Cine/Teatro General

Norma Jean, Princesa rota

Su madre supo que la esperaba a ella cuando se acababa de separar de su padre. Nunca le conoció. Las dificultades económicas y emocionales hicieron que su madre la dejase viviendo con unos familiares hasta que cumplió los cinco. Cuando pudo tener una casa se la llevó a vivir con ella. Pero duró poco. Meses después su madre fue ingresada en un psiquiátrico aquejada de esquizofrenia paranoide. Pasó su infancia entre orfanatos y familias de amigos de su madre que la adoptaban temporalmente. Uno de ellos abusó sexualmente de ella cuando tenía ocho años. El hijo de otro hizo lo mismo cuando solo tenía doce. Para no ir a otro orfanato aceptó casarse con dieciséis años con un joven de veintiuno que trabajaba en la fábrica donde lo hacía ella. Aquel matrimonio duró cuatro años. Más tarde volvería a casarse dos veces más, con una estrella del baseball y con un dramaturgo. Ninguno de sus matrimonios fue feliz. Siempre se sintió insegura, sola, vacía, necesitando sentirse querida, ser amada. Hoy hace cincuenta años que murió. Tenía treinta y seis años. Nunca se sabrá si su muerte fue un accidente, un suicidio o un asesinato. Se llamaba Norma Jean. Todo el mundo la conoce por Marilyn Monroe.

La vida fue muy dura con ella. Esa carencia de amor, ese no sentirse querida ni siquiera desde pequeña, la marcó para siempre. Pero amaba intensamente la vida y luchó por conseguir algo que nuca le dejaron: ser feliz. Abusaron sexualmente de ella, y sin embargo llegó a convertirse en el icono sexual más importante de la historia del cine. La encasillaron en papeles de rubia tonta, pero tenía un talento formidable y un ansia por saber que le ayudó a superar el fuerte complejo de inculta que tuvo por haber tenido que dejar los estudios cuando era una adolescente.

Trabajando en la fábrica de aeronáutica un fotógrafo que hacía un reportaje descubrió su irresistible encanto con la cámara. El amor que le negaban  las personas lo encontró en la cámara. Sus primeros pasos como modelo publicitaria fueron espectaculares y pronto se convirtió en una de las modelos más importantes del país. El mismísimo Howard Hughes, dueño de la RKO, le ofreció hacerle unas pruebas de cámara para un papel en una película, pero ella prefirió un contrato con la Fox para hacer algunos papeles pequeños en varias películas. Fue allí cuando le aconsejaron que cambiase su pelo castaño por la melena rubia y que adoptase el nombre artístico de Marilyn Monroe. Sus primeras películas (“The shocking Miss Pilgrim” y “Dangerous years” pasaron sin pena ni gloria. De aquella época ella recordaba que uno de sus primeros papeles era de figurante entre una multitud que tenía que acercarse a la protagonista para saludarla. En el montaje final cortaron su plano: “Una parte de mi espalda es visible en un plano, pero nadie lo supo aparte de mí y de algunos amigos íntimos” La Fox no le renovó el contrato y en 1948 firmó otro parecido con la Columbia. A esta etapa pertenece su trabajo en la que sería la penúltima película de los hermanos Marx al completo: “Love Happy” (Amor en conserva). Ella estaba empeñada en llegar a ser una actriz, sabía que tenía talento para conseguirlo y no dejó de luchar por ello. Se matriculó en  arte dramático en el Actor´s Lab de Hollywood e hizo varios cursos de literatura en la Universidad de Los Ángeles (UCLA)

En 1949 unas fotos suyas totalmente desnuda aparecieron en un calendario y más tarde, en 1953, en la portada del primer número de la revista Playboy. Esas fotos tumbada sobre un cubrecamas rojo han pasado a formar parte de la historia de la fotografía y se han convertido en un icono de la época.

Sin embargo, su futuro como actriz parecía realmente muy lejano hasta que, en 1950, consiguió un papel breve pero muy importante para su carrera en “La jungla de asfalto”, de John Huston. A ese papel le siguió otro también pequeño pero muy atractivo en la película de Joseph L. Mankiewicz “Eva al desnudo”.

