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¡Vamos a contar verdades!

A fuerza de repetirnos las mentiras una y mil veces no han conseguido que se conviertan en verdades, pero sí que muchos de nosotros nos las creamos. Ese es nuestro gran error, un error que nos adormece y que permite que quienes nos están robando nuestros derechos puedan hacerlo impunemente, sin que los ciudadanos salgamos a la calle para impedir este expolio criminal del estado del bienestar que tantos años y sacrificios costó crear. El sistema es tan sofisticado y aparentemente complejo que hace que muchos de nosotros pensemos que es imposible enfrentarse a él, que no hay más solución que aceptar recorte tras recorte y expolio tras expolio. Pero hay soluciones, y son soluciones no solo teóricas, sino que han mostrado su viabilidad en la práctica. Otras políticas son posibles. La clave está en que entendamos las reglas del juego al que nos están obligando a jugar, o nos seguiremos viendo como lo que somos ahora: pollos sin cabeza que correteamos a toda prisa de aquí para allá para tapar este agujero o apagar aquel incendio. Para eso es necesario desmontar sus mentiras. Así que ¡Vamos a contar verdades!

1) EL ORIGEN DE LA CRISIS SE DEBE A QUE HEMOS GASTADO DEMASIADO Y AHORA TENEMOS QUE PAGARLO

Mentira. Mientras el PIB español (la riqueza que como país producimos cada año) equivale al 94% del PIB promedio de la Europa de los 15 (UE-15, es decir, los países más ricos de la UE), nuestro gasto social solo alcanza al 72% del que en promedio gastan ellos. En otras palabras, que casi somos tan ricos como ellos pero solo tenemos tres cuartas partes de los derechos sociales que ellos tienen.

Hay un dato que demuestra claramente que no hemos gastado más de lo que ingresamos, que no hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades” como nos dicen, y es que España tenía superávit presupuestario en 2007, es decir, que antes de la crisis ingresaba más de lo que gastaba, por lo que difícilmente nuestro “excesivo” nivel de gasto pudo provocar la crisis. Ha sido precisamente desde que estalló la crisis cuando se ha invertido la tendencia y hemos pasado de tener superávit a tener déficit. O dicho en otras palabras, el déficit no ha sido el causante de la crisis, sino que la crisis ha sido la causante del déficit.

2) COMO GASTAMOS MÁS DE LO QUE INGRESAMOS NO TENEMOS MÁS REMEDIO QUE RECORTAR NUESTROS GASTOS PARA ELIMINAR EL DÉFICIT PRESUPUESTARIO

Mentira. Tener déficit presupuestario significa que los gastos son superiores a los ingresos, pero para reducirlo o eliminarlo, se pueden reducir los gastos o aumentar los ingresos. El resultado económico será el mismo, desaparecerá el déficit, pero el sacrificio que habrá que pagar por ello será totalmente diferente. Reduciendo el gasto seremos todos los que las pasaremos verdaderamente canutas mientras que aumentando los ingresos serán, en todo caso, los pocos más privilegiados, quienes paguen lo que ahora están defraudando. El Estado tiene dos formas de aumentar los ingresos: haciendo que la economía crezca o aumentando los impuestos.

¿Pagamos menos impuestos que nuestros socios europeos? Los ingresos del Estado español representan un 32% de su PIB mientras que la media de la UE-15 es del 44% (que llega hasta un 54% en países como Suecia). Este dato podría indicar que efectivamente, en nuestro país pagamos menos impuestos que los que pagan nuestros socios europeos. Pero analizando un poco más profundamente este dato comprobamos que mientras el trabajador asalariado español paga unos impuestos similares a los que pagan los trabajadores asalariados europeos, las grandes fortunas y las grandes corporaciones y empresas españolas están pagando una quinta parte de lo que pagan sus homólogos europeos. Según cifras de la propia Agencia Tributaria del Estado español, un empresario ingresa menos que un trabajador y las grandes empresas solo pagan un 10% de sus beneficios. La desproporción entre la fiscalidad de las rentas de trabajo y las de capital es uno de los mayores desequilibrios existentes en nuestro país. Y no estamos hablando de evasión fiscal, sino de elusión fiscal, es decir, dejar de pagar impuestos legalmente, con instrumentos, por ejemplo, como las SICAVs, sociedades de inversión colectiva en las que las grandes fortunas depositan sus ahorros y que solo tributan al 1%. La evasión fiscal es también un deporte nacional en este país donde, según diversas estimaciones, la economía sumergida podría representar un 24% de nuestro PIB. También en esto los que más tienen son los que más defraudan: según el último informe elaborado por los Técnicos del Ministerio de Hacienda agrupados en GESTHA, el volumen de fraude fiscal de las grandes fortunas, corporaciones y grandes empresas en España asciende a 43.000 millones de euros (equivalentes al 72% del fraude total que existe en España). ¿Por qué no usar esos 43.000 millones de euros para reducir el déficit en lugar de recortar los gastos de educación, sanidad, cultura, ayuda al desarrollo, investigación…?

