General Literatura

Pablo Neruda: el cartero de Isla Negra

¿Quién no ha escuchado alguna vez “me gustas cuando callas porque estás como ausente”?, ¿Quién no ha sentido alguna vez “puedo escribir los versos más tristes esta noche”?, ¿Quién no ha sufrido alguna vez “todo en ti fue naufragio”? Esos versos universales que todos llevamos tan dentro fueron escritos por un joven de diecinueve años. Pertenecen al libro “20 poemas de amor y una canción desesperada” que Pablo Neruda publicó en 1924, quizá uno de los libros de poesía más leídos en el mundo. Neruda fue un hombre enamorado de la vida y de la belleza, comprometido hasta la médula con la justicia y la dignidad, compromiso que le valió el exilio y la clandestinidad en más de una ocasión y, por encima de todo, fue uno de los poetas que, quizá mejor, ha sabido ahondar en los misterios y secretos del alma humana. El título de su autobiografía no puede ser más elocuente: “Confieso que he vivido”. García Márquez y Harold Bloom, sin dudarlo, le consideran el poeta más grande del siglo XX. Para muchos Neruda es el poeta del amor, ese poeta que con diecinueve años escribe  “es tan corto el amor y tan largo el olvido”, ese poeta sin edad que dice que preguntar al amor es cosa rara, es preguntar cerezas al cerezo…

Si quieres, para acompañar esta entrada, te propongo que nos acompañe este pequeño fragmento de la maqueta del programa de radio que dio origen a este blog en el que podrás escuchar a Atahualpa Yupanqui cantando “Los ejes de mi carreta”, y a continuación la lectura que hice del poema de Neruda: “Autorretrato”

Hijo de un obrero ferroviario y de una maestra de escuela, Neruda nació en Parral (Chile), en 1904. Su madre murió cuando él tenía un mes. Dos años después su familia se trasladó a Temuco, un paraje lleno de montañas, ríos, lagos y bosques que le hicieron descubrir su profundo amor por la naturaleza. Allí vivió hasta 1921, y allí publicó sus primeros artículos y poemas. Eligió el seudónimo de Pablo Neruda ( su nombre real era Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto) para evitar que su padre supiera que tenía un hijo poeta. Fue otra gran poeta, Gabriela Mistral, quien le dio a conocer la literatura rusa que tanta influencia ejerció sobre él. En 1921 se trasladó a vivir a Santiago de Chile para estudiar pedagogía. En Santiago publicó “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” Su alma inquieta le empujó hacia a la carrera diplomática, como también hizo con otros grandes poetas y aventureros como Vinicius de Moraes o Rafael Lorente. Le destinaron como cónsul a Rangún (Birmania), Sri Lanka, Java, Singapur, Buenos Aires, Barcelona y Madrid. Estando en Madrid le sorprende la guerra civil española. Conmovido por el asesinato de su amigo García Lorca, abraza la causa republicana y se compromete con ella luchando por la república tanto dentro de España como posteriormente, perdida ya la guerra, desde Francia, donde organiza el proyecto Winnipeg, un barco que llevó a dos mil exiliados españoles de Francia a Chile.

Tras su etapa en Francia es destinado a Méjico, donde rescribe su Canto General para convertirlo en un verdadero himno del continente sudamericano. En 1943 regresa a Chile donde, en 1945, recibe el Premio Nacional de Literatura. Es entonces cuando participa más activamente en la política interna de su país. Se afilia al Partido Comunista de Chile y es elegido senador. Su enfrentamiento con el gobierno chileno es cada vez más directo y tiene que huir al exilio tras pasar una época en la clandestinidad. Huye a Argentina cruzando la frontera a caballo. Pero él nunca deja de escribir, la poesía es su vida. Quizá el poema “La poesía”, del Memorial de Isla Negra, es el poema que mejor recoge lo que para él fue el encuentro con la poesía:

“Y fue a esa edad… Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé ni cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento”

Poco después llega de incógnito a París, donde es recibido y protegido por viejos amigos, como Picasso. Regularizada su situación, reaparece en la vida pública en el Primer Congreso del Movimiento Mundial de Partidarios de la Paz. Es en esa época cuando reside en Capri y en Nápoles hasta que se entera de que ya no es buscado en Chile y regresa en 1952.

En Chile fija su residencia en Isla Negra, ese paraíso azul donde vive tranquilo rodeado por su mujer, sus perros, sus libros y sus colecciones de caracolas y de mascarones de proa. Su labor creativa no descansa y escribe sin parar. Aquí tienes algunos de los poemas que, incluidos en su libro “Los versos del Capitán”, escribió en esos años:

EN TI LA TIERRA

“ Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi abrazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
En el amor como agua de mar te has desatado:
Mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra”

LA POBREZA

“Ay no quieres,
te asusta
la pobreza,
no quieres
ir con zapatos rotos al mercado
y volver con el viejo vestido.

Amor, no amamos,
como quieren los ricos,
la miseria. Nosotros
la extirparemos como diente maligno
que hasta ahora ha mordido el corazón del hombre.

