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Toni Catany, fotógrafo de sueños

11Sencillo, tímido, callado, humilde, y sin duda grande, grande entre los más grandes. Así era Toni Catany, internacionalmente reconocido como uno de los mejores fotógrafos del mundo. El lunes pasado un infarto cerró para siempre el objetivo de su cámara, una cámara con la que él recorrió el mundo para contarnos historias, para compartir su historia, para regalarnos la mirada de los sueños y del silencio. Mallorquín de nacimiento y mediterráneo por vocación y convicción, era un enamorado de la belleza y de la vida, un hombre culto donde los haya y sabio como para jamás dejar de sorprenderse y de querer aprender. Mi recuerdo de Toni es de silencio y de luz, del silencio que todo lo explica y la luz que todo lo ilumina. Imposibles de olvidar 9las noches en casa de su gran amiga María del Mar Bonet que siempre acababan con un maravilloso chocolate caliente con ensaimada mallorquina. Y siempre, siempre, quien preparaba el chocolate era Toni que, callado, se dirigía a la cocina y allí, entre los fogones, dejaba salir al generoso alquimista que siempre llevó dentro. No pudo ver cumplido uno de sus sueños: abrir un centro de arte internacional en su Llucmajor natal. Él lo puso todo para que aquel sueño se convirtiese en realidad: donar su obra y hasta su casa. Pero los políticos, siempre los políticos, incumplieron su parte del trato y aquel sueño jamás pudo realizarse. Curioso, pero sobre todo tremendamente triste y esclarecedor, que una iniciativa como ésta, por la que las principales ciudades europeas se pelean ofreciendo todo tipo de facilidades y ayudas, sea imposible de llevar adelante en este país que odia y criminaliza a la cultura, esa cultura humanista, universal y libre magníficamente representada por seres tan irrepetibles como Toni Catany.

Si quieres la voz de la que fue una de sus mejores amigas, María del Mar Bonet, puede acompañarnos en este recuerdo para un ser inolvidable.


Todo en él era sensibilidad, sensualidad, amor por el conocimiento y por sus raíces, esas raíces tan mallorquinas y mediterráneas que le convirtieron 8en un ser universal. Profundamente espiritual, Toni tenía una vida interior tan maravillosa que le llevaba a apreciar la belleza, la esencia de la belleza, en todo cuanto le rodeaba. Su historia es la historia de todos los fotógrafos de su generación, esa generación nacida durante la guerra civil o los primeros años de la posguerra que tuvo que formarse a sí misma porque en aquellos años la fotografía en España se limitaba a los reporteros, los ilustradores, los fotógrafos de moda o los de bodas y bautizos. Él, como tantos otros, fue autodidacta (de hecho aprendió fotografía por un curso por correspondencia), y abrió nuevos caminos para la fotografía artística en este país. Había dejado su Mallorca natal en 1960 para trasladarse a Barcelona para estudiar Química. La prematura muerte de su padre le facilitó abandonar sus estudios para dedicarse a la pasión que le había empujado desde niño cuando siempre pedía, una y otra vez, que le regalasen una cámara de fotografía. Los avatares de la vida hicieron que pudiese empezar a trabajar como fotógrafo mientras se acercaba a los círculos relacionados con las Bellas Artes. Se dio a conocer como fotógrafo gracias al trabajo que desarrolló acompañando al escritor Baltasar Porcel haciendo unos reportajes para La Vanguardia que le llevan a Oriente Medio. Ese viaje de juventud a Israel y a Egipto le hace comprender su esencia mediterránea.

Viajar siempre fue una de las constantes vitales de Toni: “La primera salida que hice al extranjero fue en 1968.  Barcelona acababa de estrenar su naturaleza-muerta-n-133aeropuerto: el más moderno de Europa, decían los diarios. Al llegar a Ginebra me sorprendió la magnificencia de su aeropuerto y, por primera vez, me di cuenta de que los periódicos mentían. Aprendí a desconfiar… El viaje de aventura no me interesa. No tengo espíritu aventurero. Pero el viaje también es alegría. Satisfacer la curiosidad. Conocer al desconocido. Comprobar conocimientos recibidos de otros. Meter el dedo en la herida, como Santo Tomás. Conocerme a través del conocimiento de los otros. En los años sesenta el mar cobró protagonismo y empezó el turismo de masas. Yo viví ese fenómeno en Mallorca. No como turista, claro, sino formando parte del decorado. Venían, y vienen, a tomar el sol y a bañarse en el mar. Son pocos los que practican lo que considero fundamental de un viaje: un determinado estado del espíritu para conocer y entender el país visitado, su gente y su cultura. toni_catanyEl viaje no es más que un medio para adquirir conocimientos… Durante el viaje algunas cosas me impresionan y otras no. Solo fotografío las primeras y no solo por lo que veo, sino porque lo que veo me toca, de alguna manera, una fibra interior, despierta sentimientos escondidos. Sin eso la fotografía no sería otra cosa que una simple anécdota. Luego, al positivarla, reproduzco la imagen utilizando el procedimiento más adecuado para comunicar a los otros el sentimiento que me empujó a tomar aquella fotografía… En el Magreb, aparte de lo pintoresco y exótico, buscaba el mundo perdido de mi infancia, y lo encontré. Era el inicio de mis viajes buscando las raíces de mi cultura, descubriendo lo que me habían enseñado o me habían escondido los libros leídos. Para conocer a los otros y entender mejor quién soy y cómo soy. Aunque sabía que era un turista, en ningún lugar del Mediterráneo me he sentido como un extranjero…”

ToniCatany[6]Esa ha sido también otra de las claves de la forma de ser y la manera de pensar y de vivir la vida de Toni: su esencia mediterránea: “Desde la terraza de mi casa en Llucmajor se puede ver la isla de Cabrera, y sé que más allá hay otras tierras, la costa de África, que me invita a soñar… Descubrí su pertenencia al Mediterráneo en un viaje a Marruecos cuando mordí un melocotón: “Aquel gusto, que hacía tantos años que no sentía, me trajo mil recuerdos de mi infancia. La fruta, un paisaje de secano tan parecido al de Mallorca, los campesinos y su manera de vestir, la curiosidad compartida… Tras aquel viaje vinieron luego el Sáhara, Libia, Egipto, Jordania, Siria, la Magna Grecia…” Su forma de retratar el Mediterráneo es absolutamente holística ya que en sus paisajes podemos saborear la exquisitez de una musaka griega, el placer de un café turco, paladear el mejor de los blancos italianos, escuchar a María del Mar Bonet, vivir la poesía de Kavafis, oler a romero y a tomillo y danzar tan suavemente como mueren los recuerdos y las olas en la orilla.

El universo fotográfico de Toni es maravillosamente amplio, pero a la vez tremendamente personal e íntimo. Es una persona que jamás renunció a ser ella misma. Optó por vivir contra la corriente, por apartarse de los lujos y2 oropeles que le ofrecía la fotografía comercial, por marginarse de todas las modas y tendencias, para ser fiel a él mismo. Interesado por los rudimentos de la fotografía, desde sus inicios se dedicó a conocer y a utilizar las técnicas y los materiales más antiguos y por explorar la íntima conexión que existe entre la pintura y la fotografía a nivel de color y composición.

Siempre que pudo compró material y equipos del siglo XIX y a experimentar con todo tipo de técnicas, como el calotipo o el transporte polaroid que tan sabiamente emplea para sus desnudos, paisajes, retratos o esas naturalezas muertas que le han hecho universalmente conocido y reconocido. Pero ese amor por lo antiguo no era obstáculo para él para adaptar los avances tecnológicos de última generación, como la fotografía digital, con la que trabajó intensamente durante sus últimos años por la ventaja que le ofrecía en la calidad del color. Para Catany, humanista y renacentista donde los haya, frecuentar a los clásicos es recibir una lección permanente de decencia, es hacerse más fuerte. Ajeno a las modas y a los mal llamados avances del progreso, su universo particular se centra más en la esencia de las cosas, en la belleza, en el paso del tiempo, en la sensualidad y la sensibilidad. Por eso su obra es universal y está fuera del tiempo.

Toni Catany es un contador de historias que nos permite intuir la realidad de todo lo que se esconde tras lo que vemos en sus fotografías y que él,Premio-Festival-Off-Exposicion-Archivo-de-sombras-Toni-Catany reposado observador y amante del detalle, pone frente a nosotros como se debe poner todo lo que rezuma sensibilidad y sensualidad: sugiriéndolo. Sus desnudos masculinos encontraron mucha resistencia por parte de público y censores de la época. Pero eso a él nunca le importó.  Quería mostrar la sensualidad masculina y la belleza inmortal que vive en todo ser mortal, ese instante de silenciosa perfección que el tiempo acaba por robar. Eran desnudos sin rostro porque lo que le atraía a Toni era reflejar lo universal de la belleza, lo anónimo de la armonía. Y para hacerlo exploraba posiciones y efectos de luz que resaltaran todo aquello que él nos quería contar.

44Eran desnudos en blanco y negro, como el que empleaba en sus primeras naturalezas muertas. Y al blanco y negro le siguió el color, un color que habitó de sueños todas sus naturalezas muertas. Catany es un pintor del silencio que se nutre de la belleza que le rodea, una belleza que encuentra en un paisaje, en una flor, en un desnudo, en una canción, en un olor, en un poema, en la pintura, en el cine, en el amor, en la amistad,antologica_toni_catany_entra_paraiso_fotografo en una buena comida o en una espléndida taza de chocolate caliente al calor de una chimenea amiga… y deja que todo eso fermente dentro de él para mostrarlo después en sus fotografías. Por eso en sus trabajos podemos apreciar la poesía de Lorca, la música de Chopin, el trazo de Van Gogh o el cine de Angelopoulos. Fue un fotógrafo de sueños, porque sabía que en una fotografía el espectador vuelca sus sueños, todos sus sueños. Por eso Toni fue, además de un prodigioso narrador de historias, un infatigable hacedor de sueños.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?