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Gioconda Belli, el alma que no amaina

Gioconda-Belli-y-El-pais-de-las-mujeresQue el mundo va hacia lo femenino o no va es algo que, tarde o temprano, será admitido por todos. Y más vale que sea temprano porque el ritmo al que estamos destruyendo nuestro planeta y lo que llamamos civilización es rápido y, si no actuamos pronto, imparable. ¿Qué es lo femenino? ¿La mujer? ¿Lo no masculino? No, son todos aquellos valores como ternura, respeto, generosidad, empatía, sensibilidad, entrega, dulzura, cariño, amor, compasión, sensualidad, erotismo, fraternidad o responsabilidad que la mujer suele dejar aflorar más y el hombre esconder. Esos valores están en todos los seres humanos, son los valores que la cultura dominante del hombre ha devaluado y pisoteado bajo el peso de la competitividad, la agresividad, la violencia y la testosterona. Que hombre y mujer somos diferentes nadie lo duda, pero que todos y todas tenemos esos valores tampoco debería dudarlo nadie. Muchas son las voces que se levantan advirtiendo de la necesidad de que dejemos de perseguir y condenar estos valores para pasar a aceptarlos y a concederles la oportunidad que merecen, esa oportunidad que les hemos negado desde que el patriarcado se hizo dueño y señor de la Historia, esa oportunidad que aún nos puede salvar. Nos va la vida en ello. Una de esas voces, incansable, potente y clara, es la de la poeta nicaragüense Gioconda Belli.

Nacida en Managua (Nicaragua) en 1948, hija de padre empresario y madre fundadora del teatro experimental, Gioconda Belli cursó sus estudios en Managua y Madrid para acabar licenciándose en Publicidad y Periodismo en Filadelfia. Mujer comprometida con todas las causas que considera justas, no dudó en integrarse en las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización clandestina que luchó hasta derrocar al dictador Anastasio Somoza. A aquella época corresponde su actividad clandestina haciendo de correo, transportando armas o buscando divulgación y financiación para la causa sandinista en Europa y América Latina.

Tras el triunfo de la revolución nicaragüense, a partir de 1979, ocupó varios cargos en el gobierno sandinista hasta que, gioconda-bellien 1986, lo dejó todo para escribir su primera novela (La mujer habitada). Antes había publicado varios libros de poemas (Truenos y Arco Iris, Amor insurrecto, y De la costilla de Eva) así como un cuento precioso (El taller de las mariposas), que le dio fama internacional. A aquella primera novela le siguieron varias más. Una de ellas, Sofía de los presagios, cuenta la historia de una niña gitana que es abandonada accidentalmente por sus padres y tiene que aprender a vivir en la sociedad paya, donde acaba casada con un hombre déspota y patriarcal para el que el matrimonio no es más que poseer a la mujer y negarle todos sus derechos. La sangre gitana la impulsará a revelarse contra todo eso y a buscar sus raíces y el verdadero amor de su vida. La forma de narrar ese mundo de Gioconda Belli está llena de magia y de poesía: “Es de noche y el mundo está quieto. Hay que entrar de puntillas en Diriá, pueblo de brujos, pueblo que crece sobre el cerro que en lo alto se quiebra y baja hacia la inmensa laguna de Apoyo. Las luces están apagadas. El pueblo duerme apoyado en el reflejo del agua. Han callado los ruidos de la feria del domingo. Los cirqueros han doblado sus carpas. Las marimbas se han marchado. Las puertas están cerradas y en el parque acampan los gitanos que vienen de la América del Sur, que vinieron antes de Europa, de Egipto y de la India y mucho antes de Paraíso Terrenal donde una gitana anterior a Eva encantó a Adán y parió una raza de hombres sin pecado original. Los niños sueñan y las mujeres cansadas terminan de apagar el fuego, mientras los hombres fuman encendiendo los cigarros con los tizones aún rojos. Cerca de los carromatos, una mujer y un hombre discuten como si contaran secretos. Dicen odiarse…La niña mira los carros, mira las caras en los carros, se fija en los caminos de tierra que salen a la carretera, todavía espera que la vengan a buscar, aunque recuerda lo que le decía Sabino, su padre, que para los gitanos era cuestión de vivir cada día sin pensar para atrás, ni para adelante. Eso era ser gitano, le decía, ésa era la diferencia con los payos que tenían que estar siempre en un lugar porque eran esclavos de lo que había pasado y lo que debía suceder. Ellos no, nada los ataba…”

