General

Elegía a un príncipe nómada…

Hay personajes en la historia que viven más allá de su tiempo, quizá porque decidieron vivir su vida siempre a contra corriente. Pueden ser incomprendidos, ignorados o hasta perseguidos y asesinados por vivir fuera de las normas de su época, pero ellos son los que hacen que la humanidad avance. Hoy quiero hablar de uno de ellos, un hombre que conoció el sufrimiento, el dolor y también la felicidad, que luchó por su libertad y por vivir su vida a su manera. Era, por su sensibilidad y su formación, un hijo del Romanticismo, pero por su forma de ver y de vivir la vida, un hombre que se adelantó un siglo a su época. Hablaba catorce lenguas, fue aventurero, marino, nómada, viajero, erudito, escritor, místico, pacifista, ecologista, mecenas, embajador, etnólogo, botánico y antropólogo entre otras muchas cosas, y entre sus amigos se contaban personas como Julio Verne, Miguel de Unamuno, Santiago Rusiñol, Jacinto Verdaguer, Rubén Darío o su prima, la emperatriz Sissí. Su nombre era Luis Salvador, el Archiduque Luis Salvador de Austria.

Si quieres, la música de María del Mar Bonet y su Bir Demet Yesamen (No s´ha mort el desitg) puede ser una maravillosa compañía para esta entrada

Pocos momentos encontramos en la Historia como el final del siglo XIX. Con un mundo sumido en los dolores de parto de la nueva Europa, la ciencia y la técnica se convirtieron en los pilares del progreso. El humanismo renacentista o los ideales románticos dejaban paso a una fuerza emergente que todo lo invadía. La filosofía, las artes y la cultura se vieron amenazadas por un enemigo desconocido hasta entonces. En un desesperado intento por sobrevivir, la Viena del final del XIX vio como artistas, sabios y poetas se unían en un grito de libertad, un grito que reivindicaba la necesidad de un nuevo renacimiento humanista. Este desigual combate duró poco y aquel grito fue pronto ahogado por el ruido de los cañones. La Primera Guerra Mundial, ese parto del Nuevo Mundo, había comenzado.

Esta fue la época que le tocó vivir al Archiduque Luis Salvador. Personaje fascinante y polifacético donde los haya, vio como el mundo que le rodeaba, su mundo, caía roto en mil pedazos sin que nada ni nadie pudiera evitarlo. Marcado por la tragedia de su tiempo y por la fatalidad del destino, supo ahondar en su interior para encontrar su camino. Su memoria se agiganta en un tiempo como el actual donde los valores que él reivindicó parecen más necesarios que nunca.

El Príncipe de Salina, ese inmortal personaje rescatado del olvido por la magistral pluma de Lampedussa, nos recordaba que tras ellos, tras los últimos gatopardos, serían los chacales los que vendrían… Luis Salvador, contemporáneo del Príncipe y testigo como él de la lenta agonía de su mundo, no se opuso al progreso que traería a esos chacales. Sabía que hacerlo hubiera resultado inútil. El prefirió hacer de su vida un sueño, un sueño que nos enseña el camino que lleva al único lugar donde jamás llegarán los chacales: el fondo del ser humano. Esta es la historia de ese sueño.

Perteneciente a la rama italiana de la familia de Francisco José, el emperador del Imperio Austro-Húngaro, había nacido en 1847 en su casa familiar, el palacio Pitti, en Florencia. La revolución garibaldina les obligó a huir a Nápoles y más tarde a Austria. Desde su infancia él supo que todo a su alrededor se estaba derrumbando: la presencia de su familia en la Italia recién nacida tras más de 400 años de permanencia en ella, el propio Imperio Austro-Húngaro, que, como en un macabro vals, giraba sobre sí mismo sin darse cuenta de que su agonía estaba muy próxima. En una loca carrera contra el tiempo, Luis Salvador dedicó una gran parte de su vida a recorrer las islas del Mediterráneo para recoger los vestigios de sus tradiciones y la cultura popular que estaban siendo masacrados por la influencia de la revolución industrial., una influencia que pronto lo inundaría todo.

Cuando era poco más que un adolescente le tocó vivir la experiencia más trágica de su vida, una experiencia que le marcaría para siempre: su prima Matilde, de la que estaba enamorado desde siempre, ardió como una tea al incendiarse su vestido de gasa con un candil durante una fiesta en Viena. Nada se pudo hacer por salvarla. Destrozado por la tragedia, sus padres decidieron apartarle de la corte vienesa por un tiempo para que intentase olvidar y pudiese recuperarse. El Conde Sforza, su tutor y amigo, le acompañó en un viaje a lo que Sforza sabía que Luis Salvador más quería: el sur. Cobijados bajo el pseudónimo de Conde Neudorf, llegaron a Ibiza el 10 de agosto de 1867 para realizar un estudio de sus coleópteros.

