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Jim Croce, sueño, carretera y canción…

30Componía sus canciones mientras trabajaba como camionero recorriendo miles de kilómetros por las carreteras de Norteamérica. Hablaba de los tipos con los que se encontraba en los bares, las cantinas o las calles de cualquier ciudad por la que pasaba. Era un hombre de una sensibilidad y una imaginación muy profundas. Lo captaba todo y era capaz de convertirlo en canción. Por eso sus canciones te llegan tan dentro, porque hablan de personas como tú y como yo, de personas que viven, sueñan y aman, de personas que caen y se vuelven a levantar, de personas que saben que la vida es un viaje en el que no importa el destino, sino lo que disfrutas y aprendes intentando llegar a él. Su viaje fue corto. Solo duró treinta años. Un estúpido accidente de avión se lo llevó para siempre. Se llamaba Jim Croce. De él nos quedan un puñado de canciones inolvidables y el ejemplo de la vida de una persona que siempre fue fiel a sí misma, que persiguió sus sueños y que intentó hacer de este mundo algo mejor de como él encontró.

22Hijo de inmigrantes italianos, nació en 1943 en Pennsylania. Estudió psicología en la universidad de Villanova. Se pagó la carrera trabajando como camionero. Fue el primer Croce que tuvo una carrera. En la universidad escuchó la llamada del mundo de la música y tocó y cantó con varios grupos. Uno de ellos fue elegido para hacer un intercambio cultural y realizó una gira por varios países de África, por Oriente Medio y Yugoeslavia: “Allí comíamos lo que la gente comía, vivíamos en los bosques y cantábamos nuestras canciones. Nadie hablaba inglés, pero eso no importaba porque cuando de verdad sientes lo que cantas la gente te entiende”

En la universidad conoció a Ingrid. Él tenía 19 años. Ella 16. Se enamoraron como locos y tres años después se casaron. Para 19hacerlo Jim, que no era amigo de religiones ni de la autoridad y la rigidez de las instituciones, se convirtió al judaísmo para complacer a la familia de Ingrid. Los padres de Jim, preocupados por su voluntad de querer dedicarse a la canción, le editaron un disco con 500 copias como regalo de boda. Pensaron que, una vez visto su sueño de tener un disco hecho realidad, se dedicaría profesionalmente a cosas más provechosas y seguras. Pero todo salió al revés de como lo imaginaron. El disco fue un éxito y enseguida se agotaron las 500 copias. Ingrid y Jim se volcaron actuando en bares y clubes cantado canciones de Woody Guthrie, Joan Baez o Gordon Lightfoot a las que poco a poco se iban sumando sus propias composiciones. Dos años después un productor musical, Tommy 8West, les aconsejó que se fueran a probar suerte a Nueva York. Allí se trasladaron a vivir y entraron en el circuito de los bares y los clubes que les hizo recorrer miles de kilómetros durante dos años. Desengañados de un mundo que trataba la música como un negocio, decidieron dejar Nueva York e irse a vivir al campo. Se mudaron a Lyndell, en Pennsylvania, donde alquilaron una granja. Estaban sin un duro y para poder vivir Jim vendió la colección de guitarras que había ido haciendo durante toda su vida. Solo se quedó con una. Se puso a trabajar de nuevo como camionero y como obrero de la construcción. Ingrid se quedaba cuidando la granja y el huerto. En diciembre de 1970 Ingrid le dijo a Jim que esperaban un hijo. Jim compuso una canción para su futuro hijo, una de las canciones más bellas de amor que se han escrito jamás: Time in a bottle, en la que le cuenta a su hijo todas las cosas que guardaría si pudiera guardar el tiempo en una botella…

