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Carlos Cano, yo me moriré vivo

ultima-gira-carlos-cano-yo-te-amo-ciudad-carloscano“Sabed que he sido brujo, escritor, cantante, morisco, gitano, bereber, sirena, gayamba, monjita de convento, bandolero, pirata, guerrillero, abogado de pobres, contrabandista y justiciero. Que me aferro al instinto cuando me traiciona la inteligencia. Que aprendí a cantar y a golpear las cuerdas de mi guitarra como si fueran barrotes de una prisión” Así se definía a sí mismo un ser irrepetible que, estos días, hará trece años que nos dejó: Carlos Cano. Granadino de nacimiento, estirpe y convicción, pasó por la vida recuperando olvidos y creando utopías porque, como él decía: “la utopía abrirá las fronteras que al mundo separan de la inmensidad” Amante del vivir, enamorado del amar y casado con sus raíces, así era la forma de ver y de vivir la vida de este hombre al que su corazón le falló de tanto sentir. Reivindicó la copla, la hizo nueva, y luchó por las raíces olvidadas de su pueblo, el andaluz, recuperando el espíritu universal de lo que un día fue Al Andalus: ‎“Quiero remarcar que mi andalucismo no es geográfico, es de sentimiento. El Sur para mi es una forma de sentir, es lo olvidado… La desaparición de Al Andalus fue un desastre para España. Aquello era el renacimiento y luego vino el oscurantismo. En 1983 hice una gira por Marruecos. Al norte, en Agadir, los carteles decían: “Carlos Cano, cantante español”. En Marrakesh ya decían: “Cantante andaluz”. Y en Fez, dónde murió Boabdil: “Cantante de Al Garnata”, o sea, Granada. En el teatro Mohamed V de Rabat alguien me grito: ‘“Granadino’, chante en arabe”. Y yo le respondí: “No puedo: hace 500 años que perdí mi lengua” Quiero decir que los que vivían en Granada antes de los Reyes Católicos eran ya los granadinos. Creo que el andaluz es la manera árabe de hablar castellano…”

De joven, como tantos otros, tuvo que dejar su tierra para emigrar a Europa. El frío y los días tristes y grises de Suiza y de Alemania Carlos1979vieron crecer a un hombre que, cada día, amaba más el Sur. A principios de los setenta fue a Barcelona: “Yo vine a Barcelona a estudiar electrónica en la Escuela Industrial. Por las mañanas trabajaba de paleta, de albañil, a principios de los 70. Hace poco llegué de un recital en París y me alojé en un hotel de Barcelona, en Les Corts. Me asomo al balcón y siento un vértigo. Reconocí ese vértigo: era el mismo que me entraba en el andamio mientras ponía los ladrillos… ¡de aquella misma pared de aquel mismo hotel! O sea, ayer estás poniendo ladrillos, hoy de huésped del hotel y mañana llevando las maletas de otro huésped. Lección: no hay que creerse nada, nada es inmutable”

Nunca se planteó ser cantante. Su pudor y su profunda timidez se lo impedían. Él era un compositor, con eso le bastaba para hacer SONY DSClo que quería hacer: expresar todo lo que sentía. Pero alguien le convenció para que grabase su primera canción “Miseria”, y ahí empezó todo. Sus inicios no fueron fáciles. Viviendo una temporada en París, donde entabló gran amistad con Lluis Llach y Paco Ibáñez, empezó a tocar en público en lo que fueron sus primeros recitales en el extranjero. Su recuerdo del primer recital que dio en París es estremecedor. Paco Ibáñez le había conseguido un concierto en un café típico del rojerío y la revuelta parisina. Llegó con su guitarra al hombro y subió al pequeño escenario. El bullicio del local era descorazonador pero pensó que al empezar a cantar aquellas gentes respetarían su arte. Pegadas las rodillas y cerrados los ojos, empezó a carlos-cano-jovenrasgar la guitarra y a desgranar su primera canción. Desesperado porque la gente no callaba, se armó de valor para atacar la segunda. Pero ya no pudo más y estrelló su guitarra contra la cabeza de un joven que, en la mesa más cercana, discutía a viva voz con una chica sobre la inmortalidad de la vida o la del cangrejo, que viene a ser lo mismo. El violento choque de su guitarra con la cabeza del cretino logró lo que no habían logrado sus canciones: se hizo un silencio absoluto. Con toda la dignidad bajó del escenario y, sin despedirse siquiera, abandono el local. Nunca volvió a pisar aquel café. Días después se encontró con su amigo Paco que le dijo: “Joder granadino, la que me has montado” Alguien le contó, pasado un tiempo, que la mismísima Violeta Parra había actuado en aquel café y que acabó tirando los charangos y las maracas al personal.