La conclusión es clara, los trabajadores españoles, esos que de verdad sufrimos los recortes de nuestros derechos sociales, pagamos los mismos impuestos que los trabajadores europeos, pero los millonarios españoles pagan solo el 20% de lo que pagan los millonarios europeos. Es ahí, incrementando los recursos para la inspección fiscal y abordando una verdadera reforma fiscal que sea más justa y equitativa, donde podemos incrementar los recursos que nos permitan reducir el déficit. Sin embargo la partida presupuestaria destinada a dotar de recursos a la inspección fiscal es una de las más bajas de Europa y se ha reducido todavía más gracias a la política de recortes llevada a cabo, y las perspectivas a corto/medio plazo de que nuestros políticos aborden de verdad una reforma fiscal como la que necesitamos son prácticamente nulas.

3) TENEMOS QUE BAJAR LOS SALARIOS Y FLEXIBILIZAR EL MERCADO LABORAL PARA AUMENTAR LA COMPETITIVIDAD DE NUESTRAS EMPRESAS

Absolutamente mentira. No deja de ser curioso y contradictorio que quienes exigen que bajemos los salarios y flexibilicemos el mercado laboral sean países que, como Alemania, tienen salarios altos y un mercado laboral muy reglamentado. Y además que nos lo exijan, precisamente, a los países que tenemos los salarios mas bajos de la Unión Europea (en 2007, por ejemplo, el salario medio en euros estandarizados, es decir homologando la capacidad de adquisición entre países de distinto nivel de riqueza, en España era de 27.348 euros, de 24.485 en Grecia y de 20.072 en Portugal, mientras que en Dinamarca era de 36.184, de 38.145 en Gran Bretaña y de 44.602 en Luxemburgo). Pero lo más contradictoriamente hipócrita y cruel de todo es que pretendan argumentar que la elevadísima tasa de paro de España se debe a lo elevado de los salarios que se pagan aquí y a la rigidez de nuestro mercado laboral. ¿Cómo explican entonces que Alemania tenga un nivel de paro tan inferior al español si paga salarios más altos y su mercado laboral está mucho más reglamentado que el nuestro?

Enlazando ahora con el punto 2) anterior, la otra alternativa para aumentar los ingresos del Estado español y con ello reducir el déficit, es la de implementar políticas económicas orientadas al crecimiento, no a la austeridad, que son las únicas que estamos llevando a cabo. La doctrina neoliberal de Merkel y compañía se centra, exclusivamente, en reducir los costes y los gastos. Si bajamos los salarios, nos dicen, nuestros productos podrán ser más baratos y los comprarán más. Eso hará crecer la economía, disminuir el paro y generar más ingresos procedentes de los impuestos para el Estado y menos gastos (si disminuye el paro se pagarán menos subsidios de desempleo). La realidad, tozuda, es bien distinta. Si bajan los salarios disminuye la capacidad de compra de los consumidores, por lo que aunque los productos sean más baratos, cada vez menos personas pueden comprarlos. Las únicas empresas que podrían beneficiarse de una política de bajadas salariales generalizadas y de flexibilización del mercado laboral como la que lleva a cabo España son las que producen aquí sus productos pero los venden íntegramente fuera, los exportan a países que no están en crisis. Pero, ¿Es ese el modelo de empresa dominante en España? No. Lo que tenemos aquí son una gran masa de pequeñas y medianas empresas que venden sus productos a nivel nacional y unas cuantas grandes empresas que exportan una parte importante de su producción, que son las únicas que realmente se benefician de los salarios bajos. ¿Qué estamos viendo en los países que, como Grecia, han llevado a cabo políticas neoliberales de recortes y reducción de salarios? ¿Han crecido? No. Todo lo contrario, cada vez tienen menos consumo interno y menos capacidad de ahorro, por lo que cada vez dependen más de la deuda en manos de la banca extranjera para poder evitar la bancarrota. Cuantos más recortes, más recesión económica. Y no nos olvidemos, empezaron con Grecia, luego intervinieron las economías (bajo el eufemismo de llamar “rescate” a esa intervención) de Portugal y de Irlanda. Al paso que vamos, y si no cambian rápida y drásticamente las políticas económicas de recorte tras recorte que nos están obligando a hacer, España será intervenida, perdón quería decir “rescatada”, en breve.

