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Luis Cernuda, la soledad del naipe que perdió su baraja.

1Amante de lo que es, pero sobre todo enamorado de lo que pudo haber sido, Luis Cernuda se debatió en vida entre la realidad y el deseo, entre la soledad y el amor, entre la libertad y el exilio. Considerado por muchos el poeta del amor, los versos de Cernuda son capaces de volar, y hacernos volar, muy alto. Poeta maldito para unos, perseguido por su nunca escondida homosexualidad por otros, soñador sin remedio de mundos donde habite el deseo o tan solo el olvido, y víctima, como tantos, de la rigidez de una sociedad no preparada para admitir a seres libres en su seno, a seres sensibles, bellos, soñadores e idealistas capaces de perseguir sus sueños con la voluntad y la fe del peregrino. No, esa sociedad mojigata y burguesa no puede permitir que estos seres recorran su camino libres y gozosos porque sabe que estos seres son capaces de llegar a su Ítaca para desde allí mostrarnos a todas y a todos que nos mintieron, que la vida era otra cosa, que lo importante no era el destino sino el viaje y que cuando, al llegar al final de ese viaje, miremos atrás, veremos que solo tendremos lo que dimos y que por eso seremos libres y quizá, en la eternidad que vive en cada instante, también felices.

Nacido en Sevilla el seno de una familia tradicional, el fuerte carácter conservador de su padre, militar, marcó su infancia. Descubrió la poesía a los nueve años, cuando su alma se encontró, de bruces, con los apasionados versos de Bécquer. Fue uno de sus profesores quien le empujó a escribir. Al primer verso le siguieron otros más, y ya nunca dejó de escribir. Amigo de Lorca, de Altolaguirre, de Octavio Paz y de Aleixandre, alumno de Salinas, enamorado del amor y de la vida, Cernuda fue una víctima de la sinrazón, el odio, la ignorancia y la barbarie de su tiempo, un tiempo marcado por la subida del fascismo y, sobre todo, por la derrota y el exilio. Se ganó la vida como profesor en universidades de Francia, Reino Unido, Estados Unidos y México, su adorado México. Tras la guerra civil, en España Cernuda fue un hombre condenado al exilio y al olvido. No fue hasta 1960 cuando sus poemas volvieron a publicarse en este país.

DESEO
Por el campo tranquilo de septiembre,
del álamo amarillo alguna hoja,
como una estrella rota,
girando al suelo viene.

Si así el alma inconsciente,
11Señor de las estrellas y las hojas,
fuese, encendida sombra,
de la vida a la muerte.

QUISIERA ESTAR SOLO EN EL SUR
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

La poesía de Cernuda nos habla de lo que todos, en mayor o menor medida, hemos vivido o ansiado vivir alguna vez: la aventura de amar, y de hacerlo sin límites. Cordura y amor son términos condenados a no 2entenderse. Para él el mundo en el que vive, la realidad, es gris, triste, insípida y vacía, pero el mundo en el que le gustaría vivir, el deseo, es alegre, loco, fascinante y vivo, sobre todo vivo. Cernuda es pues un equilibrista entre esos dos mundos en los que existe: el de la cotidianidad fría e insípida de los que le rodean y el de la majestuosa belleza y pasión que habita a través de sus versos en los que le gustaría que le rodeasen. La realidad es la ciudad; el deseo es la naturaleza. La realidad es la muerte; el deseo es la vida. La realidad solo puede soportarse desde la inmensidad y la generosidad sin límite del deseo. Para él la España de la posguerra era “un país donde todo nace muerto, vive muerto y muere muerto”

TODO ESTO POR AMOR
Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,
derriban los instintos como flores,
deseos como estrellas
para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.

Que derriben también imperios de una noche,
monarquías de un beso,
no significa nada;
que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas
vacías.

Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,
su forma entre las brumas escarlata,
quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas
hojas
hacia el último cielo,
donde estrellas
8sus labios dan otras estrellas,
donde mis ojos, estos ojos,
se despiertan en otro.

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Su inquebrantable espíritu rebelde le lleva a enfrentarse con las férreas convicciones de su época. Y lo 19hace armado únicamente con sus ganas de vivir la vida y sus versos. Capaz de renunciar a todo y a todos para mantenerse fiel a sí mismo, nunca claudicó ni renunció a su libertad. El precio que pagó por ello fue alto, muy alto. La marginación y el vacío por parte de su entorno más próximo y por parte también de algunos de sus colegas, y la soledad de un exilio del que ya nunca pudo regresar. Su sentimiento de saberse diferente, de sentirse marginado, no solo habita en sus versos, sino en su propia forma de definirse a sí mismo: “No soy más que un naipe cuya baraja se ha perdido”

RAZÓN DE LÁGRIMAS

La noche por ser triste carece de fronteras.
Su sombra en rebelión como la espuma,
rompe los muros débiles
avergonzados de blancura;
noche que no puede ser otra cosa sino noche.