Fascinado por la belleza de unas islas todavía vírgenes, decidió establecer su residencia temporal en la ciudad de Palma de Mallorca. Para ello alquiló un palacio, el de Formiguera, que estaba deshabitado, y pidió expresamente que lo amueblasen con una mesa, varias sillas y un colchón. El lujo y la ostentación nunca llamaron la atención del que más tarde sería conocido en la isla como S´Arxiduc. Las temporadas que pasaba en Mallorca las dedicaba a descubrir los últimos rincones de la isla y a preparar la que sería una de sus grandes obras: la colección de libros sobre las Baleares (Die Balearen), de obligada lectura y consulta para todo aquel que quiera conocer cómo eran esas islas a finales del siglo XIX. En los textos de esos libros y en sus fabulosas láminas podemos contemplar la antropología y la cultura popular de aquellas islas. En ellos encontramos todo: desde una descripción de cada rincón, o de las tradiciones y las fiestas populares de cada pueblo, hasta, por poner un ejemplo, el censo anual de burros de cada isla.

Recorriendo Mallorca conoció su costa norte, la Serra de Tramontana, con pueblos como Valldemosa, Deiá o Llucalcari, y se quedó tan fascinado que empezó a comprar las fincas y las casas señoriales (“posesions”) de la zona. Una de las que compró era la de Miramar, donde fijaría su residencia en la isla, en la que Ramon Llull había creado su escuela de lenguas orientales en 1274. Paulatinamente fue comprando otras “posesions” como Son Moragues, Son Marroig, Son Galcerán o S´Estaca, donde construyó una casa de estilo siciliano donde vivió la que fue uno de sus más grandes amores, la payesa Catalina Homar. Actualmente S´Estaca es propiedad del actor Michael Douglas y pasa en ella parte de sus vacaciones. ¡Ah, qué gran película podría hacer Michael Douglas de la vida del Archiduque Luis Salvador!

S´Arxiduc no quería que el paraíso de la Serra de Tramontana fuese destruido por el progreso y la especulación por lo que , en cuanto oía un hacha cortando un árbol, se acercaba a hablar con el payés y le compraba la finca para que no se talara ni un solo árbol más. Rehabilitó una antigua casa (Ca Madó Pilla), y la convirtió en posada donde gratuitamente podían comer y dormir durante tres días todos los visitantes que se acercaran a contemplar aquel paisaje.

Fueron muchas, incontables, las anécdotas de la vida de S´Arxiduc. Era frecuente que su pobre y austero aliño indumentario induciese a la gente a confundirle con sus criados, malentendido que él nunca aclaraba ya que se divertía con ello y además le permitía evitar la pérdida de tiempo que le suponía atender a visitas inesperadas y pesadas. Nunca fue amante del protocolo ni de la vida social.

Viajar era la gran pasión del Archiduque, y por eso jamás fijó su residencia permanentemente. Siendo niño una vieja le había profetizado que en su vida tendría palacios y mansiones, pero que jamás tendría un hogar. Puede que su verdadera casa fuera la Nixe, su impresionante motovelero de tres palos con el que recorrió el Mediterráneo. A bordo de aquel barco viajaba una trouppe de acompañantes de S´Arxiduc que bien podía parecer una trouppe circense: su amante Catalina Homar, sus criados, Antonio Vives, su secretario personal, invitados, amigos y muchos animales, entre los que había perros, aves exóticas y hasta monos. A bordo de su mundo, la Nixe, recorrió con los suyos todos los mares en un viaje sin regreso hacia el fondo de sí mismo. Él se definía como un nómada sin remedio: “Yo he sido siempre un nómada, sin residencia fija corro los mares… mi humor vagabundo me hace vivir, por decirlo así, fuera de la humanidad”

Mucho se ha hablado de la posible bisexualidad de S´Arxiduc, del amor que sintió por su amigo Vivorni (trágicamente muerto de una insolación mientras navegaba en una pequeña barca por la costa de la Serra de Tramontana), y de los muchos hijos naturales que ha dejado en las islas fruto de sus amores. Quizá el más importante de todos ellos fue el que mantuvo con la veneciana Antonieta Lancerotto, que también acompañó en más de una ocasión al Archiduque en sus cruceros por el Mediterráneo, a pesar de que jamás le gustó navegar.

El carácter romántico y soñador de Luis Salvador encajaba perfectamente con el de la emperatriz Sissí, enamorada de la belleza y de la poesía y tremendamente inadaptados ambos para la vida en el mundo de la Corte. Fueron varias las visitas que la emperatriz hizo a su primo en Mallorca, a bordo de su yate, curiosamente también llamado Miramar, como la “posesió” de S´Arxiduc. El Emperador Francisco José, preocupado por intentar evitar la inevitable caída de su imperio, permitía que aquel Archiduque atípico y díscolo viviese libremente su vida aunque, conocedor de su pasión por los viajes, no dudó en encargarle una responsabilidad que el Archiduque aceptó encantado: ser el embajador del Imperio Austro-Húngaro en las Exposiciones Universales. Esta labor le permitió a Luis Salvador cumplir otro de sus más grandes sueños: dar la vuelta al mundo.

