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Ayer no termina nunca…

ayer-no-termina-nunca-cartel-1Dos mil diecisiete. Las consecuencias de lo que llamaban crisis han devastado el mundo tal y como lo conocíamos. Todos, excepto los que la provocaron, somos los perdedores. Lo hemos perdido todo, absolutamente todo. A nuestro alrededor vemos un mundo desolado, duro, cruel, tremendamente frío, un mundo donde los sueños y la alegría han dejado paso a la tristeza, al hambre y la desesperación. Los recortes se lo llevaron todo, absolutamente todo. La gente ya no vive, solo lucha por sobrevivir, lucha por no morir, todos somos náufragos de este colosal nuevo Titanic que deliberadamente hundieron. Esta vez no era un barco, no era un flamante transatlántico lo que hundieron en la noche, sino la sociedad entera. Pero, como en el original, de nuevo solo se han salvado los que iban en primera clase. El mar en el que flotamos, ese duro mundo sin sentido, está helado, nos congela. A lo lejos vemos una pequeñas luces, las de los botes salvavidas que, medio vacíos, están ocupados, como entonces, por los privilegiados. Esta vez, como entonces, tampoco había botes salvavidas para todos. Muchos de los que estamos luchando por no ahogarnos en el agua cabríamos en ellos. Pero jamás nos dejarán subir. Les incomodaríamos. Y así, mientras ellos están cómodamente instalados en esos botes bebiendo champagne, nosotros, los más, luchamos desesperadamente por no ahogarnos en las heladas aguas del mundo que han dejado.

En este desolado paisaje ambienta Isabel Coixet su nueva película, “Ayer no termina nunca”, una historia de amor y desamor, una ayer5historia de supervivientes ambientada en el 2017 de lo que fue nuestro mundo. En ese paisaje que se nos avecina ubica el encuentro de una pareja que tuvo que enfrentarse a la violencia extrema de esta crisis. Cinco años antes los recortes se llevaron por delante lo que ellos más querían. Y tuvieron que elegir. La vida les obligó, como siempre obliga, a elegir. Él, soberbiamente interpretado por ese monstruo de la interpretación que es Javier Cámara, optó por abandonarla a ella y tratar de empezar una nueva vida donde le dejaran hacerlo. Se fue a Alemania. Ella, una impresionante Candela Peña en uno de los mejores papeles que he visto en mi vida, decidió quedarse aquí, decidió luchar por lo que era suyo, por lo que era nuestro. Eran dos opciones diferentes, pero ayer-3no antagónicas: la lucha por la vida no sabe de fronteras ni mapas. Ambos intentan sobrevivir como pueden. Él mirando hacia adelante, intentando superar un pasado que le había robado la felicidad. Fue su apuesta, una apuesta individual en la que intentó encontrar un lugar que no le negara su derecho a trabajar, su derecho a vivir, su derecho a amar y a intentar ser feliz. Ella negándose a que los asesinos de su pasado quedaran impunes, a que quienes le habían robado lo que ella más quería ni siquiera fuesen juzgados por ello y que nos siguiesen robando impunemente. Fue su apuesta, una apuesta también individual en la que se negó a ceder su 1lugar, su mundo, a los asesinos de la justicia, esos verdugos que tras palabras como déficit, recortes o confianza de los mercados le habían quitado la vida. En la maleta de él iba el futuro, en la de ella el pasado. El presente no cabe en ninguna maleta. Él había emprendido el viaje; a ella la habían obligado a emprenderlo. Él había encontrado una nueva casa, un nuevo amor, un nuevo hogar, es un hombre que, pese a todo, empieza a vivir de nuevo… Ella había perdido su casa, su familia y todo lo demás, es una mujer a la que solo le quedan el recuerdo de los días en los que fue feliz y el destartalado coche en el que ahora vive. No se han vuelto a ver en cinco años. Cinco largos años de silencio, dolor y ausencia. Se quisieron. Todavía se quieren. La vida, esa vida que otros trazaron para ellos, les ha separado.

Si quieres la voz de Georges Brassens y su canción “Tengo el honor de no pedirte en matrimonio” puede ser una buena compañera para este viaje de encuentros y desencuentros, de amores y desamores, de vidas vividas y de vidas no vividas…

