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Demos una oportunidad a la paz, los presos y presas vascos

12¿Consideraríamos democrático un país que aplica medidas de excepción con sus presos para prorrogar sus condenas cuando ya han sido cumplidas obligándoles a permanecer en la cárcel 3, 5 y hasta 10 años más de los que fueron condenados?, ¿Estaríamos de acuerdo con un gobierno que sistemáticamente obligase a que los presos cumplieran la condena en las prisiones más alejadas de sus hogares, aislándoles y obligando a que familiares y amigos tuvieran que recorrer miles de kilómetros cada quince días para poder estar con ellos 40 minutos?, ¿Aceptaríamos como democrático un régimen penitenciario que impide que los presos que están gravemente enfermos puedan salir de la cárcel para morir en paz?, ¿De verdad consideraríamos como democrático y respetuoso con los derechos humanos un sistema penitenciario que en lugar de orientarse hacia la reinserción de los presos actuase simple y deliberadamente por venganza? Pues todo eso es lo que está pasando hoy en nuestro democrático y civilizado Estado con los presos vascos. Amparándose en sentencias judiciales basadas en la aplicación de una ley antiterrorista para la que ser _Ines_del_Rioindependentista es ser miembro de ETA y para la que defender pacífica y democráticamente el derecho de autodeterminación es terrorismo, en el Estado español se están aplicando medidas represivas que, como la doctrina 197/2006, más conocida como doctrina Parot, han sido condenadas por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Hace ya más de un año que ese Tribunal sentenció que Inés del Río, a la que se le había aplicado la doctrina 197/2006 debía ser inmediatamente puesta en libertad. Inés sigue en la cárcel porque el Estado español, impulsado por su gobierno en un flagrante atropello de la división de poderes propio de toda democracia, se ha dedicado a aplicar toda su maquinaria para desarrollar una ingeniería legal que retrase todo lo posible el cumplimiento de esa sentencia del tribunal europeo y ponga en libertad a Inés del Río. No es un caso aislado. Hay decenas de casos como el de Inés, decenas de víctimas de una política represiva creada para castigar a los presos vascos, y que se ha extendido también a los presos comunes, una política que implanta de hecho lo que nuestro marco jurídico no contempla: la cadena perpetua.

¿Cómo es posible que en el País Vasco la inmensa mayoría de la población esté indignada con esta situación y esté exigiendo en la calle que se 5acabe con todas las medidas de excepción, como la dispersión de presos o la doctrina 197/2006 y que en el resto del Estado ni siquiera se hable de ello?, ¿Cómo es posible que la sociedad del resto del Estado viva en la más absoluta ignorancia de la realidad que están sufriendo los presos y presas del País Vasco y sus familiares?, ¿Cómo es posible que ciudadanos de bien que se consideran a sí mismos demócratas y respetuosos con los derechos humanos permitan que su gobierno esté haciendo todo esto y que además ellos mismos lo estén financiando con sus impuestos y con los recortes de derechos que sufren a diario? Posiblemente no haya una única respuesta, posiblemente sean muchas las causas que han provocado y provocan que permitamos un atropello como el que se está perpetrando con los presos y presas vascos. El desconocimiento de la realidad, la supina ignorancia de lo que de verdad pasa en el País Vasco, es la verdadera causa que se esconde detrás de todas las demás. A fuerza de repetirnos hasta la saciedad desde los diferentes gobiernos de España y la inmensa mayoría de los mal llamados medios de comunicación de ámbito nacional, que independentismo es igual a terrorismo y que ser vasco es ser de ETA, hemos llegado a aceptar como natural y democrático que todos los presos y presas vascos se pudran en las cárceles hayan hecho lo que hayan hecho y que miremos a otro lado cuando oímos hablar del tema. Para la mayoría, que ETA haya abandonado la actividad armada es suficiente. El dispertsioak -sakabanaketak20problema está resuelto. Ya no hay más muertes y todos contentos. Pero la realidad no es esa. La realidad es que hay más de 600 presos y presas vascos pudriéndose en nuestras cárceles. Muchos son de ETA y cumplen condena por lo que hicieron o por lo que les atribuyeron que hicieron. Pero muchos no lo son. Son ciudadanos normales y corrientes que se han visto privados de sus derechos y encarcelados, muchos de ellos como presos preventivos, simplemente por haber defendido públicamente sus creencias y su ideología independentista. Son tantos los casos que resultaría imposible reseñarlos aquí y ahora, pero no quiero dejar de señalar dos que ejemplifican perfectamente la atrocidad que se está haciendo con ellos. Martxelo Otamendi fue director de Egunkaria, un diario vasco que se publicaba en euskera. Fue detenido, torturado y perseguido judicialmente durante siete años. Un juez de la Audiencia Nacional cerró el periódico. Siete años después los propios tribunales españoles reconocieron que tanto él como todos los detenidos por aquel caso eran inocentes y que aquel periódico no tenía nada que ver con ETA. Otro caso más sangrante aún si cabe es el de Arnaldo Otegi. Si alguien lo ha apostado todo por la paz y por resolver el conflicto político vasco desde las vías democráticas y no violentas, si alguien lo ha dado todo para conseguir que ETA abandone la violencia, ese ha sido Arnaldo Otegi. Como decía en una entrada anterior de este blog en la que trataba también este tema (https://laplacenta.clandestinodeactores.com/democracia-en-espana-se-tortura/), “fue Otegi quien, consciente del inmovilismo interesado del gobierno, Arnaldo Otegi con Jerry Adamspropició la intervención de expertos internacionales para ayudar a la resolución del conflicto. Entre los integrantes del grupo de expertos internacionales que están participando en el proceso de paz o que en su día firmaron la Declaración de Bruselas pidiendo a ETA el cese de la violencia y a los gobiernos español y francés abrir un diálogo sincero para resolver el conflicto vasco se encuentran nombres como: la Fundación Nelson Mandela, el obispo y premio Nobel de la Paz Desmond Tutu, el expresidente sudafricano y también premio Nobel de la Paz Frederick W. De Klerk, Mary Robinson, expresidenta de Irlanda, John Hume, premio Nobel de la Paz que participó en los acuerdos del Viernes Santo de Irlanda, Albert Reynolds, exprimer ministro de Irlanda, Jonathan Powell, jefe de Gabinete del exprimer ministro británico Tony Blair, Betty Williams, premio Nobel de la Paz por su labor en la resolución del conflicto irlandés, Raymond Kendal, exsecretario general de Interpol, o Kofi Annan, ex secretario general de Naciones Unidas. Todos ellos han participado y participan en el proceso de resolución del conflicto vasco. Todos ellos han sido y son testigos de que los únicos movimientos hechos para alcanzar la paz definitiva los han hecho ETA, al declarar unilateralmente el cese de la acción armada, y la izquierda abertzale que, inequívocamente, ha apostado por otegi2la vía democrática y no violenta para alcanzar la paz. Precisamente Arnaldo Otegi ha sido uno de los máximos impulsores de este proceso de resolución democrática y no violenta del conflicto, como públicamente reconoce otro de los grandes valedores de este proceso de paz, Gerry Adams, máximo líder del Sinn Féin irlandés: “Arnaldo Otegi y sus compañeros se encuentran entre quienes se atrevieron a soñar y a proponer nuevas vías pacíficas y democráticas para conseguir la libertad y la independencia del pueblo vasco. Y deben ser liberados”.

