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Mario Benedetti, candil del alma

MarioBenedettiHabía nacido en el seno de una familia humilde. Las cosas, como siempre en estos casos, no fueron bien y él tuvo que dejar los estudios para ponerse a trabajar a los catorce años. Trabajó de todo: vendedor, cajero, taquígrafo, contable… hasta que un día descubrió algo que hizo de aquel ser pequeño y frágil algo grande, muy grande: la poesía. En sus versos supo dar forma a lo que sentimos tú y yo, los hombres y mujeres sencillos con los que te cruzas por la calle, con los que compartes el metro, el autobús o la cola para comprar el pan. Todo lo que sentimos, lo que soñamos, lo que anhelamos está en sus versos, en esos versos sencillos y diáfanos escritos con la sabiduría de quien sabe llegar al corazón de los demás. Esa es su grandeza: ser humilde y sencillo y haber hecho de su vida un compromiso en forma de poema. Es, sin duda, uno de los imprescindibles. Su nombre es Mario Benedetti. A lo largo de su vida luchó por todas las causas que consideró justas, siempre estuvo al lado de los débiles, los nadies, los ninguneados de nuestra sociedad. Y tan solo pidió una cosa, que en su entierro no olvidaran llevarle un bolígrafo.

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Pocos como Benedetti han sabido acercarse a los secretos del alma humana, y menos aún hacerlo con la sencillez con la que él lo hizo. Leer sus poemas, o mejor aún, escucharlos, es aceptar una invitación a volar, a ser amigo, amante, corazón o árbol porque sus versos nos transforman en eso, sacan todo eso que somos y que, a veces, hemos dejado olvidado en lo más hondo de nuestra memoria. Su poesía nos hace vivir el amor adolescente, aquel primer amor que siempre nos acompaña, y también el último, el que nos impulsa a seguir viviendo pero, por encima de todos, nos hace vivir intensa, muy intensamente, el amor que siempre hemos anhelado vivir, ese amor que nada sabe de yoes, sino de nosotros, que trasciende el mío para convertirlo en el nuestro, que nada sabe de edades o distancias porque vive más allá de conceptos tan absurdos como espacio o tiempo…

Sus poemas, junto a los de Juan Gelman y Oliverio Girondo, son la base de una joya de película que es “El lado oscuro del corazón”, de Eliseo Subiela. 4Oliverio, un ser soñador y libre, caso tremendamente atípico en los tiempos que corren, magistralmente interpretado por Darío Grandinetti, dedica su vida a buscar a la mujer con la que siempre ha soñado: una mujer a la que le permite tener todos los defectos a condición de que tenga lo más importante para él, que sepa volar. Comparte su búsqueda con dos amigos también absolutamente libres y atípicos, un escultor y su marchante. Los tres tienen claro que su prioridad en la vida es amar y encontrar la felicidad. Lo que suele ser prioritario para el resto de los mortales, como el dinero, la seguridad, el confort o el lujo, para ellos no vale nada, no cuenta en absoluto. Son felices escribiendo un poema que poder cambiar por un plato de comida. El lado oscuro del corazón es una película maravillosa, un poema en imágenes que nos permite saborear la poesía de tres genios de la literatura al escuchar sus poemas como si fueran simples diálogos en la voz de alguien que dice tan bien la poesía como Darío Grandinetti. Una verdadera gozada.

mario_benedetti1En la película hay también otro regalo precioso: el cameo del propio Benedetti interpretando a un marino alemán que, en el burdel donde se cruzan los caminos de los protagonistas de la historia, se dedica a recitar poemas en alemán a las prostitutas. No es casualidad que el poema elegido sea uno de los más bellos que escribió Benedetti: Corazón Coraza.

Los versos de Benedetti son universales, llegan a lo más hondo del corazón de quien los escucha, nada saben de sexo, raza, religión o clase social. 2Ponen en palabras lo que todos, de una u otra forma, sentimos y no sabemos, no podemos o no nos atrevemos a expresar. Son versos cortos, directos, cargados de imágenes y sentimientos, evocadores, capaces de hacernos volar para recordarnos que la vida puede ser maravillosa si nos atrevemos a vivirla intensamente. Todos tenemos muchas vidas, tantas como queramos. Lo que hace falta es el valor de querer vivirlas, de devorarlas, de amarlas y disfrutarlas en cada instante, en cada segundo… A veces son versos cargados de melancolía, pero nunca de tristeza. Benedetti jamás perdió la esperanza de hacer de este mundo algo mejor y supo encontrar la belleza en todo cuanto le rodeaba. Era un hombre que amaba la vida, y lo hacía de la forma en que la que él hacía las cosas, apostándolo todo, entregándose por completo, como se entregó a Luz, su mujer, con la que vivió una apasionada historia de amor que duró sesenta años. Solo la muerte de ella les separó. Ni siquiera los trece largos años de exilio de él en los que ella no pudo acompañarle porque tuvo que quedarse a cuidar de su madre en Uruguay pudieron separarles. Siempre estuvieron juntos, amándose, disfrutándose, compartiéndose. Ella murió en 2006. Él apenas tres años después.

Benedetti sigue vivo en todos los que amamos la vida, el amor, la belleza y la poesía, en todos los que creemos en otro mundo mejor, en todos lo que mario-benedettiseguimos soñando, en todos los que no nos rendimos, en todos los que sabemos lo que puede ayudar una mano tendida, en todos los que tendemos esa mano, en todos los que vivimos ese gran amor o anhelamos vivirlo para dar sentido a nuestra vida, en todos los que no tememos caernos sino no tener fuerzas o ganas ya para volvernos a levantar, en todos los que sabemos que somos insignificantes seres compuestos de insignificantes células perdidos en la inmensidad de un universo al que no entendemos pero amamos, en todos los que sentimos la profunda emoción del amor al calor de una mirada, de una suave caricia o del susurro de un jadeo, en todos los que amamos sin preguntarnos cómo o por qué, en todos los que jamás perdemos la inocencia y la alegría de ser niños, en todos los que hallamos belleza en una puesta de sol, poesía en un abrazo, amor en un silencio…

Con Daniel VigliettiLa poesía de Benedetti no está hecha para dormir en los libros, sino para vivir en las calles. Sus versos no suenan altaneros o engolados porque son simples palabras, las palabras con las que habla nuestra alma. Sus versos son nuestros versos, sus palabras nuestras palabras. Ese es el regalo que Benedetti nos hace en cada línea, en cada palabra, en cada silencio. La voz de José Sacristán nos trae ahora un breve fragmento de Corazón coraza en esa auténtica obra maestra que es el cortometraje “Paseo”, de Arturo Ruiz.

Hace unos días, en el Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Alicante, han aparecido dos poemas suyos inéditos. Están escritos a 3mano de su puño y letra. Habían quedado traspapelados en uno de los libros de su biblioteca personal que él legó a ese centro. Si quieres visitar la web de la Fundación Mario Benedetti, entre cuyos vocales están los que fueron sus grandes amigos Daniel Viglietti y Eduardo Galeano, dedicada a preservar su legado y a defender los derechos humanos y especialmente la causa de los desaparecidos, su dirección es http://www.fundacionmariobenedetti.org/fundacion/ Me gustaría acabar esta entrada de la única manera en que se puede hacer justicia con él: cediéndole la palabra. Por eso te dejo, si quieres, con la película “El lado oscuro del corazón”, ese lado oscuro que personas como Benedetti, candil del alma, nos han iluminado.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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