Fue en su papel de niñera perturbada en “Niebla en el alma” donde dio claras muestras de su capacidad para afrontar papeles dramáticos. Aunque el que le hizo famosa fue el de secretaria rubia tonta en “Monkey Business” (Me siento rejuvenecer). A partir de ahí sus dotes como cantante y actriz de comedia hicieron que los productores la encasillaran en el papel de rubia tonta e ingenua que ella interpretó a la perfección, a pesar de pedir inútilmente una y otra vez que le diesen otro tipo de registros interpretativos. A esa época pertenecen títulos como “Niágara”, “Los caballeros las prefieren rubias” y “Cómo casarse con un millonario”, por la que consiguió el Globo de Oro a la mejor actriz.

En menos de un año se había convertido en una superestrella de Hollywood. Sin embargo, cuanto más Marilyn se hacía, más se alejaba de la Norma Jean original. En 1954 se casó con una megaestrella del deporte, Joe DiMaggio, en el que fue uno de los acontecimientos sociales más importantes de la época. Pero el matrimonio duró solo unos meses. Los celos de DiMaggio resultaron insuperables. No fueron estos unos años buenos para ella. Al sufrimiento en su vida personal con el divorcio le acompañó una serie de trabajos que no le aportaron nada a su carrera. Agobiada por los estudios, que querían hacer de ella el mito de la rubia tonta sexualmente explosiva, y por su inestabilidad emocional provocada por la rapidez y contundencia con que la fama había cambiado su vida, decidió dejarlo todo y esconderse. Para hacerlo se fue a vivir a Nueva York y, aconsejada por Truman Capote, se matriculó en el Actor´s Studio. Lee Strasberg la acogió como si fuese una hija. Allí se la podía ver como una alumna más rodeada por jóvenes estudiantes que querían llegar a ser actores.  Ben Gazzara nunca olvidó su magistral forma de interpretar Anna Christie de Eugene O´Neill y Un tranvía llamado deseo, de Tenessee Williams, que hizo como ejercicios de clase. El propio Strasberg decía que por su escuela habían pasado miles de estudiantes, pero que por encima de todos destacaban dos: Una era Marilyn. El otro, Marlon Brando.

Cansada de las presiones de los estudios de Hollywood decidió saltarse las reglas y crear su propia productora: Marilyn Monroe Productions, con la que rodó su primera película en Londres, dirigida e interpretada por Lawrence Olivier (El príncipe y la corista). Los estudios claudican a sus exigencias y le permiten firmar un contrato en el que ella tiene la última palabra en la elección del director y el resto del reparto. De regreso a Hollywood rueda “Con faldas y a lo loco”,  la deliciosa comedia de Billy Wilder coprotagonizada por Marilyn, Jack Lemmon y Tony Curtis. A nivel personal parece haber encontrado la estabilidad emocional al lado del dramaturgo Arthur Miller. Para casarse con él ella se convierte al judaísmo. Miller, intelectual de izquierdas profundamente comprometido, parece la persona ideal para cubrir la necesidad de saber de Marilyn. Sin embargo, el círculo de Miller jamás acepta a una mujer a la que consideran superficial y vacía. Poco importó que en realidad ella fuera precisamente todo lo contrario. En 1957, rodando en Londres “El príncipe y la corista”, Marilyn tuvo su primer aborto espontáneo. Tendría otro dos años después, rodando “Con faldas y a lo loco”. Miller y Marilyn estuvieron casados cinco años, aunque más por retrasar el divorcio que por verdadero amor conyugal. Esta situación, su absoluta incapacidad para soportar la tremenda presión a la que la sometían los estudios y su propia inseguridad personal, hicieron que empezase a tener problemas con los barbitúricos (siempre había tenido insomnio) y el alcohol, unos problemas que afectaron a su vida personal y a la profesional. Es en esta época cuando las depresiones que sufre la llevan a internarse en más de una ocasión en un sanatorio. Billy Wilder recordó en más de una ocasión que el rodaje de “Con faldas y a lo loco” había sido uno de los más difíciles de su carrera porque Marilyn tenía serios problemas para memorizar los textos (tuvo que repetir 65 veces una toma en la que ella solo tenía una frase) y llegaba regularmente tarde al set de rodaje.

