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Michael Haneke, porque vivir no es más que amar…

amour¿Tiene límites el amor?, ¿Se acaba alguna vez nuestra capacidad de amar?, ¿Hay alguna fuerza superior a él?, ¿Se puede amar más allá de la muerte?, ¿De verdad puede la muerte vencer al  amor? Quizá vivir no sea más que amar. Se vive porque se ama, y se ama porque se vive. Ni siquiera el paso de ese cruel verdugo que es el tiempo puede con el amor. No se deja de amar al envejecer, ¡se envejece al dejar de amar!. Solo quienes no aman, quienes no han amado, mueren sin siquiera haber nacido. ¿Amar la vida? ¡No, vivir el amor! “Amour”, la última película de ese genio que es Michael Haneke, nos plantea todas estas preguntas. Y no da ni una sola respuesta. Es un hombre sabio. Como él dice, desde su preciosa atalaya de setenta años, “Se habla de lo que se conoce y me inspiré en lo que sabía. Las personas de treinta años hablan del amor que nace. Yo del amor que se acaba”

Haneke ama el cine y todas aquellas manifestaciones de la vida que nos hacen ser seres humanos: la música, por ejemplo, es una de sus grandes AMOUR (2012)pasiones. De hecho estos días se encuentra en Madrid dirigiendo en el Teatro Real la ópera “Cosi fan tutte” de Mozart. Intenté entrar en ese montaje como figurante. Verle trabajar debe ser una auténtica gozada y toda una lección de dirección de actores. Como tantas otras veces, no me escogieron, pero tengo la suerte de tener a personas muy próximas que sí están trabajando en él. Lo que me cuentan de los ensayos, de la particular forma de trabajar de Haneke, es formidable: está en todo, atento a todos y sin dejar de prestar atención a los más mínimos detalles. Trabaja con los solistas, con el coro y con los actores. Es él quien da personalmente las instrucciones a cada uno, y lo hace desde una calidez y bonhomía absolutas a pesar de ser una persona extremadamente exigente y puntillosa con lo que quiere: “Adoro a los actores, mis padres fueron actores, y el trabajo con los actores es la parte más agradable de mi trabajo. Es importante que se sientan protegidos por ti y que tengan la confianza de que no les vas a traicionar. Cuando creas una atmósfera de confianza, los actores harán lo que sea para satisfacerte. Puedes ser muy dictatorial en tu trato con ellos, pero entonces su manera de trabajar reflejará esa relación. Es verdad que puedo ser terco para exigir lo que deseo, pero trato de guiarlos con delicadeza hacia mi opinión, hasta que todo cuanto hacen proviene de su propia convicción…”

Es esa forma tan íntima y personal de Haneke la que hace que, como en “Amour”, los actores den todo lo que llevan dentro. Dos auténticos amour-di-Michael-Hanekemonstruos de la pantalla francesa: Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva dan vida a dos ancianos que llevan toda la vida juntos y se aman con locura. Juntos han creado su propio mundo, un universo particular donde solo habitan el cariño, el sentido del humor, la amistad, el respeto, la admiración mutua y ese amor inquebrantable capaz de traspasar cualquier barrera. Hace tiempo que el mundo les ha dejado atrás, más tiempo aún que ellos eligieron prescindir de un mundo incapaz de entender a los que aman la belleza. Ambos son profesores de música jubilados. La música ha sido y es su gran pasión. Una pasión que ha hecho que su amor crezca cada día en ese dar y compartirlo todo que es amar. Pero,tarde o temprano,la vida se empeña en decirnos basta. Y puede hacerlo como ella quiera: de un brutal golpe cuando empiezas a vivir o lenta, inexorable, previsible y cruelmente cuando tus días llegan al final. Esta es la situación que ha elegido Haneke para plantearnos el tema, ese tema al que todos, tarde o temprano, tendremos que enfrentarnos. En la película, como en la vida, porque las Amour-Haneke_0películas de Haneke no son más que pura vida, aparecen los achaques, las enfermedades, el dolor, el sufrimiento, la proximidad de la muerte… Eso es lo que nos invita a reflexionar la película de Haneke: cómo convivir con el sufrimiento de ver el inevitable deterioro de la persona a la que amas, cómo reaccionar, como enfrentarte a esa situación en la que te sientes impotente, a esa cruel batalla en la que sabes que jamás podrás ganar, pero que tampoco podrá vencer a los que han aprendido que vivir es mantener el amor y la dignidad. A lo largo de la película asistimos, como si compartiéramos la intimidad del hogar de ese par de locos enamorados, al progresivo deterioro del enfermo que decae día a día y, al mismo tiempo, al terrible desgaste anímico de su cuidador, un desgaste paralelo y también inexorable producido por una entrega total al ser amado, una entrega tan absoluta e incondicional que ni su propia hija puede llegar a entender.

