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Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), nuestros Guantánamos

campana-cie-logoLes persiguen por las calles, les acosan, les acechan, les prohíben trabajar y subsistir, castigan a quienes pretenden ayudarles, les encierran hacinados en celdas donde por no haber no hay calefacción ni lavabo, no tienen enfermería, conviven sanos con enfermos, están solos, aislados, solo esperan, porque la espera es su único derecho, esperan ser expulsados al horror del que intentaron huir, al hambre que les persigue, a la muerte a la que les condenamos con nuestro silencio y nuestro egoísmo. Su delito: ser pobres, ser indios, ser de otro color… no tener papeles. Esa es la realidad de los migrantes llegados a nuestro país. Esa es la realidad de los centros donde les encierran, los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), pequeños Guantánamos que hay en 4nuestras democráticas ciudades, profundos infiernos ocultos tras un manto de silencio que hay en nuestra desarrollada y civilizada sociedad. El vacío legal ampara la existencia de los CIEs, el vacío legal y la desinformación intencionada e institucionalizada que hace que los ciudadanos, en la mayoría de los casos, no sepan ni que existen. En los CIEs las personas pueden ser encerradas por una simple falta administrativa, la de no tener papeles. Eso es suficiente para convertir a una persona en ilegal. No hace falta haber cometido delito alguno para que te encierren hasta 60 días, 60 días de miedo, angustia, soledad, incertidumbre, humillación y, muchas veces, maltrato y hasta muerte. En su afán por hacerles invisibles, lo primero que hacen nuestras autoridades cuando les encierran es negarles su nombre, negarles su identidad y sustituirla por un número. Dejan de ser personas, tan solo son números de expedientes de expulsión, los números que les han asignado en esa ruleta de la muerte que es nuestra política de inmigración. Ya no son personas ilegales, pero no por haber dejado de ser ilegales, sino por haber dejado de ser personas.

Decía Jean Ziegler, ex relator para la alimentación de Naciones Unidas, que por cada niño que muere de 6hambre en el tercer mundo hay un asesino en el primero. Y es cierto. Un asesino que calla o mira a otro lado, que pretende no ver que cada día son más de cincuenta mil los niños que mueren de hambre en el mundo; que pretende ignorar que la causa de esa hambre asesina no es una catástrofe natural o una sequía, sino la ambición del ser humano, nuestra ambición. La causa final de la pobreza que mata es el injusto reparto de la riqueza que nuestro sistema político, jurídico y económico ha propiciado y potencia. Para que nosotros vivamos bien hace falta que ellos mueran de hambre; para que tengamos un móvil, miles de negros mueren en el Congo en guerras impulsadas por nuestras multinacionales para extraer coltán o cualquier otro mineral con el que se pueda 3especular; para que la gasolina que empuja nuestros flamantes coches no suba más de precio, a diario expropian miles de hectáreas de terreno, un terreno del que son arrancados los cultivos destinados a la alimentación para plantar los que producirán los biocarburantes; para que los ejecutivos de las grandes firmas de Bolsa y de los principales bancos sigan cobrando sus escandalosos sueldos y bonus anuales, millones de personas son condenadas al hambre por la especulación institucionalizada en los mercados de futuros sobre materias primas, que incluyen alimentos tan básicos como el maíz o el trigo; para que nuestros bancos sigan ganando dinero a espuertas hundimos a esos países en el crimen de la deuda, una deuda fraudulenta y corrupta que esos pueblos jamás podrán pagar, una deuda que es la nueva esclavitud: los contratos han sustituido a las cadenas, a la muerte no la ha sustituido nadie.

Acusar a los inmigrantes que vienen a Europa de ser unos aprovechados que vienen a quitarnos nuestro 1260405669541maltratodntrabajo, a robarnos el pan o a abusar de nuestra sanidad solo puede obedecer a una profunda ignorancia o al más extremo egoísmo, un egoísmo falto de ética, de moral y de los más mínimos valores que nos hacen ser seres humanos. Criticar que se den ayudas al desarrollo argumentando que no tenemos dinero para dar a otros porque aquí ya hay muchos necesitados es uno de los argumentos más demagógicos, interesados, estúpidos y falsos que se puede escuchar. ¿Cómo se puede decir que no hay dinero para salvar vidas humanas cuando se destina hasta cien veces más de lo necesario para paliar el hambre en el mundo para salvar a los bancos? Ayudar al desarrollo de los países pobres no es una obra de caridad, sino un acto de justicia. Esos países no serían tan pobres si no les explotásemos nosotros a diario, podrían dar de comer a su gente si no les condenásemos a la pobreza quedándonos sus materias primas y el control de los mercados y del comercio. Ayudarles no es darles nada, sino devolverles parte de lo que es suyo.