Pero no quiero
que la temas.
si llega por mi culpa a tu morada,
si la pobreza expulsa
tus zapatos dorados,
que no expulse tu risa que es el pan de mi vida.
Si no puedes pagar el alquiler
sal al trabajo con paso orgulloso,
y piensa, amor, que yo te estoy mirando
y somos juntos la mayor riqueza
que jamás se reunió sobre la tierra.”

En 1969 renuncia a su candidatura por el Partido Comunista para apoyar la de Salvador Allende en representación de la Unidad Popular. Allende gana las elecciones. Neruda es nombrado embajador en Francia. En 1971 le conceden el Premio Nobel de Literatura. El 5 de diciembre de 1972 realiza la que será su última aparición en un acto público. Fue en el homenaje popular que le brindó el pueblo chileno en el Estadio Nacional de Santiago. Enfermo, en febrero de 1973 renuncia al cargo de embajador en Francia y regresa a Isla Negra. El 11 de septiembre de 1973 el general Pinochet da el golpe de estado que acaba con el gobierno y con la vida de Salvador Allende. En los días siguientes miles de chilenos son recluidos en el Estadio Nacional, el mismo en el que pocos meses antes Neruda había recibido su homenaje. Muchos fueron torturados. Fueron muchos los desaparecidos y muchos los asesinados allí mismo, como el cantante Víctor Jara, al que antes de matar le cortaron las manos. Neruda murió ocho días después del golpe militar de cáncer de próstata. Su casa en Santiago fue saqueada y sus libros quemados. A pesar de la feroz represión, su funeral se celebró en el Cementerio General. Los soldados que rodeaban a la multitud que asistió al entierro tuvieron que escuchar gritos en favor de Neruda y de Allende y el canto de La Internacional. En 1992, cumpliendo el deseo del poeta, sus restos fueron trasladados y enterrados en su casa de Isla Negra.

En la maravillosa película “El cartero y Pablo Neruda”, basada en la novela de Antonio Skármeta, el humilde cartero enamorado le dice al famoso poeta que la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita. Eso es lo que ha pasado con los versos de Neruda, que viven en el corazón de la gente. No hay que leer un poema como si fuera algo extraño, algo ajeno a nosotros, sino como una carta de amor que nos ha enviado personalmente a nosotros el poeta. Esa es la forma de leer la poesía: personalizándola, haciéndola nuestra, dejando que los versos entren en lo más hondo de nosotros. Los poemas son cartas de amor escritas al viento para quien las quiera recoger. Y Neruda escribió muchas, la mayoría desde Isla Negra, por eso me gusta recordarle como el cartero de Isla Negra. Uno de sus poemas, “Nada más”, nos habla de donde está ahora, de ese profundo mar que le dio la poesía y donde él vivirá siempre:

“De la verdad fui solidario:

de instaurar la luz en la tierra.

Quise ser común como el pan:

la lucha no me encontró ausente.

Pero aquí estoy con lo que amé,

con la soledad que perdí:

junto a esta piedra no reposo.

Trabaja el mar en mi silencio”

Quiero que sea su voz quien acabe esta entrada. Para ello no he escogido uno de sus poemas, sino su maravillosa prosa poética, y en concreto el primer párrafo del relato que le dedica a Quevedo en su libro “Viajes” Son palabras para las que no existe el tiempo, sino el corazón de los hombres:

“En el fondo del pozo de la historia, como un agua más sonora y brillante, brillan los ojos de los poetas muertos. Tierra, pueblo y poesía son una misma entidad encadenada por subterráneos misteriosos. Cuando la tierra florece, el pueblo respira la libertad, los poetas cantan y muestran el camino. Cuando la tiranía oscurece la tierra y castiga las espaldas del pueblo, antes que nada se busca la voz más alta, y cae la cabeza del poeta al fondo del pozo de la historia. La tiranía corta la cabeza que canta, pero la voz en el fondo del pozo vuelve a los manantiales secretos de la tierra y desde la oscuridad sube por la boca del pueblo.

Este es un viaje al fondo del pozo de la historia. Nos dirigimos a un territorio oscurecido, a un camino en que las hojas de los árboles permanecen quemadas desde hace siglos, y en que las interrogaciones se refieren a un infierno terrestre, arrasado por la angustia humana.

Voy a hablaros de un poeta y de su prolongación en otros, voy a hablaros de un hombre y sus preguntas, de sus martirios y su lucha, y veréis cómo aparecen en el tiempo, otros dolores, otras luchas, otra poesía y otras afirmaciones. Los hombres de quienes hablaré pasaron la vida clamando a la tierra, bajando la mirada a las profundidades del hombre y de la vida, buscando desesperadamente un cielo más posible, quemándose los ojos en la contemplación humana, en la desesperación celestial.

Este es un viaje al fondo escondido que mañana se levantará viviente. Este es un viaje al polvo. Al polvo enamorado que mañana volverá a vivir…”

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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