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¡¡NO SIN CULTURA!!

Es propio de las dictaduras y de los regímenes no democráticos perseguir cualquier tipo de disidencia o cualquier factor que pudiera suponer una amenaza para su supervivencia. La cultura, tanto hoy como a lo largo de la historia, ha sido, junto con la educación, el mayor enemigo de los dictadores y las injusticias. Cultura y educación enseñan a pensar, a cuestionarse las cosas, a verlas de otro modo, a no admitir como único el dogma establecido, a buscar otras soluciones, a crear utopías y realidades. Han sido y son el motor del pensamiento y por ello son brutalmente perseguidas por todos los regímenes dictatoriales. Nuestro gobierno, blindado en su mayoría absoluta (conseguida todo sea dicho con un programa electoral que no incluía las aberrantes y criminales medidas económicas que está llevando a cabo), parece seguir empecinadamente el camino de esas dictaduras. No le hace falta (al menos por el momento), sacar al ejército a la calle para imponer su ley. Le basta con utilizar las nuevas y poderosas armas que tiene a su disposición para acabar con la educación y la cultura: los recortes presupuestarios, la reducción y/o eliminación de las ayudas públicas, el aumento de la carga impositiva como el IVA o las tasas universitarias, el bloqueo de las instituciones (como hizo con TVE paralizando la producción de series de ficción), etc. etc. etc.

No cabe duda de que la educación y la cultura no son hechos aislados en la política de desmantelamiento y recortes sociales que este gobierno está llevando a cabo. Todos los sectores, excepto la banca, las grandes corporaciones, las grandes fortunas, el fútbol y la iglesia, están sufriéndolos. Pero es en ellos donde puede verse con más claridad la intencionalidad política que hay detrás de esta política de recortes salvajes. El varapalo a la educación pública ha sido mayúsculo: reducción del número de docentes, aumento del número de alumnos por aula, eliminación de actividades, aumento del IVA del material escolar, disminución de las becas, aumento de las tasas universitarias, etc. Cargarse la educación pública es negar la igualdad de oportunidades a la sociedad. Solo los ricos podrán ir a los colegios de pago o concertados que tendrán muchísimos más recursos que los públicos. He ahí una clara intencionalidad política de esos recortes: que los hijos de los pobres no estudien. Hay otras muchas, no cabe duda, como se puede ver en la nueva ley de educación impulsada por ese pirómano social que es uno de los mayores fundamentalistas de la teoría neoliberal: el ministro Wert. La tentación de centralizar el estado y volver a aquella que decían que era una, grande y libre es cada vez más irresistible para este gobierno. Y con la cultura pasa exactamente lo mismo. ¿Cómo explicar, si no, que pasen el IVA del 8 al 21% sabiendo como saben (no en vano se les han hecho llegar informes de empresas especializadas independientes que lo demuestran), que con esa medida no solo provocarán el cierre de cientos de empresas del ámbito cultural y miles de despidos, sino que lo que conseguirán es incrementar el déficit, porque al caer la recaudación el estado ingresará menos IVA y tendrá que soportar más gastos a través de las coberturas de desempleo, etc.? Tienen, además, la experiencia de los demás países que incrementaron el IVA de las entradas de cines y teatros y tuvieron que volver a bajarlo inmediatamente porque los resultados fueron catastróficos. Pero este gobierno, con sus pitbulls Wert y Montoro, a la cabeza sigue erre que erre empeñado en no enmendarla. ¿Por qué? ¿Puede entenderse que consideren un lujo toda actividad cultural y un artículo de primera necesidad al fútbol, al que no le han subido el IVA ni le han reclamado los más de 750 millones de euros que los clubes deben a hacienda? ¿Son acaso tan torpes como para no darse cuenta de que subiendo el IVA empeorarán la crítica situación del sector cultural y no conseguirán los resultados económicos que anuncian? No, claro que no. Lo que pasa es que la motivación que hay detrás de estas medidas no es económica, sino política: quieren acabar con un sector que no les es afín, que es capaz de despertar conciencias y que les ha criticado desde los tiempos del NO A LA GUERRA…

Que un ministro de hacienda de un país que se llama a sí mismo civilizado diga públicamente que la cultura es entretenimiento es un insulto a la inteligencia y una provocación a la ciudadanía. Que el ministro de Educación, Deporte y Cultura no le corrija denota que no estamos frente a un hecho aislado, a un error involuntario, sino frente a una estrategia cuidadosamente calculada desde una forma de entender y hacer la política propia de las dictaduras. La desfachatez y el cinismo de este gobierno es de juzgado de guardia ¿Cómo puede permitirse que la Ministra de Empleo diga, el día en que se conoce el peor dato del paro de la historia de este país superando por primera vez el 25% de la población, que estamos saliendo de la crisis? En este país hay 5.778.100 personas buscando empleo sin encontrarlo. Y en pocos meses serán, seremos, más de seis millones quienes estaremos en esa situación gracias precisamente a las políticas llevadas a cabo en sectores como cultura y educación entre otros.

