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Madiba Mandela, ¡Ubuntu!

15Nació en Mvezo, pequeña aldea ubicada en el territorio que en los mapas aparece con el nombre de Sudáfrica. Descendía de reyes. Siempre fue una persona Ubuntu, esa filosofía ética sudafricana que defiende que una persona se hace humana a través de las otras personas por lo que ego, egoísmo o egocentrismo son palabras que carecen totalmente de valor. Estudió derecho. Defendió los derechos de los suyos, los negros, en la Sudáfrica del Apartheid, el peor régimen racista que ha existido en la historia. Defendió la acción armada como estrategia de resistencia siempre y cuando se limitase a sabotajes que no causasen víctimas. Fue detenido por ello. Pasó 27 años en la cárcel en una celda que apenas medía dos metros de ancho por tres de largo. Sufrió torturas y trabajos forzados. Su número de preso era el 46664, que significa que era el número 466 encarcelado en el año 64. Fue el símbolo de la resistencia de los marginados y desposeídos de su país. Todos conocían y veneraban su nombre, aunque ninguno conocía su cara porque no había fotos de él. En la cárcel estudió a sus enemigos, los afrikáners, blancos racistas que habían impuesto un régimen En Robben Islanddictatorial en el que los blancos tenían todos los derechos y los negros, superiores en una proporción de seis a uno, no podían ni votar. Estudió su lengua, sus costumbres y sus tradiciones para intentar entender su forma de pensar, para ponerse en su lugar. Desconcertaba a sus carceleros preguntándoles cómo se sentían, cómo se encontraban sus mujeres o qué tal habían ido los exámenes de sus hijos. Mientras estaba en la cárcel, ante el clamor internacional que exigía su puesta en libertad, rechazó las propuestas que le hizo el gobierno de dejarle libre a cambio de renunciar a sus creencias y a defender sus ideas y derechos. Salió de la cárcel sin domar y sin doblar. Y salió sin rencor hacia quienes le habían tenido injustamente preso durante 27 años. Consiguió el derecho por el que jamás dejó de luchar: que cada hombre tuviera derecho a un voto. La comunidad negra ganó apabullantemente las primeras elecciones democráticas que se celebraron en Sudáfrica y fue elegido Presidente de la República. Su inquebrantable voluntad, su ilimitada confianza en sí mismo y su inigualable generosidad hicieron que, tanto 18blancos como negros, creyesen en él y abandonasen sus ancestrales disputas. Lograrlo no fue fácil. Los blancos desconfiaban de los negros y los negros de los blancos. Pero él alzó su voz para gritar bien alto y bien claro que creía en un país en el que nunca más un hombre sería explotado por otro y que estaba dispuesto a morir por ello. Su nombre es Rolihlahla Mandela. Todo el mundo le conoce por el nombre que le pusieron para entenderse con los blancos: Nelson Mandela. Para su gente es Madiba, título honorífico de los ancianos del clan Mandela.

Había nacido en 1918. Estudió secundaria y Bellas Artes en el Colegio Universitario 7de Fort Hare, de donde fue expulsado por haber participado en una huelga estudiantil. Decidió irse a Johannesburgo. Para él la educación era, y es, el arma más poderosa para cambiar el mundo. Por eso se licenció como abogado por la Universidad de Witwatersrand y abrió el primer despacho de abogados negros de la ciudad. La instauración en 1948 del régimen del apartheid que negaba todos los derechos a los negros le hizo encabezar las campañas de desobediencia civil. Seguidor de la no violencia de Gandhi, también abogado que ejerció en Sudáfrica, no tarda en significarse como el líder que es y es detenido en 1956 junto a otros 150 activistas y condenado a cinco años de cárcel. En 1961 sale libre al ser declarado no culpable.
17Eran años de gran incertidumbre política en la que las disputas entre los partidos políticos de los negros son constantes. El gran dilema era qué opción debían seguir para acabar con un apartheid que había endurecido la represión hasta límites nunca vistos. La opción armada fue la elegida por Mandela, que encabezó el comando “Umkhonto we Suzwe” (Lanza de la nación). Sus acciones se limitaron a sabotajes de torres de alta tensión, y otros similares poniendo especial cuidado en que sus atentados no produjesen víctimas. Es detenido y condenado a cadena perpetua.

Es entonces cuando pasa 18 de los 27 años que pasaría en la cárcel en la prisión de Robben Island, un islote frente a Ciudad del Cabo rodeado de tiburones y sin casi vegetación. En Robben Island las condiciones son durísimas, pero en el caso de Mandela, condenado al régimen más severo de aislamiento, todavía son peores: solo puede recibir una visita y una carta cada seis meses. Allí es condenado a trabajar en la cantera picando piedra de sol a sol. Su firme convicción y su férrea voluntad hacen que pueda sobrevivir a esas condiciones sin renunciar jamás a ser él. “Invictus”, un poema del poeta inglés William Ernest Henley, le ayudó a hacerlo:

12“En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:
Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”

Considerado por los suyos como el símbolo de la lucha por la libertad y por todos los pueblos del mundo 24como un líder indiscutible, la presión internacional va cercando al régimen racista del apartheid. El bloqueo económico causa estragos y el gobierno blanco sudafricano intenta buscar una salida ofreciéndole la puesta en libertad a cambio de que renuncie públicamente a la acción armada. Mandela no está por la acción armada pero no puede aceptar que pongan precio a su libertad, que pongan precio a la justicia y por eso rechaza públicamente ese ofrecimiento a través de un comunicado que lee su hija en el que, entre otras cosas, dice: “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la libertad de la gente y su derecho a organizarse? Solo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede hacerlo”

Durante aquellos años el gobierno blanco negoció con él en la cárcel. Era mucho lo que tenían que discutir y negociar. El fin del apartheid estaba claro pero lo que podría venir después, dando el voto a la gente de color, presentaba muchas incertidumbres tanto para unos como para otros. Había demasiado odio y recelo por ambos lados como para presagiar una transición pacífica. Pero lo que todos, hasta los miembros del gobierno blanco, tuvieron claro es que si una persona podía conseguir aquello, esa era Nelson Mandela. Finalmente, en febrero de 1990, fue puesto en libertad sin que hubiese renunciado a nada.