Es en aquella época cuando conoce a Maury Muehleisen, un cantante que tocaba el piano y la guitarra. La química que hay entre
1276ellos hace que decidan formar grupo y salir de nuevo a la carretera. En principio Jim iba a acompañar a la guitarra a Maury, pero pronto cambiaron los roles y fue Maury quien acompañó a Jim cantando todas sus composiciones. Aquellos fueron unos meses de locura en los que Jim compaginaba las actuaciones y su trabajo de estudio en Nueva York con su vida en la granja, donde se quedaba Ingrid. En Nueva York grabó su primer disco en solitario y las cosas empezaron a funcionar. Aquel disco le abrió de par en par las puertas del mundo musical. Al disco le siguieron varios más y sus conciertos ya no eran en pequeños bares perdidos en cualquier esquina, sino que llenaban estadios. La promoción de los álbumes le llevó a recorrer las principales ciudades de Norteamérica y varias ciudades europeas como Londres, París y Amsterdam.

31Pero aquel tipo de vida suponía una contradicción irresoluble para él: hacía lo que más le gustaba, cantar, pero cuanto más lo hacía más se alejaba de lo que realmente él quería: Ingrid, su hijo y la vida en la granja. Al éxito que tenía como cantante no le acompañó el de los ingresos ya que cada vez tenía más gastos y el resultado, como le recordó Ingrid una noche, era que se pasaba todo el tiempo de gira y seguían sin un duro como cuando cantaban en los bares y clubes. La discusión fue fuerte y acabó como solían acabar las escasas discusiones que tenían: ella se quedó en el dormitorio y él bajó al salón a tocar su guitarra. A la mañana siguiente Jim subió a la habitación y le cantó a Ingrid la canción que había compuesto para ella aquella noche: “Tendré que decirte te quiero con una canción”

Conscientes de que aquella no era la vida que ambos querían, decidieron mudarse a San Diego (California). Allí iban a empezar una 29nueva vida. Jim quería dejar la música por un tiempo para dedicarse a los suyos. Cumpliría los contratos que quedaban de la gira que estaban haciendo y se retiraría. El 20 de septiembre de 1973 actuaron en la Northwestern State University en Natchitoches, Louisiana. Una hora después del concierto su avioneta despegó rumbo a Texas, donde les esperaba el siguiente concierto al día siguiente. La noche era clara y la visibilidad buena. No hacía viento, pero la avioneta se estrelló contra un árbol que había unos metros más allá de la pista. Era el único árbol que había en cientos de metros a la redonda. Jim, Muehleisen y el resto del grupo murieron en el acto. Esta es la última canción que cantó en aquel concierto. La última que cantó en su vida. Días después del accidente Ingrid recibió una carta que Jim había enviado antes del concierto. En ella le decía que al acabar la gira iba a retirarse para dedicarse a escribir historias y guiones de cine.

En San Diego, Ingrid y Jim salieron una noche a cenar a la ciudad. Esperaban encontrar típicos bares, cantinas y pequeños Croce´s San Diegorestaurantes llenos de calor y de historias vivientes, pero se encontraron con que en lugar de bares y restaurantes la zona estaba llena de locales de striptease y X. Volviendo a casa, en la esquina de las calles 5 y F, Jim le dijo a Ingrid: “Tenemos que montar un restaurante para que vengan a cantar nuestros amigos”. Una semana después Jim se mató en el accidente de avión. Ingrid estuvo mucho tiempo dando vueltas a la idea pero no encontraba el local que ella quería. Doce años después un amigo la llamó para decirle que había encontrado un local que le encantaría. Ingrid fue a verlo y no lo dudó. El local estaba justo en la esquina de las calles 5 y F, donde Jim le había propuesto montar el restaurante. Y lo montó. Y ha estado abierto desde entonces rindiendo tributo a Jim y a todos los que, como él, han hecho de su vida una canción.

Jim era una persona cálida, próxima,sencilla y abierta, una persona que tenía gran facilidad para hacer amigos. Fueron muchos los que tuvo en su vida. Cuando murió, una de ellas, Patti Dahlstrom le compuso esta canción:

 

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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