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Te recuerdo Víctor…

victor-jara-guitarraNació en un pequeño pueblo del campo chileno. Su familia era humilde. Como tantos otros, tuvo que dejar los estudios para ponerse a trabajar. Tenía un corazón grande y una imperiosa necesidad de darse y ayudar a los demás. Todos cabían en ese inmenso corazón. Su madre, Amanda, tocaba la guitarra y cantaba. Murió cuando él tenía quince años. Poco después ingresó en un seminario. Esa necesidad de darse a los demás le impulsó hacia el sacerdocio. Dos años más tarde vio que no tenía vocación y lo dejó. Con 21 años ingresó en el coro de la Universidad de Chile y se acercó al mundo teatral y al de la música. Estudió interpretación y dirección en la escuela de Teatro de la Universidad de Chile. No tenía un duro y dormía en la calle. Su compromiso político le llevó a militar en el Partido Comunista de Chile. Sentía verdadera pasión por el folclore popular. Violeta Parra fue quien le animó a continuar su carrera musical. Empezó a componer sus propias canciones y a dirigir obras de teatro. Jamás abandonó la canción. Tampoco el teatro. Fueron muchos los premios que obtuvo en ambas disciplinas. Fue director musical del grupo chileno Quilapayún y profesor de interpretación en la universidad. Apoyó intensamente la candidatura electoral de Salvador Allende y la Unidad Popular que ganó las elecciones. Intervino en todo tipo de actos solidarios contra la guerra y el fascismo. Compuso algunas de las baladas más hermosas que se han escrito jamás. Se llamaba Víctor, Víctor Jara. Era un hombre sencillo de mirada limpia y sonrisa abierta. Este año se cumple el 40 aniversario de su tortura y asesinato a manos de los militares golpistas de Pinochet.

La vida y la muerte de Víctor Jara han pasado a formar parte de la historia de todos los que han Victor Jaraluchado y siguen luchando por hacer de este mundo algo mejor. Su clara posición contra la injusticia, su opción por los pobres, por los trabajadores, por los nadies, por los ninguneados, por todos aquellos que necesitan una mano amiga, fue la razón por la que vivió y murió como lo hizo. Fue esa necesidad de dar, de ayudar a los demás, de tender siempre una mano abierta a quien la pueda necesitar, los que hicieron de él un ser irrepetible. Todo en su vida giraba en torno a su ansia de paz y de justicia. Se la jugó una y mil veces por los demás, dio voz a los sin voz, puso cara a los invisibles y nunca, nunca, antepuso su interés personal al de los demás. Fueron su sensibilidad y su conciencia política quienes le marcaron el rumbo, un rumbo que él jamás perdió. La letra de una de sus más célebres canciones, “Plegaria a un labrador”, define su actitud ante la vida: “Levántate y mírate las manos. Pare crecer, estréchala a tu hermano, juntos iremos unidos en la sangre, hoy es el tiempo que puede ser mañana…” Pero Víctor no se limitó a interpretar únicamente sus composiciones, sino que hacía suyas todas aquellas canciones que le llegaban al alma, como esta de Atahualpa Yupanqui, uno de sus maestros:

Nunca se definió a sí mismo como un artista o un cantautor, sino como un trabajador de la música: 7“Soy un trabajador, y un trabajador que está ubicado con conciencia muy definida”. El término cantante de protesta no encajaba con su forma de ser y de pensar. Como dice Joan, su mujer: “La penetración cultural constituye un árbol frondoso que nos oculta el que podamos ver nuestro propio sol, cielo y estrellas. Por lo tanto, nuestra lucha para ver el cielo que nos cobija es por cortar ese árbol de raíz. El imperialismo norteamericano entiende la magia de la comunicabilidad en la música, e insiste en penetrar en nuestra juventud con toda clase de música comercial. Como hábil profesional, victor-joan-jaraha tomado sus determinaciones: primero, la industrialización de la canción protesta; segundo: ha levantado ídolos del canto protesta que le sirven a sus intereses para adormecer la rebeldía innata de la juventud. Son ídolos que sufren las mismas alternativas de los otros ídolos de la canción de consumo: subsisten un instante para después desaparecer. Por eso somos más bien cantantes revolucionarios que de protesta, porque ese término ya nos parece ambiguo y porque ya está utilizado por el imperialismo” Su firme compromiso político se reflejaba en su obra. “Preguntas por Puerto Montt” es uno de sus más desgarrados cantos, dedicado a los once asesinados, entre ellos un niño, en Pampa Irigoin a manos de la policía del gobierno de Eduardo Frei en 1969

