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“Before the rain” (Antes de la lluvia)

La entrada de hoy está dedicada a la que, sin duda, es una de las películas que más me han gustado y que, posiblemente, mejor han reflejado el horror de la guerra y el sinsentido de la violencia y el odio: “Before the rain”, del macedonio Milcho Manchevski. El título de la película, “Antes de la lluvia”, es una parábola sobre el origen de la violencia. El cielo, antes de la lluvia, siempre está cargado, es denso y oscuro, las moscas molestan, los seres humanos y los animales están nerviosos presintiendo lo que vendrá. El ambiente, irremisiblemente, se va cargando más y más hasta que, por fin, estalla la tormenta, esa tormenta que ya no es de agua de lluvia que trae la vida, sino simple lluvia de muerte que todo lo arrasa. La estructura de la película, compuesta por tres historias de amor interrelacionadas entre sí, es circular, porque, como en la vida, el final siempre es el principio… A través del creciente odio entre cristianos macedonios y musulmanes albaneses asistimos al imparable crecimiento del germen de la violencia. La tragedia de la antigua Yugoeslavia se ve reflejada en esta película con toda su crudeza. La violencia, impulsada por el egoísmo, el miedo y la ignorancia, rápidamente se transforma en sinrazón y en odio. Quienes hasta hace poco eran nuestros pacíficos vecinos pasan ahora, sin causa aparente, a ser nuestros más enconados enemigos. Y cuando llega ese momento en el que la razón ha muerto, todos debemos tomar partido. De nada sirve hacerlo por unos o por otros. Tenemos que tomar partido siguiendo el único dictado que nos puede salvar: el de nuestra propia conciencia. “Before the rain” no es una película que habla de la guerra, no condena la violencia y su horror, simplemente lo muestra como algo que está ahí, agazapado, esperando a que llegue la tormenta. Pero, por encima de todo, “Before the rain” es un canto a la vida, un esperanzado canto al amor, un canto a todas aquellas personas que, en circunstancias cotidianas o extremas, son capaces de comprometerse y de elegir su propio camino, un camino peligroso y duro, un camino que debemos recorrer solos, un camino que no solo no nos aleja del conflicto, sino que nos lleva directamente a él, al centro de la tormenta, para que allí, desarmados y desnudos, tendamos nuestra mano abierta a todos los que la puedan necesitar.

“Before the rain” fue el primer largometraje de Milcho Manchevski, cineasta macedonio formado en EEUU. Ganó innumerables premios (León de Oro de Venecia, 1994), etc. y fue candidata al Oscar a la mejor película en habla no inglesa. Está rodada en Londres y en Macedonia, una Macedonia que, durante la última semana del rodaje, consiguió la independencia. Es una película comprometida y valiente, comprometida por el tema que trata y valiente, muy valiente, por hacerlo en el momento en que los Balcanes se debatían entre las consecuencias de la guerra y la barbarie. Cuenta con un reparto excepcional: Katrin Cartlige y Rade Serbedzija (que consiguió el premio al mejor actor en Venecia). La fotografía, espléndida, es uno de los puntales de la película, como también lo es su música, una música compuesta por el grupo macedonio Anastasia, que entronca perfectamente con todos los paisajes y las historias que vemos en la pantalla. Realmente en esta película la banda sonora es un protagonista más.

“Before the rain” empieza con una de las tres historias de amor que la componen: “Words” (palabras), en la que nos cuenta el encuentro de Kiril, un joven monje cristiano que ha hecho voto de silencio con Zamira, una joven albanesa musulmana acusada de haber asesinado a un cristiano macedonio. Kiril tiene que tomar partido, y lo hace abandonando el monasterio, dejando atrás todo su mundo, para ayudar a escapar de la muerte a la joven albanesa.

