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Chavela Vargas, un inmortal canto de libertad y rebeldía

1Ella cantó las canciones más machistas para acabar con el machismo declarando abiertamente su amor por la vida y las mujeres en un país donde aquello estaba prohibido. Con sus canciones, esas canciones llenas de amor, de desamor, de sueños rotos y noches de alcohol, rompió todos los muros. Cantó como nunca antes nadie lo había hecho. En un mundo machista donde las rancheras eran cantadas por hombres acompañados por mariachis, en un mundo que solo permitía a los hombres mostrar sus sentimientos cuando estaban borrachos, Chavela las cantó sola, serena, acompañándose únicamente por una guitarra, y sin esconder ni uno solo de sus sentimientos. Chavela revolucionó las rancheras y aquel mundo viejo y caduco. En su voz, 11y en los sensuales silencios con que ella las interpretaba, aquellas rancheras escritas para corazones rotos, sonaban como susurros que ella nos decía, a solas al oído, para traernos los tristes lamentos del amor que nunca fue o del que pudo haber sido, los desgarrados gritos del amor que ya murió o ya mataron…

Eso es lo que hacía al cantar: susurrarnos al oído como si estuviésemos en la más absoluta intimidad, como si estuviésemos compartiendo a solas con ella la belleza de una noche de luna o el paraíso de una noche sin alba. Su voz es la voz del alma, la voz de la madre tierra, esa voz india y altanera por la que hablan los siglos, los bosques y los ríos. Fue un ser libre, un ser enamorado de la vida y del amar, porque para ella era mucho más importante amar que ser amado, un ser apasionado que devoró cada instante de su vida, una vida que, desde el principio, eligió vivir de la única manera en que se puede vivir en este mundo de locos cuerdos, de trepas y cobardes: a contra corriente, siempre a contra corriente. Se llamaba Isabel Vargas. Todos la conocemos y amamos como Chavela, Chavela Vargas.

Todo en ella fue único, atípico. Es, junto a su adorada Frida Kahlo, la más mexicana de las mujeres. Y, sin embargo, no nació en México, sino en Costa Rica. La vida le pegó duro 5desde que nació. Sus padres se divorciaron cuando era una niña y se desentendieron de ella. Por eso pasó su infancia en casa de sus tíos. Sufrió la poliomielitis y se quedó ciega. Iban a ponerle ya nitrato de plata en los ojos para secárselos y evitarle infecciones cuando un chamán indio la curó. Todo en su vida es milagro, pasión y milagro. A los diecisiete se fue a vivir a Méjico. Allí empezó a cantar. Durante muchos años lo hizo por las calles. A los treinta, José Alfredo Jiménez, compositor, cantante, fiel amigo e inseparable compañero de juergas y parrandas de Chavela, la ayudó para que se dedicara profesionalmente a la canción. José Alfredo fue una de las personas que más influyeron en su vida. Cuando murió, ella acudió a su funeral totalmente borracha y se puso a cantar hasta que cayó al suelo. Cuando iban a apartarla del ataúd, la vida de José Alfredo lo impidió diciendo: “Déjenla, que está sufriendo tanto como yo”

Pero José Alfredo Jiménez no fue la única celebridad que se cruzó en la vida de Chavela. Fue amiga íntima de Frida Kahlo y Diego Rivera, con quienes conoció a Leon Trotsky,
conoció a grandes monstruos de Hollywood como Elizabeth Taylor, Rock Hudson, Ava frida-y-chavela-vargas-1Gardner o Grace Kelly, y fue amiga de seres tan irrepetibles como Picasso, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Agustín Lara, Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez, con quien tenía la preciosa costumbre de cenar una vez al año estuviesen en el país que estuviesen.

Además de cantante, Chavela también fue actriz. Actuó en la serie mexicana de televisión “Premier Orfeón”, y en varias películas, como “La soldadera” de José Bolaños, “Grito de piedra”, de Werner Herzog, “Babel”, de Alejandro González Iñárritu. Su carrera musical se vio truncada por el alcohol. En los setenta dejó de cantar y vivió un retiro de quince años en los que nada se supo de ella. Fue un encuentro casual con Pedro Almodóvar el que cambió su vida. Abandonó el alcohol y el tabaco y empezó a cantar de nuevo. El éxito fue total, un éxito que la acompañó hasta su muerte, el año pasado, a los 93 años de edad.

Su relación con la muerte, quizá influida por la cultura popular mexicana, fue de tremenda cotidianidad. Nunca le tuvo miedo: “La vida es bellísima, pero la muerte también es 9hermosa. Yo he dicho muchas veces que voy a ir a mi propio velorio, pero a burlarme de mí…Desde hace ya tiempo vengo diciendo que me gustaría dormirme en domingo, para que mi funeral fuese en lunes o martes y no le estropease el fin de semana a nadie…” Chavela murió el 5 de agosto del año pasado. Era domingo.

Había venido a España a presentar su último disco-libro, “Luna grande”, dedicado a García Lorca, con quien ella decía que hablaba en las noches de luna. En Madrid se hospedó en la Residencia de Estudiantes, un lugar al que amaba profundamente y por 10cuyos pasillos decía que paseaba conversando con los fantasmas de Lorca, Dalí, Buñuel o Picasso…En la residencia dio su último recital. Fue su última aparición pública. Dos días después la ingresaron en un hospital por problemas de fatiga y cardíacos. Recuperada pocos días después, volvió a México, donde días más tarde tuvo que ser ingresada de nuevo en otro hospital. Se negó a que la intubaran porque ella, consciente de que aquellos eran sus últimos momentos, quería una muerte natural. Alguien le preguntó si se arrepentía de haber viajado a España porque aquel viaje podía haberle perjudicado la salud. Chavela contestó: “Yo sabía perfectamente cuáles eran los costos, y claro que valió la pena. Le dije adiós a Federico, les dije adiós a mis amigos y le dije adiós a España. Y ahora vengo a morir a mi país”

Su relación con España, aunque tardía, fue muy estrecha: “España y yo nos enamoramos desde que nos vimos. Hubo un extraño maridaje de España conmigo, y le decía: “Señora chavela-vargas-pedro-almodóvarEspaña, qué tarde te conocí. Si no estuviera casada me enamoraba de ti” Siento por este país una gran admiración, un gran respeto y un gran cariño… Yo pienso que España es la hembra de Europa, y México el macho de América, y de ahí la relación que tienen…”

La voz de Chavela y su forma de cantar son tan universales que, como le dijo Jeanne Moreau a Pedro Almodovar en un concierto: ” No hace falta que me traduzcas lo que canta. La entiendo perfectamente” La personalidad de Chavela, irrepetible, no solo marcó a una generación que se sintió totalmente identificada en sus desgarrados lamentos de desamor o por su particular forma de cantar a las sensuales caricias de amanecer, sino que a sus recitales y conciertos iba muchísima gente joven. Ella adoraba a los jóvenes, y los jóvenes adoraban a aquella mujer capaz de expresar como nadie lo que también ellos sentían, porque las penas de amor son eternas o, por lo menos, necesitan 500 noches para olvidarse, como bien canta Joaquín Sabina en “Por el bulevar de los sueños rotos”, la canción que le dedicó a Chavela.


Generosa sin límite e independiente sin remedio, Chavela era una persona que amaba 12profundamente la libertad:” Yo no soy un Ave Fénix, soy una mujer con una fuerza brutal que logró salir de los infiernos…Soy una de esas gentes que prefiere amar a que la amen, pero una tiene que dar las gracias porque la quieran…Los artistas estamos sosteniendo un mundo que se está cayendo. Damos esperanza. Por eso se arriman a mí, creyendo encontrar el amor. Y a veces sí lo encuentran y otras veces no, porque yo tampoco lo tengo… Yo no busco a los importantes. No tengo porqué buscarlos. Para nada. Ellos me buscan a mí cuando sienten tristeza… Corazones del mundo, cuando me vaya les dejo de herencia mi Libertad”

Chavela es esa voz surgida de lo más hondo de la tierra, de lo auténtico, lo último, lo esencial, de todo eso que llevamos dentro y que, a veces, solo a veces, tenemos el valor de perder esa ancestral batalla que nos obliga a esconderlo. La voz de Chavela es la voz del alma, de todas las almas: “Quiero que algún día se entienda que mi mensaje ya no 6es de la garganta, ya no es de disco, ya no es de conciertos: es la voz inmensa del individuo humano que está callada, que no tiene nombre, que no puede llamársele de ninguna manera. Eso es lo que yo siento, eso es lo que no me deja morir hasta que la gente sepa que mi canto no es canto, que es algo más allá del dolor, más allá de la angustia, más allá del saber, más allá de todo, del arte en sí mismo…”

Quiero despedir esta entrada con sus palabras, unas palabras sabias que encierran toda una filosofía de vida, una filosofía bella, buena y necesaria en un mundo que cada día parece olvidar más que lo importante es amar: “¿Adiós? Nooo, nunca se dice adiós. Se dice: Te amo”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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