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Iluminando estrellas…

1Conducir en la noche. Viajar. Hacerlo solo. Coger un coche sin un adónde ni un por qué para adentrarse en la soledad de la noche simplemente para estar en compañía de nuestros sueños o de nuestros recuerdos. Y hacerlo antes de que raye el alba, antes de que los demás despierten, antes de volver a sumirte en el sinsentido de la vida. Esa es la hora. El lugar no importa para nuestra cita con la soledad. Hay cientos, miles de carreteras solitarias por donde corren nuestros sueños rotos y todos los que aún podemos vivir. Solo las estrellas nos contemplan. Quizá la luna también haya salido a navegar esa cieloestrellado1noche y nos acompañe. Frente a nosotros la luz de los faros ilumina una línea blanca que señala un camino sin destino. Detrás tan solo el resplandor rojo de lo que dejamos para siempre. Es entonces cuando podemos escuchar la voz de nuestros recuerdos, cuando podemos sentir la fuerza de nuestros sueños en las voces de esas canciones que nos han acompañado siempre y que forman nuestra propia banda sonora, una banda sonora que para nadie puede significar lo que significa para nosotros porque está compuesta por retazos de nuestra propia vida.

Nada mejor para acompañarnos en este viaje que la desgarrada voz de uno de los que saben lo que es viajar en la noche: Tom Waits

¿Qué puede importar adónde nos dirigimos cuando de lo que se trata es de sentir el placer de revivir un salvapantallas_noche_estrellada1beso, un abrazo, o cualquier noche de amor loco lejana ya en el tiempo pero siempre cercana, viva y presente? ¿A quién le importa dónde vamos cuando vivimos el placer de soñar nuestros sueños más íntimos y secretos? Los kilómetros nunca tuvieron mil metros para los sueños, ni las horas sesenta minutos en el mundo de nuestros recuerdos. ¿Qué son espacio o tiempo cuando realmente estamos con nosotros mismos? ¿Acaso hay fronteras que no seamos capaces de cruzar? ¿Existe estrellasalgún mapa que nos pueda encerrar, algún océano que no podamos atravesar? Es en nuestra soledad, en nuestra elegida y libre soledad, donde intuimos que conceptos como espacio o tiempo no son reales, porque sabemos que hay algo más, presentimos que pertenecemos a ese todo que nos rodea desde antes de que el hombre fuera hombre. Por nuestras células corren la vida y los sueños de nuestros antepasados. El hombre de la edad de piedra es quien está al volante de nuestro coche esta noche. Y seremos nosotros, tú y yo, quienes corramos por las venas de ese hombre del siglo 58 que seguirá preguntándose qué hace aquí, quién es, o por qué ama.

Coges ese coche en la noche sin saber por qué. Hay algo que te llama y tú te dejas llevar. Te metes, cierras la puerta, saboreas el silencio, giras lentamente la llave, pones tu canción de esa noche, miras al frente, pisas el acelerador y emprendes el viaje, tu viaje. No tardas en alejarte de la ciudad, todas las luces quedan atrás y solo la música te acompaña. Es entonces cuando, en lo más hondo, sientes que algo empieza a moverse en tu interior, algo que te hace volar alto, muy alto, allí donde no llegan las nieblas, donde no duermen los sueños… Y dejas que te lleve con él. Nada te retiene. Vuelas. Eres libre porque has elegido ser libre. Suena la música. La reconoces. Te reconoces. Hacía tiempo, demasiado tiempo, que no te oías. Los susurros de 1Tom Waits te recuerdan aquella lejana noche en la que, en otra carretera solitaria, hiciste una y mil veces el amor con quien más amabas. Puede que también te recuerden otras muchas noches en las que lo hiciste con personas a las que simplemente conocías o a las que acababas de conocer. Y te preguntas dónde estarán ahora, qué habrá sido de ellas, qué ha sido de ti… Son tantas las noches que vienen a tu encuentro, tantos los momentos vividos, los soñados, los que dormían olvidados, tantas las silenciadas voces que te hablan,… entonces sientes que cuando la Nada nace a la vida, cuando muere la muerte, cuando alcanzas a ser viaje y soledad, cuando ya solo importa la mirada, es cuando susurra el Silencio y se escucha el latido del cosmos…

La noche huele a nostalgia, el azul de la melancolía tiñe su piel desnuda… pero no hay tristeza ni lugar milky_waypara el dolor o la pena, porque son el calor de los recuerdos y el fuego del deseo los que abanan enérgicamente tu alma. Te sientes vivo, intensamente vivo y feliz, sabes que amas, que todavía puedes amar. Ya no sigues el camino, es él quien te lleva. La oscuridad de la noche te ha invitado a vagabundear más allá de las nieblas del olvido y te ha llevado hasta lo más hondo de tí mismo. Y es allí, en lo más hondo de tu ser, donde escuchas el silencio de las galaxias y el suave susurro de las estrellas… El universo está en tí, todo el universo está en tí… por fin lo entiendes.