Muchos pensarán que no hay otra alternativa, pero se equivocan. Si repasamos la historia moderna veremos que las grandes crisis económicas se han solventado con políticas expansivas de crecimiento, no con las de los de recortes y la austeridad calvinista que nos propone la doctrina fundamentalista neoliberal. Estados Unidos salió de la Gran Depresión de 1929 haciendo precisamente lo contrario de lo que nosotros estamos haciendo ahora. Ellos, en lugar de reducir los salarios, los aumentaron, sí los aumentaron, y, además redujeron la jornada laboral. ¿Qué consiguieron con ello? Que los consumidores tuviesen más dinero y más tiempo para comprar. Las empresas aumentaron sus ventas y contrataron a más trabajadores para poder producir más. Eso hizo disminuir el paro, aumentar el consumo y hacer crecer a la economía. El crecimiento de la economía se tradujo en mayores ingresos para el Estado ya que al haber mayor actividad económica recaudaba más impuestos y en menores gastos ya que disminuía el gasto social y también el financiero, porque tenía menos deuda y podía financiarse a un tipo de interés más bajo. La gente pasó del pánico generalizado a tener una esperanza real de que las cosas irían a mejor y, lo que es más importante, a sentir en sus bolsillos que las cosas estaban yendo mejor. Eso es lo que generó confianza, la confianza necesaria para salir de una crisis.

Nos dirán que esto no se puede hacer porque no hay dinero para aumentar los salarios. Mentira. También nos dijeron durante años que no había dinero para cumplir con el objetivo del 0,7% para ayuda al desarrollo y en cambio de la noche a la mañana “aparecieron” los cientos de miles de millones de euros que se dieron a los bancos para evitar su colapso. Solo con el 1% de lo que les dieron a los bancos se habría resuelto el hambre de millones de personas. También nos acaban de decir que tenemos que tragar con los brutales recortes en educación y sanidad porque no hay dinero y como por arte de magia se le van a dar 23.465 millones de euros a Bankia. ¿Que las empresas tal y como están no podrían aumentar el sueldo de sus trabajadores? Pues que el Estado implante una prestación compensatoria para las mujeres que se dedican a las tareas domésticas de sus casas, tareas que ni están reconocidas ni valoradas porque las hacen sin cobrar, aunque sí son un trabajo y como tal debería ser remunerado. Con esa inyección extra de dinero en los hogares españoles se resolverían multitud de casos verdaderamente dramáticos, se generaría mayor estabilidad en las familias y aumentaría el consumo, lo que también provocaría una caída del paro. Hasta los bancos saldrían beneficiados ya que descendería la tasa de impagados que ahora tienen y tendrían que provisionar menos dinero en sus cuentas de resultados.

