Cartel de CyranoA la esclavitud sin cadenas visibles en que hemos dejado que se convierta nuestra sociedad, una esclavitud sustentada en hipotecas, alquileres, búsqueda de trabajo o mantenimiento del trabajo precario que tenemos, basada en nuestro miedo, en la inseguridad que nos han inculcado, en la angustia por llegar a fin de mes, por no caer enfermos, por evitar que nos desahucien, una esclavitud tan sofisticada que ha hecho que creamos que somos libres o que somos nuestros amos sin darnos cuenta de que no somos más que esclavos de un sistema, de un poder, de unos medios de comunicación que nos manipulan día sí y día también, a esa esclavitud disfrazada de libertad hemos añadido otra esclavitud más sutil incluso: la esclavitud de la belleza, de la apariencia física. Una gran parte de las personas que hoy encajan dentro de los cánones que han establecido de belleza vive esclava de su propia imagen, una imagen que nos obliga a no engordar, a tener salud, a utilizar cosméticos y gimnasios, a comprar ropa, a ir a la moda… Hoy encajar dentro del canon se ha convertido en una cuestión que no solo condiciona por completo nuestra vida, sino que incluso puede determinar nuestra muerte. Encajar en el canon, ser “bello”, se ha convertido en una cuestión de supervivencia. Hoy, con la mayor cifra de desempleo de nuestra historia, encontrar un trabajo puede depender de si encajamos en el canon o no, encontrar una pareja depende de si encajamos en el canon o no, ser aceptado por los demás depende de si encajamos en el canon o no.

Quizá pienses que estoy exagerando, pero si analizas tu forma de ver y de vivir la vida te darás cuenta de que tu cerebro ha sido, y es, meticulosamente lavado para que entres en ese injusto y cruel juego que criminaliza a las personas que no son “bellas” canonbelleza¿Quieres comprobarlo? Elige a cualquier persona desconocida a la que te encuentres en una situación cotidiana. No hace falta oírla hablar, simplemente basta con mirarla. Si esa persona, hombre o mujer, de la que no conoces absolutamente nada, encaja dentro de los cánones que nos han inculcado sobre lo que debe ser la belleza, instintivamente depositarás en ella todas las virtudes con las que siempre has soñado. La verás atractiva, sensual, interesante, misteriosa, quizá hasta la supondrás inteligente, sensible y poseedora de tus mismos gustos… Todos tus sueños idealizarán a aquella persona con la que no has cruzado ni una sola palabra, haciendo de ella un ser idealizado y perfecto. Decía Proust que el silencio es un arma terrible cuando está en manos de los que son amados, y que lo que nos atrae de los demás es su parte desconocida, y nada más atractivo para depositar nuestros sueños y nuestras esperanzas que la aparente belleza de una persona desconocida. 3Ahora selecciona a otra persona que esté cerca de aquella y que no cumpla el canon. No te costará, la inmensa mayoría no lo cumple. Contéstate sinceramente: ¿Qué valores, qué virtudes, qué ideales, qué sueños has depositado en ella? Si con la primera eras capaz de verte compartiendo incluso hasta tu vida en un idealizado universo de belleza y felicidad sin fin, con la segunda no habrás pasado, en el mejor de los casos, de no condenarla al olvido. Actuamos así, nuestro inconsciente está hecho para actuar así, lo que hacemos no es un acto voluntario, es reflejo, es puro instinto. Somos manipulados a través de nuestros instintos más primarios. Y no nos damos cuenta. Lo más trágico es que no nos damos cuenta.

Solo cuando la vida nos pone frente a situaciones extraordinarias podemos intuir que tenemos el cerebro lavado, que nos están manipulando constantemente. El mundo de la interpretación, a veces, nos ofrece la posibilidad de enfrentarnos a esas situaciones extraordinarias al afrontar el reto de interpretar personajes totalmente opuestos a lo que en realidad somos. Eso es lo que le paso a Dustin Hoffman cuando tomó la decisión de encarnar el personaje de Tootsie. La película trata el tema de un actor desesperado por no encontrar trabajo que decide hacerse pasar por mujer porque, para un proyecto concreto, tiene 4más posibilidades de encontrarlo. En este vídeo él explica lo que le hizo aceptar ese papel y las profundas lecciones que encarnarlo le permitió descubrir. Lo aceptó porque no se planteó la pregunta que siempre nos hacemos ¿cómo actuaría si fuera del sexo opuesto?, sino una pregunta mucho más profunda e interesante: ¿En qué habría cambiado mi vida si en lugar de ser hombre hubiese nacido mujer? Para aceptar el papel puso como condición pasar una prueba de fuego: salir caracterizado a pasear por las calles de Nueva York y que nadie sospechase que no era una auténtica mujer. De hecho Hoffman recuerda que en alguna ocasión hasta le llegaron a ceder el asiento en el metro. Conseguido el primer reto de que nadie le mirase como a un freaky por la calle, se dio cuenta de que era una mujer, que tenía apariencia de mujer, pero que no era nada atractiva, interesante sí, pero no atractiva. Por eso pidió al equipo de maquillaje que la “embellecieran” y la hiciesen una mujer atractiva. “Lo sentimos, pero eso es imposible, Dustin” le dijeron. Es entonces cuando, ante esa tremenda sensación de impotencia, de no poder ser más atractiva, de no poder cumplir los cánones de la belleza, entendió lo que millones de mujeres, y hombres, están obligados a sufrir cada día: la marginación, la exclusión, la indiferencia o hasta el rechazo. Por su mente pasaron todas las oportunidades en las que él mismo había sido injusto con las personas con las que había coincidido a lo largo de su vida y a las que, simplemente por no ser “bellas”, les había negado la más mínima oportunidad. Es entonces cuando se dio cuenta de que le habían lavado el cerebro.

Es aleccionador que una persona, un actor, de la talla de Dustin Hoffman, se haya prestado a dar un testimonio personal de este calado. Y lo es más 1si tenemos en cuenta que él podría ser calificado como de excepción ya que ha triunfado a pesar de no cumplir los requisitos del canon de belleza impuesto. ¿Qué tal si hacemos lo mismo, si repasamos las ocasiones en las que nos hemos dejado llevar por nuestro cerebro manipulado y no hemos dado la más mínima oportunidad a personas, de uno u otro sexo, simplemente por no ser “bellas”? O al contrario ¿Cuándo ha sido la última vez que has depositado tus sueños y tus ganas de vivir algo extraordinario en una persona desconocida a la que has visto fugazmente una vez y sabes que nunca más volverás a ver? ¿Ya recuerdas cuándo? Bien, y ahora una pregunta un poco más delicada. ¿Cuándo ha sido la última vez que depositaste tus sueños y tus ganas de vivir algo extraordinario en una persona desconocida a la que jamás volverás a ver que no cumplía los cánones de la belleza? La respuesta sincera a esta pregunta puede llegar a doler, a dolernos mucho. Pensarás que se trata de una pregunta demagógica porque incluye un componente, el amoroso o el sexual, que no aplicamos en otras 2circunstancias. Quizá. Pero ¿Seguro que no aplicas el mismo mecanismo en otras facetas de tu relación con los demás? ¿De verdad te esfuerzas por ayudar a cualquier persona desconocida con la misma intensidad y motivación sin que su grado de “belleza” te influya? ¿Seguro? Si la respuesta es afirmativa te felicito porque formas parte de una minoría que ha aprendido a vivir su vida sin dejarse manipular. El drama es que la mayoría sigue actuando injustamente sin siquiera ser consciente de ello. Y lo hace en todas las facetas de su vida. Nuestro físico, nuestra apariencia, condiciona nuestras posibilidades de desarrollarnos, de crecer, de vivir historias de amor, de encontrar trabajo, de establecer relaciones, hasta, incluso, de entablar amistades. La belleza, la verdadera belleza, es la que habita en nuestro interior. Es a través de ella como vemos el mundo, la belleza de los demás, el alma de los demás. Solo desarrollando nuestra belleza interior seremos capaces de apreciar y ver la belleza interior de las demás personas, de encontrar la verdadera belleza y de tratar a quienes nos rodean con justicia dándoles a todos y a todas las oportunidades que todas y todos merecen.

Flotats CyranoLa vida cotidiana está llena de ejemplos de personas que no han tenido la más mínima oportunidad de vivir sus sueños, laborales, amorosos o incluso simplemente de amistad, por no ajustarse al canon de belleza. Y el cine y la literatura también. Quizá la película que mejor refleja esta situación es Cyrano de Bergerac, el clásico de Rostand que nos cuenta el sufrimiento de Cyrano, un ser maravillosamente libre, poético y sensible pero afectado por la colosal desproporción de su nariz, que tiene que vivir la historia de su amor escribiendo las cartas que Christian, más bello pero incapaz de expresar los sentimientos con la sensibilidad y poesía con la que lo hace Cyrano, firmará como suyas y enamorará a Roxanne, el amor de la vida de Cyrano. Son las cartas lo que la enamora. Ese es el único consuelo de Cyrano, haber podido, al menos, expresar su amor a su amada, hasta que, herido ya de muerte y tras haber ocultado durante toda su Arquillué Cyranovida ser el autor de las misivas, ella se da cuenta al fin de que era él quien había escrito aquellas cartas que tanto la enamoraron y que de quien se había enamorado era del alma de Cyrano, un Cyrano al que jamás concedió la más mínima oportunidad deslumbrada, como estaba, por la aparente belleza del joven Christian. Son muchas las versiones y las adaptaciones que se han hecho de esta obra basada en la vida real de Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac. El Cyrano que creó Depardieu es, sencillamente, inolvidable, como lo es también el que en la pantalla hizo José Ferrer o los que en nuestros escenarios hicieron Josep María Flotats, Pere Arquillué y tantos otros maestros. ¡Por la belleza, la verdadera belleza!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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