Marilyn había apostado fuerte por Miller, imponiéndolo en varias de las películas en las que ella iba a trabajar. El rodaje de “Let´s make love”, dirigida por George Cukor, se retrasó porque los cambios de guion que hizo Miller hicieron que Gregory Peck, Cary Grant, Charlton Heston, Yul Brynner y Rock Hudson rechazaran interpretar el papel que finalmente hizo Yves Montand.

A nivel profesional estaba en la cúspide de su carrera porque el público la adoraba. Sin embargo, los estudios eran muy reticentes a contratarla por los problemas que su situación personal provocaba en los rodajes. En 1960, poco antes de divorciarse, Miller escribió para ella el guion de “The Misfits” (Vidas Rebeldes), que dirigiría John Huston y en la que Marilyn trabajaría al lado de Clark Gable y Montgomery Clift en una historia de perdedores en la que ella hizo uno de los mejores papeles de su carrera. Huston dijo de este rodaje que “Marilyn excavó dentro de sus propias experiencias personales para sacar a la superficie algo único y extraordinario. No tenía técnica de actuación. Era todo verdad, era sólo ella”

Acabado el rodaje regresa a Nueva York separada ya de Miller. Se refugia en la casa de su viejo amigo Lee Strasberg.  Tras el divorcio de Miller ingresa voluntariamente en una clínica psiquiátrica en una experiencia que fue muy traumática para ella. Fue DiMaggio quien la sacó de allí para trasladarla a un hospital normal. No trabajó más durante aquel año. En 1962 empieza a rodar “Something´s Got to Give” junto a Dean Martin. Sus continuos retrasos y ausencias del rodaje hicieron que la Fox la despidiera, pero Dean Martin se negó a acabar la película si no era con ella, por lo que tuvieron que readmitirla. El 9 de mayo, en la gala por el cumpleaños del Presidente John F. Kennedy, ella interrumpe el rodaje y canta el que sin duda es el “Cumpleaños feliz” más famoso de la historia. Su relación con el Presidente parece que es más que de amistad y eso hace que se enciendan todas las alarmas del Pentágono y de la CIA. Marilyn supone una amenaza para la estabilidad presidencial del país. La relación de este hecho con su muerte tres meses después nunca ha podido ser confirmada ni desmentida.

Acabada la gala regresó al rodaje. La película nunca se acabó. Solo se conserva una veintena de minutos que incluyen el famoso baño de Marilyn desnuda en la piscina. Marilyn apareció muerta en su dormitorio en la madrugada del 5 de agosto de 1962. Su mano estaba aferrada al teléfono. Junto a ella, un tubo vacío de barbitúricos. Nunca se ha revelado con quién habló aquella noche, ni mucho menos el contenido de la conversación. Su muerte, cincuenta años después, sigue siendo un misterio.

Norma Jean fue una princesa rota, una niña de la que abusaron y a la que maltrataron robándole el cariño y el amor al que toda niña tiene derecho. Marilyn fue una reina rota, una mujer de la que abusaron y a la que maltrataron robándole el cariño y el amor al que toda mujer tiene derecho. Ella vivió su vida con las cartas que le habían tocado. Siempre supo que aquella era una partida que jamás podría ganar, pero no por ello dejó de intentarlo.  Solo la dejaron vivir 36 años, 36 años que dedicó a buscar el cariño y el amor que casi todos le negaron. DiMaggio, quizá el que mejor la comprendió, dijo en su funeral: “No puedo decirle adiós a Marilyn, nunca le gustaba decir adiós. Pero, adoptando su particular manera de cambiar las cosas para así poder enfrentarse a la realidad, diré “hasta la vista”. Porque todos visitaremos algún día el país hacia donde ella ha partido”

Marilyn, Norma Jean, sigue viva en todos los que amamos el cine, en todos los que soñamos, en todos los que hubiésemos querido estar allí para tenderle esa mano amiga que tantas veces le negaron. La canción que Elton John le dedicó es la mejor manera que he encontrado de expresar lo que muchos sentimos hoy por ella. ¡Va por ti, Marilyn, dondequiera que estés!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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