Unos números iluminados por luces de colores te dicen que todo va luces salpicaderobien. Esos colores iluminan tu cara. La ves cuando, de vez en vez, miras por el retrovisor. Te reconoces en esos ojos que te miran como miraron antes a todas esas personas con las que compartiste algo y que forman parte de ti. Todas están aquí, en tu soledad, en tu ahora. No se han ido. Siguen viviendo en ti. Recuerdas la pasión de aquel beso, la infinita ternura de aquella caricia, aquellos dedos suaves que te enseñaron lo que es el placer, la fogosa pasión de aquel orgasmo que jamás has olvidado…

A veces recorres quinientos kilómetros para dar un beso, o simplemente para soprender a la Noche-de-brumas-1920x1200-extrafondos-com_persona a la que amas. ¡Qué importante es la sorpresa para los que aman! Otras veces emprendes el viaje tan solo para sentirte cerca de esa persona a la que amas, aunque ella no sepa que la amas ni jamás llegará a saber que esa noche estabas allí… Vale la pena recorrer esos quinientos kilómetros y mil más para saborear la dulzura de aquel beso que jamás te abandonará. Es un beso de la noche. Un beso de la vida. Y también vale la pena recorrer todos los kilómetros para acercarte a la persona a la que amas, para sentirte cerca de ella, para regalarle tu sueño, un sueño que nada sabe de edades, colores, religiones o razas. Esa es la grandeza de los sueños: romper la distancia y las barreras que nos separan de las personas a las que amamos y de las historias que jamás viviremos. Los sueños nos acercan a los que amamos y nos empujan a vivir todo lo que aún podemos ser…

Una sonrisa se dibuja en tu cara cuando revives tus recuerdos, los amores que nacían, los que nunca MONTAA~1murieron, los que todavía no han nacido… Y sonríes porque sabes que estás vivo, que no te has secado, que todavía puedes amar con la misma fuerza e intensidad que cuando descubriste lo que significa amar… Frente a ti está ese paisaje hacia el que te diriges, un paisaje iluminado por la luna. La carretera serpentea en lo más hondo del valle. A tu alrededor están las montañas, todas las montañas… En las noches de invierno, el blanco de la nieve recorta su silueta en el azul, las hace brillar, las vuelve resplandecientes, las hace cómplices. Sobre esos callados tapices blancos se dibuja la oscura sombra de las rocas, de los bosques y los árboles que duermen tranquilos 5esperando a que el sol despierte. Miles de estrellas te observan desde lo más alto. Son tus sueños y esa inmensa alegría que sientes en tu interior los que las han iluminado esta noche ¿Cuánto hacía que no las mirabas?, ¿Cuánto que no hablabas con ellas?, ¿Cuánto que no las escuchabas? El paisaje va quedando atrás, desaparece cuando los faros de tu coche lo sobrepasan, se oscurece, se va quizá para no volver, calla, se convierte en silencio. Pero eso a ti no te importa porque el paisaje que de verdad ves esta noche es tu paisaje interior, ese paisaje de sensaciones y sentimientos a veces olvidados, iluminados ahora por la música, esa música que calienta tu ser más íntimo y secreto. Hace rato que no te has cruzado con ni un solo coche. La sensación de que nadie más está viviendo lo que tú vives te invade. Todos duermen mientras tú estás vivo. Tú sueñas mientras ellos duermen, vives mientras ellos duermen, amas mientras ellos duermen…

Fuera hace frío. Dentro, en el coche, te sientes a salvo de todo y de todos. Te sientes a gusto porque ese es tu mundo, el mundo que tú has creado y en el que solo habitan sueños, poetas, amores y paisaje-nevado-japonamantes. Piensas en las personas a las que quieres. Te visitan las que has querido. A algunas hace años que no las ves, con otras compartes tus horas o tus días, otras murieron hace siglos o ni siquiera han nacido todavía… Todas están allí, en tu soledad. Las ves porque forman parte de ti. Son tú. Por eso sabes que jamás estarás solo. No tienes más que esperar a que nazca la noche, meterte en el coche, saborear el silencio, girar lentamente la llave, poner tu canción de esa noche, mirar al frente, pisar el acelerador… y alejarte de las luces de la ciudad donde los demás duermen.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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