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María del Mar Bonet

La voz de María del Mar Bonet es una voz que sabe a mar, a viento, a sal y a olivo. Es mar, es esa ola que, incansable, atraviesa el Mediterráneo para traernos secretos de la otra orilla. En su música habitan todos los pueblos, todas las gentes que, desde hace milenios, viven alrededor de este mar nuestro. Por eso es una música universal, una música que habla de nosotros, de todos nosotros, porque en ella viven las emociones, todas las emociones que, más allá de tiempos y fronteras, nos unen en una única danza ancestral en la que todos podemos reconocernos. María del Mar ha construido, con su voz y sus manos desnudas, un puente que une todas las orillas del Mediterráneo, un puente que todos estamos invitados a cruzar y en el que podemos encontrarnos a gente tan diversa como Llull, Verdaguer, Theodorakis, Alcover, Graves o Springsteen…

Nacida en Mallorca, es hija de un entrañable periodista enamorado de la vida del que ella heredó su amor por la poesía (es lo que más lee,  en la biblioteca de su casa puedes encontrar más de cuatro mil volúmenes de poesía). De su madre heredó también el amor por lo cercano, por lo próximo y, sobre todo, el amor por la naturaleza. Desde pequeña había cantado en algún coro y en petit comité, como su hermano Juan Ramón, que en los sesenta se fue a Barcelona a probar suerte como cantante siendo uno de los miembros de Els Setze Jutges (los dieciséis jueces), un colectivo de cantantes y cantautores que impulsaron la que se conoció como Nova Cançó, la canción de protesta catalana de los últimos años del franquismo, en el que se encontraban Joan Manuel Serrat, Lluis Llach, Pi de la Serra, etc. María del Mar quería estudiar cerámica y por eso también se desplazó a Barcelona, junto a su hermano. Con veinte años y un montón de sueños no tardó en incorporarse también a Els Setze Jutges, dedicándose profesionalmente a la canción desde entonces. Como ella recuerda, “por aquella época cada vez cantaba más y hacía menos cerámica, así que por eso acabé dedicándome a la canción” Dejó de lado la cerámica, aunque no descarta poder dedicarse a ella algún día, pero de aquellos años de grandes inquietudes plásticas hay una cosa que la acompaña siempre: la pintura. Nunca olvida su caja de acuarelas cuando va de gira.

Aquí la tienes cantando una canción popular catalana, Anima Morta, el alma muerta, en una grabación televisiva de los años 80.

De aquella época surge también la colaboración con Nacho Duato, que coreografía varios temas de María del Mar que ella canta en directo, en una de las experiencias más enriquecedoras de su vida, como varias veces ha reconocido.

 

La influencia de la chanson francesa en la nova cançó y en la canción de protesta contra el franquismo era muy clara: George Brassens, Leo Ferre, etc. eran el camino a seguir. La versión que María del Mar hizo de uno de los temas de Bárbara, una de los más claros exponentes de la chanson, Águila negra, fue uno de sus temas más emblemáticos y jamás lo ha abandonado en  su repertorio. Es una preciosa canción que, sin embargo, tiene una doble lectura. No es el tema de amor que parece a primera vista, sino que Bárbara reconoció en alguna ocasión que lo compuso para liberarse del trauma que le supuso sufrir abusos sexuales por su padre.

La colaboración con otros cantantes ha sido permanente en la carrera de María del Mar, una carrera que podría haberse orientado a convertirla en la gran diva de la canción europea, como querían sus managers de los primeros tiempos, pero a la que ella renunció para poder ser fiel a lo que a ella más le gustaba: la música popular del Mediterráneo. Ella ha cantado a Mikis Theodorakis, ha cantado junto a Haris Alexiou, Zülfü Livaneli o Georges Moustaki. Aquí la tienes cantando con él “En Mediterranée”, una preciosa versión de la canción de Moustaki que cuenta la historia del Mediterráneo, de lo que es, de lo que fue y de lo que siempre será…

Su amor hacia la música árabe la ha llevado a colaborar con diversos ensembles musicales de Túnez, Siria, etc, cantando a veces en árabe, pero casi siempre en su catalán natal, en unas versiones que suele escribir ella misma, como la de este Bir Demet Yasemen (Un ramo de jazmines), que viene a decir:  

“No se ha muerto el deseo,

el deseo que siento por ti.

De nada sirve llorar

de nada morir,

el deseo está aquí,

y no se acabará así.

De nada sirve llorar,

de nada morir,

más fuerte es el deseo,

que hace solo su camino.

 

Por más que me lamente, si mi deseo

ni siente, ni ve, ni espera,

por más que me aleje, si mi deseo

sale de mí para llamarte.

 

De nada sirve llorar

de nada morir,

el deseo está aquí,

como el sol que sale por la mañana.

De nada sirve llorar,

de nada morir,

terco es el deseo cuando trenza su camino.

 

Por más que me lamente, si mi deseo

ni siente, ni ve, ni espera,

por más que me aleje, si mi deseo

sale de mí para llamarte.

 

De nada sirve llorar

de nada morir,

el deseo está aquí,

y no se acabará así.

De nada sirve llorar,

de nada morir,

más fuerte es el deseo,

que hace solo su camino”

 

Aquí la tienes cantándola junto a sus músicos de siempre, entre los que está el fabuloso Javier Mas su fiel amigo y escudero de los escenarios durante décadas, en uno de los últimos conciertos en los que acompañó a María del Mar, ya que lleva tres años acompañando en su gira mundial y sus grabaciones de estudio a Leonard Cohen.

