General Otros temas

A quien hay que desahuciar es a los políticos y a los banqueros

POLITICOS-Y-BANQUEROS-5En estos tiempos en los que se criminaliza la legítima defensa de los derechos de los ciudadanos frente al brutal acoso que es una ley hipotecaria que permite desahucios masivos y niega la dación en pago obligando al indefenso deudor a perder su casa y quedarse en la calle y endeudado de por vida, conviene puntualizar algunos hechos que desmienten la falsa realidad que se esconde tras la mal llamada crisis. El primero de ellos es analizar cuál fue el origen de la llamada crisis. Los grandes bancos internacionales, entre los que estaban los alemanes, tenían un exceso de liquidez que mermaba sus cuentas de resultados. Para poder retribuir a sus depositantes tenían que invertir en operaciones que tuviesen alta rentabilidad y bajo riesgo. La solución fue sencilla: prestar a otros bancos, como los españoles, que encontraban grandes oportunidades de negocio en sectores como el inmobiliario. Con esa liquidez los bancos españoles se embarcaron, nos embarcaron a hipotecatodos, en una fiebre compradora de viviendas nunca vista hasta entonces. Eran los bancos españoles quienes perseguían a los potenciales clientes ofreciéndoles créditos hipotecarios para que comprasen viviendas a tipos de interés bajos y plazos de amortización muy largos. Para redondear el negocio, el valor de las viviendas era fijado por las llamadas sociedades de tasación, empresas vinculadas en muchos casos a los propios bancos. Eran estas empresas las que decían “Esta casa vale 300.000 euros”, “aquella 500.000”. Con esas valoraciones en la mano los empleados del banco, fuertemente presionados por sus jefes para conseguir resultados inmediatos, “vendían” hipotecas a los ciudadanos dándoles préstamos que no solo equivalían al valor de tasación fijado por aquellas empresas sino que, en la mayoría de las ocasiones, lo superaban tentando al cliente para que, además de la casa, se comprase los muebles, un coche o se fuera de crucero si le apetecía. Era la época en la que todo valía porque los precios de las viviendas, espoleados por esa fiebre compradora auspiciada por los propios bancos, subían y subían en una loca carrera que parecía no tener fin.

Todo iba bien: los bancos hacían su negocio, sus dirigentes cobraban sueldos millonarios, los constructores construían casas, las inmobiliarias las vendían, los Indemnizaciones directivos Cajas de Ahorrociudadanos tenían vivienda  “en propiedad”, el Estado cobraba impuestos, los notarios y registradores sus aranceles, las compañías de seguros colocaban sus seguros de vida y de vivienda… Aquello era una burbuja que, tarde o temprano, tendría que estallar, pero nadie se atrevía a reventarla y quien avisaba de que aquello podría acabar mal era tildado de loco, de incompetente o de mal informado. Desde los diferentes gobiernos se impulsaba incluso esa fiebre compradora mediante estímulos fiscales, desgravaciones a la compra de vivienda, etc. en detrimento de la alternativa del alquiler, muy poco desarrollada e incentivada en España. Eran los años en los que la cuota de la hipoteca era más baja que el alquiler mensual de la vivienda, los años en los que si alquilabas un piso todo el mundo te decía que eras tonto porque era mejor comprarlo. castaSe dice ahora que entonces vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Pero eso es totalmente falso. La facilidad de acceso al crédito estaba consolidada. Si querías comprar una vivienda los bancos se peleaban por ofrecerte las mejores condiciones. Incluso venían a ofrecerte que refinanciaras tus créditos a más plazo y a menor interés si dejabas al banco con el que siempre habías trabajado para irte a trabajar con ellos. Esa era la realidad, y en esas circunstancias tener fácil acceso al crédito formaba parte de tener “posibilidades”, porque estaban al alcance de todos. El inmobiliario es un mercado en el que la mayor parte de las transacciones no se hacen al contado, sino a plazo y financiadas mediante deuda porque son muy pocas las personas que tienen en el bolsillo el precio de una vivienda. Decir ahora que entonces se vivía por encima de nuestras posibilidades es olvidarse u ocultar la realidad: que los bancos iban locos por prestarte dinero. Son ellos y solo ellos quienes hincharon la burbuja inmobiliaria. Los bancos alemanes al prestar su excedente de tesorería a los bancos españoles; los bancos españoles al embarcarse en políticas agresivas de oferta de hipotecas; los máximos responsables de los bancos alemanes al implementar la estrategia de colocar sus excedentes de tesorería en bancos españoles; los responsables de los bancos españoles al decidir invertir tan agresivamente en un sector como el inmobiliario; los directores de los bancos al fijar unos objetivos de colocación de hipotecas desorbitados y al presionar, vía el incentivo o la amenaza, a sus empleados para que las colocasen entre sus clientes.