El origen de “Amour” era la idea que Haneke tenía de hablar del enfrentamiento del amor a la Michael-Hanekeadversidad, a la fatalidad. Es un canto al amor, un hermoso canto a ese milagro que es amar. Como él dice, “hubiera sido posible hacer el filme sobre una pareja cuyo hijo de treinta años muere de cáncer, pero hubiera sido diferente, porque el cáncer es el destino individual y es especialmente trágico cuando se trata de alguien que muere muy joven, pero no es algo global, un hecho universal al que todos tendremos que enfrentarnos en algún momento de la vida” Para Haneke la forma de enfrentarse al sufrimiento de alguien a quien queremos profundamente no está determinada por la edad: “No hay algo más hondo que ser forzado a mirar al sufrimiento de alguien a quien amas sin poder ayudarle”

Cada uno tiene su propia forma de enfrentarse al sufrimiento y a la muerte. Hay quien pretende ignorar durante toda su vida que algún día morirá, hay quien vive su vida entendiendo que la muerte forma parte de la vida misma y la asume como lo más natural del mundo, y hay quienes optan por vivir su propia vida, renunciando incluso a ella, como una mera preparación de una hipotética vida en el más allá. Cada forma de vivir, amour-michael-haneke-cada actitud ante la vida, determinará nuestra manera de enfrentarnos a la muerte. A unos les aterra la sensación de que todo acaba, de que no hay nada más tras la muerte, a otros les reconforta creer que hay una vida eterna más allá de la muerte y otros simplemente asumen que es algo natural e inevitable y aprenden a aceptarla sin miedo. Pero una cosa es la muerte en sí y otra muy distinta el sufrimiento que muchas veces lleva aparejada. Es ese sufrimiento el que provoca la sensación de miedo y de profundo rechazo. Por otro lado, la muerte es algo que nos toca afrontar en solitario. Si tenemos suerte, nuestros seres queridos pueden estar a nuestro alrededor cuando llega el momento, pero cruzar esa frontera es algo que todos hacemos solos. Sin embargo, el sufrimiento que antecede a la muerte sí puede ser compartido por los que aman. Sentir que la persona amada está a nuestro lado en esos momentos es el mayor consuelo y estímulo que podemos tener. Sufrir es terrible, pero hacerlo en soledad es monstruoso. Y eso es precisamente lo que Haneke plantea en “Amour”: la importancia de amar hasta en el dolor, hasta en el sufrimiento más profundo, la necesidad de darse por completo al ser amado para que no se sienta solo, para que se sienta querido y amado, sabiendo que eso es lo único que podemos hacer por él.