La segunda historia “Faces” (rostros) nos muestra la historia de amor que vive Ann, una editora de una revista londinense, con Álex, un fotógrafo de guerra de origen macedonio desilusionado del mundo que le rodea. Él le propone a ella que lo deje todo: su marido, su trabajo, su ciudad, y que se vaya con él. Él le hace sentirse viva, da sentido a su vida. Ella tiene que tomar partido, y lo hace negándose a seguirle, no renunciando a su mundo, un mundo absurdo y sinsentido que no le gusta pero que le da seguridad.Son pocas las personas capaces de optar por la poesía y la belleza del riesgo de vivir frente a la seguridad que les permite sobrevivir.Poco o nada importa que su vida carezca de atractivo o de sentido, son incapaces de renunciar a ella. El miedo al riesgo, el terror a la inseguridad y a lo desconocido, les impide vivir las vidas que tienen a su alcance. Entre las fotos en blanco y negro con las que ella trabaja en la revista está la de Zamira, la joven albanesa de la primera historia, asesinada.

La tercera historia “Pictures” (fotografías), une las dos anteriores al traernos a Álex de regreso a su Macedonia natal tras dieciséis años de ausencia. Todo ha cambiado en su país: las ciudades, las calles, las gentes… solo el paisaje, testigo mudo de la tragedia, permanece inmutable. Al llegar al pueblo se da cuenta de que el odio se ha apoderado de todo. Todo el mundo odia a todo el mundo, poco importa el por qué lo hacen. Cansado de ver, de padecer y de fotografiar el odio, Álex toma partido, y lo hace intentando restablecer la razón entre los suyos, recordándoles a todos que la convivencia aún es posible. Quiere ver a Hannah, un antiguo amor de juventud. Los cristianos macedonios no le dejan, porque ella es musulmana albanesa. Los musulmanes albaneses no le dejan, porque él es cristiano macedonio. A pesar de ello la ve, porque se niega a que sean otros quienes vivan su vida, quienes decidan por él. Hannah le pide desesperadamente que ayude a su hija, a la que persiguen los cristianos macedonios para matarla. Es Zamira, la joven de la primera historia. El círculo se cierra. El final es el principio. Solo en los últimos planos de la película, sobre los cadáveres que yacen tendidos en el suelo, cae la lluvia…

“Before the rain” es un canto a la vida, a que tomemos partido por vivir superando el miedo, el odio y la ignorancia, a que optemos por la belleza de vivir en paz y en libertad, pero también es un grito de alerta,una alerta que nos advierte que la lluvia está llegando, esa lluvia cargada de odio y sinrazón capaz de hacer germinar la extrema violencia de nuevo. ¿Quién podría haber previsto que hoy, en pleno siglo XXI, el partido nazi tuviese más de un 20% de simpatizantes entre la población griega, o que la extrema derecha estuviese abriéndose paso de nuevo en tantos países de esta vieja Europa empeñada en criminalizar al diferente, al inmigrante, al musulmán, al pobre… o que en un país como el nuestro no se puedan juzgar los crímenes del franquismo cuando aún permanecen enterrados en las cunetas miles de inocentes, cuando aún hay miles de niños robados buscando a sus verdaderos padres, cuando cientos de torturadores y asesinos campan a sus anchas sabedores de que nadie juzgará los crímenes que cometieron? Solo han pasado veinte años desde la guerra de la antigua Yugoeslavia, veinte años desde la última lluvia, pero de nuevo el ambiente se está enrareciendo y crispando anunciando la lluvia que vendrá. Al recibir el León de Oro de Venecia Manchevski dijo: “La película no trata sobre la guerra, sino sobre la gente que tiene que tomar decisiones. Habla sobre el hecho que, en algún momento de la vida, todos tenemos que tomar partido.” Hoy está llegando ya de nuevo la hora de tomar partido. No hacerlo, o hacerlo demasiado tarde, solo hará que la lluvia, esa lluvia que ya asoma en nuestro horizonte, se transforme en tormenta.

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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