Cine/Teatro General

GRUPO 7, ¿quién vigila al vigilante?

¿Qué hay detrás de las grandes inauguraciones que vemos en la tele y en los periódicos?, ¿Qué nos esconden?, ¿Qué hacen con todo aquello que no quieren que veamos?, ¿Se esconde?, ¿Se elimina?, ¿Quién lo hace?, ¿Hay grupos de policía específicamente preparados para hacerlo?, ¿Cómo lo hacen?, ¿Se hace dentro de la legalidad?, ¿Se respetan los derechos de los ciudadanos?, ¿Permite una placa de policía saltarse las leyes a la torera?, ¿ Quien delinque más, el que trapichea con drogas o el policía que se corrompe?, ¿Tienen carta blanca los vigilantes?, ¿Quién vigila al vigilante…? GRUPO 7, la nueva película de Alberto Rodríguez, aborda todas estas cuestiones, y lo hace directamente y sin tapujos. Está inspirada en los hechos reales que sucedieron en Sevilla a finales de los 80, cuando se dictaron órdenes de “limpiar” el centro de la ciudad de yonkis, camellos y traficantes, para que la Exposición Universal del 92 no se viera empañada y que nada pudiese perjudicar su imagen de glamour, progreso y grandeza.

Aquí tienes el tema “Pedrada y persecución”, de la banda sonora original compuesta por Julio de la Rosa con el que empieza la película:

GRUPO 7 es una película de acción, de una acción trepidante que no te permite ni un solo segundo de respiro, pero también es una película de personajes, una película que cuenta la historia de las vidas de los que compusieron el grupo de policía más destacado en las tareas de “limpieza” de la ciudad. Poco parecía importar la heterodoxia de los métodos que utilizaban, sólo contaban los resultados, los fríos e implacables resultados. Como dice Alberto Rodríguez (Siete Vírgenes, After), su director, “quería contar la historia desde el punto de vista de los que se corrompen, de los que cruzan esa invisible frontera que nunca hay que cruzar…”

El GRUPO 7 está compuesto por cuatro policías encarnados en la pantalla por Antonio de la Torre (Rafael), Mario Casas (Ángel), José Manuel Poga (Miguel) y Joaquín Núñez (Mateo). Todos están espléndidos: Antonio dándonos todo lo que lleva dentro, como siempre, Mario sorprendiéndonos con un registro totalmente nuevo en su carrera, José Manuel mostrándonos esa difícil mezcla de valor y vulnerabilidad que nos hace humanos, y Joaquín, bordándolo, mostrándonos la contradicción del hombre que compagina su vida familiar cotidiana con la extrema violencia que impera en las calles y que, irremisiblemente, se va apoderando de él. Todos están fantásticos, son pura verdad y entrega, cine del bueno dando vida a unos personajes cuyo pasado marca profundamente su presente, un presente en el que el futuro, su futuro, no tiene cabida.

Tuve la suerte de hacer el papel de su jefe, el comisario al que no le importa lo que hagan pero que, implacablemente, exige resultados, un comisario que es capaz de jurar que la realidad no existe simplemente porque mira hacia otro lado, y que se limita a cubrir el expediente abroncándoles con la mano izquierda mientras les da palmaditas con la derecha para exigir mayores resultados. Una gozada de personaje, de verdad. Una maravillosa oportunidad de sacar a pasear al dictador que, en cierta medida, todos llevamos dormido dentro.

Era la primera vez que trabajaba con Alberto Rodríguez. Puedo deciros que la experiencia fue maravillosa. Tiene una forma de dirigir que, si tuviera que calificar con una sola palabra, diría que es HUMANA, con mayúsculas. Todo en él y en su forma de dirigir rezuma sensibilidad, cariño, calma, sabiduría… Hace que te sientas tremendamente confiado, a gusto con lo que estás haciendo, te hace cómplice de su proyecto compartiendo contigo todos los detalles y todo eso que lleva en la cabeza, y que no es otra cosa que la película que ahora podéis ver. Le gusta hablar con los actores, regalarles tiempo, escucharles, mimarles… Sabe sacar lo mejor de cada uno y sabe cómo sacárselo a cada uno. Como diría Machado, es, en el buen sentido de la palabra, bueno, y, por encima de todo, un hombre tranquilo, un verdadero “quiet man” que sabe dominar sus nervios, aguantar la presión y no dejar que llegue al resto del equipo. Personas como Alberto son las que hacen que cada día vayas al rodaje con más ganas de trabajar.