Sin embargo esa alocada política de inversión en el sector inmobiliario no era exclusiva de países como España. En Estados Unidos, al amparo de las políticas de Lehman Brothersdesregulación del sistema financiero llevadas a cabo por el presidente Reagan y los que le siguieron (y en Europa por Margaret Thatcher y el resto de neoliberales), la fiebre hipotecaria llevaba años de ventaja a la europea. La política de vender y vender hipotecas tiene unos límites que se sobrepasaron sin ningún tipo de miramiento o escrúpulo. Acabado el mercado de los clientes “solventes” que podían pagar holgadamente sus cuotas cada mes, colocaron hipotecas a clientes de menor poder adquisitivo. Esta secuencia se repitió hasta el extremo de que en EEUU se llegaron a conceder miles de hipotecas a personas absolutamente insolventes. Cuando estos clientes empezaron a no poder pagar las cuotas mensuales, los bancos estadounidenses idearon un plan para evitar que la morosidad deteriorase sus cuentas de resultados. Fue un plan preconcebido y realizado por los máximos dirigentes de esos bancos que cobraban sus extraordinarias remuneraciones (vía “bonus”, acciones, etc.) en función de los resultados alcanzados. Diseñaron ese plan 1280487481_0para proteger su sueldo y sus prebendas, no para proteger a los bancos en los que trabajaban ni, desde luego, a los clientes a los que habían estafado incitándoles a comprar unas casas que no podían pagar. Ese plan consistió en agrupar cientos de miles de esas hipotecas, las llamadas “basura” en activos financieros (títulos que pudieran venderse) a los que bautizaron con nombres muy rimbombantes y atractivos. Esos activos financieros, que prometían grandes rentabilidades y eran muy poco transparentes por no decir crackb2totalmente opacos en cuanto a información de su composición y funcionamiento se refería, eran vendidos a otros bancos y compañías de seguros que tenían el mismo problema que los bancos alemanes: exceso de liquidez. Así el problema de morosidad por impago de cuotas que tenía un banco se transformaba, por arte de magia, en una oportunidad de inversión a escala mundial. La morosidad, el impago de las cuotas, se tapaba con la inclusión en esos activos financieros de miles y miles de nuevas hipotecas que hacían que los activos financieros creciesen a nivel mundial. Era la típica estafa conocida como “piramidal” en la que los primeros en entrar se forran y los últimos lo pierden todo. Fueron muchos los bancos que invirtieron en aquellos activos financieros. Mientras la burbuja crecía no pasaba nada, pero llegó un momento en el que la burbuja no aguantó más y estalló. Fue el inicio de la crisis en EEUU con la quiebra de Lehman Brothers y el primer rescate multimillonario de la banca. Todos los bancos que habían invertido en aquellos activos financieros se vieron afectados. Cundió el pánico. Todos querían venderlos y nadie estaba dispuesto a comprarlos. Los precios de los activos financieros cayeron drásticamente y aparecieron las pérdidas en los balances de todos los bancos que habían invertido en ellos. Aquello no era una crisis que afectase a los bancos norteamericanos: afectó a los principales bancos del mundo.