4) SOLO AUMENTANDO LA COMPETITIVIDAD EXTERIOR DE NUESTRAS EMPRESAS PODREMOS HACER QUE LA ECONOMÍA CREZCA

Mentira. La teoría de que las empresas más competitivas (entendiendo la competitividad desde una perspectiva tan limitada como la de considerar que es la capacidad de producir un producto a un coste menor que el de los competidores) son las que pueden subsistir en un mercado tan competitivo como éste se basa en un modelo de mercado perfecto, en el que todos los países producen exactamente los mismos productos. Pero eso no se da en la realidad. Hay tal diversidad de productos, de plazos de entrega, de calidades, de diseño, de servicio posventa, etc. que el precio, aún siendo importante, no es la principal ventaja competitiva. Es mucho más barato comprar un buen zapato que nos dura años que cinco muy baratos pero que tenemos que tirar cada temporada. La competitividad, por tanto, no hay que buscarla solo abaratando los costes laborales, ya que hacer de ello nuestra principal ventaja competitiva nos lleva directamente a tener que competir con países como China o India, que tienen unas condiciones laborales que se asemejan más a la esclavitud que a otra cosa y contra los que, en costes, jamás podremos competir. Donde tenemos que buscar nuestra competitividad es en el valor añadido de nuestros productos: en el diseño, el rendimiento, la calidad. Pero para ello necesitamos enfrentarnos al verdadero problema que tiene la economía de este país: su modelo económico, su modelo productivo.

En efecto, nuestro modelo económico está basado en el ladrillo: la construcción era el gran motor de nuestra economía porque es un sector que impulsa el crecimiento (y más si se hace a base de la especulación criminal que se ha hecho con el suelo en España en los últimos años) y da trabajo a otros muchos sectores (construir una casa no solo da trabajo al arquitecto y al aparejador que la diseñan y a los albañiles que trabajan en ella, sino que también se lo da a multitud de proveedores como fabricantes de puertas, de ventanas, de cable, de cerraduras, de yeso, de cemento, de pintura, de ladrillo, de hierro, de mármol, de gres, de electrodomésticos, a gestorías, compañías de seguros., bancos, etc. etc. etc.) Ahora bien, el valor añadido de la construcción en sí es muy bajo ya que se basa, fundamentalmente, en el coste de su mano de obra. ¿Qué ha pasado cuando ha explotado la burbuja inmobiliaria y la construcción se ha ido al garete? Que nos hemos quedado sin el motor de nuestra economía y, lo que es más grave, hemos constatado que no estamos preparados para competir en sectores de mayor valor añadido (tecnológicos, diseño, etc.), contra países como Francia o Alemania.

El caso de la industria del automóvil en Alemania y en España puede ser un buen ejemplo para entender este punto: Las principales marcas de automóviles son alemanas. Los coches son diseñados allí y fabricados en diferentes países donde los costes de producción (laborales entre otros) son más bajos. Es decir, que allí es donde está realmente la investigación, el desarrollo y la innovación de los coches. En España, por el contrario, no se diseñan los coches, sino que únicamente se fabrican algunos modelos. Pues bien, a nivel fiscal, España solo cobra impuestos de los coches vendidos (en España o en el extranjero) fabricados en España, mientras Alemania cobra impuestos de todos los coches de marcas alemanas que se venden en el mundo, con independencia de dónde se hayan fabricado y de dónde se vendan. De ahí la importancia de cambiar nuestro modelo productivo y orientarlo a sectores de alto valor añadido.

Y ¿cómo poder ser competitivos en estos sectores? La respuesta es muy clara: invirtiendo en educación y en investigación, innovación y desarrollo. Y ¿qué estamos haciendo nosotros? Todos conocemos los recortes que está sufriendo la educación pública en España, por lo que no es necesario extenderse en comentarios para explicar que en educación estamos haciendo precisamente todo lo contrario a invertir. Para los que no estén familiarizados con las cifras de los presupuestos generales del Estado en cuanto a Investigación, Innovación y Desarrollo basta señalar que los 9.662 millones de euros destinados a ello en el año 2.009 se redujeron a 7.576 millones en 2010 y se han vuelto a reducir en 2012 hasta menos de 6.400 millones de euros. En otras palabras, de nuevo hacemos todo menos invertir. Y eso es especialmente grave si tenemos en cuenta que los 9.662 millones de euros de 2009 eran ya muy inferiores a lo que invertían nuestros socios europeos. En resumen, España era uno de los países de la Unión Europea de los 15 que menos invertía en educación y en I+D+i, a pesar de ser uno de los que más necesitaba invertir en ello, y actualmente cada año invertimos menos mientras nuestros socios invierten más. ¿Podremos ser competitivos de seguir así en algo que no se base únicamente en salarios bajos y en facilidades de despido?