¿Por qué sigue Otegi en prisión si ha sido el máximo impulsor de la opción por la resolución no violenta? Porque al gobierno y a muchos otros les interesa que el conflicto siga enquistado en el dilema violencia sí, violencia no. En ese terreno se considera más fuerte que en el de la defensa democrática y dialogada de los argumentos políticos. Como el sacerdote irlandés Alex Reid, persona clave en la resolución del conflicto irlandés, le dijo a Otegi cuando apostó por la vía de la no violencia: “Cuanto más razonables sean vuestras posiciones, más agresiones sufriréis”. Otegi lleva camino ya de los diez años en la cárcel”
La verdadera razón por la que Arnaldo Otegi sigue preso es que para el Gobierno su puesta en libertad podría interpretarse como una victoria de la izquierda abertzale. Otegi es un símbolo y permitir que esté en libertad reforzaría las posiciones políticas y de diálogo de la izquierda abertzale, lo que debilitaría la posición del Gobierno, consciente de que desde las vías democráticas y de no violencia sus argumentos para enquistar la resolución del conflicto caerían por su propio peso. Ese es el crimen de Arnaldo Otegi: querer la paz y apostarlo todo por conseguirla. Esa es la respuesta del Gobierno: mantenerle en la cárcel todo el tiempo que pueda acusado de “enaltecimiento del terrorismo”

Sobre la vergonzosa y partidista política de desinformación de la sociedad llevada a cabo desde los medios de comunicación de ámbito nacional, las
KARTELA FRANTSESEZmuestras se amontonan en las hemerotecas. Yo mismo las he sufrido en mis propias carnes cuando, tras firmar una declaración junto a otras quinientas personas en Madrid exigiendo el fin de la doctrina 197/2006, la política de dispersión de los presos vascos y el respeto a los derechos humanos, desde todos los medios de comunicación, incluido el aparentemente “progresista” diario Público, se nos tachó poco menos que de terroristas con titulares como: “Pilar Bardem, Willy Toledo y Federico Mayor Zaragoza apoyan a ETA” en esa sucia manipulación informativa que es equiparar lo vasco con ETA y la defensa de los derechos humanos con lo que ellos consideran terrorismo.

Para que verdaderamente puedan cerrarse las heridas, tanto de un lado como de otro, es preciso abordar un proceso de diálogo y de acercamiento de posiciones. Titulares y manipulaciones como esas van justamente en la dirección contraria. Empecinados en apuntarse la victoria sobre ETA y en establecer una dinámica de vencedores y vencidos, olvidan que, por muchas doctrinas 197/2006 que se inventen y por mucha política de dispersión de presos que implanten, llegará un día en que los presos y presas vascos salgan a la calle. ¿Qué harán entonces todos esos voceros de la guerra y todos esos ministros que han usado, y usan, las leyes para vengarse?, ¿De verdad alguien puede creer que están actuando para buscar la paz y el diálogo?, ¿Hay alguien que de verdad pueda justificar todas estas acciones como medidas democráticas que buscan la resolución del conflicto y la convivencia pacífica a la que todos tenemos derecho?

La tergiversación informativa ha sido, y es, uno de los principales escollos que hay que salvar para alcanzar la verdadera reconciliación, la resolución Santi Brouard y Josu Muguruzadefinitiva del conflicto. Pero no es el único. El trato cruel y vengativo dado a los presos y presas vascos, y a sus refugiados, contrasta con el que se ha dado a quienes defendieron al Estado desde las cloacas, torturando en las comisarías, creando el GAL y la guerra sucia, fusilando a Txiqui y Otaegui o asesinando impunemente a Josu Muguruza, parlamentario abertzale democráticamente elegido que fue asesinado a tiros en Madrid cuando vino a firmar su acta como diputado. Al General Galindo, máximo responsable de la política represiva llevada a cabo por las fuerzas de seguridad del Estado, le ascendieron, los policías Amedo y Domínguez, condenados en firme por su pertenencia al GAL, están en la calle… y tantos y tantos otros.

El camino hacia la paz es largo y duro, sin duda, pero jamás la alcanzaremos si no lo recorremos, y hemos de recorrerlo juntos, brazo con brazo, 2mano con mano. Han sido muchos, demasiados años de sufrimiento para todos y todas, pero las circunstancias que vivimos hoy abren una puerta a la esperanza. ETA ha abandonado la actividad armada, la izquierda abertzale ha dado todos los pasos necesarios para establecer un escenario constructivo de diálogo y reconciliación. Solo falta una cosa: que el Gobierno entienda que estamos ante una oportunidad única para la paz, que admita de una vez por todas que los problemas no se resuelven escondiendo la cabeza bajo tierra, que los conflictos nunca se han resuelto enquistándose en sus posiciones, que asimile que la dinámica de vencedores y vencidos nunca ha construido la paz. Y el primer paso que debe dar ese Gobierno, si de verdad aboga por la paz y la resolución definitiva del conflicto, es respetar los derechos 9humanos de los presos y presas vascos, acabar con la doctrina 197/2006, con la política de dispersión de presos y con todas las medidas de excepción que atentan contra los derechos humanos. Los presos y presas vascos no exigen un trato preferente, simplemente exigen que se les trate como a los demás presos, que se cumpla la ley y que deje de aplicarse con ellos esta política vengativa y partidista que atenta contra los derechos humanos. Todos tenemos que ver con este asunto. Es un tema político, sí, pero por encima de todo es un tema de derechos humanos. De nada sirve callar o mirar a otro lado. De nosotros, de ti y de mí, depende que este Gobierno, y los que le sigan, respeten los derechos humanos. Hoy no está en su agenda, pero somos nosotros, los ciudadanos, quienes debemos marcar la agenda que tengan nuestros representantes porque hemos de ser nosotros, los ciudadanos y ciudadanas, quienes resolvamos los conflictos que los políticos no saben o no quieren resolver.

Herrira es una organización que, al margen de ideologías políticas, se ha creado para defender el respeto a los derechos humanos de los presos y presas vascos. Es muy activa en el País Vasco organizando actos y campañas de divulgación y sensibilización social. La última, que han estado llevando a cabo estos meses, ha sido la llamada “Sentencia ciudadana”, una recogida de firmas y apoyos en toda la geografía vasca exigiendo que se Cartel de presentación de la Sentencia Ciudadana en el polideportivo Anaitasuna de Iruñea el 14 de septiembre de 2013derogue definitivamente la doctrina 197/2006 y que, una vez hecha pública, será enviada a las instituciones europeas y a la comunidad internacional. El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ya dictó su sentencia contra la doctrina 197/2006, y lo hizo por unanimidad, ahora es el turno de que sea la ciudadanía la que dicte su sentencia, una sentencia firmada por miles de personas y multitud de instituciones políticas, sindicales, culturales, etc. Esa sentencia ciudadana se presentará en público en un acto final de campaña que tendrá lugar el próximo 14 de septiembre a las siete de la tarde en el pabellón Anaitasuna de Iruñea. Allí nos reuniremos miles de personas que sabemos que la vía del diálogo y la no violencia es la única que, por fin, acabará de una vez por todas con este conflicto, miles de personas que queremos dar una oportunidad a la paz, miles de personas que exigimos que se respeten los derechos humanos, miles de personas que soñamos con que un día no lejano podamos salir libremente a la calle para abrazarnos más allá de nuestras diferencias y que luchamos por hacer que ese sueño se convierta en realidad. Para mí es un verdadero honor que me hayan invitado a presentar este acto. ¡Allí nos veremos! ¡DERECHOS HUMANOS, RESOLUCIÓN, PAZ!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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