¿Qué hacer en aquellas circunstancias? Desinvertir, recuperar la liquidez, cancelar todos los préstamos concedidos lo antes posible. Y eso fue lo que intentaron banqueroshacer los bancos. Al hacerlo colapsaron el mercado. Las empresas, por muy solventes que fuesen, se quedaron sin acceso al crédito y a los ciudadanos les pasó exactamente lo mismo: los bancos ya no hacían cola ante sus puertas para ofrecerles las mejores hipotecas, sino que la hacían para pedirles que devolviesen los créditos que les habían concedido. Se acabó la concesión de créditos, desapareció la posibilidad de refinanciarlos. De la noche a la mañana desaparecieron todas las alternativas financieras que empresas y ciudadanos tenían para mantener el nivel de vida al que los bancos les habían empujado. Fueron los bancos los que nos quitaron, de repente y sin previo aviso, nuestras “posibilidades”

Aún así los bancos no podían hacer frente a sus compromisos: no podían devolver el dinero que sus depositantes tenían con ellos a través de cuentas corrientes, a plazo, fondos de inversión, etc. Era el colapso total del sistema. Un colapso, paradójicamente, que había sido provocado por un exceso de liquidez, por tener draghi-y-rajoydemasiado dinero disponible. ¿Qué hicieron entonces los bancos, los máximos responsables de esos bancos? Olvidarse de su ideología neoliberal que antepone la libertad del mercado a todo lo demás, la desregulación total para que solo la ley del más fuerte regule el mercado, y decirles a los políticos que o les daban dinero para cubrir las pérdidas multimillonarias que tenían o el sistema desaparecería y con él los ahorros de los ciudadanos de todo el mundo. Los políticos, esos políticos que habían ayudado a que esta crisis se produjera al haber desregulado los mercados, al haber  permitido la existencia de los paraísos fiscales, y al haber incentivado el crecimiento de la burbuja inmobiliaria y financiera, se plegaron a las exigencias de los banqueros y les concedieron ayudas de cientos de miles de millones de dólares y euros en todo el mundo. Para hacerlo tuvieron que endeudarse emitiendo deuda pública y acudiendo a organismos internacionales que les prestasen dinero. El colapso financiero mundial se había evitado. Nos habían salvado de la catástrofe, o eso es al menos lo que nos vendieron.

Pero la realidad no fue esta. La realidad es que esos bancos, con la liquidez que los diferentes gobiernos del mundo les habían inyectado, no se dedicaron a adhesiu-estebancoengana2restablecer la normalidad en el sector financiero: no abrieron el “grifo” de los créditos a los ciudadanos ni a las empresas que es lo que hubiera permitido que la economía siguiese creciendo y generando empleo, sino que invirtieron la mayor parte del dinero que los Estados les habían prestado a tipos de interés bajísimos (1% y similares) en deuda pública de esos mismos Estados que les habían prestado el dinero. El negocio, para ellos, volvía a ser redondo: recibían un interés del 6 o el 7% de esa deuda por la que ellos pagaban el 1% y con un riesgo muy inferior al de haber prestado ese dinero a empresas o particulares. Lo que las sociedades de tasación (en su mayoría participadas por los propios bancos) habían hecho con la valoración de las viviendas (hinchar sus precios para que la burbuja creciese y creciese), volvieron a hacerlo con la deuda pública a través de las agencias de calificación de riesgo (sociedades banqueros-ladronesparticipadas por los propios bancos que son las que dicen qué riesgo supone invertir en esta deuda o en la otra). Jugando con estas valoraciones los bancos manejaban el mercado de la deuda a su antojo a través de la ya famosa “prima de riesgo”, que es la diferencia de precio entre la deuda de un país y la de otro en función de las perspectivas de pago de esa deuda). El resumen de la jugada es muy claro y, desde luego, totalmente execrable: los bancos que habían sido salvados de la quiebra por los Estados, utilizaron el dinero que esos Estados les habían prestado para especular contra la solvencia de esos propios Estados, llegando incluso a cuestionar la solvencia y la viabilidad económica de esos mismos Estados que les habían prestado el dinero y haciéndolo sin haberles devuelto el dinero que los Estados les prestaron. Son muchos los efectos perversos que esta situación ha creado, y el principal es que, al no haber abierto los bancos nuevamente el crédito a las empresas, la actividad económica ha caído drásticamente, las ventas han caído y por ello el paro ha aumentado hasta superar, por primera vez en la historia, los seis millones de parados en España.