26Su experiencia de incansable lucha por los derechos civiles, su duro y largo paso por las cárceles del país y su arraigada formación “Ubuntu” hicieron que se ganase a todos, blancos y negros, no solo con las palabras, sino con los hechos. Su primera decisión cuando formó gobierno tras ganar apabullantemente las elecciones fue nombrar vicepresidente al anterior presidente blanco, De Klerk y ministro de Interior al líder de la facción negra más beligerante contra el Congreso Nacional Africano (NCA), el partido de Mandela. Hay que tener en cuenta que una de las estrategias del gobierno blanco para permanecer en el poder y defender su política ante la comunidad internacional había sido la de propiciar las diferencias y la violencia entre diferentes comunidades negras. La policía registraba los locales del NCA y decomisaba las armas que pudiese haber y acto seguido atacaban esa misma sede las facciones rivales armadas y financiadas por la propia policía sudafricana, en una connivencia criminal terrorífica.

Pero pese a todas estas agresiones y provocaciones, que causaron muchas, demasiadas, muertes, Mandela siempre abogó por reconciliar a los enemigos, por pactar, por ponerse en la piel del otro, por no imponer su criterio. Esa es la filosofía Ubuntu que tanto le ha marcado. Para esta filosofía el ser humano es en relación a los otros. Como bien lo define Mandela y De Klerkel obispo Desmond Tutu: “Una persona con Ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás, no se siente amenazado cuando otros son capaces y buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad que se decrece cuando otras personas son humilladas, cuando otros son torturados u oprimidos”

En su discurso de toma de posesión la filosofía Ubuntu dirige todas sus palabras: “En el curso de mi vida me he dedicado a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, hasta lograrlo. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir” Por eso le pidió al obispo Desmond Tutu que encabezase el proceso de reconciliación que hizo que víctimas y verdugos se encontrasen cara a cara, que se conociesen, que pudiesen decirse abierta y libremente todo lo que habían sentido y sufrido. De ese encuentro surgió la verdadera reconciliación. Sin ella habría sido imposible conseguir la paz. Todavía hay mucho odio y desconfianza en Sudfáfrica, pasarán años hasta que puedan vencerse definitivamente, no es posible acabar en pocos años lo que se ha gestado durante generaciones, se necesitarán otros muchos Mandelas y de Klerks para conseguirlo, pero nadie puede dudar de que la figura de Mandela evitó la que seguramente habría sido la guerra civil más violenta de la historia de la humanidad.

GrandsonLa profundidad del pensamiento de Mandela, su capacidad de lucha y de adaptación a las circunstancias, sean las que sean, y su profunda generosidad han hecho de él un ser irrepetible, uno de los grandes hombres de la historia de la humanidad. Con esa humildad que le caracteriza, cinco años después de alcanzar la presidencia del gobierno, cuando consideró que su labor había llegado a su fin, abandonó la política para dedicarse a su mujer y a sus hijos, a su familia, una familia a la que no pudo ver durante la mayor parte de su vida.

Puede que lo que Mandela hizo con el rugby, el deporte nacional sudafricano, sea el mejor ejemplo de su forma de actuar y de defender sus ideales. Magistralmente llevado a la pantalla por Clint Eatswood en la película “Invictus”, nos permite entender las enormes dificultades a las que tuvo que enfrentarse tanto con los suyos como con los blancos para conseguir que llegasen a convivir en paz.

El rugby era el deporte de los blancos en Sudáfrica. Los negros no solo no lo practicaban, sino que apoyaban sistemáticamente a todos los rivales que tuviese el equipo sudafricano ya que esa había sido la única forma de poder expresar su alegría cuando los blancos racistas sufrían una derrota o una paliza. No les permitían otra. Por eso apoyaban a Nueva Zelanda, a Australia o a Inglaterra. No importaba de quién estuvieran a favor, lo Con Pienar, el capitán de la selección sudafricana de rubby tras ganar el mundialimportante era en contra de quién estaban. Sudáfrica iba a organizar el Campeonato del Mundo de Rugby en 1995, pocos meses después de que Mandela hubiese sido elegido presidente. El CNA había tomado la decisión de prohibir el rugby porque era el deporte de los blancos, el símbolo del apartheid por excelencia. Mandela, en cambio, les pidió que no solo no lo prohibiesen, sino que apoyasen al equipo sudafricano y le ayudasen a ganar la Copa del Mundo. No le fue fácil convencerles, como tampoco fue fácil convencer a los blancos de que tenían que defender a su país, un país de blancos y negros. Mandela pidió entrevistarse con el capitán de la selección y le habló de su sueño: construir un país para todos. El capitán, sorprendido, recogió el guante y mentalizó a su equipo para que hiciese cosas que jamás había hecho: entrenar junto a chavales negros, enseñarles a jugar, jugar con ellos… En pocos meses todos los ¡sudafricanos, sin importar color, creencia o religión, se unieron para apoyar a aquella selección que les representaba a todos. Sudáfrica no era una de las favoritas de aquel mundial. Jamás lo había ganado. El sueño de un hombre hizo que lo ganase.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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