Su espíritu inquieto y abierto siempre la ha llevado a buscar nuevos caminos, nuevos puntos de encuentro y de diálogo, en la fusión con otras músicas. Aquí la tienes cantando uno de sus temas, Inici de campana, con Miguel Poveda.

 

La conocí hace algo más de diez años, cuando los dos vivíamos en Vallvidrera, en la parte alta de Barcelona. Desde entonces siempre  nos ha unido una gran amistad. Ella me ha descubierto un mundo, el de la canción popular y el de la poesía catalana, de la que es una gran experta. Me hizo el honor de pedirme que tradujera su libro “Quadern de viatge” al castellano para la edición que hizo la Universidad Popular José Hierro. Fue una verdadera gozada poder traducir aquellos poemas y adentrarme en ellos cuando ella me comentaba cuándo y cómo los había escrito, lo que significaban para ella, etc… Recuerdo varios de aquellos poemas, como

DENTRO DE TI

“Cuando tu cuerpo abra su pecho

y me deje caminar por sus estancias,

se abrirán ventanas de tus campos

y veré el trigo crecido

de tus viejas esperanzas.

Cuando tus ojos se abran para mí

y me dejen atravesar su color

de aire puro sobre el mar de lágrimas saladas.

Cuando haya fiesta dentro de ti

y abras la puerta al vendaval

déjame cantarte una canción

y ser la primera invitada.

Cuando tu cuerpo deje de ser

Un mundo cerrado con llave

donde no tengo entrada,

entonces nacerán claridades

y jardines que muestran el cielo

con nieblas blancas”

 

 O como esta maravilla de poema que es:

 

CARTA A UN AMIGO

“Por otros sé de ti, y muchas veces

cae aquel velo que lo confunde todo.

¿Dónde estás, dónde estás, por qué no llamas?

Quisiera verte y hablar contigo.

Te envío mensajes por ondas invisibles,

por sonoros caminos que sólo tú entiendes.

También estas palabras van inseguras

en una botella de náufrago, a merced de la corriente.

Puede que me hayas olvidado para siempre

por eso de mí también me olvido.

No me hagas daño, devuélveme aquella imagen,

es la única que quiero de mí misma.

Porqué obstinados caminos te alejas,

pobres motivos para el arrepentimiento.

Si tú quisieras me encontrarías

donde me dejaste, amigo, hace tanto tiempo”

Conocedora de mi pasión por Bruce Springsteen, fuimos a uno de los conciertos del Boss en el Palau Sant Jordi. La música le encantó, el alma que todos los músicos ponían en aquella música, aunque lo alto del sonido impedía, para ella, poder saborear el virtuosismo de Bruce y de la E Street Band. Recuerdo que cuando sonaron los primeros acordes de Worlds Apart (Mundos aparte), esa impresionante canción de Bruce en la que cuenta la historia de amor entre un soldado norteamericano y una mujer afgana en estos tiempos de odio y guerra que les ha tocado vivir y de la necesidad de conocernos, de tender puentes por los que podamos acercarnos, le comenté que era una de mis canciones favoritas. Pocos meses después me llamó un día y me dijo: “Ya está, toma, aquí la tienes”, y me cantó la maravillosa versión de esta canción que ha hecho junto a Albert García. No os puedo contar lo que sentí aquella tarde. Aquí tenéis esa espléndida versión:

María del Mar siempre ha sido una mujer muy comprometida con las causas en las que cree. La defensa de la libertad, de los derechos humanos, de la cultura autóctona y de la naturaleza son los pilares en su vida. Recuerdo que en 2007 organizamos desde la Fundación de la Casa del Tíbet una conferencia del Dalai Lama en Barcelona, en el Palau Sant Jordi. Le pedí a María del Mar que apoyase el acto cantándo el Cant de la Sibil.la, el canto más antiguo que se conserva en catalán basado en el Apocalipsis de San Juan y que se canta en la noche de Navidad. Elegí ese tema porque, al ser un canto gregoriano de estructura musical muy repetitiva, podía, en cierta medida, asemejarse a los mantras tibetanos. Ella no dudó ni un instante en hacerlo. Son muchos, incontables, los premios que María del Mar ha recibido a lo largo de su vida tanto aquí como en el extranjero. El último, la medalla al mérito de las Bellas Artes, que ha recibido esta semana. A principios de año irá varias semanas a Cuba para cantar con la Orquesta Nacional de Cuba. Con ella viajarán sus recuerdos, su sensibilidad y, no lo dudes, su caja de acuarelas, ya que Cuba es uno de los escenarios donde puede saborear mejor una de las cosas que ella ama más: la luz

Son muchas, muchísimas, las canciones de María del Mar que forman parte de la banda sonora de la gente de mi generación, pero por encima de todas hay un himno que resuena cada día con más fuerza: Qué volen aquesta gent? (¿Qué quiere esta gente?), que con letra del poeta Lluis Serrahima y música de María del Mar, cuenta la historia del crimen de Enrique Ruano, joven estudiante antifranquista muerto delante de su madre al caer por una ventana cuando la policía entró de madrugada en su casa. Aquí la tienes cantándola en el Palau de la Música de Barcelona con otro de los grupos míticos de la lucha por la libertad y la justicia: los chilenos Quilapayún.

 

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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