Nos han robado nuestra democracia, una democracia coja, ciega y deficiente, sí, una democracia que jamás ha llegado a ser una democracia real, también, pero una democracia que podíamos intentar cambiar y mejorar. Y nos la han robado para llevarnos a una dictadura criminal que ensancha irreversiblemente el abismo que separa a ricos de pobres, que nos hace cada día más pobres a la inmensa mayoría y más ricos, escandalosa y obscenamente ricos, a unos pocos. Están dando un golpe de estado financiero que nos está ahogando a todos los que no somos los verdugos, nuestros políticos son títeres inertes de los banqueros europeos parapetados tras el eufemismo de los “mercados” en esta cruel pantomima que ellos llaman crisis cuando no es más que una estafa. Se han cargado nuestro presente y, si no lo impedimos ya, el futuro de nuestros hijos y el de los hijos de nuestros hijos.

Nos dicen y nos repiten tanto que no hay alternativas y que lo que pasa es por nuestra culpa, porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que hemos acabado por creerlos. Pero hay alternativas, claro que las hay: cambiar nuestra anquilosada y totalmente desfasada Constitución, acercando el poder a quien verdaderamente le pertenece: la ciudadanía, perseguir el fraude fiscal (un fraude que se concentra en un 80% precisamente entre las grandes corporaciones y fortunas y que asciende a más de 45.000 millones de euros al año), renegociar nuestra deuda externa, negarnos a pagar la “deuda odiosa” y aplazar los pagos de la que realmente nos corresponda, hacer un frente común con nuestros vecinos del sur de Europa para exigir que el Banco Central Europeo y el euro sean de todos los europeos y no solo de los más ricos, acabar de una vez con los paraísos fiscales, etc. etc. etc.

En nuestro país se están produciendo más de quinientos desahucios cada día. Dos mil ciento cincuenta personas van al paro diariamente desde que, hace poco más de dos años, empezaron con las reformas laborales que tanto empleo nos dijeron y prometieron que iban a crear. En este país tan nuestro, nueve personas se suicidan cada día y tres de ellas lo hacen desesperadas por su situación económica ¿Hasta cuándo vamos a permitir que esto siga pasando? ¿Cuántos desahucios más necesitamos para darnos cuenta de que esta política nos lleva a todos a la ruina? ¿Cuántos parados más tendremos que permitir para salir a la calle y decirle a este gobierno y a sus jefes, los banqueros, hasta aquí hemos llegado?, ¿Cuántos muertos más son necesarios para que abramos los ojos y detengamos este crimen?

Hoy, callar o mirar a otro lado, pretender ser “apolítico”, pensar que esto no va con uno, no salir a defender nuestros derechos a la calle o donde se tengan que defender, es ser cómplice de esta barbarie.

Todos los sectores de la población, todos los ciudadanos, estamos llamados a defender sus derechos. El sector de la cultura lo está haciendo desde diversos ámbitos y acciones. Una de ellas es la auspiciada por la plataforma NO SIN CULTURA, que agrupa a todos los sectores culturales y que nos ha convocado a todos los ciudadanos, porque esta situación es algo que nos afecta directamente a todos, a una primera acción a la que seguirán muchas más hasta conseguir acabar con esto. Será mañana, 5 de noviembre, a las 18h. en la Plaza Santa Ana de Madrid. Allí iremos todos vestidos de negro y nos pondremos una soga de ahorcado al cuello para mostrar a la prensa nacional e internacional lo que este gobierno está haciendo con nosotros: ahorcarnos. También guardaremos un minuto de silencio, que romperemos encendiendo nuestros móviles para mostrar que la cultura es una luz que nos puede sacar a todos, y nos sacará, de estos tiempos oscuros. Aquí tienes el manifiesto que se leerá en ese acto.