En ese breve encuentro que tienen en un edificio abandonado se dicen las verdades, todas las verdades tanto tiempo calladas. No ayer-no-termina-nunca_72235se gritan, el silencio lo hace por ellos. No hay culpables. No necesitan culpables. Hay realidades. Ellos necesitan realidades. La realidad de lo que fueron, de lo que son, de todo lo que vivieron y compartieron, la realidad de ese mundo tan bello y ahora tan remoto que no merece quedar en la niebla del olvido, de lo que quizá fue, de lo que pudo haber sido… La vida les unió, hizo que compartieran una parte de su viaje, les dio lo que más querían… y aunque todo eso haya ahora desaparecido, aunque otros se lo hayan robado, pisoteado o destrozado, sigue vivo en lo más profundo de quienes, como ellos, han amado. ¿Dónde van los besos que dimos? ¿Dónde los abrazos que tanto nos hicieron sentir? ¿Dónde las caricias? ¿Dónde los gemidos? ¿Dónde el calor de aquella mirada que lo iluminaba todo? No mueren, no desaparecen, no quedan en el olvido, forman parte de nosotros, de nuestra esencia, de lo que hoy somos, de lo ayer-no-termina-nunca-imagen-2que mañana seguiremos siendo, siguen vivos en lo más profundo de nosotros y, a veces, por muy desolados que sean los paisajes en los que nos toca vivir, acuden a nuestro encuentro para recordarnos que alguna vez amamos, que alguna vez vivimos, que alguna vez fuimos, o creímos ser, felices, que viene a ser lo mismo. ¿Cuándo se rompió todo? ¿Qué fue lo que nos separó? ¿Por qué dejamos que pasara? ¿Por qué permitimos que todo se cayera? Las respuestas a esas preguntas no nos ayudarán a reconstruir el puente que con tanto amor y alegría construimos un día. De poco nos sirve ahora saber por dónde se rompieron sus cimientos, cuándo aparecieron las primeras grietas, o cómo es posible que no nos diésemos cuenta… ese puente ya no podrá reconstruirse, alzarse de nuevo, unirnos de nuevo. Lo que verdaderamente importa es que aquel puente existió un día, que fuimos capaces de construirlo, que a través de él cruzamos todas las fronteras, vivimos todos los sueños… Saber que fuimos capaces de amar, eso es lo único que verdaderamente importa. Eso es lo que nos permitirá, quizá, construir algún día un nuevo puente. Y para construir ese nuevo puente sí es necesario saber por qué cayeron todos los que construimos antes.

Probablemente el problema fue siempre el mismo: los construimos sin haber fijado antes fuertemente sus cimientos, sin haber ayer-no-termina-nunca-imagen-1dado lo mejor de nosotros mismos al diseñarlos y construirlos. Puede que, soñadores impenitentes como la mayoría somos, idealizásemos a nuestras parejas convirtiéndolas en lo que queríamos que fuesen, y no dejándolas ser lo que en realidad eran. A veces es tal la necesidad que tenemos de encontrar a la persona amada que la idealizamos construyendo una personalidad que se adapta a nuestros sueños, a lo que quisiéramos que fuera, en lugar de conocerla y admitirla como es. Y los puentes construidos con materiales tan etéreos como los sueños pueden llegar a ser altos, muy altos y a ser bellos, bellísimos… pero jamás resisten la ayer-no-termina-nunca-imagen-7tozuda persistencia del río de la vida que pasa bajo ellos. Para construir un puente que aguante la fuerza de la corriente es necesario tener profundos conocimientos de ingeniería. Para amar hace falta tener otro tipo de conocimientos, unos conocimientos muy profundos que no se aprenden en ninguna escuela, sino en la vida, en nuestra experiencia, en todos esos puentes que construimos y cayeron. Por eso es importante conocer por qué se acabó esta historia de amor o aquella, saber si fuimos lo suficientemente generosos como para entregarlo todo, lo suficientemente sabios como para no idealizarlo todo, y lo suficientemente libres como para darnos por completo. Generosidad, sabiduría y libertad son los pilares sobre los que podremos construir nuevos puentes que no se caigan, puentes que nos ayudarán a emprender de nuevo esa maravillosa aventura que es amar.

Por eso es importante el encuentro entre J. y C., los personajes de Javier Cámara y Candela Peña en “Ayer no termina nunca”, Ayer_no_termina_nunca_Isabel_Coixet_03esos tú o yo cualesquiera supervivientes de mil batallas y de mil parejas. Pasado el duelo, el dolor, necesitan encontrarse de nuevo, revisitar el mundo que construyeron, asegurarse de que fue real, de que fueron capaces de construir aquel puente tan bello. Y necesitan hacerlo no para buscar al culpable de su derrumbe, sino para conocerse más a sí mismos, para saber si en los cimientos de aquel puente pusieron toda su generosidad, su sabiduría y su libertad, para saber que son capaces de amar, que no han dejado de amar y que nunca dejarán de hacerlo…

Puede que no sobrevivamos al naufragio de este nuevo Titanic que han creado, que el agua se nos lleve por delante, que muramos congelados en estas heladas aguas mientras les vemos pasear plácidamente en sus relucientes botes salvavidas bebiendo obscenamente su champagneayer-no-termina-nunca-imagen-10, pero si hemos amado, si de verdad hemos amado aunque sea una sola vez, sabremos que nuestra vida ha tenido algún sentido y que, aunque solo haya sido por un fugaz e insignificante instante, hemos conocido lo que es la felicidad. Puede que nosotros sigamos aquí, en la fría oscuridad de estas aguas luchando por sobrevivir, y que les veamos a ellos riendo y cantando a lo lejos en sus doradas barcas, pero por mucho que sigan navegando, por mucho champagne que sigan bebiendo, jamás encontrarán el sentido de sus vidas, porque jamás llegarán a intuir hasta dónde fuimos capaces de llegar, los puentes que aprendimos a construir o el amor que nos atrevimos a dar… como tampoco llegarán jamás a comprender que Isabel Coixet haya tenido el valor de escribir, dirigir y producir sola, contra viento y marea, esta película tan bella y necesaria, una película que nunca llegarán a entender…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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