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Francesc Ferrer i Guàrdia, pasión por la vida y por la libertad

1Creyó que se podía cambiar el mundo. Sabía cómo hacerlo. Lo intentó con todas sus fuerzas creando una nueva escuela, la libertaria, una escuela orientada a formar hombres y mujeres libres, personas solidarias, íntegras, justas, hombres y mujeres comprometidos con el mundo, con los ninguneados, con los nadies, con el medio ambiente, una educación laica y libertaria donde hombres y mujeres son iguales, ricos y pobres son iguales, blancos y negros son iguales… ¡Y lo hizo en 1901! Pero una educación así era demasiado peligrosa para el sistema. Había que acabar con ella. Le acusaron de haber incitado a la revuelta popular durante la semana trágica de Barcelona. Se llamaba Francesc Ferrer i Guàrdia. Le juzgaron en lo que fue una pantomima de juicio, un linchamiento legal. Su abogado solo tuvo 24 horas para preparar su defensa. El sumario constaba de más de 600 folios. Le condenaron a muerte. Fue fusilado en el Castillo de Montjuïc en la mañana del 13 de octubre de 1909. Albert Camus dijo: “Ferrer i Guàrdia pensaba que nadie es malo voluntariamente y que todo el mal que hay en el mundo proviene de la ignorancia. Por eso los ignorantes le asesinaron y la ignorancia criminal se perpetúa todavía hoy a través de nuevas e incansables inquisiciones. Ante ellos, sin embargo, algunas de sus víctimas, como Ferrer i Guàrdia, seguirán siempre vivas” Y Anatole France escribió: “Su crimen es el de ser republicano, socialista, librepensador; su crimen es haber creado la enseñanza laica en Barcelona, instruido a millares de niños en la moral independiente, su crimen es haber fundado escuelas”

Había nacido en Alella (Barcelona), en el seno de una familia de campesinos acomodados de tradición muy católica y mas_germinal, casa de su familiamonárquica. Era el tercero de catorce hermanos. A los trece años, junto a su hermano Josep, denunció a un cura por intromisión en la vida familiar. Su padre, indignado, le envió a trabajar a Barcelona. Empezó a trabajar como aprendiz en una fábrica de harinas. El dueño le inscribió en clases nocturnas y le acercó a las ideas republicanas. Más tarde entra a trabajar como revisor de tren, lo que aprovecha para hacer de correo clandestino con Ruiz Zorrilla, el líder del Partido Republicano Progresista en el que Ferrer i Guàrdia milita. Su vocación por la educación se refleja en el insólito caso de ser el único revisor en la historia del Ferrer con su hija Trinidadferrocarril que crea una biblioteca en el tren para que los viajeros puedan formarse mientras viajan. También ingresó en la logia masónica La Verdad. Apoyó el levantamiento militar del general Villacampa, que pretendía proclamar la república. El fracaso de ese levantamiento le obliga a exiliarse en París, adonde va con su mujer y sus tres hijas. En 1893 se separan. La disputa por la custodia de las hijas hace que su mujer intente asesinarle. Él nunca la denunció. En París vive de dar clases de español y su pensamiento evoluciona hacia los ideales anarquistas. Se cartea con Kropotkin y se introduce en los círculos anarquistas y anarcosindicalistas. Apasionado de la vida, no tarda en enamorarse de Leopoldine Bonnard, una maestra librepensadora con la que se casa. Por entonces ya tiene claro que la única manera de cambiar el mundo es a través de la educación. En su mente se forja el que será su gran sueño: crear la escuela moderna, una escuela laica, orientada a “educar a la clase trabajadora de una manera racionalista, secular y no coercitiva”. El destino quiso, por una vez, ser generoso con él, y una antigua alumna suya, Ernestina Meunier, le deja en herencia un millón de francos franceses. Con ese dinero decide regresar a Barcelona para hacer realidad su gran sueño: crear la Escuela Moderna, que inaugura en agosto de 1901

En la escuela Moderna no habrá exámenes, ni premios, ni castigos, se educará en y para la libertad. Es una escuela, Francesc_Ferrer_i_Guardia_i_Soledad_Vllafrancalaica y mixta, lo que en una época donde la educación está férreamente controlada por los curas y su mentalidad ultraconservadora, le crea muchos problemas. A los curas son muchas, demasiadas, las cosas de la escuela Moderna que no les hacen gracia: desde su filosofía educacional, su ideología libertaria y laica, el carácter mixto de las clases, su avanzada pedagogía que ya incluía la formación extraescolar, las visitas a fábricas, parques, etc. y la formación de adultos, las charlas abiertas, el teatro, etc. etc. etc. Pero hay dos con las que no pueden: que el dinero que heredó Ferrer había sido anteriormente prometido a la Iglesia, aunque la legataria cambió de opinión al conocer a Ferrer, y que la Escuela estuviese en la misma calle, la calle Bailén, en donde había un colegio religioso.

