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El Subcomandante Marcos y el EZLN, la revolución de la esperanza

1“La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla” Estas palabras del Subcomandante Insurgente Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) resumen lo que ha sido la vida de un hombre que dejó su vida atrás para adentrarse en la selva mejicana para conocer las necesidades y tradiciones de los indígenas de Chiapas y, desde allí, iniciar una revolución que está cambiando el mundo. Se pasó diez años conviviendo con los pueblos indígenas, aprendiendo de ellos, compartiéndolo todo con ellos para, armado con la palabra y un montón de sueños, iniciar una sublevación libertaria que crece día a día. Al principio no eran más que un puñado de soñadores sin remedio que, convencidos de que el fracaso de la revolución del Che Guevara en Bolivia se debió a su falta de implicación con los indígenas y los campesinos, cuyo apoyo a la revolución había dado por descontado, decidieron acercarse a la realidad del pueblo, a sus necesidades, para, desde allí, iniciar su labor de concienciación política y organizativa en un movimiento que, desde 300px-Mexico.Chis.EZLN.01Chiapas, ha atravesado todas las fronteras. Hoy son 65.000 personas las que viven en comunidades organizadas en gobiernos autónomos (que los zapatistas llaman caracoles), que viven al margen del poder establecido y que lo hacen bajo unos principios revolucionarios que dinamitan directamente la base del capitalismo: “servir y no servirse(los que gobiernan viven de la solidaridad del resto), representar y no suplantar (la decisión del pueblo), construir y no destruir (consensos), obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer y por último, bajar y no subir (trabajar desde el último a los más encumbrados). En las caracolas la población está creciendo, no existe la desnutrición, todos y todas están escolarizados, la salud es una prioridad y todos y todas tienen un lugar en la sociedad. Las mujeres se han hecho visibles, tienen los mismos derechos que los hombres, porque también ellas son iguales ante las balas. Preguntado sobre la posibilidad de que algún día los zapatistas lleguen a tomar el poder, el Subcomandante Marcos responde: “¿Tomar el poder? ¡No, un mundo nuevo!”

Identificado por el gobierno mexicano como el profesor universitario Rafael Guillén Vicente, algo que él siempre ha negado, el Subcomandante 3Marcos es la cabeza visible, aunque siempre oculta tras su pasamontañas negro, del movimiento zapatista mejicano que defiende un nuevo modelo de sociedad más democrática, donde la libertad y la justicia sean sus principales valores. El nombre lo tomó, según es tradición en el ejército zapatista, de un compañero caído: “Marcos es el nombre de un compañero que murió, y nosotros siempre tomábamos los nombres de los que morían, en esta idea de que uno no muere sino que sigue en la lucha” Son muchos los que le critican y hasta llegan a llamarle cobarde por esconder su identidad tras un pasamontañas. Nada hay más lejos de la realidad. Para él, como para todos los zapatistas, el pasamontañas implica el anonimato, representa a los nadies, a los sin voz, a los excluidos y marginados, a los que no importan, a los prescindibles… Y además tiene la ventaja de que para ellos ir de incógnito es ir a cara descubierta, lo que facilita su defensa de las incursiones del ejército mexicano en la selva lacandona ya que para los militares es imposible saber quiénes son zapatistas y quiénes no.

La figura romántica del guerrillero libertario que, cual sempiterno Quijote, lo abandona todo para salir en busca de la libertad y la justicia para el 6pueblo se encarna a la perfección en la imagen del Subcomandante Marcos, un hombre que, en un comunicado del 28 de mayo de 1994 se definía a sí mismo de esta manera: “Marcos es gay en San francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, chicano en San Ysidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, rockero en CU, judío en la Alemania nazi, ombusdman en la Sedena, feminista en los partidos políticos, comunista en la posguerra fría, preso en Cintalapa, pacifista en Bosnia, mapuche en los Andes, maestro de la CNTE, artista sin galería ni portafolios, ama de casa un sábado por la noche en cualquier colonia de cualquier ciudad de cualquier México, guerrillero en el México de fin del siglo XX, huelguista en la CTM, reportero de nota de relleno en interiores, machista en el movimiento feminista, mujer sola en el metro a las 10 p.m., jubilado en plantón en el Zócalo, campesino sin tierra, editor marginal, obrero desempleado, médico sin plaza, estudiante inconforme, disidente en el neoliberalismo, escritor sin libros ni lectores, y, es seguro, zapatista en el sureste mexicano”

