo amor en la película Noches de sol.

Nacido en Moscú en 1938, tras el divorcio de sus padres cuando todavía no había cumplido un año, pasó su infancia con su madre en Vysotsky_as_khlopushaBuzuluk. A los siete años regresó a Moscú. Con diecisiete se matriculó en la Escuela de Ingenieros pero lo dejó apenas dos meses después para entrar en la escuela de interpretación Nemirovich-Danchenko del Moscú Art Theatre. Tras licenciarse inició su carrera como actor, que era lo que él siempre se consideró a sí mismo, en el Moscow Pushkin Dramatic Theatre y más tarde en el Moscow Theatre of Drama and Comedy, Taganka, donde interpretó a Hamlet y a Don Juan. Participó en 26 películas.

Sus poemas y sus canciones hablaban del ser humano, de los sueños, del amor, de la necesidad de libertad, de la opresión, de las 1cárceles, de la vida cotidiana, y lo hacían desde la sátira afinada de quien es capaz de reírse hasta de sí mismo. Su fama como actor le precedió a su fama como cantante y poeta. Vysotsky fue un hombre apasionado por la vida y por el amor que vivió intensamente cada instante de su vida: “ni quiero el futuro, ni deseo el pasado” Fue un poeta que hizo de su vida poesía, porque para los poetas como él no existe diferencia entre vida y poesía, entre verso y beso, entre vivir y amar:

“No me gusta el final fatal,
no me cansa nunca la vida.
No me gusta cualquier época del año
en la que las canciones alegres no canto.
No me gusta el cinismo frío
no creo en el arrebato y más
cuando un intruso lee mis cartas
echando una ojeada por encima de mi hombro.
No me gusta “por la mitad”
o cuando han interrumpido la conversación.
No me gusta cuando disparan por la espalda,
igual estoy en contra de los disparos a quemarropa.
Oigo los rumores en plan versiones,
gusanos de las dudas, la aguja de los honores,
9o cuando todo el rato a contrapelo,
o cuando con el hierro sobre el cristal.
No me gusta la seguridad bien alimentada,
¡Mejor fallen los frenos!
Siento que la palabra “honor” está olvidada,
pero las calumnias por detrás están veneradas.
Cuando veo las alas rotas
no me dan pena, y es por algo.
No me gustan la violencia ni la impotencia,
solo da pena el Cristo crucificado.
No me gusto cuando soy cobarde,
me duele cuando pegan a los inocentes,
no me gusta cuando se meten en mi alma,
menos aún cuando escupen en ella.
No me gustan arenas ni picaderos,
allí intercambian millón por rublos,
y que por delante estén los grandes cambios,
jamás me llegará a gustar eso”

Su alma gitana le llevó a vagabundear por todos los rincones de Rusia llevando sus canciones y sus sueños a quien los quisiera 5compartir. Escuchar a Vysotsky es escuchar esa ancestral voz que te recuerda que estás vivo, que la vida se te escapa de las manos si no la vives intensamente, que eres capaz de amar, que todavía puedes amar, que la armonía y la belleza no están en la perfección que siempre huye, sino en la realidad que tienes junto a ti, a tu lado, que tú y solo tú eres quien debe vivir tu vida, que son muchas las personas que te necesitan, las personas a las que puedes ayudar, con las que puedes compartir todo eso que llevas dentro, todo lo que alguien te dio alguna vez, todo lo que tú diste, lo que nunca guardaste para ti…La voz de Vysotsky es como un río que, suavemente a veces, apasionadamente las más, te lleva por todos los paisajes de tu vida, desde los lejanos y tranquilos manantiales de tu infancia a las impresionantes cascadas de tu juventud, y a estas 11aún, de vez en cuando, revueltas aguas de tu madurez… Dejarse llevar por ella es atreverse a recorrer también los paraísos soñados, los amores que se fueron o que nunca llegaron a ser, las batallas que perdimos, las que ganamos, las que nunca quisimos ganar, las derrotas, todas las derrotas, los naufragios, esos naufragios a los que, sin saber cómo, vamos sobreviviendo, las vidas que hemos vivido, las que podríamos haber vivido, las que aún podemos vivir… porque la voz de Vysotsky es una voz que te habla susurrando secretos, todos sus secretos, a tu oído, esa voz que habla de ti y que habla de amor y libertad, de amor a la vida y libertad para vivirla.