La química que enseguida se estableció entre los cuatro miembros del GRUPO 7 fue una de las claves del éxito del rodaje y de la película. Antonio y Mario, los dos protagonistas de mayor cartel de la película, se integraron inmediatamente y sin la más mínima reserva con José Manuel y Joaquín, dos fueras de serie que dieron todo desde el primer instante. Cuando me incorporé al rodaje, ellos ya llevaban varias semanas trabajando juntos. Inmediatamente me di cuenta de la cohesión y buen rollo que había entre ellos y que, en ningún momento convirtieron en algo exclusivo, sino que hicieron todo lo que estaba a su alcance para que los que nos íbamos incorporando al rodaje nos integrásemos y nos contagiásemos también de esa química. Las calles de Sevilla son testigos de las maravillosas rondas de cervecitas y tapas que solíamos compartir al acabar el rodaje, de terraza en terraza, de anécdota en anécdota y de broma en broma…

Lo de Mario tiene mérito. No sabéis lo que es, día sí y día también, tener a doscientas fans frente a la puerta del set esperando hasta doce horas simplemente para verle aparecer aunque fuera unos segundos cuando se acercaba al coche que le llevaba al hotel. Y tener a varias docenas de jóvenes corriendo enloquecidas tras su coche por las callejuelas del centro de la ciudad confiando en que algún semáforo parase al dueño de sus sueños. Recuerdo que un día me comentó que se había quedado alucinado cuando, al entrar en un estanco para comprar tabaco, la joven estanquera, que estaba de espaldas a él, reconoció su voz y exclamó gritando, sin siquiera girarse: “¡Dios, eres Mario Casas!”

Con Antonio ya había coincidido en “Libro de familia”, una tv movie de Ricard Figueras en la que trabajaba Lluís Homar, y que era su primer prota. En aquel rodaje no dejó de pedirme que pasásemos el texto de la siguiente secuencia en cualquier pausa del rodaje. Su forma de concentrarse era buscar y buscar hasta el más mínimo detalle que le permitiera meterse más en su personaje. En GRUPO 7 comprobé que su profesionalidad y su forma de trabajar no había cambiado en absoluto. Estaba abierto, dicharachero, juguetón y bromista con todos, como es él, pero manteniendo la concentración de su personaje por encima de todo. Si tuviera que definirle con una sola palabra, la de Antonio, sin duda, sería la de generosidad: es un actor y una persona que siempre te lo da todo. Para que os hagáis una idea de lo que es Antonio, al que considero uno de los mejores actores de nuestro panorama actual y que ha trabajado con los principales directores de este país, os diré que durante una pausa del rodaje, mientras Mario y él estaban firmando fotos de la película para sus admiradores, de repente, Antonio se giró hacia mí y me dio una foto firmada por él con esta dedicatoria: “Yo también trabajé con Carlos Olalla”.

Y junto a los cuatro miembros del GRUPO 7 que encabezan el reparto de la película, otro de los principales protagonistas es la ciudad de Sevilla, donde rodamos ocho semanas entre mayo y julio del año pasado. Sus calles, su luz, sus gentes… y todo transportado, como por arte de magia, a los años ochenta, esos años en los que todos soñábamos con los tiempos que vendrían… y que, en muchos casos, nunca llegaron.