No tuve la fortuna de conocer a Carlos personalmente, pero por mi madre y por Rafael Lorente, el que fuera su compañero durante 6veinticuatro maravillosos años de su vida y que fue como un hermano para él, sé que fue un ser excepcional. Fueron muchas las vivencias que compartieron juntos, muchas las experiencias y los sueños vividos. Carlos había conocido a Rafael en los inicios de su carrera como cantante. Rafael era diplomático, antifranquista, soñador, poeta, místico y revolucionario hasta la médula pero diplomático, y por entonces era el director de relaciones culturales del ministerio de Asuntos Exteriores. Rafael, enamorado de sus crónicas granadinas, le apoyó incondicionalmente para organizar sus primeras giras por los países árabes. Carlos siempre se lo agradeció. Su amistad les llevó a recorrer la geografía hispana para visitar a amigos como el poeta Bergamín y a tierras portuguesas donde le presentaron a Otelo Saraiva de Carvalho, el líder de la revolución de los claveles, a la que Carlos dedicaría su Luna de Abril. Rafael murió en 1990. Mi madre siguió manteniendo la amistad con Carlos. La última carta suya, escrita tras su vuelta de Nueva York tras operarse del corazón, decía: “Querida Cristina: Pienso en ti, en vosotros, porque seguís vivos en mi corazón. Mi memoria vuestra es de luces. Besos. Carlos”

De profundo compromiso político, Carlos Cano siempre tuvo claro que, como decía su amigo el poeta José Bergamín, “Existir es antigua-cuesta-maurc3b3n-en-el-realejo-granada-lugar-de-su-infancia-carlos-cano-002pensar y pensar es comprometerse”: “Yo siempre combato a favor de la vida. No soy un revolucionario, soy un rebelde. No lucho por convicciones, sino por sentimientos. Me da coraje que me impongan las cosas…Yo soy republicano, pero sin conflictos. Para mí, el conflicto en estos momentos no es la república ni es la monarquía; el conflicto es la democracia que, cada vez más, es una demagogia. Si no existiera el mundo, yo crearía los árboles, los pájaros, las nubes, pero no crearía la monarquía sino la república…La libertad no es sólo un sueño. Está ahí, al otro lado de esos 2muros que nosotros mismos construimos…Sigo buscando un tipo de sabiduría que nunca alcanzo. Si fuera un místico diría que busco a Dios; como soy un anarquista loco, digo que lo que busco es la utopía… A mí, lo que me gusta cada vez menos es el tipo de seres humanos que está dando esta sociedad. Hay más cosas, pero hay menos carácter y menos esencia. La utopía ha desaparecido como elemento de búsqueda, y eso trae infelicidad. A mí no me gusta esta tierra ahora, donde la gente está, estamos, en un proceso de deterioro. Es un problema del mundo, no de Andalucía…Vale la pena seguir vivo, seguir luchando, aunque sea por uno mismo. Yo me moriré vivo…La política ha desaparecido como ética de comportamiento personal y colectivo. Una política que da gentes tan mediocres, tan mezquinas, no vale la pena. Pero eso es lo que hay en la pescadería…”

La forma de ver y de vivir la vida de Carlos era la de un hombre libre y enamorado sin remedio de la capacidad de amar, del 3compromiso de amar. Para él encontrar su lugar en el mundo era algo fundamental pero a lo que no le dedicó excesivo tiempo ni preocupación porque lo encontró por pura sensibilidad e instinto. Fue su sensibilidad la que le llevó a tomar partido por los que le necesitaban, por los nadies, por los desposeídos, por los perdedores, y lo hizo a su manera, esa manera tan ácrata de ser que le impedía encerrarse en unas siglas, en un partido o en una ideología. Él creía en quien tenía a su alrededor, en sus amigos, en los que le necesitaban, en los soñadores sin remedio como él que dedicaron y dedican su vida a acercarnos a todos un poco a la utopía: “Nunca he tenido militancia política. A veces me he dado cuenta de que tengo cosas que son anarquistas, otras más bien conservadoras, y algunas tienden a lo progresista y revolucionario, o sea, un lío. Pero ante todo me siento y defino como un hombre capacitado para comprender problemas humanos, sin color, ni raza, ni7 religión… Ser independiente se paga con cicatrices y navajazos… En Andalucía, que es un pueblo de contrastes, se encuentran muchos motivos para conmoverte. Es tierra de grandes miserias y hermosas grandezas. Resulta cualquier cosa menos indiferente. Ser andaluz, para mí, es la forma cultural de ser persona…Creo que pertenezco a una generación de personas que siempre hemos estado luchando por horizontes y por palabras que están muy bonitas en las páginas de la historia, pero que nos hemos achicharrado la vida…Creo cada vez más, que si es posible no pierdas el tiempo con las cosas que no te interesan, y creo cada vez más en las cosas que se sienten, que se tocan, en las emociones, creo en los amigos. Creo que corren tiempos difíciles para esta manera de sentir, y creo también probablemente en que a veces me considero una especie a extinguir…Para el cantautor lo fundamental es el compromiso. Hacer de lo vivido lo cantado, de lo cantado lo vivido, y si decimos camino, eso implica compartir… En un mundo tan materialista como el actual, me gusta que la magia rompa los esquemas del negocio de la música. Yo aprendí, gracias al Flamenco, que no hay más que tres grandes asuntos: el amor, la vida y la muerte”

