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Et in Arcadia ego

Waugh, Evelyn - Retorno A Brideshead - Tapa“Et in Arcadia ego”, que viene a decir “también yo en la Arcadia”, es el título del primer capítulo de una novela de Evelyn Waugh que ocupa un lugar destacado en la historia de la literatura universal y que marca profundamente a todo el que la lee: “Retorno a Brideshead” En sus primeras líneas vemos como Charles Ryder, su protagonista, oficial del ejército británico, regresa durante la segunda guerra mundial al castillo de Brideshead, mansión familiar del que fuera su íntimo amigo Lord Sebastian Flyte, en donde pasó los mejores días de su juventud. A través de sus recuerdos, centrados en los primeros años veinte, asistimos a la decadencia y extinción de un mundo, el de la aristocracia británica, cuyos valores y forma de vida ya no tienen lugar en un mundo como el nuestro. “Retorno a Brideshead” es en la literatura inglesa lo que “El Gatopardo” de Lampedusa es en la italiana, dos obras maestras que nos hablan de un mundo que ya no es, de un mundo que fue, de unos valores que se ahogaron en la inmediatez y la mediocridad de una sociedad que dejó de admirar la belleza. No cabe duda de que muchos, demasiados, de los valores de aquella clase social eran retrógrados, caducos, injustos y clasistas, pero tampoco se puede negar que también tenían otros estrechamente relacionados con los del humanismo, la filosofía perenne, el hedonismo, y, en muchos casos, con los ideales románticos que marcaron a toda una generación.

4Brideshead es un símbolo, el símbolo de una forma de vida condenada a desaparecer y con ella la de todos sus habitantes. Es un mundo cerrado donde todos saben quién es quién aunque nadie se conoce, en el que todos aparentan ser lo que no son, en el que todos respetan ese ancestral código común que prohíbe mostrar los sentimientos. Y es en ese mundo donde Waugh coloca su historia, la historia de unos seres que saben que jamás podrán ganar la batalla de la vida y de otros que se creen los vencedores porque no saben que ya la han perdido. Las rígidas costumbres de esa sociedad impiden que el corazón joven y entusiasta de Lord Sebastian Flyte pueda alcanzar lo único a lo que aspira en la vida: ser feliz. 10Asistimos, a través de los ojos de Charles Ryder, a su irremediable caída a los infiernos, a la incomprensión, a la desesperación y la autodestrucción de un ser vulnerable cuyo único delito fue amar la belleza negándose a ocultar su amor. Esa es la tragedia de Sebastian: su exacerbada sensibilidad y su irrefrenable necesidad de mostrar sus sentimientos en un mundo que no se lo permite de ningún modo. Para su familia, él es la oveja negra; para él, su familia es un rebaño de ovejas negras. Se niega a crecer en un mundo que le oprime, a abandonar su visión infantil del mundo que le gustaría que fuera, a integrarse en una sociedad decadente y castrante que no puede, ni podrá jamás, entenderle. Encuentra su refugio en la amistad con Charles, una amistad fraguada en su época de estudiantes en Oxford, un Oxford que ve con profundo desagrado su inconformismo y sus excentricidades. El entorno de Sebastian no puede permitir que uno de los suyos prefiera ser libre a ser “educado”, prefiera ser él mismo a un mero representante más de sus valores. La asfixia que le producen la presión familiar, el rígido academicismo oxfordniano y la incomprensión que sufre por parte de los demás, le empujan a seguir el camino de la autodestrucción. El alcohol irá interponiéndose entre Sebastian y el mundo, entre Sebastian y su familia, entre Sebastian y Charles, entre Sebastian y él mismo.

Son muchos los temas que aborda “Retorno a Brideshead”. Entre ellos destaca la amistad entre Sebastian y Charles, una amistad que podría ser Brideshead Revisted_2calificada por muchos como homosexual aunque en realidad no lo sea. En la amistad de esos dos hombres solitarios e incomprendidos que nacen a la vida lo femenino ocupa un lugar primordial. Se aman profundamente, pero no desde un amor pasional o desde una pasión sexual, sino desde la intensa relación de dos almas que se encuentran y se reconocen en un mundo al que se sienten no pertenecer. Ambos encuentran en su amor por la belleza un vínculo que les une mucho más allá de lo que los demás pueden admitir o siquiera entender. Y ninguno está dispuesto a esconder su parte femenina, esa parte femenina que tanto les une, y menos hacerlo solo por el hecho de que esté mal visto mostrarla en una sociedad machista y misógina.