La influencia que Violeta Parra ejerció sobre Víctor fue decisiva: “la presencia de Violeta Parra es como una estrella que jamás se apagará. Violeta, que desgraciadamente no vive para ver este fruto 1de su trabajo, nos marcó el camino; nosotros no hacemos más que continuarlo” Los años sesenta y setenta fueron los de la eclosión de la canción revolucionaria en Latinoamérica: Facundo Cabral, Daniel Viglietti, Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Quilapayún, Víctor y tantos y tantos otros alzaron sus voces en un canto de rebeldía y de esperanza, de rebeldía ante la injusticia y de esperanza de ese mundo mejor que, tarde o temprano, llegará. La figura del Che Guevara marcó a toda aquella generación para siempre. No deja de ser sorprendente que una generación que antepuso el bien de todos al de ellos mismos, el bien de la humanidad al individual, el nosotros al yo, diera tantos líderes y referentes individuales. Compararlo con nuestro ahora, ese ahora donde el individuo prima sobre los demás, donde el yo se antepone al nosotros y, sobre todo, al ellos, es verdaderamente descorazonador.

victor jara el derecho de vivir en paz front_La relación entre las ideas revolucionarias y la iglesia fructificó en la aparición de una corriente revolucionaria dentro de la propia iglesia: la teología de la liberación, que claramente tomaba la opción por los pobres. Fueron muchos los curas que tomaron este camino de esperanza. Algunos de ellos llegaron incluso a enfrentarse a la injusticia con las armas uniéndose a la guerrilla, como Camilo Torres y tantos otros. A la inversa, también esa posición de aquella parte de la iglesia influyó mucho en la forma de ver y de vivir la lucha entre los seglares. La “Plegaria a un labrador” de Víctor es, en cierta medida, un nuevo Padre Nuestro.

_victorjara_d6e416cfFueron años de sueños y utopías. La guerra de Vietnam sacudió las conciencias de los jóvenes de todo el mundo. No es por casualidad que el estallido del mayo del 68 francés se produzca precisamente entonces. El sueño de la revolución cubana, la muerte del Che, la derrota norteamericana en Vietnam, la revolución de los claveles en Portugal, el triunfo de la Unidad Popular en Chile… fueron tantas las hogueras que avivaron las conciencias de aquella época. Cambiar el mundo, acabar con la injusticia, parecía, al fin, posible. La alegría desbordó las calles de Chile con el triunfo del frente de izquierda de la Unidad Popular de Salvador Allende.

Sin embargo, el imperialismo norteamericano no podía permitir que aquello ocurriese. En la victor-jara-tvsombra conspiró contra el legítimo gobierno de Allende. Una huelga del transporte paralizó por completo el país. Víctor tomo parte activamente contra esa huelga. El 11 de septiembre de 1973 el general Pinochet, que había sido nombrado por el propio Allende jefe de las fuerzas armadas pocos días antes, apoyado por la CIA y el gobierno norteamericano, dio un golpe de estado. Las imágenes del asalto al Palacio de la Moneda, donde Allende con un puñado de hombres intentó oponerles resistencia, demuestran la crueldad y la barbarie de aquella acción. Allende no se rindió. Prefirió morir en La Moneda a ceder el poder a los fascistas.