Esa personal y sensual forma de narrar la ha acompañado en todas sus novelas, como también lo ha hecho su constante reivindicación de lo femenino en toda su obra, desde sus primeros poemas hasta El país de las mujeres, su última novela. Esa necesidad de expresar lo femenino ha sido, quizá junto al reflejo del paso del tiempo, una de sus constantes vitales. Solo los espejos, siempre tozudos e inoportunos, y algún que otro achaque inesperado, nos recuerdan que los años van pasando y que nuestro cuerpo es incapaz de seguir a nuestra mente. Por dentro seguimos viéndonos y sintiéndonos como jóvenes, nuestro corazón todavía puede y quiere amar, somos más sabios y libres de lo que jamás habíamos sido, sabios por todo lo que hemos vivido, libres porque hace ya tiempo que dejamos de contar los años que cumplimos y de soñar con lo que queríamos llegar a ser. Por fin hemos aprendido que vivir es disfrutar de cada instante aceptándonos como somos. Pocos poemas han sabido reflejar lo que de verdad significa el paso del tiempo como sus poemas Preguntas o Lamentación inútil:

PREGUNTAS

“Sufro una tristeza de hojas
que el viento bate contra la puerta cerrada.
Es el otoño y se hace remolinos la hojarasca.
Como si todos los días vacíos de la vida
se apilaran en el jardín crujiendo su desperdicio.
Recuerdo la pasión.

Autumn_by_sicanEl tiempo cuando lo prohibido o lo imposible
me tentaba.

Cuando saltaba sin red
o entraba a las jaulas de las panteras
pensando en domar la vida
o darle un curso nuevo a la historia.

El tiempo del deseo no conoce el recato
mucho menos la prudencia.

Ante mi ventana la brisa deja las ramas
avergonzadas de su desnudez.

¿Llega el momento en que uno acepta su despojo?
¿Salir al patio, barrer las hojas caídas
y prepararse para el invierno?
¿Cuántas estaciones alcanzan en una vida?
¿Cuántas hojas muertas?”

LAMENTACIÓN INÚTIL

“Hay un cuerpo queriendo nacer
bajo mi cuerpo,
el cuerpo inalcanzable, bello, enhiesto de la joven que fui,
que sigo siendo cuando cierro los ojos
y rehúso mirarme en el espejo”

Como también pocos poemas han reflejado lo que es ser mujer en este mundo de hombres como su poema Mujer irredenta

Gioconda Belli eligió vivir una vida intensa y apasionada, tanto personal como profesional y políticamente. Comprometida como pocas con todas las causas que considera justas, no ha dudado en renunciar a todo por hacer que esas causas que muchos consideran perdidas algún día lleguen a dejar de serlo. Ese compromiso le valió la cárcel y el exilio en la época de Somoza. Cuando podía haber tenido la vida resuelta tras el triunfo de la revolución, tampoco dudó en dejarlo todo para dedicarse a escribir, como tampoco dudó en denunciar lo que para ella fue el desencanto de la revolución, aquella maravillosa revolución por la que tanto había luchado y que luego se perdió en los amargos sinsabores del poder.

Su poema al Comandante sandinista Carlos Fonseca refleja la profundidad del desencanto que Gioconda sintió al ver lo que sus antiguos compañeros hacían con la revolución:

CARLOS, OJALÁ LAS HORMIGUITAS NO TE LO CUENTEN

“Qué suerte la tuya de estar muerto,
Carlos Fonseca;
Qué suerte que la tierra te proteja y te ciegue,
que ningún Nazareno impertinente pueda decirte ya
“levántate y anda”
que sea sólo poesía la frase de Tomás
de que sos de los muertos que nunca mueren.

En el Mostastepe la grama borra las siglas del FSLN;
Pero es más lo que se ha borrado, mucho más.
Hay mucha más ceniza que la de tus pobres huesos;
La ceniza de tantos sueños se alza hoy en espirales
sobre el verdor siempre igual y feroz de Nicaragua:
pero también es algo más que los sueños
lo que se ha hecho humo,
lo que se ha muerto y lo que a diario nos persigue
con su olor a carroña.

Carlos  Fonseca Nicaragua comite solidaridad sandinista de catalunyaEs tu muerte, Carlos y la de tantos otros,
la que hoy alza su dedo acusador y nos confronta
con nuestra propia miseria.