1La sensibilidad de Carlos le llevó a traspasar todas las fronteras, a universalizar su amada Al Andalus, a luchar y vivir por la utopía, y
a entregarse por completo a todos los que le rodeaban. Pocas cosas como la carta que le escribió a su hijo Pablo de pocos meses pueden definir mejor lo que sentía un hombre con un corazón demasiado grande como para vivir en este mundo:

“En estos momentos buena parte la acapara mi hijo casi recién nacido Pablo. Intento aprovechar la suerte que he tenido al poder conocerlo, porque estaba casi predestinado a que no le hubiera visto nunca. Le quiero mucho. Tener un niño de pocos meses me emociona y rejuvenece al mismo tiempo. Hay algo mágico en ello. Vuelvo a nacer y a los pocos meses me encuentro como si todo empezara de nuevo.

Me dirijo a él, que asoma por primera vez a la jungla de la vida, con perplejidad y el asombro de sus pocos meses y con el temor y la indecisión ante lo desconocido. En un tiempo en que es peligroso tener memoria, ser libre y amar lo imposible. Con las palabras que aprendí de los seres humanos más luminosos y buenos que he conocido. A unos en los libros, a otros en la vida y a otros en los sueños.

Le digo que si quiere ser hermoso, piense en cosas bellas. Si pretende la elegancia, que tenga dignidad. Si busca el amor, que utilice siempre la ternura. Si quiere un mundo justo, que transforme su vida en algo mejor. Que señale las heridas, si quiere curación. Si busca la pureza, que se acerque a la alegría. Que oiga la música hermosa de la soledad de los hombres. Si quiere que le quieran, que quiera y sueñe con el paraíso y aprenda que todo lo vivo tiene algo nuestro en su ser, y que lo busque y lo respete.

Nada es más importante que sentirse querido.

Que aprenda del instinto, que la intuición le enseñe la memoria misteriosa y oculta de las cosas. Que sea él mismo, se confronte con lo vivo, conozca y compare. Que desconfíe de las modas.

Cuando camine por los campos, le animo a buscar a lo lejos las montañas y cantar la melodía de sus líneas en el horizonte. A decir palabras cariñosas a la acacia y al romero, y a la albahaca cuando perfume sus sueños. Si recuerda algo triste, debe ser intensa su tristeza, debe llorar si es preciso luego y después olvidar para siempre. Es importante que recuerde que, para vivir, hay que olvidar. Todo como las plantas tiene sus raíces y sus flores. Para crecer mejor, debe decir que no muchas veces y tener una razón de ser.
Ser justo, pensar que ha nacido para algo especial en el mundo, y buscarlo, mirar dentro de sí.

Con su hijo PabloCuando luche que no sienta, sólo combata. Que oiga la voz de su corazón y se enfrente con ella a toda norma que le niegue. Que aprenda la diferencia que hay entre lo cierto y lo falso.

Aunque no pueda, no sepa o no quiera, debe pensar al menos una vez en compartir, en rebelarse porque, donde estén sus pensamientos acabará estando su corazón.

Pero, sobre todo, espero que algún día me pida que le cante con los ojos cerrados la Verdiblanca, y que no me pida que le diga los nombres de todos aquellos que tiraron por la borda nuestro futuro.

Que me pida y me pregunte, que yo recordaré con él que hubo un día en el tiempo de los gigantes que él y yo fuimos un corazón libre, y una estrella de luz por el alto cielo de la esperanza.

Nada más le pido.”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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