El cine de Haneke es un cine duro porque es un cine realista. Por prescindir prescinde hasta de la música en sus películas porque, como él dice: “en la amour-hanekevida real no hay música” Solo la emplea cuando sus personajes la escuchan porque tocan un tema al piano, asisten a un concierto o ponen un disco. Todo es tan real como la vida. Su fotografía también es siempre fría y sus encuadres suelen retratar la ausencia. No es inusual que deje la cámara fija, que los actores salgan de cuadro o incluso de la misma habitación y sigamos escuchándoles mientras en pantalla solo vemos la habitación vacía. Haneke prescinde del tiempo, lo detiene, porque sabe que el tiempo, para los que aman, no existe, solo existe el instante, el momento, ese presente que todo lo ilumina. Su puesta en escena busca la sobriedad, la sencillez, la esencia de lo que narra. Los planos secuencia son habituales en su cine, como lo es también, en ocasiones, hacer que lo que impulsa la escena transcurra en la parte izquierda de la pantalla. No busca el equilibrio, prescinde de él, quizá porque el equilibrio, como objetivo, no es más que una barrera que nos impide vivir. La secuencia de la pausa en el rodajeconversación entre Trintignant y su hija (soberbiamente interpretada por una de las actrices fetiche de Haneke, Isabelle Huppert) rodada en plano secuencia con la cámara fija sobre el plano de Isabelle y el escorzo de Trintignant es antológica, es pura vida, convierte al espectador en un familiar más, en un intruso invisible que presencia toda la conversación. Haneke no oculta que esta es su película más personal: el piso donde se rueda tiene una distribución y decoración similares a los de la casa donde él vivió en Viena, los cuadros que aparecen en la película son los de su padre, y la historia en la que se basa es la de una tía suya. “A mí lo que me inspira son experiencias personales o individuos que me interesan. Quería hacer una película más sencilla, más modesta, sin dejar de ser compleja. Creo que es el equilibrio al que todos aspiramos, al menos en lo que al arte se refiere, pero también es el más difícil de encontrar”

Su visión del cine y de la sociedad es muy crítica: “El arte debe hacer preguntas y no avanzar respuestas, que siempre me parecen sospechosas, incluso peligrosas…Nosotros no percibimos ya la realidad, sino, en su lugar, la representación televisiva de la realidad. Nuestro dirigiendohorizonte de experiencias es muy limitado. Lo que sabemos del mundo es poco más que el mundo mediático, la imagen. No tenemos realidad, sino un derivado de la realidad…Las películas de hoy en día son cada vez más planas, más banales y al espectador le tratan como si fuera tonto. Yo quiero que me tomen en serio como espectador y cuando hago una película intento pensar en mi espectador como una persona inteligente… El cine más interesante de hoy día viene del tercer mundo, porque esa gente tiene algo por lo que luchar. Nosotros no hacemos más que describir permanentemente el asco que sentimos de nosotros mismos…” No les vendría mal a esos asesinos de la cultura que tenemos por ministros acercarse al mundo de Haneke para entender que la cultura no es un mero entretenimiento: “La labor del arte es enfrentarnos a cosas que la industria del entretenimiento a menudo mantiene ocultas” No es casualidad que en la casa de los viejos amantes de “Amour” no haya televisión.

haneke-awardEl cine de Haneke ha recibido multitud de premios: varias Palmas de Oro en Cannes, Premios del Cine Europeo, Globos de Oro, nominaciones en los Oscar… No deja de ser curioso que haya sido precisamente con su película más personal, con ese canto a la esencia del amor que es “Amour”, con la que haya conseguido los mayores galardones de su vida y esté nominado a cinco Oscars entre los que están el de mejor director, mejor película y mejor película en habla no inglesa.

Sumergirse en el universo de Haneke es dejarse llevar a la esencia del ser humano, a todo lo que amour-michael-haneke-2012es, a lo que muestra y a lo que esconde, a lo que dice y a lo que calla, a lo que ama, a lo que odia y a todo eso que nos hace ser quien somos. En su cine no busques respuestas, solo hallarás preguntas, todas esas preguntas que no podrás dejar de hacerte si de verdad vives, si de verdad estás vivo y no eres un muerto viviente que transforma su vida en una simple espera de la muerte.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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