La sublevación que hizo visible el movimiento zapatista se produjo el 1 de enero de 1994 cuando, por sorpresa, los zapatistas tomaron varios pueblos marcos-3y zonas de la selva lacandona. La respuesta del ejército mexicano fue inmediata y aquellos escarceos provocaron más de un centenar de muertes. Ante la imposibilidad de mantener las plazas ocupadas frente al poderío militar del gobierno, los zapatistas se refugiaron en la selva, donde desde entonces han sido inexpugnables. La lucha armada duró poco. El gobierno, presionado por la opinión pública, no tardó en aceptar sentarse a negociar con los zapatistas. Tras varios intentos infructuosos, al fin se alcanzaron unos acuerdos de base, los llamados acuerdos de San Andrés, que el gobierno ha incumplido sistemáticamente. Pero lo que empezó siendo un movimiento minoritario de unos cuantos “exaltados” se ha ido convirtiendo, con el paso del tiempo y gracias a las redes sociales, en un movimiento antiglobalización que es un referente mundial respetado y admirado en los cinco continentes. Es un movimiento nuevo, aunque heredero de la revolución de Emiliano Zapata, que invita a acercar posiciones contar el neoliberalismo y la globalización, en lugar de enquistarse en mantener las diferencias: “El mundo que queremos es uno donde quepan muchos mundos. La patria que construimos es una donde quepan todos los pueblos y sus lenguas, que todos los pasos la caminen, que todos la rían, que la amanezcan todos”

La revolución zapatista es un canto de esperanza, un esperanzado grito de libertad que, llegado desde la profundidad de la selva lacandona y de sus Entrevistado por García Márquezdurante 500 años insignificantes comunidades indígenas, nos está llamando a todos y a todas a la rebelión, a la revolución contra el neoliberalismo asesino que, sin no lo impedimos, acabará con todo aquello que nos hace ser seres humanos. Y es un canto cargado de contenido político pero también inmensamente poético y lírico. Los comunicados del EZLN están llenos de poesía, de una poesía de la vida que, sin duda, bebe en las inagotables fuentes de ese nuevo Quijote que es el Subcomandante Marcos. En una entrevista que le hizo Gabriel García Márquez, preguntado por su afición literaria y lectora, decía que en medio de la selva tenía tiempo para leer: “Sí porque, si no… ¿qué hacemos? En los ejércitos de antes, el militar aprovechaba el tiempo para limpiar su arma y rehacerse de parque. En este caso, como nuestras armas son las palabras, tenemos que estar pendientes de nuestro arsenal a cada momento…Tiene que ver con lo que fue nuestra niñez. En nuestra familia la palabra tenía un valor muy especial. La forma de asomarse al mundo era 8a través del lenguaje. No aprendimos a leer en la escuela sino leyendo los periódicos. Mi padre y mi madre nos metían rápidamente a leer libros que te permitían asomarte a otras cosas. De una u otra forma adquirimos la conciencia del lenguaje como una forma no de comunicarnos sino de construir algo. Como si fuera un placer más que un deber. Cuando viene la etapa de las catacumbas, frente a los intelectuales burgueses, la palabra no es lo más valorado. Queda relegado a un segundo plano. Es cuando llegamos a las comunidades indígenas, cuando el lenguaje llega como una catapulta. Te das cuenta de que te faltan palabras para expresar muchas cosas y eso obliga a un trabajo sobre el lenguaje. Volver una y otra vez sobre las palabras para armarlas y desarmarlas…Mi familia era una familia de clase media. El padre, el jefe de familia, era maestro de escuela rural en la época del cardenismo cuando, como decía él, a los maestros les cortaban las orejas por comunistas. Mi madre, también maestra rural, finalmente cambia de lugar y se hace a una familia de clase media. Quiero decir que era una familia sin ninguna dificultad. Todo esto en provincia, donde el horizonte cultural es la página de sociales de un periódico. El mundo de afuera o el gran mundo era la Ciudad de México y sus librerías, porque eso era el gran atractivo de llegar acá. Eventualmente había ferias del libro en provincia, y ahí era donde podíamos conseguir algo. García Márquez, Fuentes, Monsiváis, Vargas Llosa (independientemente de cómo piense) para 11mencionar algunos a grandes rasgos, entran a través de mis padres. Nos ponen a leerlos. Cien años de soledad era para explicar lo que era la provincia en ese entonces. La muerte de Artemio Cruz, lo que había pasado con la revolución. Días de guardar, lo que estaba pasando en la clase media. De alguna forma era nuestro retrato pero desnudo, La ciudad y los perros. Todas esas cosas estaban ahí. Estábamos saliendo al mundo de la misma forma en que estábamos saliendo a la literatura. Yo creo que eso nos marcó. No nos asomábamos al mundo a través de un cable noticioso sino a través de una novela, un ensayo o un poema. Eso nos hizo muy otros. Ese fue el cristal que mis padres pusieron, como otro puede poner el cristal de los medios de comunicación, o un cristal negro para que no se vea qué está pasando… Me regalaron un libro cuando cumplí 12 años, hermoso, de pasta dura. Era Don Quijote de la Mancha. Yo lo había leído pero en esas ediciones juveniles. Era un libro caro, un regalo muy especial que por ahí debe estar esperando. Shakespeare subcomandante marcos 15es el que llega después. Pero si pudiera dar el orden, diría que en literatura entra primero lo que se llamó como el boom latinoamericano, luego Cervantes, luego García Lorca, y ahí viene una etapa de poesía…El Quijote es el que está de cabecera y por lo regular cargo el Romancero Gitano de García Lorca. El Quijote es el mejor libro de teoría política, seguido de Hamlet y Macbeth. No hay mejor forma para entender el sistema político mexicano en su parte trágica y en su parte cómica: Hamlet, Macbeth y El Quijote. Mejor que cualquier columna de análisis político…

Ahora estoy intentando escribir un despropósito, que es tratar de explicarnos a nosotros mismos desde nosotros mismos, que es casi imposible. Lo que nosotros tenemos que contar es la paradoja que somos. Por qué un ejército revolucionario no se plantea la toma del poder, por qué un ejército no combate si ese es su trabajo. Todas las paradojas que hemos enfrentado: que hayamos crecido y nos hayamos hecho fuertes en un sector que está completamente alejado de los canales culturales…”

Esa visión tan poética e idealista de la vida del Subcomandante Marcos se palpa en todos sus escritos, sean libros de ensayo, cuentos, poemarios o 7comunicados. Son cerca de una treintena los libros que ha publicado. Pero también se palpa en las cartas que escribe desde la selva, como la que le escribió a Eduardo Galeano para comentarle una anécdota que le pasó con uno de sus libros:
“Señor Galeano:

Le escribo porque… porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues.

También porque perdí el libro que me regaló y porque ese ratón cambista que suele ser el destino ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro “Las palabras Andantes”.

Porque dice así:

“¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere? Y la boca, ¿sabe morir?”.
Ventana sobre la palabra (VIII), p.262.

Y entonces yo me he recostado para pensar y fumar. Es de madrugada y como almohada tengo un fusil (bueno, en realidad no es un fusil, es una MEXICO REBELScarabina que fue de un policía hasta enero de 1994. Antes servía para matar indígenas, ahora sirve para que no los maten). Con las botas puestas y la pistola recostada a un lado, cerca de la mano, pienso y fumo. Afuera, alrededor de humo y pensamientos, mayo se engaña a sí mismo fingiendo que es junio y hay ahora una tormenta de lluvia, rayos y truenos que logró lo que parecía imposible: callar a los grillos.

Pero yo no estoy pensando en la lluvia, no estoy tratando de adivinar cuál de los relámpagos que está por rasguñar la tela de la noche será el de la muerte, ni siquiera me preocupa que el techito de nylon que cubre mi estancia es demasiado pequeño y se moja la orilla del camastro (¡Ah! Porque resulta que me hice una camita de ramas y horcones, amarrados con bejucos. Lo hice porque la uso de escritorio, bodega y, a veces, para dormir. En la hamaca no me acomodo o me acomodo demasiado, me quedo muy dormido y el sueño profundo es un lujo que, acá, se puede pagar muy caro. En la cama de varillas de palo se está lo suficientemente incómodo como para que el sueño sea apenas un pestañazo).

No, no me preocupan ni la noche, ni la lluvia, ni los truenos. Me preocupa eso de “¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere? Y la boca, ¿sabe morir?”. El libro me lo mandó la Ana María, una indígena tzotzil que tiene el grado de mayor de infantería en nuestro ejército. Alguien se lo mandó a ella y ella me lo mandó a mí, sin saber que yo perdí un su libro de usted y este libro repone el libro perdido, que no es lo mismo pero tampoco es igual. El libro está lleno de dibujitos en tinta negra y yo creo que así deben ser los libros y las palabras: dibujitos que salen de la cabeza o la boca o las manos y que van y se ponen a bailar en el papel, cada vez que el libro se abre, y en el corazón cada vez que el libro se lee. El libro es el regalo más grande que el hombre se ha dado a sí mismo. Pero volvamos a su libro de usted que yo tengo ahora. Lo leí con un cabito de vela que cargaba en la mochila.