El golpe sorprendió a Víctor en la Universidad. Fue detenido junto a otros profesores y alumnos y en una de las últimas manifestaciones, tan solo doce días anrtes de que le detuvieranllevado al Estadio Nacional, convertido en horas en campo de concentración. Fueron cinco mil los detenidos llevados allí. A Víctor le reconoció uno de los soldados e inmediatamente le llevaron a los vestuarios, acondicionados como salas de interrogatorio y tortura. Entre los días 13 y 16 de septiembre le torturaron cruelmente. Le quemaron con cigarrillos, simularon fusilarle, le aplicaron descargas eléctricas y le rompieron las dos manos a culatazos de pistola. Su cuerpo fue arrojado junto a la tapia del cementerio Metropolitano. Tenía 44 orificios de bala. Antes de que le torturasen, mientras estaba en el Estadio, Víctor escribió su último poema: “Somos 5.000”

Joan, su mujer, tuvo que reconocer el cadáver, que había sido llevado al depósito. Su cuerpo fue Víctor con Joan, Manuela y Amandaenterrado casi a escondidas. Algún periódico de la época reseñó que había muerto sin violencia y que su entierro había sido de carácter privado. Treinta años después de su asesinato, en septiembre de 2003, caída ya la dictadura de Pinochet, el Estadio Nacional fue rebautizado con el nombre de Estadio Víctor Jara. En 2009 se exhumaron por orden judicial sus restos para realizar un estudio que certificara las causas precisas de la muerte para poder juzgar a los culpables. Su cuerpo tenía más de treinta fracturas de huesos producidas por proyectiles y otras provocadas por objetos contundentes distintos a las heridas de bala. Una vez finalizados los estudios forenses, se realizó un homenaje en la fundación Víctor Jara creada por Joan, su mujer y, posteriormente, su cuerpo fue enterrado en el Cementerio General de Santiago de Chile. Esta vez el entierro fue público. Asistieron miles de personas de todas las edades. Aquí tienes imágenes del entierro con el acompañamiento musical de un tema compuesto por el propio Víctor: La partida.

La vida y la muerte de Víctor Jara han marcado un hito en la lucha por la libertad y la justicia en el mundo. Él, que humildemente decía, “Quién me iba a decir a mí, cómo me iba a imaginar si yo no Con-Victor-rumbo-a-Trabajostengo un lugar en la tierra, y mis manos son lo único que tengo y mis manos son mi amor y mi sustento…” sigue vivo en el corazón de millones de personas en todo el mundo porque, como decía Pete Seeger, “Mientras cantemos sus canciones, mientras su valor pueda inspirarnos más valor, Víctor Jara no morirá jamás”. Pero no solo Seeger cantó a Víctor, también U2 lo hizo en “One tree Hill”: “Y en el mundo, un corazón oscurecido, una zona de fuego donde los poetas hablan del corazón y después son desangrados, Jara cantó su canción, un arma en las manos del amor, se sabe que su sangre aún grita en la tierra, corre como un río, corre al mar, corre como río al mar…”
Quizá sean las propias palabras que escribió Víctor en “El alma llena de banderas”, escrita pocos años antes de que le mataran, las que mejor definen lo que significa su espíritu: “Ahí, debajo de la tierra, no estás dormido, hermano, compañero. Tu corazón oye brotar la primavera que, como tú, soplando irán los vientos. Ahí, enterrado cara al sol, la nueva tierra cubre tu semilla, la raíz profunda se hundirá y nacerá la flor del nuevo día…”
En diciembre de 2012, finalmente, la corte chilena condenó a los ocho asesinos de Víctor. Seis están Victor-Jara-durante-un-especta_54350885808_51351706917_600_226ya en prisión, otro está pendiente de un dictamen psiquiátrico, y el último de la extradición desde los Estados Unidos. Han tardado treinta y nueve años en hacer justicia, pero finalmente lo han hecho, y con el apoyo de todo un pueblo. A la web de su fundación www.fundacionvictorjara.cl siguen llegando cartas de todo el mundo. Entre ellas encontrarás la que, ya de mayor, le escribió su hija Amanda, que tenía ocho años cuando asesinaron a su padre, y que empieza así: “Soy Amanda. Te recuerdo, Víctor…”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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