¿Qué han hecho esos migrantes que dejan su mundo, su familia y su cultura atrás para, jugándose lo único que 1tienen, la vida, venir a buscar una oportunidad en nuestro país, un país que desconocen, con un idioma que la mayoría ignora y unas leyes que ninguno puede entender? No han hecho nada malo, ni nada nuevo. Han hecho lo que sus padres y sus abuelos han hecho de generación en generación desde el origen de los tiempos: migrar buscando mejores condiciones de vida, migrar huyendo de la muerte. Cuando en África se producía una sequía, las tribus y los animales huían, emprendían el viaje a una tierra que pudiera darles agua. Ellos nada sabían, ni tienen por qué saber, de mapas y fronteras. El hombre está por encima de las fronteras. Tampoco saben, ni deben saber, de leyes, porque el hombre, como la justicia, está por encima de unas leyes que explotan, esclavizan y crean la injusticia.

Quien hoy criminaliza a los migrantes llegados a nuestras tierras está defendiendo un genocidio y es cómplice de un genocida: el sistema que condena a morir de hambre a más de cincuenta mil niños al día, un sistema del que forma parte, del que se beneficia, y contra el que no hace nada por cambiarlo. Esos migrantes que vienen aquí a buscar el trabajo que en su tierra nuestro sistema les niega, lo único que intentan es poder vivir con dignidad y ayudar a que sus hijos y sus hermanos no sigan muriendo de hambre. Quienes vienen aquí, esos a los que ves en nuestras calles, son los más fuertes, lo mejor de cada casa, los que más posibilidades tienen de interior-de-un-ciesobrevivir a la odisea que emprenden para llegar hasta aquí. Son jóvenes, fuertes, llenos de alegría, de vitalidad, de esperanza… y, por encima de todo, son generosos y solidarios, generosos como para jugarse su vida por los suyos, solidarios como para dar lo poco o nada que tienen a los suyos. ¿Y qué hacemos nosotros con esos jóvenes llenos de vida que vienen aquí cargados de sueños y dispuestos a trabajar como el que más? Negarles el derecho a trabajar, negarles el derecho a vivir, negarles el derecho a no morir. Hoy es fácil hacerlo, basta con no darles un papel, un simple papel, ese papel del que dependen sus vidas y las de los suyos. Si conociésemos su historia, la historia de cada uno de ellos, no les negaríamos el derecho a intentar vivir, el derecho a huir de la muerte segura que es quedarse en su país. Por eso nuestros gobernantes levantan muros que nos separen de ellos. Muros para impedirles llegar. Muros para impedir que les conozcamos. Muros para no dejarles entrar. Muros para negarles el trabajo, el pan y la vivienda. Muros para cerrarles la puerta de los hospitales. Muros para encerrarles. Muros para expulsarles… y, sobre todo, muros para que nos aíslen de ellos, para que desconozcamos su historia, para que para nosotros, como para los CIEs, no sean más que un número, muros para que no tengan nombre, derechos, ni dignidad, muros, muros, muros…

En los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) encierran a migrantes recién llegados a España y a redadasmigrantes que llevan años viviendo en nuestro país, migrantes integrados, que tienen trabajo, que tienen hijos nacidos aquí, que pagan sus impuestos y sus cuotas a la seguridad social aquí. El criterio para detenerles no ha sido otro que el racista: redadas policiales centradas en detener a personas de color o con apariencia extranjera. A los migrantes la policía les exige identificarse por la calle tan solo por el hecho de pasear tranquilamente o estar sentados en un banco. Nada importa que nuestra ley diga que para exigir la identificación a un ciudadano la policía debe tener fundados indicios de que ha delinquido, que va a delinquir, o que suponga una amenaza para los propios policías. Aquí se detiene a una persona por ser negra. No tener papeles no es un delito, es una falta administrativa. Pero el castigo a un sin papeles es mayor que el que recibe un delincuente. Hay jueces que recomiendan a abogados que si los migrantes a los que defienden pueden ser condenados por un delito que les lleve a la cárcel o por una falta administrativa que les lleve a un CIE, es mejor que vayan a la cárcel porque allí tendrán más derechos.

cie-aluche3_560x280Algunos de los que son detenidos y encerrados en los CIEs mueren por no tener asistencia médica, como Idrissa Diallo, un joven de Guinea Conakry muerto el 6 de enero de 2012 de un infarto tras ser detenido en el CIE de Barcelona; como Samba Martine, joven congoleña muerta en el CIE de Madrid por una meningitis no diagnosticada a tiempo y una historia clínica traspapelada, y como tantos y tantos otros… Sus muertes son las que permitieron que los medios de comunicación rompiesen el muro de silencio que rodea la existencia y funcionamiento de los CIEs y se hicieran eco de las protestas de organizaciones de derechos 2humanos que llevan años denunciando esta situación sin que nadie les escuche.