Manifiesto en defensa de la Cultura

“Los recortes en la inversión pública y las medidas antisociales que el Gobierno ha adoptado en su política cultural son la consecuencia de tres planteamientos muy corrosivos: la conformidad estratégica con la destrucción de puestos de trabajo, una idea insustancial de la cultura y un menosprecio alarmante por la ciudadanía española.

El desempleo es sin duda el problema fundamental de nuestra sociedad. No se entiende que todas las medidas adoptadas para combatir la crisis económica que padecemos estén más preocupadas por controlar el déficit y solucionar los problemas de los bancos que por la creación de puestos de trabajo. Las reformas laborales impuestas por los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy sólo han servido para facilitar el despido y dañar la dignidad laboral de los que todavía tienen la suerte de encontrar o conservar un empleo. Porque el paro, desde la reforma laboral de Zapatero, en Junio de 2010, que era de 3.892.000 personas, ha aumentado en 1.800.000 parados más, a día de hoy. A los que hay que añadir los cientos de miles de jóvenes licenciados que la política de recortes de nuestro gobierno ha empujado al exilio económico en otros países de Europa.

El sector de la cultura supone el 4% del Producto Interior Bruto de España y da empleo directo a más de 600.000 personas. El desmantelamiento de la inversión pública y la subida del IVA del 8% al 21 % para los espectáculos culturales está provocando la paralización del sector, el cierre de empresas y el despido de muchos trabajadores. Las ayudas económicas a la producción cultural se han reducido, entre los años 2011 y 2013, un 75 % por parte del gobierno central y se han suprimido totalmente en la mayoría de ayuntamientos y autonomías. Los daños se proyectan de manera irreversible hacia el futuro porque afectan a la formación y las posibilidades de los artistas más jóvenes. Confundir la cultura con el rostro de algunos nombres famosos significa desconocer de un modo demagógico la realidad humana, económica y laboral de la música, el cine, el teatro, la literatura y el arte.

La confusión de la cultura con una idea insustancial del entretenimiento es una operación neoliberal para separar a los ciudadanos de la educación intelectual y sentimental, un derecho imprescindible para la formación de las conciencias críticas. Educación y cultura son el fundamento de un contrato social de carácter democrático. La Constitución Española, en su artículo 44.1, defiende la cultura como un bien público que debe ser protegido por el Estado. La operación de considerar los productos culturales como objetos de lujo y su abandono posterior a los mecanismos exclusivos del mercado y de los intereses privados supone un intento elitista de rebajar la educación de la ciudadanía, impedir su formación colectiva y facilitar un panorama en el que triunfen la demagogia, los instintos bajos y las manipulaciones mediáticas de los poderes financieros. Sin la educación de las sensibilidades individuales resultan imposibles el respeto y las voluntades solidarias que crean los vínculos de una comunidad. El desprecio a la cultura provoca la incapacidad de comprensión mutua, porque implica el desmantelamiento del pasado común, la falta de diálogo en el presente y la cancelación del futuro.

Los ciudadanos holandeses y franceses que compran una entrada de teatro pagan un máximo del 4,5 % de IVA. Los ciudadanos alemanes, el 7%. Pero su salario mínimo interprofesional es de 1.445 € al mes, mientras en España es de 641 € mensuales. Y Portugal, un país rescatado e intervenido, y en peor situación que España, se mantiene en el 13 %. Que los ciudadanos españoles tengamos que pagar el 21% es una muestra más del desprecio con el que somos tratados por un Gobierno que ahoga a su población y obedece las directrices de la banca alemana y de la política neoliberal impuesta por la derecha europea.

Los trabajadores y las trabajadoras de la cultura queremos denunciar esta situación y unir nuestras fuerzas a todas las personas y las organizaciones que están luchando por defender la dignidad de los ciudadanos españoles y el derecho constitucional a un puesto de trabajo. Cada individuo afectado sufre la crisis en la incertidumbre de su propia soledad. Pero las soluciones nos esperan allí donde seamos capaces de reunirnos. Por eso nos comprometemos a movilizarnos de manera colectiva para defender la democracia, la justicia social y los servicios públicos en nuestro país y en una Europa diferente.”

El acto del día 5 es el primero, el siguiente es la huelga general del 14 de noviembre… y tras ellos vendrán más, muchos más, todos los que hagan falta hasta cambiar la aberración que están haciendo con este país. Y la vamos a cambiar, no lo dudes…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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