Son muchas las interpretaciones que se han dado sobre la pasión de Luis Salvador por recorrer las islas mediterráneas y pasar años estudiándolas: las Baleares, las Lípari…, y también la costa del norte de África, el mediterráneo oriental… Hay quien dice que tras esa fachada de estudioso investigador de campo se escondía su verdadera labor: el espionaje de lugares estratégicos que podrían ser utilizados en caso de guerra. No hay una sola prueba de ello, aunque tampoco las hay de lo contrario. Yo particularmente me inclino a pensar que, como Ramon Llull, era un enamorado de las culturas del Mediterráneo y que dedicó su vida a conocerlas y a acercar entre sí todos los mundos que viven en sus orillas. Su pasión por la antropología era la que le llevaba de isla en isla antes de que la revolución industrial acabase con la cultura popular de aquellas gentes. No fueron conquistas o gloria lo que buscó en el viaje de su vida. Huyendo de un futuro que todo lo arrasaba, dejó que el viento guiara su existencia. No temía al progreso, era un científico, pero amaba demasiado el presente como para dejar que se hundiera con su peso. Una y otra vez recorrió las islas del Mediterráneo. La revolución industrial jamás supo de tolerancias o clemencias. En sus libros duermen hoy los recuerdos de la Historia. Esa fue su  conquista.

Poco a poco, el paso del tiempo y las heridas del amor hicieron que la sangre latina que corría por sus venas lograra imponerse a la rigidez germánica de la educación que había recibido. Así, en sus escritos, vividas ya sus innumerables vidas, es el fondo de su corazón quien,  al final de sus días, toma el pulso de su pluma: “Canciones de los árboles” o “Somnis d´estíu ran de mar” (Sueños de verano junto al mar) son las obras que mejor reflejan la sensibilidad de ese nómada empedernido que fue S´Arxiduc.

Calificarle de místico, panteísta o romántico tardío de nada sirve… jamás habrá prisión para un espíritu libre. Dejemos que sea la voz de este hacedor de sueños quien susurre a nuestra alma sus secretos:

“No se ve ningún buque en el ancho horizonte, sólo buques imaginarios lo atraviesan, y con todo, ningún sentimiento de soledad, como sucede en las cumbres de las montañas; ahí está una ola, como si en un abrazo gigantesco rodeara todo el mundo. Hoy las he escuchado, como si susurrasen conversaciones de lejanos seres queridos. Durante horas las he escuchado, como si siempre tuvieran que decirme algo nuevo…

“¡Con cuánta frecuencia y bajo cuántos firmamentos no habré soñado yo a orillas del mar!… ¡Mirando con nostalgia el oleaje, este ancho camino del mundo, y deseando que me condujera de una costa a otra! Me parecía siempre un nuevo momento: contemplaba la lejanía azul con la misma nostalgia que en mi niñez. Por muy hermosa y fascinante que sea la playa en que me halle, siempre renace esa innata pasión por viajar…

“Uno disfruta de este silencio de ensueño y de este sentimiento de paz interior que solo encuentra en el mar… Es hermoso contemplar la espuma… tiene tanto encanto poder mirar las olas, tan iguales y tan diferentes… una corriente de poesía brota de cada cresta para el que sabe comprenderla…

“Todo el mundo ha oído el susurro del viento entre la copa de los árboles, sin embargo no todos han llegado a escuchar sus voces, tan diversas según sea el árbol de que se trate; no todos han regalado el oído con sus canciones, tan dulces como un beso tras otro, aunque poco después sean como lágrimas. Hay que escuchar atentamente el sonido de sus hojas y procurar descifrarlo. También su modo de hablar es distinto según sea la fuerza del viento y la edad de los árboles, pues difieren tanto como la risa de un niño y el lamento de un anciano. A mediodía, cuando la brisa se desliza susurrante entre las ramas, es el mejor momento para escuchar sus voces… si el árbol está solo, es entonces cuando susurra sus melodías más dulces y, en cierto modo, vierte su propia alma…”

Las fuertes tensiones políticas que marcaron el inicio de la segunda década del siglo XX obligaron a S´Arxiduc a alejarse de su adorada Mallorca. A finales de junio de 1914 el Príncipe heredero del Impero Austro-Húngaro, Francisco Fernando y su esposa Sofía, visitaron al Archiduque Luis Salvador en su villa de Trieste. Iban de camino a iniciar unas maniobras militares. Pocos días después, el 28, fueron asesinados en Sarajevo. Aquel atentado fue el inicio de la Primera Guerra Mundial, que se llevó por delante para siempre al Imperio Austro-Húngaro. Pocos meses después S´Arxiduc moría, solo, en su castillo de Brandeis (Austria).

Luis Salvador escribió muchos libros, casi setenta, y todos llenos de belleza y poesía, pero puede que el más bello que escribió no lo hiciera sobre el papel, sino viviendo su vida y, sobre todo, construyendo los caminos y miradores que han salvado hasta nuestros días ese paraíso mallorquín que es la Serra de Tramontana, esa costa del atardecer donde jamás duermen los sueños…

ETIQUETAS

11 septiembre, 2011

25 septiembre, 2011

RELATED POSTS
Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

Todas las entradas
Categorías
Clandestino en Facebook
Facebook By Weblizar Powered By Weblizar