Cine/Teatro General

La Zaranda, esencia del teatro, poesía de la vida

6Ver un montaje de La Zaranda es adentrarse en un universo mágico lleno de belleza y poesía donde conviven los sueños, todos nuestros sueños, con la esencia del teatro, con la poesía de la vida. Como bien dice Paco de La Zaranda, en escena se establece un diálogo profundo entre el silencio interior de los actores y el silencio interior del espectador que tiene su cuerpo sentado en una butaca de platea aunque él esté lejos, muy lejos de allí, visitando mares ignotos e islas perdidas, buscándose en estrellas muertas, encontrándose en galaxias aún no nacidas. Porque eso es La Zaranda: un viaje de la Nada al Todo hecho sin florituras ni artificios frente a nosotros, para nosotros, con nosotros… Capaces de hacer viajar al espectador a esos paraísos reencontrados que habitan en lo más profundo de nosotros mismos, los componentes de La Zaranda son seres que viven permanentemente contra la corriente (no en vano se llaman a sí mismos teatro inestable de Andalucía la Baja, a pesar de llevar ya 35 años juntos), seres libres que, como espejos, se transforman sobre el escenario en los uno y mil símbolos que nos recuerdan que vivir es amar, que ser es sentir, y que existir es compartir. Debo reconocer que soy un completo analfabeto teatral porque hasta ayer nunca les había visto en escena. Y además un analfabeto pretencioso, puesto que me permitía hablar alegremente, y mucho, de teatro. Hoy, gracias a ellos, sé lo que es la esencia pura del teatro e intuyo lo que puede llegar a ser, lo que nos puede llegar a aportar, cómo nos puede llegar a transformar. A lo largo de mi vida había visto montajes buenos y espléndidos, funciones maravillosas, había visto y vivido momentos mágicos en el teatro. Desde ayer sé lo que significa amar el teatro por encima de todas las cosas, hacer del teatro tu vida, y hacerlo como solo los más grandes saben y pueden hacerlo, desde la más absoluta humildad.
SONY DSCCreado en 1978 en Jerez, a lo largo de sus treinta y cinco años de historia La Zaranda ha recorrido una y mil veces el mundo para tender su mano abierta a todos los que sienten que la vida debe ser algo más que un triste y sempiterno deambular de aquí para allá buscando algo con lo que llegar a fin de mes o dejándose seducir por las promesas de una falsa felicidad enlatada que se puede comprar a precio de saldo. Es a la dimensión espiritual del ser humano, a su capacidad de amar, a la que La Zaranda se dirige para invitarle a cuestionarse su lugar en el mundo, y lo hace como solo los sabios saben hacer estas cosas: sin ofrecer respuestas o absurdas moralinas, sino poniendo ante los ojos del espectador esa otra realidad que el teatro puede llegar a crear más allá de la ficción. El vacío existencial es expuesto por La Zaranda con toda su crudeza. Su agudo y sutilísimo sentido del humor es el bálsamo que nos permite vernos reflejados en lo que sucede en la escena sin que sintamos el más mínimo sentimiento de rechazo o agresividad porque sabemos que nosotros somos ellos, que nosotros somos eso tan absurdo y sinsentido que vemos suceder ante nuestra mirada atónita, fascinados por esa capacidad sin límite que tienen de crear belleza desde el dolor y de crearla renunciando a todo lo que no sea la esencia más pura del teatro: texto, tablas y actores.

2En su último montaje, “El régimen del pienso”, quizá el que más incide en la sátira de la sociedad que nos ha tocado vivir, vemos como los elementos más sencillos (cuatro archivadores, unos flexos y unas cuantas carpetas de archivos) son capaces de llevarnos a los lugares y las situaciones más remotas e inimaginables: una pocilga, un despacho, un quirófano, una oficina, una procesión, un depósito de cadáveres… Ese es uno de los sellos de identidad de La Zaranda: reducir la escenografía y el atrezzo a la mínima expresión para que sea la imaginación del espectador la que construya todo lo que sucede ante él.

7“El régimen del pienso” aúna todas las características que han hecho de La Zaranda un referente teatral a nivel mundial: un texto soberbio de Eusebio Calonge, la sabia dirección de ese monstruo del teatro que es Paco de La Zaranda, una interpretación prodigiosa por parte de todos los actores donde la expresividad corporal alcanza límites insuperables, el uso simbólico de los objetos, la utilización de elementos cotidianos para construir paisajes donde conceptos como espacio o tiempo carecen por completo de significado, la poesía, la profunda y auténtica poesía que caracteriza todos sus montajes, el tempo pausado e imparable con el que todo parece fluir en escena, la transformación frente al espectador de los actores en los diferentes personajes, el empleo de unas músicas que no solo acompañan, sino que realzan todos los demás elementos, la sabia utilización de un diseño de luces hecho por el propio dramaturgo que ayuda a esa transformación mágica de lo sencillo y efímero en lo más sublime y eterno, la sencillez de una plástica que cada día nos demuestra que la creatividad y la imaginación nunca tendrán límites…