Y esto no es algo que pasó y que, una vez aprendida la lección, no se volverá a repetir. Esta misma semana el Banco Central Europeo (encargado de controlar la evolución de parámetros como la inflación o el crecimiento de la Unión Europea mediante los tipos interés, subiéndolos para controlar la MODELO-del-ESTADO-BIENESTAR_dat_inflación y bajándolos para potenciar el crecimiento de las economías, y la cantidad de dinero en circulación, inyectando o detrayendo dinero del mercado) anunció a bombo y platillo que abría la espita del dinero y rebajaba el tipo oficial de interés al 0,50%, el más bajo de la historia, para favorecer el crecimiento y la recuperación económica de los países, como España, más afectados por lo que ellos llaman crisis. Esta medida podría haber supuesto un soplo de esperanza para todos los países que tenemos una economía en recesión y un nivel de paro muy elevado. Pero no es así. Lo que la letra grande nos “vende” queda reducido a agua de borrajas en la letra pequeña: el Banco Central Europeo no da ese dinero a los Estados que lo necesitan comprando su deuda, sino que se lo da a los bancos para que “abran el grifo” de los créditos a empresas y particulares para conseguir con ello que el mercado se reanime. Y esa es la gran falacia. Los bancos cogerán ese dinero, todos los miles de millones que quieran del Banco Central Europeo, pero no lo utilizarán para conceder préstamos a empresas o a particulares, sino para comprar deuda pública de los Estados. Es decir que se endeudarán al 0,50% con el Banco Central Europeo y colocarán todo ese dinero al 4 o al 5% de interés en deuda pública de diferentes países. De nuevo negocio redondo para los bancos, de nuevo varapalo tremendo para los ciudadanos y empresas que verán que los bancos siguen negándoles el crédito que necesitan para financiarse, y drama dantesco para los millones de parados que verán que la economía sigue sin crecer y generando más y más desempleo. La pregunta es ¿Por qué no da directamente el Banco Central Europeo esos miles de millones directamente a los Estados comprando su deuda pública en lugar de dárselo a los bancos para que ellos hagan el negocio comprando la deuda pública de los Estados? Porque políticos y banqueros no están para resolver los problemas de los ciudadanos, de las empresas o de los parados, sino para proteger sus propios intereses: su negocio y sus sueldos astronómicos en el caso de los banqueros y el apoyo financiero a los partidos y demás prebendas en el caso de los políticos.

Pero volvamos a nuestra historia y a desmenuzar lo que los bancos hicieron y, siguen haciendo, para provocar y mantener esto que ellos llaman crisis. Al haber prestado los Estados dinero a los bancos emitiendo deuda pública para evitar que los bancos quebrasen, lo que se hizo en los llamados “rescates” bancarios fue “socializar” sus pérdidas, 1365068127_0convertir las pérdidas de los bancos en pérdidas de todos los ciudadanos, pérdidas que quieren hacernos pagar a todos mediante subidas de impuestos y recortes de nuestros derechos. Los bancos alemanes que habían prestado dinero a los bancos españoles han visto como, mediante el rescate bancario llevado a cabo en España, los bancos españoles son ahora más solventes y les devolverán el dinero que les prestaron para que especulasen colocando hipotecas. Y esos bancos españoles son más solventes porque han recibido miles de millones de euros que ahora nos exigen pagar a todos los ciudadanos. La realidad de las políticas de recortes que todos estamos sufriendo es, grosso modo, que no son políticas llevadas a cabo para sacarnos de la crisis o para defender a los ciudadanos, sino para que los bancos españoles puedan devolver el dinero que les prestaron los bancos alemanes. La pregunta obligatoria que todo ciudadano debe hacerse es: ¿Cómo es posible que nuestros políticos permitiesen un atropello como este? La respuesta, por desgracia, hay que mirarla en la financiación de los partidos políticos: sin las ayudas directas e indirectas que les llegan de la banca ninguno podría sobrevivir. Son tantas las formas en las que los políticos dependen de los banqueros: créditos a los partidos que no se devuelven, aportaciones directas e indirectas, apoyo a determinadas políticas o proyectos, etc. Y esa dependencia tiene un precio: gobernar por y para los bancos, no por y para los ciudadanos. Hoy que tanto hablamos de los peligros que supone privatizar la educación o la sanidad públicas, no nos estamos dando cuenta de que lo que en realidad se ha privatizado es el gobierno, es la política: hoy los gobiernos solo obedecen órdenes de sus amos, los banqueros y las grandes corporaciones, y solo defienden sus intereses, por eso no nacionalizan los bancos, no persiguen a banqueros corruptos, sino que les indultan, no luchan contra el fraude fiscal, en gran parte diseñado y ejecutado desde los propios bancos, no se persiguen los paraísos fiscales, no regulan el mercado financiero, etc.etc.etc.