5) TODO ESO ESTÁ MUY BIEN, PERO NO TENEMOS DINERO Y DEPENDEMOS DE QUE LOS BANCOS EXTRANJEROS Y LA UNIÓN EUROPEA NOS FINANCIEN, ASÍ QUE NO PODEMOS HACER OTRA COSA

De nuevo mentira. España está endeudada, es cierto, pero también lo es que lo está mucho menos que otros de nuestros socios europeos. En 2006 la deuda pública española representaba un 39,6% del PIB y pasó al 60,1% en 2010, debido a la caída de los ingresos provocada por la crisis y el aumento de los gastos (entre otros los propios intereses y la famosa prima de riesgo, que es el diferencial que paga la deuda española por encima de la alemana). El límite de endeudamiento que fija la Unión Europea es del 60% de PIB, es decir que nuestra economía no estaba excesivamente endeudada. Alemania, que tanto habla, tenía en el 2006 una deuda equivalente al 67,6% de su PIB y en 2010 subió hasta un 83,2%.

El problema de España no es, por tanto, que tenga una elevada deuda pública. Otro cantar es el de la deuda privada, es decir, la deuda que los bancos tienen con sus clientes privados. Si tenemos en cuenta que la distribución de la riqueza en España lleva décadas orientada a hacer que los pocos ricos sean cada vez más ricos y que los pobres sean cada vez más pobres, y que, además, sean precisamente los más ricos quienes tengan más facilidades para “ocultar” su patrimonio y sus ahorros, no cuesta entender que la capacidad de ahorro del español medio es baja, muy baja y en muchos casos nula y que, en mayor o menor medida, está abocado a endeudarse para poder hacer frente a sus gastos, especialmente el de la vivienda. Según el Banco de España, en 2002 un 42,5% de las familias españolas tenían que dedicar más del 40% de sus ingresos de su renta a pagar las deudas contraídas para pagar su vivienda, porcentaje de familias que solo tres años más tarde, en 2005, había pasado ya del 70%.

Impulsados por un entorno de tipos de interés bajos y un crecimiento imparable del precio de la vivienda, los bancos españoles hallaron su filón de negocio en el mercado inmobiliario. Todos recordamos las jugosas ofertas que nos hacían bancos y cajas impulsándonos a comprar pisos. Llegó a ser más baja la cuota mensual de una hipoteca que el alquiler de una vivienda y eso hizo que se extendiese la percepción de que quien alquilaba una vivienda era tonto ya que estaba “tirando” el dinero en lugar de “ahorrarlo” comprando la vivienda. Obcecados por crecer y ganar cada día más, los bancos impulsaron ese negocio introduciendo conceptos que el cliente medio no estaba preparado para asimilar: tipos de interés variable, financiación en divisas, swaps, etc. Todo valía con tal de crecer. En una economía que crecía y en la que el precio de las viviendas (que eran la garantía de esos créditos) crecía todavía más, muchos creyeron que había margen para la especulación ilimitada. Además, la idea de que el precio de las vivendas no podía bajar era un dogma de fe. Decir que no era verdad y que podían caer, como cíclicamente ocurre en otros países, era exponerse a ser condenado por agorero e inculto a la hoguera de los marginados. Sorprendentemente las instituciones internacionales que, en teoría, debían velar por el bien de nuestra economía (como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo o la Comisión Europea) atacaban y ponían todo tipo de trabas al endeudamiento público (que es generador de empleo y riqueza) y callaban escandalosamente frente al desorbitado crecimiento del endeudamiento privado, que pasó de 700.000 millones de euros en 2001 a 1,8 billones de euros en 2008, de los que el 70% se destinó al sector construcción y sus sectores afines. Pronto los bancos españoles agotaron la capacidad interna de crédito (la que tenían concediendo créditos utilizando solo los depósitos de sus clientes), y pidieron créditos a bancos extranjeros (alemanes principalmente) para seguir financiando aquel paraíso que era la financiación inmobiliaria en España. Los bancos alemanes, queriendo sacar también su tajada de aquel esplendoroso negocio, no dudaron en prestar dinero a los bancos españoles para que lo prestasen a sus clientes que compraban y compraban unas viviendas que subían de precio de día en día. Pero al final el globo explotó y las viviendas dejaron de venderse. A la caída de ventas siguió la caída de los precios, y con la caída de éstos, muchas de las garantías hipotecarias pasaron a valer menos de lo que los clientes debían a los bancos. Asustados, los bancos dejaron de prestar dinero y provocaron que el sistema económico se colapsase. Sin dinero las empresas no podían financiar sus ventas, por lo que dejaron de vender. El número de impagados aumentó de forma vertiginosa y con él el número de empresas que tuvieron que cerrar. Así es como lo que empezó siendo una crisis financiera acabó siendo una crisis económica sin precedentes que se ha llevado todo por delante. El número de personas que perdieron su empleo creció de forma imparable y con ellos el de personas que ya no podían pagar sus hipotecas. Muchos bancos se vieron en serias dificultades para no entrar en bancarrota y exigieron la ayuda del Estado. En 2008, todos los países industrializados corrieron a prestarles cientos de miles de millones de dólares y de euros para evitar el tan temido colapso financiero.

La crisis hizo que los bancos cerrasen aún más el “grifo” del crédito a la empresa privada que, sin su financiación, se vio, en mayor medida todavía, abocada a cerrar. El resultado: más impagados y más parados. Haber adoptado en aquel momento políticas que hubiesen potenciado el crecimiento económico y haber hecho que el Banco Central Europeo hubiese tomado el mando de la situación inyectando dinero directamente al sistema hubiese paliado los efectos de esta crisis que ahora todos estamos padeciendo. Pero no lo hizo. Se limitó a prestar cientos de miles de millones de euros a los bancos para que solucionasen sus problemas de liquidez y de rentabilidad y abriesen de nuevo el crédito a las empresas y a los particulares. Pero  tampoco lo hicieron. Invirtieron todos aquellos cientos de miles de millones de euros por los que pagaban un interés del 1% en deuda pública de diferentes países por la que cobraban ente un 3 y un 7%. No contentos con eso, se han permitido el lujo de especular contra la deuda de esos mismos países al poner en duda la solvencia de los Estados emisores de la deuda en la que invirtieron, presionándoles de manera criminal para que implanten esas políticas de reducción del déficit a base de recortes y de austeridad espartana que todos conocemos. Y, para más desfachatez, lo han hecho sin haber devuelto los cientos de miles de millones que los países industrializados les prestaron hace cuatro años. Con su presión, eufemísticamente denominada de los “mercados”, han provocado la caída de varios gobiernos y que en dos países de la Unión Europea (Italia y Grecia) gobiernen gobiernos de tecnócratas impuestos por ellos que no han sido elegidos democráticamente en unas elecciones.

Hoy el volumen del crédito bancario a las empresas y a las familias, tras tantos años de sufrir restricciones, está volviendo a los niveles de hace cuatro años. A la fuerza ahorcan. Pero el precio que estamos teniendo que pagar por una reducción del volumen de crédito privado tan drástica e inesperada (ninguno de los que se endedudaron hace cuatro años pensaba que una vez pagado su crédito no podría acceder a otro nuevo) ha sido la vertiginosa caída del consumo y de la capacidad de ahorro.

Los bancos, amparados por la absoluta desregulación que vivía y vive el sector gracias a las políticas neoliberales impulsadas a nivel mundial desde la época de Reagan y Thatcher hasta nuestros días, se apartaron de su negocio tradicional (dar créditos a sus clientes) para embarcarse en una aventura suicida de especulación salvaje y criminal. Así, solo un 1% de las operaciones financieras internacionales que se hacen a nivel mundial corresponden a operaciones relacionadas con la economía real (la de la industria, el comercio, etc.), mientras que el 99% corresponde a simples operaciones especulativas con instrumentos financieros que llegaron a ser tan complejos y sofisticados que ni ellos mismos los entendían. Esos productos eran los únicos que podían competir en rentabilidad con las hipotecas. Fue su avaricia y su obsesión por el beneficio a corto plazo lo que provocó la debacle que estamos viviendo. Si a todo ello le sumamos que todos ellos tienen departamentos especializados en “planificación fiscal” para sus mejores clientes (léase de nuevo grandes fortunas, corporaciones y grandes empresas) y que operan en y desde paraísos fiscales contribuyendo a que sus clientes defrauden a Hacienda, se entenderá por qué se les acusa de ser los verdaderos culpables de esta crisis.