Porque ya no somos aquellos que juramos ir hacia el sol de
la libertad.

No somos aquellos de las plazas, de las consignas
guerrilleras,
de la mirada limpia y la frente en alto.

Nos tomamos el Cielo por asalto
pero qué lejos estuvimos de ser ángeles
qué pronto cometimos el pecado del orgullo
hasta que la súbita espada de fuego
nos cerró estrepitosamente y sin remedio
las puertas del Paraíso.

Pudimos haber sido humildes penitentes;
Reconocer que el poder y sus trampas
nos habían jugado el sucio truco de enredarnos;
Pero no Maestro, no Carlos,
el heroísmo, le generosidad se quedaron huecas,
se perdió la vergüenza de la que vos hablaste;
Igual que la grama borró las siglas del Mostastepe
así se borraron los códices donde estaba grabada
la ética, la mística.

Ya no nos reconocemos los unos a los otros;
Ya no sabemos quién es quién
ni por qué hemos de seguir adorando a los ídolos
que ya no solo tienen pies, sino cuerpos de barro.

¡Ah, dolor! Ah, confusión de quienes se empecinan
en alzar torres que lleguen hasta el Cielo
sin darse cuenta que las lenguas se han confundido
que ya ni siquiera hablamos el mismo idioma
que, artesanos de una Babel, hemos quedado
a merced de la soberbia.

Es triste pensar que vos que veías aún cuando ya no podías ver
no nos hayas podido librar de la ceguera;
Nicaragua está triste, Comandante Carlos
triste y pobre, pobre y desempleada
descalza y casi sin esperanzas
mientras tus hijos pelean por tus vestiduras
y pronuncian cada día tu nombre en vano.

Ojalá que las hormiguitas no te lo cuenten;
Que el pueblo te arrope en su pobreza
y te proteja hasta de nosotros mismos”

Su poema No me arrepiento de nada es un canto, un bello canto, a lo que significa ser mujer:

“No me arrepiento de nada
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;

las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.

7No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.

Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la “niña buena”, la “mujer decente”
la Gioconda irreprochable.

Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
Mi-intimidad-multitud1-186x300batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.

Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.

No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.

Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.

Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser”

La maternidad es otro de los valores que Gioconda Belli más ha ensalzado en su poesía y en sus novelas. Por eso su vida en el exilio y la añoranza de Adriana, su hija, sacuden sus versos con la fuerza terrible del que se sabe solo, del que se sabe ausente:

METAMORFOSIS

(fragmento)
“Llueve a torrentes en mi corazón.
Tengo la patria atravesada en el cuerpo
creciendo sus cordilleras en mis pulmones
extendiendo sus valles en mi vientre,
sus grandes ríos anegando mis piernas.

Descarnada deambulo en las esquinas de este exilio
en otoños e inviernos,
en que mi nombre no se reconoce a sí mismo…
… La nostalgia me arranca
de los olmos y alerces
que bordean las grandes avenidas
de la ciudad que habito.

No tengo ojos para el césped
perfectamente verde y domesticado.

Pasan los días sin que yo los viva.
Soy añoranza
vestida de mujer”

AÑORANZA DE ADRIANA

“Canta Adriana
y su voz lejana
10su pequeño corazón
que me requiere
y me pregunta cuándo volverá mamá
es nostalgia que me acompaña
en esta noche de lluvia.

Ya no se dibujarán otra vez
sobre su rostro
las sonrisas y gestos
acaecidos en mi ausencia.

Sentada en la cama del hotel
padeciendo la ceguera de la distancia
la imagino cantando para otro auditorio
que, considerándola suya y cotidiana,
la oye sin deslumbramiento.
Yo ausculto minuciosa su voz
escucho las melodías, los tonos
que el tiempo ha superpuesto
en su tierna garganta.