Y si a ello le añadimos el firme compromiso político de Ferrer i Guàrdia con su ideología anarquista, que le lleva a editar Escuela Modernael periódico La huelga General, no es de extrañar que se granjeara numerosos enemigos. Y la Iglesia, el Ejército y la Monarquía eran tres peligrosos enemigos para una pequeña escuela que pretendía cambiar el mundo, tres peligrosos enemigos que estaban dispuestos a todo con tal de eliminar aquella amenaza. Por ello no dudan en acusarle de haber participado, en 1906, en el atentado frustrado de Mateo Corral contra Alfonso XIII. Mateo Corral, anarquista, trabajaba como traductor y bibliotecario en la Escuela Moderna. La Escuela Moderna fue clausurada y Ferrer i Guàrdia detenido acusado de complicidad con Corral. Tras varios meses de encarcelamiento sin que pesara prueba alguna contra él, no tienen más remedio que ponerle en libertad. Intenta reabrir la Escuela Moderna, pero ve que es inútil. Emprende de nuevo el viaje al exilio. Bélgica y de nuevo Francia son sus destinos. En Bélgica funda la Liga L´Ecole rénovée, que posteriormente traslada a París, desde la que sigue publicando el boletín de la Escuela Moderna, iniciado cuando fundó la escuela en Barcelona.

Las dificultades para crear la Escuela Moderna fueron enormes. Hay que pensar que profesors_exiliestamos en 1901 y que no existen colegios mixtos ni, desde luego, laicos y abiertos a una mentalidad progresista. Maestros y libros fueron dos de las mayores dificultades que Ferrer tuvo que sortear. Lo de los maestros lo solucionó impartiendo cursos de formación para maestros en la misma escuela, y lo de los libros pidiendo a varios de sus amigos intelectuales librepensadores que los escribieran exprofeso para la escuela. Uno de aquellos libros, “Las aventuras de Nono”, del anarquista francés Jean Grave, es totalmente aventuras-de-nonorevolucionario en cuanto a planteamiento y, desde luego, es el favorito de los alumnos. Nono es un chaval humilde al que le encanta leer, pero sus padres no tienen dinero para comprar todos los libros que él podría leer. En la escuela sufre malos tratos, una disciplina criminal y se siente ahogado. Una noche, sin embargo, sueña que se le aparece un hada que le lleva a “Autonomía”, un mundo donde todos tienen los mismos derechos, donde no hay ricos ni pobres, donde la solidaridad, la generosidad y el altruismo son los valores aceptados por todos, donde no existe el dinero… Pero un día Nono es secuestrado por un magnate que le lleva a otro mundo totalmente opuesto a ése: Argirocracia. Allí Nono aplica los remedios de Autonomía para luchar contra los horrores de Argirocracia… Puede que este libro sea muy utópico y que Autonomía no exista, pero de lo que no cabe duda es que Argirocracia sí existe y que todos nosotros somos esclavos en ella.

La situación política en España es muy tensa. Un rey sátrapa como Alfonso XIII vive protegido por la fuerza del ejército y de sucesivos gobiernos conservadores. La 1ª República había caído unos años antes con un golpe de estado que reinstauró a los el movimiento anarquista en BarcelonaBorbones y la clase trabajadora estaba cada vez más harta de la falta de libertades y, sobre todo, de los privilegios que tenían las clases altas, como el de librarse del servicio militar obligatorio a cambio de dinero, un dinero que ellos no podían pagar. El dominio absolutista que ejercía la Iglesia también estaba creando un caldo de cultivo muy propicio a la rebelión. El estallido de la guerra en África fue el detonante que hizo que todo explotase. Barcelona, ciudad donde el movimiento anarquista estaba firmemente arraigado, fue la espoleta. Allí, en el puerto, embarcaban a las tropas hacia Melilla. Todos sabían que muchos no volverían con vida. Era terriblemente absurdo ver a unos jóvenes soldados dirigirse al matadero portando un fusil en las manos con el que podían rebelarse contra tanta injusticia, mientras los hijos de los ricos se libraban de aquella carnicería tan solo porque habían podido pagar los 6.000 reales que costaba la exención de ir a filas. El pueblo les ayudó a rebelarse. La Monarquía y el gobierno conservador de Antonio Maura no duaron en enviar al Ejército a reprimir la rebelión. La Iglesia apoyó con entusiasmo aquella represión contra los que amenazaban su posición de privilegio. Fueron días duros, muy duros, días de sangre y sufrimiento, unos días que la historia ha bautizado como la Semana Trágica de Barcelona.

El destino esta vez no quiso ser generoso con Ferrer i Guàrdia e hizo coincidir una visita que hacía a su cuñada y a su consejo de guerra contra ferrer i Guàrdiasobrina enfermas, con la Semana Trágica. Sus antecedentes anarquistas, el odio que sentían por él los militares y sus acérrimos enemigos eclesiásticos y, sobre todo, una justicia putrefacta sedienta de sangre y de escarmentar a la población civil para que no volviera a intentar rebelarse, fueron suficientes para que le acusaran de ser uno de los instigadores, sino el director e inductor de la Semana Trágica. La acusación se basó, precisamente, en una carta enviada por los prelados de Barcelona. En el juicio le acusaron de haber quemado una iglesia en Premià, cuando en Premià no se quemó ni una iglesia ni un convento. Ni uno solo de los testigos de la acusación le había visto, tan solo alguien les había contado que le vieron. 2Ni uno solo de los testigos de la defensa fue admitido. Ni siquiera le dejaron declarar a él. Durante toda la instrucción del sumario Ferrer i Guàrdia no pudo tener abogado. Cuando al fin lo tuvo, solo le dieron 24 horas para preparar la defensa. Para que aquel asesinato legal no provocase otro levantamiento popular, pues las clases trabajadoras de España y de varios países europeos estaban indignadas por lo que estaban haciendo con Ferrer i Guàrdia, las partes del sumario más desfavorables a Ferrer fueron filtradas a la prensa más conservadora, que orquestó una campaña de desprestigio e infamias devastadora. A pesar de todos los intentos que hubo para evitar aquel asesinato Ferrerlegal, Francesc Ferrer i Guàrdia fue fusilado a las nueve de la mañana del 13 de octubre de 1909. Tenía 50 años. La noche antes de ser fusilado escribió su testamento: «Deseo que en ninguna ocasión ni próxima ni lejana, ni por uno ni otro motivo, se hagan manifestaciones de carácter religioso o político ante los restos míos, porque considero que el tiempo que se emplea ocupándose de los muertos sería mejor destinarlo a mejorar la condición en que viven los vivos, teniendo gran necesidad de ello casi todos los hombres. (…) Deseo también que mis amigos hablen poco o nada de mí, porque se crean ídolos cuando se ensalza a los hombres, lo que es un gran mal para el porvenir humano. Solamente los hechos, sean de quien sean, se han de estudiar, ensalzar o vituperar, alabándolos para que se ferrer-guardiaimiten cuando parecen redundar al bien común, o criticándolos para que no se repitan si se consideran nocivos al bienestar general» Al llegar al paredón donde le iban a fusilar, pidió que le fusilasen de pie y sin taparle los ojos. Antes de morir gritó a los soldados que le apuntaban: «Soldados, vosotros no tenéis la culpa. Apuntad bien. ¡Viva la Escuela Moderna! Muero inocente y feliz de…» No pudo acabar aquellas palabras. Las balas no le ferrerdejaron hacerlo. Nunca se demostró que fuera culpable de los delitos por los que le asesinaron. El gobierno conservador de Maura, que había sido el causante de los sucesos de la semana trágica al aprobar el decreto que enviaba a los reservistas a la guerra en Marruecos, cayó poco después. La presión popular nacional e internacional, en la que intervinieron personalidades como H. G. Wells, Arthur Conan Doyle, Georges Bernard Shaw o P. Kropotkin, hizo que Alfonso XIII, preocupado por la amenaza que aquello podía suponer para su trono, le cesase una semana después. La indignación popular era enorme y el nuevo gobierno no tuvo más remedio que acceder a la exigencia de amnistía para los presos que llenaban las cárceles. Poco después fueron miles los presos que salieron a la calle. El asesinato de Ferrer i Guàrdia no fue en vano.

Calle de Ferrer i GuàrdiaTreinta años después, durante la guerra civil, el teatro Borrás de Barcelona pasó a llamarse Teatro Ferrer i Guàrdia. Hoy existe un monolito y una estatua en su recuerdo en el cementerio de Montjuïc, réplica del que hay en Bruselas frente al que, cada año, estudiantes y profesores de la Universidad Libre le rinden homenaje.

www.antorcha.net/biblioteca_virtual/pedagogia/escuelamoderna/indice.html

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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