Acaso los amantes acuchillan estrellas,
acaso la aventura apague una tristeza.
Mas tú, noche, impulsada por deseos
hasta la palidez del agua,
aguardas siempre en pie quién sabe a cuáles ruiseñores.

Más allá se estremecen los abismos
poblados de serpientes entre pluma,
cabecera de enfermos
no mirando otra cosa que la noche
mientras cierran el aire entre los labios.

La noche, la noche deslumbrante,
que junto a las esquinas retuerce sus caderas,
aguardando, quién sabe,
como yo, como todos.

UNOS CUERPOS SON COMO FLORES

Unos cuerpos son como flores,
9otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un
hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.

DONDE HABITE EL OLVIDO
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

1932+Luis Cernuda+Serafín FerroEn esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

El paso inexorable del tiempo y los paraísos perdidos son otra de las constantes en la poesía de Cernuda. 20La guerra y la dictadura arrasaron el mundo que él conoció, aquel mundo en el que vivió sus primeros amores y que cobijó sus sueños más secretos. No en vano la primera edición de sus obras completas, que él siempre bautizó como La realidad y el deseo, se publicó en 1936, poco antes del inicio de la guerra, una guerra en la que tomó parte activa defendiendo a la República en el frente de batalla, como también la defendió en tiempos de paz recorriendo los pueblos de España en las misiones pedagógicas. Cernuda, como tantos y tantos otros, perdió aquella guerra. Y también perdería muchas más porque su alma era demasiado bella para existir en un mundo como este. Ya en su juventud conoció el dolor y el sufrimiento del desamor, del amor no correspondido, de los amores imposibles o, simplemente, de los que murieron, amores que plasmó en libros como “Donde habite el olvido” o “Los placeres prohibidos”. El dolor del exilio le llevó a ir despojando su poesía de todo adorno, a hacerla directa y esencial. El viaje de la vida llevó a aquel enamorado de Homero y de los clásicos, a la austeridad más espartana, esa austeridad que refleja su “Desolación de la quimera”

NO INTENTEMOS EL AMOR NUNCA

Aquella noche el mar no tuvo sueño.
Cansado de contar, siempre contar a tantas olas,
quiso vivir hacia lo lejos,
donde supiera alguien de su color amargo.

Con una voz insomne decía cosas vagas,
barcos entrelazados dulcemente
en un fondo de noche,
o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido
viajando hacia nada.

Cantaba tempestades, estruendos desbocados
bajo cielos con sombra,
como la sombra misma,
como la sombra siempre
rencorosa de pájaros estrellas.

Su voz atravesando luces, lluvia, frío,
alcanzaba ciudades elevadas a nubes,
cielo Sereno, Colorado, Glaciar del infierno,
todas puras de nieve o de astros caídos
en sus manos de tierra.

Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades.
Allí su amor tan sólo era un pretexto vago
con sonrisa de antaño,
ignorado de todos.

6Y con sueño de nuevo se volvió lentamente
adonde nadie
sabe de nadie.
Adonde acaba el mundo.

PEREGRINO
¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

TE QUIERO
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido

Pocos como Cernuda han sabido expresar lo que es el exilio. Su poema “Un español habla de su tierra” es, posiblemente, uno de los más desgarrados y bellos cantos de amor que se han escrito. Y los últimos versos de ese poema son el desesperado grito del que sabe que jamás podrá regresar, que jamás podrá ser, que jamás podrá vivir. Escucharlos en la voz de Paco Ibáñez, otra víctima más del exilio de la dictadura franquista, te revuelve el alma y las entrañas, es la voz de todos y todas los que partieron, de los que murieron, de los que no regresaron, y de todos y todas los que se quedaron y hoy siguen enterrados en las cunetas.

UN ESPAÑOL HABLA DE SU TIERRA

Las playas, parameras
Al rubio sol durmiendo,
Los oteros, las vegas
En paz, a solas, lejos;

Con LorcaLos castillos, ermitas,
Cortijos y conventos,
La vida con la historia,
Tan dulces al recuerdo,

Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
De todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
Tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
Que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
En ti sola creyendo;
Pensar tu nombre ahora
Envenena mis sueños.

Amargos son los días
De la vida, viviendo
Sólo una larga espera
A fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
De la mentira de ellos,
Me buscarás. Entonces
¿Qué ha de decir un muerto?

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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