Tararea mi hija en su infancia feliz.
Largos son mis días sin ella”

No es fácil ser mujer en un mundo dominado por los hombres. No es fácil ser mujer en un mundo donde muchas mujeres quieren que los hombres dominen el mundo. No es fácil ser mujer en un mundo donde muchos hombres temen que las mujeres puedan dominar el mundo. No se trata de una competición, de un a ver quién la tiene más grande o un a ver quién gana más. Es todo lo contrario. Dicen que el mundo está hecho de opuestos: masculino/femenino, blanco/negro, duro/blando, alto/bajo, rico/pobre, yin/yang… también dicen que no hay verdad sin los opuestos. No lo sé, pero lo que sí intuyo es que si no encontramos la armonía de esos opuestos, sino derribamos los muros que hemos construido para separarlos, jamás alcanzaremos a ser seres humanos plenos. Los hombres debemos permitirnos aflorar, mostrar y disfrutar de esas partes femeninas que hemos ocultado durante tanto tiempo. Las mujeres deben evitar el esconderlas, el relegarlas a un segundo plano en pos de una mal entendida revolución. Porque si algo nos enseña la poesía y la vida de Gioconda Belli es que la revolución, la verdadera revolución, no consiste en cambiar un gobierno o una forma de Estado, sino en cambiar nosotros mismos y en hacer de nuestra vida, de todos los días de nuestra vida, de todos los segundos de nuestra vida, una auténtica revolución permanente que empieza en nuestro yo diario, en nuestro mundo más cercano, en ese mundo que creamos en casa, en nuestra intimidad, en nuestra relación con los demás, con todos los demás, los que tenemos más lejos y los que habitan en nosotros.

SECRETO DE MUJER

“A cierta hora del día
ciertos días
la noción de ser hembra
emerge como espuma
y se sube hacia los contornos de mi cuerpo.
Plexo solar, muslos, brazos
se esponjan de una sensualidad
que va mucho más allá del sexo.

El regocijo interno,
el perfecto balance de alma y cuerpo
8me posee en un aire de águila y paloma
desde el que se me otorga percibir
la exacta redondez y tersura de las cosas.

Desde los tobillos
un efluvio circular asciende a los sentidos
como si habitada por el antiguo poder de lo femenino
dejara de ser yo material y limitada
para transmutarme en el ala del ave
que, tensando sus músculos,
vuela íngrima y absorta hacia el sol.

¿Quién dijo que soy débil?
¿Quién se atrevió a compadecerme?

En esos momentos
del impúdico goce de saber qué soy
pienso que debería, por decoro, taparme el rostro
el brillo sostenido, directo, de los ojos
para que ni los hombres,
ni los animales domésticos del vecindario
intuyendo mi olor a pájara o semilla germinada
salieran en pos de mí
queriendo poseer la esencia de mi fuerza.

Como toda mujer que se precia de serlo,
cierro con un candado de llaves imposibles
la secreta noción de mi poder
aparezco ante los demás
sin delatarme”

MUJER DE HUMO

“Soy mujer de humo.

A media noche
110908_lectura_golpedeamor_web_01mi cuerpo es una espiral gris
que se deshace en el aire.

En mi estómago se almacenan las emociones
con que el día me ha alimentado
la sensación de que en algún momento me perdí
y que ahora paso el tiempo
intentando juntar trozos de mí
muestro al mundo una identidad
que cada día debo inventar
piso las horas y las cortinas del sol
con pasos firmes
pero soy un amasijo de confusiones
¿Quién es esta extraña que habito
en habitaciones cómodas y sosegadas?
¿De qué miedos me evado pretendiendo que vivo
luciendo apenas la vida sobre los hombros
como una cobija para ocultarme de la muerte?
¡Sírvanme vino!

Aparten de mí estas certezas mortíferas
que me cercan como carceleros fantasmas”

Los verdaderos revolucionarios son para Gioconda Belli los portadores de sueños, esos seres sensibles e irredentos que, por encima de todo y contra todo, aman lo que es amar sobreviviendo al despiadado ataque de los portadores de profecías, oscuros agoreros dueños de todos los mundos del mundo que jamás entenderán lo que es amar…

La falta de comunicación, el no conocer ni respetar a la pareja, o ese no entender lo que es amar al querer encerrar en una jaula, en cualquier jaula, al ave que nos enamoró con su vuelo, son otra de las constantes en la poesía de Gioconda Belli.

RABIAS DE LA CASADA FIEL

“Cuánto odio puede existir en el amor,
cuánto reclamo acomodarse en las repisas de la noche
cual biblioteca de palabras secretas.

He almacenado sin darme cuenta
tus pequeños desprecios
gioconda-belli-el-pais-bajo-mi-piel-1tus sutiles miradas de duda
tus calculadamente parcas
palabras.

Nada me reconoces.

Mi vida entera no es más
que un espejo imperfecto donde mirar tu propia imagen.

Yo no existo. No estoy.