La idea de “El régimen porcino” se le ocurrió a Calonge al pensar en uno de los personajes de Miau, de Benito Pérez Galdós. Todos releyeron la obra y no dudaron de que allí se encontraba el que, tras tres meses de duros ensayos, ha sido su último montaje, un montaje basado en un texto poliédrico en el que el exceso de pienso, o su desigual distribución en una factoría porcina, ha ocasionado una epidemia que proporciones 11bárbaras que no solo está acabando con los cerdos, sino también con los empleados que, obligados por la reducción de costes que lleva la empresa, ven amenazados sus puestos de trabajo. Las miserias más bajas del ser humano aparecen en ese cruel entorno sinsentido en el que se siente agredido por un sistema que no entiende ni puede entender. Como se dice al principio de la obra al examinar a los cerdos afectados por la epidemia: “si no les das pienso se matan unos a otros, y si le das solo a uno, se mata a sí mismo”. La soledad, la profunda soledad y el descarnado aislamiento del individuo en la sociedad de hoy flotan en el aire a lo largo de toda la obra. En uno de los momentos más intensos escuchamos unas terribles palabras que definen perfectamente la situación que vive hoy el común de los mortales, que, más o menos, venían a decir: “La única forma de escapar de una pocilga es elevándote, pero de tanto mirar el barro hemos perdido la capacidad de ver el cielo”

Las palabras del propio Eusebio Calonge definen sin rodeos lo que es esta obra: “Los cerdos sacrificados y las bajas laborales corren paralelas, con lo que los destinos del hombre y del cerdo se acaban confundiendo en una autopsia social que nos lleva a establecer un simulacro de vida”

Futuros difuntosLa humildad es la huella de identidad de La Zaranda. Los actores nunca salen a recibir los aplausos del público y Paco, su director, aparece en los programas de mano como Paco de la Zaranda en el apartado de dirección y simplemente como Francisco Sánchez en el reparto. El lenguaje teatral tan personal y propio de La Zaranda se convierte en ese lenguaje universal capaz de llegar a los espectadores más dispares: “Más allá de lo que nosotros podemos decir con palabras está lo que el lenguaje verdaderamente teatral es capaz de comunicar a través de símbolos y objetos. Queremos que cada espectador reciba una ráfaga de ideas que él mismo va a componer y, consecuentemente, se vaya bastante tocado por lo que allí ha presenciado; queremos que nuestro trabajo viaje de nuestro silencio interior en el que nace al silencio interior del espectador que está en el patio de butacas. Queremos llegar a esa comunión” (Paco de La Zaranda)

9Todos los montajes de La Zaranda nos llevan a un viaje a lo más hondo del ser humano. A veces lo hacen desde su misma condición de cómicos, como en “Los que ríen últimos”, en el que tres cómicos recorren el viaje a ninguna parte que es nuestra profesión y que todos los que nos dedicamos a ella de la única manera en que de verdad se puede dedicar uno a algo, amándolo sin límite, conocemos de una u otra manera.

homenaje a los malditos“A los que insepultos siguen recorriendo los márgenes de la Historia, buscando a tanto olvido una salida. A los que nos precedieron en este éxodo de los días, dejando esquirlas abrasadoras, rescoldos de memoria, huellas de sangre en el libro de sus destinos. A los derrotados, los que pasaron dando tumbos de la miseria al desengaño, prefiriendo el camino del calvario al vertedero de los opulentos” Con estas palabras dedicaron su espectáculo “Homenaje a los malditos”, un verdadero canto a dos de los valores que más fielmente has transmitido desde sus orígenes: la libertad y la dignidad.

Juan de La ZarandaEl tiempo ha hecho que este grupo de soñadores sin remedio haya fraguado una forma de hacer y de vivir el teatro excepcional y única. Compartir escenario con los mismos actores durante treinta y cinco años y hacerlo con montajes tan personales y a la vez compartidos por todos ellos ha forjado una dinámica maravillosa que se traslada al espectador, una dinámica que jamás podrá repetirse. El tiempo, cruel verdugo de la belleza y de la vida, no pasa en balde y, hace solo unos meses, ha querido llevarse para siempre a uno de los fundadores de la compañía, uno de esos seres capaces de amar y compartir todo ese universo que llevan dentro y que les ha hecho ser tan únicos e irrepetibles: Juan de la Zaranda. Puede que la muerte haya querido llevárselo, pero él no se ha ido, sigue vivo en cada palabra, en cada gesto, en cada silencio que sus compañeros viven y nos hacen vivir en escena.

Los que ríen últimosMuchos, al ver a un soñador, se preguntan escandalizados ¿cómo puede vivir inmerso en tanta inestabilidad?, ¿Dónde “fabrica” sus sueños, porque algún sitio tendrá que tener, no?, ¿Es posible preferir la libertad y la dignidad a la seguridad y el confort?; otros, al verles vivir, simplemente se preguntan ¿Son ellos los locos o lo soy yo?, ¿Qué es la locura?, ¿Qué es la seguridad?, ¿Qué es la vida? Esa es la grandeza del teatro, del verdadero teatro, ese que La Zaranda pasea por todos los escenarios del mundo. Ayer estaban en Madrid, pronto partían hacia Rivadavia, Buenos Aires y Filadelfia les esperan en verano, cuarenta son los bolos que tienen contratados por la geografía española a su vuelta… No es cierto que el viaje de los comediantes sea a ninguna parte. Ayer los de La Zaranda me enseñaron que donde ellos van es a lo más hondo de todos los que, maravillados, nos sentamos, cada noche, en el patio de butacas.

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar