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The last waltz

4Persiguieron su sueño, abrieron nuevos caminos, se enfrentaron a todo y a todos, rompieron barreras, la carretera les unió durante dieciséis años… se llamaban The Band, y decidieron despedirse de los escenarios celebrándolo con un concierto. Un concierto que hizo historia. Sus amigos acudieron a tocar con ellos. Allí estaban Eric Clapton, Ringo Starr, Neil Young, Bob Dylan, Emmylou Harris, Neil Diamond, Paul Butterfield, Dr. John, Muddy Waters, Van Morrison, Joni Mitchell, Ron Wood, Ronnie Hawkins, Bobby Charles y muchos más. Aquel concierto tuvo lugar en el Winterland Ballroom de San Francisco el día de Acción de Gracias de 1976. Asistieron cinco mil personas. Duró nueve horas. Se hizo un documental sobre ellos y sobre su histórico concierto. Lo dirigió Martin Scorsese. Se llamó The Last Waltz. Está considerado como uno de los mejores documentales musicales de la historia del cine.

Todo había comenzado en 1958 cuando Rick Danko, Garth Hudson, Richard Manuel, 3Robbie Robertson y Levon Helm formaron The Hawks, un grupo de rock canadiense. Helm siguió tocando la batería con ellos hasta que, acabada la secundaria, abandonó Arkansas para irse a vivir a Ontario para acompañar a Ronnie Hawkins, un conocido cantante de rockabilly. Sucesivamente fueron incorporándose a la banda de Hawkins todos los miembros de The Hawks. La incorporación más difícil fue la de Hudson, que había acabado su carrera universitaria y pensaba dedicarse a la enseñanza de música. Le convencieron ofreciéndole una paga de diez dólares a la semana para que les diera clase a ellos. Hawkins era un tipo muy duro y exigente que no pasaba ni una, y en 1964 decidieron independizarse y seguir su carrera por su cuenta. No tardaron en ser conocidos como “la maldita banda de bar mejor del mundo”

En verano de 1965 Bob Dylan había decidido dejar el folk por el rock y estaba buscando dylan-robertson-last-waltzuna banda que le acompañase en su primera gira musical por Estados Unidos. La secretaria de su representante le habló de ellos y le dijo que fuera a escucharlos al Tony Mart´s Nite Pot de Nueva Jersey. Aquella noche Helm y Robertson pasaron a formar parte de los músicos que acompañarían a Dylan. Tras dos conciertos, por fidelidad a sus compañeros, le pidieron que incorporase al resto de la banda. Dylan aceptó. Tocaron con Dylan desde septiembre de 1965 a mayo de 1966. Fue una gira muy controvertida porque los puristas del folk no perdonaban que Dylan hubiese electrificado su música y se hubiese pasado al rock. Fueron muchos los abucheos que recibieron en los conciertos. Eso afectó mucho a Helm que, desengañado por la reacción del público, abandonó la música y se fue a trabajar a una plataforma petrolífera en el Golfo de México.

La gira se transformó en una gira mundial en la que Mickey Jones había sustituido a Levon-Helm1-608x3421Helm a la batería. De aquella histórica gira ha quedado la anécdota de la respuesta que, desde el escenario del Free Trade Hall de Manchester, dio Dylan a un energúmeno del público que le había gritado “¡Judas!”. Tras una pausa, Dylan le contestó: “No te creo. Eres un mentiroso” y, girándose, le dijo a la banda “¡Tocad jodidamente alto!”. Tocaron “Like a Rolling Stone”

Durante un descanso de la gira Dylan sufrió un accidente de moto. Se recluyó en Woodstock (Nueva York) e invitó a los miembros de la banda a grabar en el sótano de su normal_the-band-backdropcasa. Ellos alquilaron una casa cercana, de color rosa, “Big Pink”. Helm se reincorporó al grupo y volvieron a dar conciertos como The Band. De hecho le pusieron ese nombre porque era como se referían a ellos mismos, la banda. Grabaron un disco, “Music from the Big Pink”, que incluía algunos de los temas más emblemáticos del grupo, como “The Weight”, que formó parte de la banda sonora de una película que hizo historia: Easy Ryder, dirigida por Dennis Hopper. El álbum tuvo mucho éxito y salieron de gira. También participaron en el histórico Festival de Woodstock. The Band evolucionó hacia un tipo de música que se alejaba de la de la época y sus contenidos también ya que sus letras evocaban la historia de los Estados Unidos, como en esa joya que es “The night the drove Old Dixie down”, como “The Weight”, compuesta por Robbie Robertson, al que tiraban sus raíces ya que su madre era india.

Nacido y criado en una reserva india, Robertson mamó desde muy pequeño la música en las veladas nocturnas junto al fuego en las que sus familiares tocaban violines y guitarras. A los diez años empezó a recibir clases de guitarra y a los trece, en el colegio, formó su primera banda. Poco después abandonó los estudios y se incorporó como guitarrista a un grupo llamado Yonge Street. Una noche actuaron como teloneros de bandrobbierobertsonkc5Ronnie Hawkins y The Hawks. Helm recordaba que Hawkins, tras escuchar a Robertson, le dijo: “¿Conoces a ese niño que ha venido a pasar el rato? Tiene tanto talento que me pone enfermo. Quizá deberíamos cogerle”. Así es como se incorporó a The Hawks.

Tras la disolución de The Band, Robertson había fraguado una sólida amistad con Martin Scorsese. Eso y su espíritu innovador le llevaron a desarrollar su carrera musical como productor de otros músicos, actor esporádico (The Crossing Road, junto a Jack Nicholson y Anjelica Huston) y compositor y asesor musical de la mayoría de las bandas sonoras de las películas de Scorsese (Casino, The Departed, Shutter Island, Gangs of New York, etc.).

Como músico colaboró con artistas como Jerry Lee Lewis o Eric Clapton, y ha grabado varios discos en solitario (Music for the native americans, How to become Clairvoyant, etc.) Robertson es un hombre de sólidas amistades y enconadas enemistades (con Levon Helm dejaron de hablarse durante años, aunque pudieron reconciliarse poco antes de la muerte de Helm).La relación con Clapton se ha mantenido a lo largo de toda su vida. El propio Clapton ha confesado en más de una ocasión que su sueño habría sido haberse incorporado a The Band.

La grabación del concierto y su posterior montaje no fueron nada fáciles. Scorsese the-band-last-waltz-456-112410planificó el rodaje con nueve cámaras y eligió a cineastas consagrados para que se pusieran tras ellas. Al rodar en 35 mm sabía que no tenía película para grabar todo el concierto por lo que iba dando instrucciones por radio a cada cámara para que rodase o parase de rodar. Uno de los cámaras, László Kovács, harto de recibir tantas instrucciones, desenchufó su pinganillo y no oyó como Scorsese le decía que no rodase “Mannish Boy”, de Moody Waters. Por eso tenemos hoy esta verdadera joya, aunque, a diferencia del resto del concierto, esté rodada con una única cámara. “Fue una suerte”, reconocería el propio Scorsese más tarde.

La vida de los demás componentes de The Band, tras su disolución, no tuvo el the_band_CROPéxito que merecían aquellos músicos capaces de tocar con virtuosismo varios instrumentos. Intentaron recomponer la banda, ya sin Robertson, y lo consiguieron durante algunos años, aunque ya sin el éxito que habían tenido y que tanto influyó en otros grupos que vinieron después, como Eagles, etc. Las drogas y el alcohol, que habían acompañado a algunos de ellos, acabaron pasándoles factura. Richard Manuel, el pianista, que siempre había tenido una marcada tendencia depresiva, acabó suicidándose en 1986. Rick Danko, el bajo, murió durmiendo en su casa 1999, Levon Helm, batería, murió de cáncer el año pasado. Robbie Robertson y Garth Hudson, el organista del grupo, que tras abandonar The Band ha seguido su carrera como músico de estudio, son los únicos que quedan vivos.

The Last Waltz es un concierto que tiene sabor a carretera y a derrota, a sueños rotos, a the-last-waltztiempos en los que creíamos que íbamos a cambiar el mundo, a instantes en que lo cambiamos, a historias de quienes lo dejan todo para perseguir un sueño… En sus canciones hay una mezcla de esperanza y de melancolía; en sus imágenes de ilusión y camaradería. Sabían que su viaje había llegado a su fin. Era su último concierto juntos. Aquel concierto fue su Ítaca y ellos, sempiternos Ulises contemporáneos, habían vivido muchas cosas en el camino. Eso fue lo que su Ítaca les dio. Eso es lo que The Last Waltz nos ha dado a todas las personas que amamos la belleza, la música y, sobre todo, el coraje de los que eligen su propio camino y se atreven a vivir contra la corriente.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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