¿Contratarías a un zorro para que vigilase tu gallinero? Claro que no, pero eso es precisamente lo que han hecho nuestros políticos: dar el poder a los bancos para que nos saquen de la crisis que ellos mismos provocaron. Y así nos va.

¿Es cierto que no existe ninguna alternativa?, ¿es cierto que tenemos que plegarnos a los que nos exigen porque si no no darán más crédito a los bancos españoles ni comprarán deuda pública española y nos ahogarán financieramente? Es posible, pero también muy improbable. En el mundo bancario hay un dicho que viene a decir que si un cliente te debe mil euros ese cliente tiene un problema, pero que si te debe mil millones de euros el que tiene el problema es el banco. Y esa es precisamente nuestra gran fuerza: la cantidad de dinero que les debemos. Ellos quieren cobrar y nosotros queremos pagar. Hasta ahí estamos de acuerdo. El problema viene cuando nos exigen que les paguemos en un plazo excesivamente corto o en unas condiciones que no podemos asumir (recortes, etc.). Aprovechemos pues la fuerza que nos da deberles tanto dinero y pongámosla sobre la mesa: seamos nosotros quienes fijemos las condiciones del pago de nuestra deuda. Si para ello es necesario amenazar con dejar de pagar la deuda, amenacémosles. Si solos no lo podemos hacer porque no tenemos la fuerza suficiente para hacerlo, pongámonos de acuerdo con nuestros vecinos griegos, portugueses, irlandeses e italianos y presentemos un frente común en la negociación. No sé lo que llegaríamos a conseguir con eso, pero sí sé lo que estamos pagando por no hacerlo, y es un precio que ni podemos ni debemos pagar.

6) SALIR DEL EURO O DE LA UNIÓN EUROPEA SERÍA UNA CATÁSTROFE PARA ESPAÑA

Puede ser, eso nadie lo duda, pero seguir en el euro y en la Unión Europea alemanizada que hoy padecemos es nuestro suicidio económico y social. Todas estas políticas de recortes están orientadas desde Alemania que, apropiándose de Europa y habiéndose arrogado el papel de nuevo Führer, está imponiendo la política de todos los demás en función no de los que les interesa a éstos o a la propia Unión Europea, sino de lo que más beneficia a Alemania. Nuestra crisis con la deuda está haciendo que los alemanes se estén financiando a los tipos de interés más bajos de su historia. Y los recortes están haciendo que no podamos cambiar nuestro modelo económico y sustituirlo por uno de mayor valor añadido (que en algunos campos podría llegar a competir con el alemán) al no poder invertir en educación ni en Investigación, Innovación y Desarrollo, por lo que nos estamos condenando a especializarnos en un modelo económico de escaso valor añadido donde la principal ventaja competitiva son los costes laborales bajos. En otras palabras, que nos están convirtiendo en la China de Europa, pero no en cuanto a su tasa de crecimiento y su potencial de riqueza, sino en cuanto a las paupérrimas condiciones laborales en las que basa su economía, que se asemejan, por no decir que lo son, a las de la esclavitud. Hoy nos estamos jugando el modelo económico de este país de las próximas décadas. ¿Recuerdan cuando no hace ni cinco años nos hablaban de la “sociedad del conocimiento”, de lo importante que era llegar a ser competitivos en conocimiento? ¿Qué ha sido de aquello? ¿Ha dejado de existir? No. Existe, pero fuera de nuestras fronteras, existe para otros, tan solo ha dejado de existir para nosotros.

Puestas así las cosas ¿realmente nos interesa estar en una Unión Europea que solo defiende los intereses de Alemania y de los países más ricos?, ¿De verdad nos compensa todo este sufrimiento de recortes y renuncias, y las nefastas perspectivas de futuro que nos ofrece? Si no cambian radicalmente y de forma rápida las políticas de austeridad llevadas a cabo hasta ahora por otras que favorezcan el crecimiento económico y aboguen por una distribución de la riqueza más justa y equitativa creo, sinceramente, que tendríamos que empezar a elaborar nuestro propio plan “B” de salida del Euro y de la Unión Europea (de nuevo un plan que debería intentar tender puentes con otros países que están en situación similar a la nuestra para fortalecer nuestra posición negociadora)

7) NO HAY SOLUCIONES MÁGICAS, ESTO ES LO QUE HAY.