Aquí tienes el video del blog de la octava semana de rodaje en el que Antonio y Mario comentan sus impresiones de la película:

Son muchas las cosas que destacaría de GRUPO 7: la dirección, el espléndido guión de Rafael Cobos (que no faltó ni un solo día al rodaje) y del propio Alberto, el montaje, la impresionante fotografía de Alex Catalán, la planificación, el frenético ritmo (tiene 133 secuencias), la excelente producción, el trabajo de los actores, el realismo de las secuencias de acción, el impactante sonido, los fabulosos planos secuencia (no os perdáis el de más de dos minutos de la redada en un burdel siguiendo a Mario que va andando entrevistado por una periodista y desciende por la escalera hacia la calle), la música, y algo que me impresionó muy profundamente y que me gustaría destacar particularmente: la figuración. Los figurantes que aparecen en esta película están, sencillamente, formidables. Muchos de ellos eran antiguos yonkis que padecieron la violencia y la crueldad de los miembros del grupo policial en el que se inspira esta película. Más de uno nos decía, señalándose el hombro o la barriga, “mira, mira, ¿ves este agujero de bala?, ¡me lo hizo el hijoputa del tío ese que hace Mario Casas!” La exquisita atención que Alberto presta a los detalles en sus películas pude comprobarla viéndole dar sutiles instrucciones de interpretación y pequeños matices a muchos de los figurantes que iban a aparecer no ya en un segundo plano, sino en un tercer, cuarto plano, o incluso de fondo.

Los secundarios de la película también están de maravilla: Inma Cuesta, fabulosa como la sufrida mujer de Mario, Julián Villagrán en uno de los mejores yonkis de la historia del cine, Estefanía de los Santos en un papel que te llega al alma, Alfonso Sánchez, Diana Lázaro, Jesús Carroza y tantos y tantos otros. Mención aparte merece una soberbia Lucía Guerrero dando vida a una joven perdedora que solo pide algo de ternura y amor a la vida, pero que solo recibe dolor, sufrimiento e indiferencia. La música de Julio de la Rosa es otro de los puntos fuertes de GRUPO 7. No es una banda sonora concebida para el lucimiento personal, sino para apoyar cada secuencia, cada plano de la película. Es una música maravillosa, pero no es, en absoluto, una música fácil, como el propio de la Rosa comenta: “Toda banda sonora que hago con Alberto es siempre un reto. Sus pelis nunca se sitúan en la obviedad, hay que tener mucho cuidado para saber el terreno que pisas. Me pasó con sus dos pelis anteriores, y el peligro con ésta era aún mayor. Hablamos. No queríamos clichés, las cuerdas pomposas y las orquestaciones atómicas estaban prohibidas. También era importante que la ambientación musical tuviera un tono callejero… Desde el guión ya se veía que esta peli daba juego para experimentar muchas cosas. Decidí probar a golpear instrumentos de percusión, como el steel drum o el jangoo coreano por los sitios donde no debe hacerse; acoplar instrumentos que, en teoría, no acoplan, y también juguetear con instrumentos que nunca había usado, por difíciles de encajar en una banda sonora, como el waterphone o el santoor. Probamos muchas cosas. El punto idóneo fue conseguir el “menos es más” que necesitábamos. Cuando conseguí expresar la emoción del asunto con tan sólo tres notas fue cuando nos dimos cuenta de que la cosa iba bien. Porque prácticamente toda la peli lleva la misma armonía musical, concretamente las tres mismas notas. Incluso las piezas que a simple vista son muy distintas, son en realidad la misma, como sucede con los temas de acción o los de trama personal de Rafael o Ángel…”

Espero que la película, que se estrenará el 4 de abril en España, tenga el éxito que merece el trabajo, el cariño y el amor al cine de todos los que hemos intervenido en ella. Trabajar en GRUPO 7, con un equipo como este, ha sido una de las experiencias más gratificantes que he tenido en mi carrera como actor. Una verdadera gozada. Una de las primeras alegrías que ya hemos tenido ha sido la noticia de que GRUPO 7 ha sido admitida a concurso en el Festival de Cine de Tribeca, Nueva York, el festival creado en 2002 para intentar devolver la vida y la alegría a la zona de Nueva York devastada por los atentados del 11-S y apoyado por grandes monstruos del cine como el mismísimo Robert de Niro. De verdad deseo que os guste. ¡No os la perdáis!

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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