Mi rabia tropieza con el silencio;
ese callar que encierra solamente
tu eterno vicio de conmiserarte de vos mismo
cada vez que te pido que me mires”

INCOMUNICADOS

“Hoy fue un día en que nada amable sucedió.
No hubo incendios de mi piel al lado de la tuya,
sino más bien la inquietante sensación
de que en la vida que juntos transcurrimos
uno de los dos era agua
el otro, tenaz y denso aceite.

En tiempos como éstos
las palabras abundan y cruzan de mi lado a tu lado
sin efecto y sin rastro.

De lo dicho solo permanece el chasquido de las vocales
y las consonantes,
el sonido del látigo inútil,
el aire a fieras sueltas e indomables.

Múltiples argumentos
van y vienen sobre el pasillo oscuro
donde alguien cerró todas las puertas”

Gioconda no se queda ahí embelesada cantando las excelencias de lo femenino, o denunciando los problemas de dominación y falta de comunicación entre hombres y mujeres, sino que nos muestra a todos, a hombres y mujeres, el camino a seguir para conseguir, al fin, crear ese mundo nuevo donde amor, fraternidad, igualdad y justicia arrinconen de una vez por todas al odio, dominación, exclusión e injusticia que hemos permitido que dominen el mundo que conocemos. Aquí tienes sus reglas del juego para los hombres que quieran amar a mujeres mujeres:

Los versos de Gioconda Belli nos hablan de la importancia de la revolución de lo femenino y del paso del tiempo, y lo hacen desde la esperanza, esa esperanza que la mantiene fuerte y firme en el camino, esa esperanza que le da el sentir que dentro de ella no ha muerto, ni morirá jamás, esa portadora de sueños que es su alma, el alma que no se amaina

BARCOS DE PAPEL

“Le fallaré otra vez
al invierno.
belli-gioconda-la-mujer-habitadaNo escucharé
la primera lluvia.

El ratata ratata
del aguacero
sobre el techo de cinc.

No sentiré
el denso olor con que la tierra
presiente el agua
como una mujer
húmeda
antes del amor.

No correré
a cerrar las ventanas
cuando las nieves bajen
se despeinen en la tarde
sobre la ciudad.

Estaré lejos
una vez más
cuando los árboles
declaren su fertilidad
ante los caminos
flanqueándolos como impúdicas hembras
arreboladas.

Lloverá sobre mi ciudad.

Vendrán las correntadas.

Yo aquí
-espada apartada-
imagino barcos de papel”

EL ALMA QUE NO AMAINA

Asomada a mi garganta
contemplo la selva de mi interioridad
azotada de viento,
erosionada por múltiples inundaciones.

Dicen que el tiempo lima las protuberancias del alma,
igual que el agua de los ríos torna en suave mejilla
el contorno de las piedras.

la_mujer_habitadaQue la memoria aprende a ojos cerrados el inmutable perfil
de las riberas
y un día de tantos se llega al final del asombro,
a la intuición de lo impredecible.

Pero yo no parezco encontrar certidumbres en la madurez.
cuando mis ojos penetran en el follaje del pecho
donde se agazapa mi corazón
las veredas holladas una y otra vez por mis pasos
son como el pasto lleno de tigres de Rousseau.

Humedades, estaciones imprevistas
atizan la floración de selvas inmediatas
y árboles sin experiencia
ingenuos escaladores del cielo
batallan rama a rama por un claro
desde donde asomarse
al lugar que vislumbraron
cuando soñaban germinar.

No presiento en mí el instinto migratorio
apartándome de estos bosques fecundos
donde las experiencias se acumulan cual trozas
olorosas a detritus;
Donde la mano del huracán me abate con palmeras
y no hay otra manera de enfrentar a los insectos
que la desnudez.

De tiempo en tiempo pienso en terrazas frente al mar
donde sentarme a envejecer
pienso en la visión de las copas de los árboles,
percibida en el silencio.
Pero los tucanes y oropéndolas
el jaguar y el ocelote
lo primitivo y salvaje que ha quedado sin revelar
esgrime su irresistible tentación tras la tersa ilusión del
horizonte.

Viajera en pos de lo profundo e ignoto
mujer con alma agujereada por los colibríes
desecho la memoria del desván donde guardé escudos y
encantamientos
para proteger esta piel vulnerable al rasguño
y abrazo vociferante y temblando
el huracán, el tornado, la tormenta.

Desde la espesura de mis pulmones
reclamo sin arrepentimientos
la carne viva, las llagas
el ojo sin miedo
de la juventud”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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