En España hay 9 CIEs, pero no es el único país de la Unión Europea que los tiene: Francia, Portugal, Italia… No deja de ser curioso y profundamente hipócrita y cínico que estos centros existan en una Unión Europea basada originariamente en la libertad de movimiento de personas, mercancías y capitales. Solo los capitales y las mercancías tienen libertad en esta decadente, agónica y deprimente Europa, las personas no. La política comunitaria, esa política que se llena la boca hablando de derechos humanos, de libertad y de democracia, esa misma que critica la existencia de Guantánamo o Abu Grahib, auspicia y permite la existencia de estos Guantánamos europeos y se gasta miles de millones de euros levantando inútiles muros para evitar que los migrantes sigan llegando. Por muy altos que los construyan, ellos siempre seguirán llegando. Y tarde o temprano esos muros caerán. Su hambre y nuestra necesidad de justicia los derribarán.

Ayer, 15 de junio, se celebró en toda España la jornada por el cierre de los CIEs. Organizada por decenas de cartelciesdef_copia_2_1_500entidades pro derechos humanos, ha consistido en la realización de diversos actos en varias ciudades para dar visibilidad a la situación de los migrantes sin papeles. La realidad es dura, criminal, pero el futuro que nos espera si no luchamos por impedirlo es todavía más atroz: el ministro Gallardón está preparando una modificación legislativa que criminalizará y penará hasta con penas de cárcel a quienes ofrezcan hospitalidad a los sin papeles. Y eso incluye tanto a particulares que les cedan o alquilen una habitación, o simplemente les ofrezcan un plato de comida o un vaso de agua, como a ONGs y trabajadores sociales a los que se les pretende impedir que puedan desarrollar su labor.

En la parroquia de San Carlos Borromeo, en Entrevías (Vallecas), celebramos nuestro acto. Fue de marcado carácter popular en el que participaron personas y colectivos vinculados a la parroquia y vecinos y amigos venidos de todos lados unidos en esta causa común de cerrar los CIEs. De 12 del mediodía hasta el anochecer se sucedieron intervenciones musicales, testimonios, charlas informativas, performances teatrales callejeras, cuenta cuentos, graffitis, y, cómo no, la espléndida paella popular tan tradicional entre las gentes de esta parroquia, una parroquia que no solo está en la lucha, en todas las luchas, sino que lo hace estando siempre en primera línea, en la trinchera, en todas las trincheras… Aquí tienes el manifiesto que leímos:

MANIFIESTO EN CONTRA DE LOS CÍES

Perseguidos, dolidos y maltrechos. Derribados, vencidos y hacinados en celdas. Invisibles, para que no “molesten” a las buenas conciencias. Sin libertad y sin más horizonte que la espera continua de una orden que les expulse a los infiernos, de donde muchos huyeron tratando de vivir. Sin que nadie les haya puesto cara, ni escuchado su voz. Sin que sus sentimientos conmuevan a los que rigen sus destinos, ni a la Justicia le importen un comino sus historias.

centro_internamiento--647x231Tras jugarse la vida migrando, a menudo en barcas de papel y sorteando a los escualos, caen en las encarnizadas fauces de tiburones con los dientes postizos y corbatas de seda. En las garras de devotos y píos gobernantes con sonrisa de hielo en las entrañas. En las manos de esos tipos infames que aprueban cada viernes pavorosos decretos contra los desdichados para expulsarlos de sus hermosas calles, y colman luego de oportunidades a los migrantes ricos por el mero hecho de jugar bien al fútbol o comprarse una casa de 250.000 euros…

Ellos los denominan “ilegales” y les acusan de no tener papeles. ¿De qué legalidades hablan los que les roban la libertad para pisar la tierra?
Además nos engañan cuando hacen referencia al “efecto llamada”: en realidad, el verdadero efecto es la huida. Huyen del hambre, la guerra y la miseria; hambre, guerra y miseria causados por este Primer Mundo que luego les expulsa. Porque, el único delito que han cometido los inmigrantes pobres es el de ser tan pobres, tan indios o tan negros. O quizá las tres cosas. Y eso, los impecables poderosos nunca se lo perdonan…

Por eso les persiguen y encarcelan. Aunque, con los “truquimanejes” del lenguaje, niegan que les encierren en presidio: tan sólo los “internan en centros de retención administrativa”. En los llamados CÍEs, tan inquietantemente parecidos a las cárceles, que ni siquiera las palabras trileras sirven en este caso para esconder la realidad oscura.
El máximo responsable de la ONU en temas de racismo, Mutuma Ruteere, en el informe publicado tras su CentroInternamientoExtranjerosAluchereciente visita a España, ha denunciado la atención dispensada a los inmigrantes en nuestro país por sus “inhumanas y degradantes condiciones de trabajo y de vida”. En concreto, ha señalado que algunos CÍEs no cumplen los requisitos mínimos “particularmente los de Algeciras y Tarifa que se encuentran en antiguas prisiones militares”. Además, afirma estar “especialmente preocupado” por los casos de “malos tratos, tortura y muertes de migrantes indocumentados”. Esas muertes no son casos aislados, y el informe recuerda lo sucedido en los CÍEs de Aluche y Barcelona, donde fallecieron una mujer y un joven en el año 2011.