Mentira, mentira y mentira. En el libro “HAY ALTERNATIVAS”, de Viçenc Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón publicado por Attac, cuya lectura recomiendo y pido más que encarecidamente a todos, se especifican hasta 115 propuestas concretas para salir de esta crisis. Están agrupadas por áreas de actuación, y van desde la política fiscal, a la gobernanza mundial, pasando por la distribución de la riqueza, el comercio, el sistema financiero, las relaciones laborales, el estado del bienestar, los derechos sociales, la educación, etc. En definitiva, soluciones políticas a un problema político, porque nunca debes olvidar que aunque tú creas que “pasas” de la política, la política no está pasando de ti y todo lo que te pasa en la vida depende de ella (que tengas o no vivienda, que tengas o no trabajo, que puedas formarte adecuadamente, que te desahucie o no el banco, que puedas tener acceso a una prensa verdaderamente libre y no manipulada como la que tenemos hoy, etc. etc. etc.)

Desmontemos ya las mentiras que nos cuentan: 1) El origen de la crisis fue por culpa de los bancos y no por culpa de que los ciudadanos o los Estados gastasen demasiado. Ni un solo banquero ha pagado por ello ni se le han exigido responsabilidades. Como muestra un botón: a Bankia le vamos a dar, recortándolos de nuestros derechos sociales más básicos porque los otros ya nos los quitaron, 23.465 millones de euros para tapar los agujeros que ha causado la mala gestión de sus directivos, a los que no solo no se les exigen responsabilidades, sino ni siquiera una explicación. 2) La Gran Depresión a la que nos están llevando ahora de cabeza tiene también unos culpables muy claros: Merkel, empeñada en alemanizar Europa y en convertir a los países del Sur de Europa en pequeñas Chinas privatizadas que produzcan con mano de obra barata y sin valor añadido alguno, y esa “troika” que es la que en realidad nos gobierna (por mucho que lo niegue Rajoy) formada por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea (no por casualidad tres instituciones cuyos mandatarios no son ni han sido nunca elegidos democráticamente por los ciudadanos) y que nos obliga a ir de recorte en recorte hasta la bancarrota. Hay alternativas a la crisis, otras políticas económicas son posibles. La salida no está en reducir cada vez más los gastos, sino en aumentar cada vez más los ingresos haciendo que la economía crezca con políticas de expansión económica, no de austeridad (EEUU superó la crisis financiera de hace cuatro años y evitó caer en la crisis económica que padecemos en Europa aplicando políticas expansivas de gasto público y permitiendo que su banco central, la Reserva Federal, inyectase dinero directamente al sistema) y llevando adelante una verdadera reforma fiscal que haga que las grandes fortunas y grandes empresas españolas paguen los mismos impuestos que pagan sus homólogos europeos, y no cinco veces menos, como ocurre ahora. ¿Difícil? SÍ ¿Imposible? NO. ¿Necesario? NO, IMPRESCINDIBLE Cuanto mayor sea el número de personas que conozcan la realidad de lo que están haciendo con nosotros más posibilidades tendremos de forzar el cambio político que tan urgentemente necesitamos. Los emperadores romanos acallaban al pueblo con pan y circo. Los nuestros lo están haciendo ya solo con circo, porque el pan empieza ya a faltarnos a muchos. No esperemos a que sea demasiado tarde. De ti y de mí depende. Habla de esto con tus amigos, con tus conocidos, pídeles que también ellos lo hagan con sus amigos hasta que sean miles y miles las personas que, hartas ya de todo esto, digamos juntas: ¡YA BASTA!

Si quieres puedes descargarte legal y gratuitamente el libro de Viçens Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón en http://www.attac.es/ ya que ellos han renunciado a sus derechos de autor para que el libro alcance la mayor difusión posible.

Te dejo con el video de la presentación del libro “Hay alternativas” para que puedas entender con mucha mayor profundidad y claridad todo lo que están haciendo con nosotros y con un programa especial sobre la crisis de la sexta hecho a finales de 2011 en el que se puede constatar desde diferentes perspectivas la gravedad de todo lo que nos está pasando y las perspectivas que nos quedan como no hagamos algo. ¡No te los pierdas y recuerda que también tú puedes ayudar a cambiar esto hablándolo y comentándolo con las personas que te rodean!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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