El miedo de Sebastian a perder esa amistad tan especial con Charles si permite que conozca a esa familia tan posesiva a la que pertenece y el vacío emocional que encuentran en sus compañeros de universidad hacen que su universo se vea reducido a ellos dos. Son una pareja que no es pareja, dos seres que no pueden vivir el uno sin el otro. Y lo aceptan porque se sienten a gusto así. No retorno5_principalGaleriaRetratohacen daño a nadie intentando crear su propio mundo, un mundo que los demás jamás comprenderán. Pero la firme voluntad de la familia de hacer de él un “hombre de bien”, un digno representante de su clase, de sus valores y de su religión, pondrán en peligro a lo largo de toda la vida la existencia de ese mundo particular que ellos habían creado, empujando a Sebastian más y más en su alocada e imparable carrera hacia su propia destrucción.

La familia de Sebastian es uno de los ejes fundamentales de la novela. Sus padres están separados y se odian. Su madre es una católica ultraconservadora que necesita tenerlo todo controlado. Su padre un agnóstico que a punto estuvo de dejarse destruir por el alcohol para poder convivir con ella hasta que un día, tras la guerra, decidió no volver a su casa y jamás volvió a pisar Inglaterra. En ese entorno es la madre quien ejerce de cabeza de familia. El hermano mayor de Sebastian es el típico don perfecto correveidile capaz de triunfar en los ambientes sociales en los que se mueve. Su hermana Julia, sin embargo, es la más parecida a Sebastian, aunque sin la fuerza de aquel para resistirse a dejarse diluir en el oscuro y negro lago de esa sociedad. Y por último Cordelia, la benjamina de la familia, que admira profundamente a Sebastian y a Charles aunque, a regañadientes, se deja educar bajo las largas faldas de su madre. El padre, ausente desde que se fue a vivir con su despampanante amante italiana a un palacio de Venecia, es un hombre que está de vuelta de todo y que vive retirado en su particular universo aguardando entre placeres el día de su muerte.

Castillo de Howard, Brideshead en la serieOtro de los puntos centrales de la novela es la religión, esa agobiante religión católica que profesa la familia de Sebastian y que resiste contra viento y marea ser minoritaria en una sociedad protestante como la británica, como también intenta resistir los envites de un agnóstico Charles que no puede entender por qué siempre tienen que meter a Dios en medio de todo. El hecho de que sea precisamente la religión católica la que profesa la familia de Sebastian protagonizará el devenir de todos ellos y muy concretamente el de Julia, cuando inútilmente intenta casarse con un hombre divorciado.

Ese ambiente agobiante es el que acaba por distanciar a Sebastian y a Charles. Charles emprende su exitosa carrera como pintor y se casa con 20_ Premiosuna joven con la que está a gusto pero de la que no está enamorado. Sebastian huye y se pierde por los peores antros del norte de África, único lugar en el mundo donde está seguro de que no se encontrará a su familia. La novela nos hablará de los avatares de cada uno de ellos, del amor que surge entre Charles y Julia, y de la paulatina desaparición de todo aquel mundo que no cabía en este, un mundo en el que cuando Charles responde al ser preguntado por su situación económica por su padre no lo hace con un bien o mal o necesito ayuda, sino que se limita a decir “voy algo escaso”, a lo que el padre, sin darle un solo duro, le contesta diciéndole “hijo, nunca permitas que cosas como el dinero influyan en tu vida”. Aunque, quizá, lo que mejor refleja lo que era aquel mundo es la escena en la que Charles está en su habitación en el College de Oxford el día que se permiten las visitas por ser el de las regatas y su mayordomo le comenta escandalizado “Señor Ryder, todo está invadido por mujeres que no paran de correr y de gritar, hasta he oído que quieren organizar un baile, imagínese, ¡un baile!, uno puede entender el maravilloso placer de un tranquilo paseo por el río entre caballeros, pero ¿Un baile?”

La riqueza de los personajes creados por Waugh es, con Sebastian y Charles a la cabeza, uno de los mejores ejercicios de creación de personajes de la Anthony Andrews, Lord Sebastian Flyteliteratura universal. Cada uno de ellos es un compendio del mundo en el que viven. Es a través de ellos, de lo que dicen y de lo que callan, de lo que sueñan y de lo que prefieren ignorar, como asistimos, impotentes y fascinados, al declive y desaparición de un mundo exquisito aplastado por el irremediable ascenso de la vulgaridad. Dentro de ese universo de personajes destaca el de Anthony Blanche, un ser libre y sin prejuicios amigo de Sebastian, que simboliza el microcosmos del arte y de los cómicos, un microcosmos que vive a contracorriente de ese aterrador e invencible tsunami del culto a la masificación de lo feo, lo superficial y lo vulgar que todo lo invade y que se ha adueñado irremisible e irreversiblemente de nuestros días.

La nostalgia es el color con el que está escrita la novela, y la nostalgia es el color con el que se rodó su portentosa adaptación televisiva en 1981 en una serie que, sin duda, ha sido de lo mejor que se ha hecho en la historia de la televisión. Jeremy Irons, en uno de sus primeros papeles protagonistas, es Charles Ryder. La vulnerabilidad y la curiosidad que marcan a su Charles se transmiten a lo largo de toda la serie en la que le vemos crecer y evolucionar desde el deslumbramiento inicial que le produce el mundo de Oxford y la irrupción de Sebastian en su vida, a la sabiduría que destila el Charles ya maduro que revisita Brideshead rodeado esta vez por quienes han sido llamados a sustituir a los que habitaron aquel mundo ya desaparecido, un mundo que no solo jamás llegarán a comprender, sino que ni siquiera son capaces de intuir. Pocos personajes como el de este Charles Ryder creado por Jeremy Irons han sabido reflejar el profundo sentimiento de soledad que embarga al hombre que se enfrenta a un momento de profundo cambio, al recuerdo de la sensación de eternidad que vivió en la intensidad de los instantes vividos en el pasado, al sinsabor de un presente que ni le atrae, ni le gusta, ni le alcanza y a una perspectiva de futuro tan vacía e insulsa que es incapaz de provocar en él la más mínima ilusión.

Junto a él están un Anthony Andrews portentoso dando vida a Sebastian en el que vemos reflejado, como en un espejo puesto frente a nosotros, el 13_ Olivier Gielgudinfinito sentimiento del desencanto frente a lo que le rodea, la agobiante impotencia para cambiarlo y su inútil lucha por intentar huir de él. No deja de ser curioso que inicialmente el papel de Charles estaba pensado para Anthony Andrews y el de Sebastian para Jeremy Irons y que fueran ellos mismos quienes pidieran cambiar sus papeles porque se identificaban mucho más con esos personajes. Gran acierto del director el permitir desarrollar de esta manera el instinto creativo de los actores. Diana Quick Interpreta maravillosamente a esa Julia que cierra el triángulo de los tres protagonistas, una Julia que mantiene en todo momento esa aureola de misterio que, irremisiblemente, envuelve a las mujeres capaces de hacernos soñar porque, como decía Proust, lo que nos atrae de los demás es su parte desconocida. Julia es otro ser a la deriva, otro náufrago en el turbulento océano de una sociedad y un modo de vida que desaparecen. Por eso entiende y respeta a su hermano; por eso se enamora de Charles, la única persona capaz de comprenderla en este mundo. Completan el reparto actores y actrices tan fabulosos como John Guielgud, como el padre de Charles, Laurence Olivier, el de Sebastian, Stèphane Audran como su amante italiana, y una inconmensurable Claire Bloom que da vida a la asfixiante y omnipresente madre de Sebastian, entre otros. La serie obtuvo muchos de los premios más importantes (Bafta, Globos de Oro, etc.). Se han hecho otras adaptaciones de la novela, aunque quizá ninguna ha conseguido trasladar el aroma original como la serie, una serie que se rodó en el castillo de Howard, único edificio que podía parecerse al Brideshead de la novela y que es un protagonista más de la misma, y que tuvo detalles tan magníficos como que la habitación que ocupa Charles en Oxford, donde también se rodó gran parte de la serie, fuera precisamente la que ocupó el propio Evelyn Waugh en el Hertford College en su época de estudiante.

Ver esta serie es un auténtico placer para los sentidos y un verdadero festín para todo el que, de una u otra manera, ha entendido que su papel en este mundo que agoniza no es otro que el de Charles Ryder. Aquí tienes el primer capítulo. Busca tu tiempo, atrévete a entrar en el universo de Brideshead y pronto te darás cuenta de que en él encontrarás muchas más cosas tuyas de las que, seguro, jamás habrías llegado a imaginar.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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