Como no podía ser menos, el Gobierno español, preocupado por tan duro informe, ha procedido de inmediato a responder a las gravísimas acusaciones con una medida de singular calado humanitario: modificar el nombre de los CÍEs, que pasarán a llamarse en el futuro Centros de Estancia Controlada de Extranjeros: CECE… (¿CE puede CEr más cínico?)

Por su parte, el Defensor del Pueblo ha puesto en duda la constitucionalidad de estos internamientos, porque permiten privar de libertad a los extranjeros por una simple falta administrativa, lo que vulnera nuestra Constitución, cuando establece que “la Administración civil no podrá imponer sanciones que impliquen privación de libertad”: No le han hecho ni puñetero caso.
Pues amigas, amigos, vecinas y vecinos: si ni la ONU, ni el Defensor del Pueblo han podido acabar con los CÍE ¡tendrá que ser el PUEBLO el que lo haga!
Y, como primer paso de nuestro empeño en derribar los CÍEs, hacemos público este Manifiesto, mediante el que EXIGIMOS a las autoridades competentes:

circular-no-tienen-que-detener-a-inmigrantes1º. Que no se utilice la privación de libertad –eso es el CIE- como método de control e intimidación a los migrantes en territorio nacional.
2º. Que se erradique de la práctica cotidiana la sanción consistente en la privación de libertad por una simple falta administrativa. La afirmación oficial según la cual la gran mayoría de internos en los CÍEs han cometido delitos es rotundamente falsa, como demuestra el informe “Mujeres en el CÍE” recientemente elaborado por universidades madrileñas.
3º. Que se ponga fin a los controles de identificación que hace la policía, en los que se utiliza el perfil étnico como criterio de selección.
4º. Que se acabe con los internamientos de mujeres inmigrantes detenidas por ejercer la prostitución.
5º. Que se libere de inmediato a las víctimas de trata de seres humanos encerradas en los CÍEs y se les reconozcan los derechos que contemplan las leyes.
6º. Que se proteja especialmente a los menores de edad y a la migración femenina frente a las expulsiones, habida cuenta de su especial vulnerabilidad.
7º. Que se dispense a los internos en los CÍEs la debida asistencia médica que estas personas no pueden conseguir, por estar privadas de libertad.
8º. Que, antes de proceder a su expulsión se informe adecuadamente, y en todos los casos, a las personas internas en los CÍEs, de algo tan fundamental como es la fecha, la ciudad y el país al que van a ser expulsadas, como han establecido varias resoluciones judiciales de los Juzgados de Control del CÍE.
9º. Que se modifique el artículo de la Ley de Extranjería que regula como causa de expulsión tener antecedentes penales, porque supone un doble castigo al inmigrante y le niega cualquier posible reinserción, fin éste que proclama la Constitución española.
10º. Que se paralice la reforma del Código Penal que criminaliza y aflige con penas de prisión a quienes dispensen su hospitalidad a los extranjeros en situación administrativa irregular.

5Y, además, advertimos a las autoridades que estamos hartos de que la injusticia sea eterna. Les exigimos que atiendan pronto este MANIFIESTO. Y si no acceden a lo que les pedimos, vamos a ser nosotras y nosotros los que derribaremos esos malditos muros de los CÍEs levantados a golpe de injusticia…

Y luego, con las manos unidas por briznas de ternura, crearemos un gran espacio abierto de solidaridad y de acogida, de sentido común frente a los que levantan murallas y encarcelan a los desheredados de la Tierra. Un espacio donde podamos todos pasearnos a cuerpo, oír y ser oídos, amar y ser amados.

Podemos conseguirlo porque está en nuestras manos. Podemos construir un mundo nuevo más humano, entrañable y fraterno: un mundo más cordial y hospitalario, donde quepamos todos. Todos iguales en dignidad: ¡juntos podemos!

¡LIBERTAD PARA LOS INMIGRANTES!
¡NO A LOS CONTROLES POLICIALES POR RAZONES DE ETNIA!
¡NO A LOS INTERNAMIENTOS POR PROSTITUCIÓN!
¡NO A LA EXPULSIÓN DE LOS MENORES!
¡NI REJAS NI FRONTERAS!
¡NO A LOS CÍEs!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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