El último tramo de pabilo se fue con esa página 262 (¡capicúa!, ¿no? ¿una señal?). Y entonces me recordé la frase aquella de Perón que me mandó y SubcomandanteMarcos2luego mi torpe respuesta y, más después, el libro que me envió. Y aquí la pena de contarle que el libro lo dejé botado en la “graciosa huida” de febrero. Y entonces me llegan este libro y las letras sobre el saber callar. Y yo ya llevo varias noches dándole vueltas al asunto, aún antes de que me llegara el libro. Y me pregunto si no llegó la hora de callar, si no será que ya se pasó el momento y ya no es el lugar, si no es la hora de morir la boca…

Y le escribo esto en una madrugada de mayo, pasado ya el 30 de abril de 1995, que es el día del niño acá en México. Nosotros los niños mexicanos celebramos ese día, las más de las veces, a pesar de los adultos. Por ejemplo, gracias al supremo gobierno, hoy muchos niños indígenas mexicanos celebran su día en la montaña, lejos de sus casas, en malas condiciones de higiene, sin fiesta y con la pobreza más grande: la de no tener un lugar donde recostar el hambre y la esperanza. El supremo gobierno dice que no ha expulsado a estos niños de sus hogares, sólo ha metido a miles de soldados en sus terrenos. Con los soldados llegaron el trago, la prostitución, el robo, las torturas, los hostigamientos. Dice el supremo gobierno que los soldados vienen a “defender la soberanía nacional”. Los soldados del gobierno “defienden” a México de los mexicanos. Estos niños no han sido expulsados, dice el gobierno, y no tienen por qué sentirse espantados de tantos tanques de guerra, cañones, helicópteros, aviones y miles de soldados. Tampoco tienen por qué asustarse, aunque esos soldados traigan órdenes de detener y matar a los papás de estos niños. No, estos niños no han sido expulsados de sus casas. Comparten el piso irregular de la montaña por el gusto de estar cerca de sus raíces, comparten la sarna y la desnutrición por el simple placer de rascarse y por lucir una figura esbelta.

Los hijos de los dueños del gobierno pasan su día en fiestas y regalos.

Los hijos de los zapatistas, dueños de nada como no sea su dignidad, pasan su día jugando a que son soldados que recuperan las tierras que les marcos-diego-zapataquitó el gobierno, juegan a que siembran la milpa, a que van por leña, a que se enferman y nadie los cura, a que tienen hambre y, en lugar de comida, se llenan la boca de canciones. Por ejemplo, esa canción, que les gusta cantar en la noche, cuando más cerradas son la lluvia y la niebla, y que dice, más o menos así:

“Ya se mira el horizonte,
combatiente zapatista,
el camino marcará
a los que vienen atrás…”

Y así pasaron el día del niño, dicen, los niños de un poblado que se llama Guadalupe Tepeyac. En la montaña lo pasaron, porque en su pueblo hay varios miles de soldados defendiendo “la soberanía nacional”. Y dice el pequeño Heriberto que, cuando sea grande, va a ser chofer de un camioncito y piloto de avión no quiere ser porque, dice, si se le poncha la llanta del carrito, ahí nomás te bajas y te vas caminando, en cambio si se le poncha la llanta al avión no hay para donde hacerse. Y yo me digo que cuando sea grande voy a ser uruguayo-argentino y escritor, en ese orden, y no crea usted que será fácil porque lo que es el mate, no lo puedo tragar.

Pero no era esto lo que yo quería contarle. Lo que yo quería era contarle un cuento para que usted lo cuente:

Me enseñó el Viejo Antonio que uno es tan grande como el enemigo que escoge para luchar, y que uno es tan pequeño como grande el miedo que se
el-subcomandante-marcos-convoca-el-festival-mundial-de-la-digna-rabia_fullblocktenga. “Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño”, me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra. El gobierno le teme al pueblo de México, por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.

Cuéntelo usted en algún escrito. Ponga que se lo contó el Viejo Antonio. Todos hemos tenido, alguna vez, un Viejo Antonio. Pero si usted no lo tuvo, yo le presto el mío por esta vez. Cuente usted que los indígenas de sureste mexicano achican su miedo para hacerse grandes, y escogen enemigos descomunales para obligarse a crecer y ser mejores.

Esa es la idea, estoy seguro que usted encontrará mejores palabras para contarlo. Escoja usted una noche de lluvia, relámpagos y viento. Verá cómo el cuento sale así nomás, como un dibujito que se pone a bailar y a dar calor a los corazones que para eso son los bailes y los corazones.

Vale. Salud y un muñequito sonriente, como ésos con los que firma.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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