Pero lo peor de la jugada de los bancos no acaba aquí. Su grado de cinismo llega a tal extremo que, habiéndonos metido a todos en una crisis provocada por ellos, habiendo hecho que todos los 2ciudadanos tengamos, vía más impuestos o menos derechos, que pagar su mala gestión y su criminal especulación, se permiten, además, ampararse en una ley totalmente injusta y obsoleta como es la ley hipotecaria española, que tiene más de cien años de antigüedad, para desahuciar de sus casas y dejar en la calle a aquellos clientes a los que empujaron a endeudarse colocándoles las hipotecas. Esa ley, absolutamente contraria a la justicia, permite a los bancos quedarse las casas por una cuarta parte de lo que ellos mismos las habían valorado y que, además, su cliente, ese ciudadano cuyo único delito ha sido no poder pagar la cuota de la hipoteca, pierda la casa, se quede en la calle y siga debiendo al banco la diferencia entre lo que el banco ha valorado ahora la vivienda que le ha quitado y lo que queda por pagar de la hipoteca. Es decir, que se queda en la calle, sin casa y endeudado de por vida con el banco. En la inmensa mayoría de los desahucios se da la dramática circunstancia de que el cliente no puede hacer frente al pago de la hipoteca porque se ha quedado en paro, un paro que han provocado precisamente los propios bancos al cerrar el crédito a las empresas.

Por eso llamar crisis a lo que estamos sufriendo es un insulto a la inteligencia y a los ciudadanos. Un insulto cruel y despiadado. Esto no es una crisis, es una estafa, una estafa de la que los 1353178824396banqueros y los políticos son los máximos responsables. Algunos banqueros o políticos acabarán en la cárcel y, con suerte, puede que no sean indultados, por los casos de corrupción tan flagrantes que han cometido. Sin embargo no hay ni un solo banquero ni político no ya en la cárcel que es donde deberían estar, sino en el paro por esta estafa tan cuidadosamente planeada y ejecutada que han llevado a cabo a toda la sociedad: todos siguen ocupando los puestos desde los que propiciaron la estafa y siguen cobrando los multimillonarios sueldos y prebendas que siempre han cobrado, mientras los inocentes ciudadanos a los que convencieron para que se endeudasen comprando una casa, a los que empujaron al paro, a los que intentan dejarles sin prestaciones de desempleo ni pensiones, a los que han obligado a rebajar su sueldo, a los que se quedan en la calle desahuciados, a los que se quedan endeudados con los bancos de por vida, a todos esos ciudadanos las leyes aprobadas Alfredo Sáenz con Emilio Botinpor los políticos a instancias de los banqueros les consideran peligrosos criminales por protestar en la calle, por participar en manifestaciones y escraches en defensa de sus derechos. A quien hay que desahuciar es a los banqueros y a los políticos, no a los ciudadanos. Pero la realidad, desgraciadamente, es muy distinta y muy cruel. Acaba de conocerse que Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Banco Santander, uno de los pocos banqueros que habían sido juzgados y condenados en firme, por supuesto no por la estafa que han provocado porque de eso no han juzgado a ninguno, sino por un delito de falsedad del que el gobierno de Zapatero le había indultado, ha dimitido de su cargo porque, a pesar de que el gobierno de Rajoy acaba de aprobar una ley hecha a su medida para que pueda continuar en ocupándolo, existían serias dudas sobre si legalmente una persona condenada en firme, aunque hubiese sido indultada, podía ocupar un puesto de esta responsabilidad en un banco. Es un banquero que se va a su casa, sí, pero con una indemnización que ronda los cien millones de euros (casi diecisiete mil millones de las antiguas pesetas). Hechos como éste son la verdadera violencia, y no la de los escraches y las protestas callejeras que los políticos criminalizan tan alegremente. Están tensando tanto la cuerda que el día menos pensado se romperá y estallará todo en mil pedazos. Entonces se preguntarán ¿cómo pudo ocurrir esto? Pero ya será tarde. La sangre correrá por las calles.

ETIQUETAS
RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar