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Lluís Llach, cuando habla el silencio

Cuando no nos dejan decir que somos quien somos, son el silencio y las canciones las que toman la palabra para hablar por nosotros. Todas las razones y los sentimientos, nuestros sentimientos, están en ellas. Forman parte de nuestra vida, de nosotros, y por eso nos acompañan siempre. Escuchar cualquiera de esas canciones nos hace revivir esos tiempos de persecución y de lucha, de dolor y sufrimiento, de esperanzas y sueños, esas esperanzas y esos sueños que no deben morir nunca. Una de esas voces que hablan por nosotros y de nosotros, que hacen cantar hasta al silencio, es la de Lluís Llach. Le escuché por primera vez a principios de los 70 y le ví por primera vez en el concierto que dio en la Universidad de Bellaterra en 1976. Jamás olvidaré aquel día.

Nacido en Girona en 1948, hijo de un médico y una maestra, desde niño mostró su inclinación por la música. Pasaba horas frente al piano que tenía en su casa en el pequeño pueblo de Verges (Baix Ampurdá). Cuando le enviaron a un internado la música fue su refugio. Su juventud coincide con los interminables estertores del franquismo y Llach toma partido contra la dictadura en un compromiso por la izquierda y el nacionalismo que no ha abandonado jamás. Tras iniciar los estudios de ingeniería y de económicas decidió abandonarlo todo para dedicarse a la canción. Se integró en Els Setze Judges, un grupo de cantautores catalanes que sería el embrión de la Nova Cançó, con una marcada influencia de los cantautores franceses. Su primer concierto en solitario fue en Terrasa, el 22 de marzo de 1967, un concierto del que él recuerda haber estado casi todo el tiempo con los ojos cerrados y las piernas temblando. Tras quedar en segundo lugar en el Festival de la Cançó de Barcelona, la CBS le ofrece un contrato de dos millones de pesetas para fichar por la multinacional y cantar en castellano. Llach, fiel a su compromiso, rehúsa el contrato y firma por Concèntric, una pequeña discográfica dedicada a mantener viva la lengua y la cultura catalana durante la dictadura franquista.

En 1968 compone L´Estaca, que inmediatamente se convierte en el himno de todas las reivindicaciones de la izquierda catalana y española. Esta canción forma parte de todos los que, de una u otra forma, defienden la libertad y la necesidad de luchar contra la opresión. Es una canción que no conoce fronteras de espacio ni de tiempo, porque la injusticia está presente siempre y en todas partes. Son muchos los países y los pueblos que la han hecho suya. Fue el himno de la revolución tunecina del año pasado y sus acordes inundaron las plazas de aquel pueblo que conquistó su libertad. Los problemas de Llach con la censura franquista fueron enormes y L´Estaca, junto a muchas otras, es una de sus canciones que prohibieron. El público la cantaba siempre en sus conciertos, aunque él, desde el escenario, no pudiera hacerlo.

En 1969 conoce a Laura Almerich, que le acompañará con su guitarra durante toda su carrera musical. Su debut en el Palau de la Música le consagra definitivamente como cantautor y como uno de los máximos exponentes de la canción de protesta. En diciembre del año siguiente debuta en Madrid, en el Teatro Español. A raíz de esta actuación se prohíben sus conciertos en España durante cuatro años bajo la acusación de “ revolucionar al público con la mirada”. La realidad es que el régimen franquista no le perdonó el ataque al fascismo que hizo en el Festival de Música de Varadero (Cuba) y que defendiera posturas nacionalistas y de izquierda. Llach se exilió en París hasta 1974, donde siguió su carrera musical con conciertos inolvidables como el del Olympia.

Vuelve al Palau en 1974, aunque sus problemas con la censura no se han acabado. En 1975 TVE graba un recital suyo en el Teatre Grec de Barcelona que no llega a emitirse porque se había dirigido al público en catalán. Poco después presenta su nuevo disco, “Viatge a Ítaca” en una serie de 7 conciertos en el Palau de la Música, conciertos que, inevitablemente, acababan con todo el público en pie cantando L´Estaca. Al acabar el quinto concierto, Llach es detenido, conducido a comisaría y multado con cien mil pesetas y la prohibición de seguir con sus conciertos, prohibición justificada por el entonces gobernador civil de Barcelona, Rodolfo Martín Villa, por las “reiteradas infracciones al reglamento de espectáculos que prohíbe terminantemente que los artistas se dirijan al público y establezcan diálogo con él, caso que el señor Llach hizo en reiteradas ocasiones, profiriendo expresiones que la autoridad gubernativa ha estimado como atentatorias a las instrucciones y a la legislación vigente”. Realmente una palpable demostración de interpretar la libertad de expresión y los derechos civiles de quien se autoproclama, como tantos otros de nuestros políticos actuales, “demócrata de toda la vida”

Tras un nuevo exilio hasta la muerte del dictador, regresa a su tierra y da una serie de tres conciertos antológicos en el Palau d´Esports de Barcelona en enero de 1976. Muchas de las canciones que cantó allí habían estado prohibidas hasta entonces. Poco importó. El público las sabía de memoria. En las grabaciones de aquellos conciertos se puede escuchar el grito del público reclamando “Amnistía y Libertad”. Fuimos muchos los que gritamos aquello entonces para sacar de las cárceles a todos los antifranquistas que estaban encerrados. La amnistía que consiguió aquel clamor popular era para sacar a los antifranquistas de las cárceles, pero en ningún caso para perdonar y olvidar los crímenes cometidos por los franquistas, como ahora los herederos del franquismo pretenden mantener. Viendo el cariz que están tomando las cosas últimamente, veo que, por desgracia, muchas de las cosas contra las que luchábamos siguen vivas. Realmente lo dejó todo atado y bien atado. Siento verdadera vergüenza y asco al ver todo lo que está ocurriendo en este país. Y siento verdadera vergüenza y asco de que lo estemos permitiendo.

CANCIÓN SIN NOMBRE

(CANÇÓ SENSE NOM)

Dónde vas con las banderas y aviones
y todo el círculo de cañones
que apuntas a mi pueblo

Dónde vas con la vergüenza por galón
y en el fusil llevas el miedo
que apuntas a mi pueblo.

Dónde vas cuando el niño no quiere jugar
porque lo que recibe es sed de sangre
y eres tu quien lo llena.

Dónde vas cuando el niño no puede mirar
ni el azul del mar ni este cielo azul,
y eres tu quien se lo roba.

Dónde vas con las banderas
Dónde vas con los aviones
dónde vas, dónde vas.
Dónde vas con los fusiles
Dónde vas con los cañones
dónde vas, donde vas.

Dónde vas cuando el niño no puede mirar
ni el azul del mar ni este cielo azul,
y eres tu quien se lo roba.

Dónde vas con las banderas y aviones
y todo el círculo de cañones
que apuntas a mi pueblo

Dónde vas con la vergüenza por galón
y en el fusil llevas el miedo
que apuntas a mi pueblo.

Dónde vas cuando el niño no quiere jugar
porque lo que recibe es sed de sangre
y eres tu quien lo llena.

Las baladas de Lluís Llach están llenas de fuerza y de poesía. Sus canciones de amor hablan de amores sinceros, de amores no contaminados por egoísmos de ninguna clase. Su “Que tinguem sort” es, posiblemente, una de las más bellas canciones de amor que se han escrito jamás. Es un canto de esperanza, un tender la mano siempre y en toda circunstancia aceptando al otro como es, aceptando su libertad, su decisión y su forma de amar. ¿O es que acaso se puede amar de otra manera? Y, junto a ella, encontramos canciones como “Cançó sense nom”, un durísimo alegato contra la dictadura militar y la barbarie que todo el mundo debería conocer.

El derrocamiento de las dictaduras europeas de la década de los setenta era algo que ansiábamos que ocurriese aquí todos los que estábamos en contra del régimen franquista. La caída del régimen de los coroneles en Grecia o la revolución de los claveles en Portugal eran faros que iluminaban nuestra esperanza.  Por eso Llach les dedicó canciones como “Vaixell de Grecia” ó “Abril 1974”, esos cantos de solidaridad y de esperanza en el mundo que vendrá.

BARCO DE GRECIA
(VAIXELL DE GRÈCIA)

Si al amanecer veis salir una nave
besando las aguas del mar, cuna de los dioses
hacedle señal, que quiere ver donde nos hallamos
y navegar con nosotros hacia el norte.

Si no lleva red, ni orza ni timón
no penséis que se ha perdido el bote
que siempre la gente podrá hinchar las velas
y ganar olas hechas de miedo y cansancio.

Nave que lloras igual que yo
que llevas la pena y el dolor que yo
Nave de Grecia que no te hunda el trueno
hincha las velas que vamos al mismo puerto.

ABRIL 74

Compañeros, si sabéis donde duerme la luna blanca
decidle que la quiero
pero que no puedo acercarme a amarla
porque aún hay combate.

Compañeros, si conocéis el canto de la sirena
allá en medio del mar,
yo me acercaría a buscarla
pero aún hay combate.

Y si un triste azar me detiene y doy en tierra
llevad todos mis cantos
y un ramo de flores rojas
a quien tanto he amado.

Compañeros, si buscáis las primaveras libres
con vosotros quiero ir
que para poder vivirlas
me hice soldado.

Y si un triste azar me detiene y doy en tierra
llevad todos mis cantos
y un ramo de flores rojas
a quien tanto he amado.
Cuando ganemos el combate.

Enamorado de la poesía, con la de Miquel Martí i Pol a la cabeza, han sido muchos los poemas que Llach ha musicado a lo largo de su dilatada carrera. El “Viatge a Ítaca” está basado en los poemas de Kavafis, al que volvería a musicar con “A la taverna del mar”, esa preciosa y triste balada que nos habla del paso del tiempo, de cómo se va nuestra vida sin que nos demos cuenta, de cómo se van las personas a las que queremos, de cómo dejamos de importarle a los demás, de cómo alcanzamos a no ser visibles, de los abrazos no dados, de los amores no vividos, de las oportunidades perdidas… Este tema estaba incluido en su LP “Campanades a morts”, un impresionante canto fúnebre por los obreros asesinados por la policía en Vitoria cuando estaban reunidos en asamblea en una iglesia. Manuel Fraga Iribarne era el Ministro de Gobernación. Fue entonces cuando acuñó su célebre frase “La calle es mía”. Otra demostración flagrante del profundo carácter democrático de este “demócrata de toda la vida”, fundador del Partido Popular.

EN LA TABERNA DEL MAR
(A LA TAVERNA DEL MAR)

En la taberna del Mar está sentado un viejo,
la blanquecina cabeza decaída,
enfrentado al periódico porque nadie le hace compañía.

Conoce el menosprecio que los ojos tienen por su cuerpo,
sabe que el tiempo pasó sin gozo alguno,
que ya no puede dar el antiguo frescor de la belleza que tuvo.

Es viejo, lo sabe muy bien, es viejo, se da cuenta,
es viejo, y lo nota cada vez que llora,
es viejo, y tiene tiempo, demasiado tiempo para verlo.
Era, era cuando, era ayer, todavía.

Y se acuerda del ¡seny!, el embustero
como el ¡seny! le preparó este infierno,
cuando a cada deseo le oponía: ¡mañana tendrás tiempo todavía!.

Y hacen memoria del placer que frenó,
de cada alba de gozo que se negó,
de cada hora perdida que ahora escarnece su cuerpo labrado.

En 1985 consigue algo que ningún cantante en solitario había conseguido hasta entonces: llenar el campo del Barça actuando ante cien mil personas. Fue uno de los momentos más inolvidables de la historia reciente de Catalunya. Allí se produjo una circunstancia preciosa que el público y el propio Llach supieron apreciar. Laura Almerich, su guitarrista de toda la vida, no pudo tocar el punteado final de la canción Laura, que Llach había compuesto para ella. Emocionada ante las cien mil personas que empezaron a aplaudirla, tuvo que parar y fue el propio Llach quien acabó aquel punteo, pero desde su piano. Fue uno de los momentos más hermosos y emotivos que se han visto en un concierto.

LAURA

Y hoy que puedo escribirte una canción
recuerdo cuando llegaste
con el misterio de los sencillos,
inquietos los ojos, el cuerpo altivo.
Con la sonrisa de tus dedos
llenaste mis acordes
con cada nota de tu nombre,  Laura.

Me es muy difícil recordar
cuantos escenarios han vivido
nuestra angustia por el hoy,
nuestra alegría por el mañana…
En casa, entre tantos compañeros,
o en un triste exilio allende el mar
nunca ha faltado tu aliento, Laura.

Y si el azar te lleva lejos
que los dioses guarden tu camino,
que te acompañen los pájaros,
que te acaricien las estrellas.
Y en un rincón de esta voz
mientras pueda hacerla oír
siempre estará escondido tu sonido, Laura.

Tras publicar una treintena de discos y haber compuesto la banda sonora de varias películas, Llach anunció su retirada de los escenarios en 2007. Desde entonces solo ha actuado en directo en conciertos de apoyo a diversas causas y en homenajes puntuales, o ha hecho apariciones esporádicas acompañado al piano en conciertos de pequeño formato. La semana pasada publicó “ Memòria d´uns ulls pintats”, su primera novela. Puede que Llach haya dejado de cantar en directo, pero su voz, nuestra voz, no se apagará jamás, porque siempre resonará allí donde haya alguien que luche por su libertad, o alguien que, de verdad, quiera amar…

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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