“Gitana con cartas, un largo camino,
un largo camino, el gobierno te dará hogar…
Tal vez la vieja prisión central
espera al nuevo, infortunado de mí
Taganka, todas las noches llenas de fuego,
Taganka, ¿por qué me has arruinado?
Taganka, soy tu prisionero permanente,
idas están la juventud y el talento en tus paredes
10Conozco esto bien, no necesito adivinar
mi destino yace tras gruesas barras…
Otra vez, los viernes habrá visitas
y lágrimas amargas de mis familiares
Taganka, todas las noches llenas de fuego
Taganka, ¿por qué me has arruinado?
Taganka, soy tu prisionero permanente
idas están la juventud y el talento en tus paredes.
Vete, mi amor, vete mi bonita,
vete, mi niña, sigue tu propio camino.
Que siga siendo un secreto profundo
que esta vez la primavera fue para ti y para mí…
Taganka, todas las noches de fuego
Taganka ¿por qué me has arruinado?
Taganka, soy tu prisionero permanente
idas están la juventud y el talento en tus paredes”

Y junto a esa pasión y ese fuego con el que abordaba sus canciones, Vysotsky era capaz, al mismo tiempo, de impregnar sus temas de toda la ternura, de acariciarlos y acariciarnos desgranando sus notas como si fuesen esas hojas de otoño que, lentamente, van cayendo para anunciarnos el frío del invierno y proteger nuestra tierra de escarchas y heladas. Uno de sus temas más conocidos es esta “Canción lírica”, que viene a decir:

“Aquí las ramas de los abetos tiemblan en el viento
aquí los pájaros cantan inquietos.
Vives en el bosque encantado y salvaje
de donde no se puede salir.
6Que los cerezos secándose se muevan como ropa en el viento,
que las lilas caigan como la lluvia,
a pesar de todo, voy a llevarte de aquí
al palacio donde suenan flautas.
Durante mil años los brujos ocultaron tu mundo
de mí y de la luz
y piensas que no hay cosa más bella
que este bosque encantado,
que en las hojas no habrá rocío de la mañana
qué la luna está reñida con el cielo nublado.
A pesar de todo voy a llevarte de aquí
a una casa clara con balcón al mar.
Qué día de la semana, a qué hora
vendrás a mí con precaución?
Cuándo te llevaré en brazos
a un lugar donde sea imposible hallarnos?
Te robaré, si te gusta el robo,
o si yo en vano tantas fuerzas malgasté.
y nosotros crearemos un paraíso dentro de una choza
si alguien ha ocupado ya la casa o el palacio”

Vysotsky rompió todos los moldes de la cerrada y férrea sociedad soviética. Vivió contra corriente sin importarle lo difícil que eso fuera o el precio que tendría que pagar por ello. Fue lo que quiso ser porque, a pesar de todo y de todos, se atrevió a vivir la vida que él eligió y no la que otros quisieron que viviera. Se casó varias veces, su gran amor fue una actriz y cantante francesa, Marina Vlady, y nunca, nunca, claudicó ni vendió su libertad. Por eso el pueblo ruso le amó y lo hizo suyo. Por eso hoy, más de treinta años después de su muerte, el pueblo ruso sigue cantando sus canciones y recitando sus poemas. Por eso hoy, Vysotsky sigue viviendo en el corazón de cada ruso.

“Tengo una guitarra ¡Tumben las paredes!
¡Por culpa de mi mala suerte no estoy libre!
¡Degüéllenme, córtenme las venas,
pero no rompan sus cuerdas de plata!
8Escarbo en la tierra, desaparezco al instante,
¿quién va a cuidar de mi juventud?
¡Viólenme el alma, háganla trizas,
pero no rompan sus cuerdas de plata!
Mas, se llevaron mi guitarra y la libertad con ella.
me emperraba y gritaba ¡Canallas, puercos!
Pisotéenme en el fango, arrójenme al agua
pero no rompan sus cuerdas de plata!
¿Qué es esto, hermanitos míos?
¿Acaso no voy a ver ni un día claro ni una noche sin luna?
Me mataron el alma, me privaron de la libertad
y ahora sus cuerdas de plata me rompieron”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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