Cine/Teatro General

Contra la crisis, ACTÚA

ACTÚA es el nombre del FESTIVAL INTERNACIONAL DE CORTOMETRAJES solidarios que cada año organiza INTERMON/OXFAM. En cada edición eligen un objetivo concreto contra el que luchar. Este año ha sido la crisis, y lo ha sido porque INTERMON/OXFAM, está participando activamente en diversas campañas que pretenden destapar a los culpables que han provocado la crisis, impedir que la tengan que pagar los de siempre, los más débiles y, sobre todo, exigir que se tomen medidas para que una crisis como esta no se pueda volver a repetir. El cine, y los cortometrajes en concreto, son una poderosa arma de concienciación masiva, un arma que dispara preguntas y reflexiones a nuestras conciencias, un arma que apunta a lo más hondo de nosotros mismos obligándonos a preguntarnos sin excusas ni tapujos: ¿Qué estoy haciendo yo para impedir esto?

Quizá para esta entrada, si quieres, una buena compañía sería el tema principal de la banda sonora de la película “El último mohicano”.


Son ya 6 las ediciones de ACTÚA que se han llevado a cabo. En la de este año, CRISIS, VÍCTIMAS Y CULPABLES, los diez cortos finalistas se han podido ver proyectados en pantalla grande en diez ciudades españolas, con un notable éxito de público. Su vertiente internacional ha hecho posible que se reciban cortos de más de 20 países y que se proyecten en Alemania, Holanda, Gran Bretaña, Japón, Perú,etc. Entre los cortometrajes presentados, tanto los de categoría documental como los de ficción, existe una gran variedad temática y un nivel de calidad realmente alto. Son diferentes formas de ver la crisis, de analizar sus causas y sus consecuencias, de llamar la atención sobre el riesgo que supone dejar las riendas del mundo en manos de los especuladores cuyo único objetivo es su beneficio a corto plazo, sin importar que para obtener ese beneficio se recorten los derechos sociales de millones de personas y que tengan que morir miles de seres humanos inocentes cada día.

Una de las campañas que INTERMON/OXFAM está llevando a cabo contra la crisis apunta directamente a la linea de flotación de los especuladores: es la CAMPAÑA TASA ROBIN HOOD. Jugando con el nombre del célebre arquero justiciero de los bosques de Sherwood que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y el del economista Tobin, que lo propuso en los años 70, esta campaña promueve una movilización que fuerce a los políticos a imponer un impuesto a las transacciones financieras especulativas. No es un impuesto alto, es solo un 0,05% del dinero que los especuladores mueven a diario. Y pese a lo pequeño que es, su aplicación durante un solo minuto permitiría comprar 4.500 mosquiteras para combatir la malaria; durante una hora la compra de 2.000.000 de vacunas contra la meningitis para niños y niñas; y durante 7 meses el equivalente al total de la ayuda destinada al desarrollo durante 2011. ¡Es tanto lo que se puede hacer con tan poco!En el mundo del cine solemos decir que menos es más, aquí quizá podríamos decir que con un poco podemos hacer mucho. Con este impuesto se consigue no sólo generar recursos para los más débiles, sino desincentivar la especulación salvaje que ha provocado la crisis que estamos sufriendo. Por eso es mucho más importante y necesario de lo que a simple vista parece.

Los que provocaron la crisis nos dicen que para que los mercados, esos nuevos dioses que todo lo pueden y que gobiernan en todos los países que se llaman a sí mismos democráticos sin haberse presentado a ni una sola elección, recobren la confianza en nuestra economía, no tenemos más remedio que apretarnos el cinturón y reducir los gastos sociales. Partidas como sanidad, cultura, eduación o ayuda al desarrollo son las que más recortes prespuestarios están sufriendo. Ellos, los causantes de la crisis y sus voceros oficiales, los medios de comunicación que alientan sus consignas ultraliberales que han provocado la desregulación de los mercados que ha permitido que se pueda hacer la gran estafa que es esta crisis, nos dicen una y otra vez que no hay otra solución, que la crisis la tenemos que pagar todos renunciando a nuestros derechos y sacrificándonos para poder reducir el déficit público, es decir, lo que el Estado, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos gastan por encima de lo que ingresan. ¿Es esto verdad?, ¿No existe otra solución? La respuesta es muy clara: ES MENTIRA, claro que existe otra solución.

Para empezar, cuando nos dicen que debemos repartir el coste de la crisis entre todos apretándonos el cinturón, no nos dicen que a los ricos, el 1% de la población, esos recortes no les afectan en lo más mínimo. ¿Que aumentan las listas de espera de la seguridad social? Les da igual, ellos van a clínicas privadas. ¿Que reducen el número de profesores y los presupuestos de la escuela publica? Tampoco les afecta, llevan a sus cachorros a escuelas privadas y a ser posible en el extranjero. ¿Que suben el impuesto sobre la renta o desaparece la bonificación fiscal de los 400 euros? Tampoco les importa porque la mayor parte de sus ingresos no les viene por una nómina, sino a través de complejos entramados de sociedades interpuestas, instrumentos financieros con trato fiscal privilegiado, como las sicavs, o de las rentas que obtienen en paraísos fiscales.

¿Cómo explicar si no que las tiendas de lujo y super lujo hayan tenido los beneficios más altos de su historia precisamente en 2009 y 2010, cuando la crisis golpeaba más fuerte a los más débiles? Si analizamos la situación fiscal, tomando por ejemplo los datos aportados en el interesante arículo que Viçens Navarro publicó el 2 de junio en el diario Público sobre este tema, entenderemos muchas cosas y veremos que otra solución sí es posible. En EEUU, hasta 1980, los ricos (el 1% de la población), pagaban como impuesto el 70% de las rentas de trabajo que tenían. Ese 70% podía reducirse con piruetas y cabriolas fiscales legales hasta un 50%. Con Reagan y los Bush ese 50% cayó hasta un 36%. Y si analizamos el impuesto sobre las rentas de capital, el caso es aún más flagrante: ha pasado de un 35% a un 15% en el mismo periodo. Y todo esto sin contar los chollos fiscales (tipo Sicavs, etc.) que permiten la elusión fiscal, ni los paraísos fiscales, que posibilitan la evasión fiscal. De hecho, las 400 familias más ricas de EEUU durante los últimos años únicamente han pagado un 18% de impuestos sobre sus rentas declaradas.

¿Ocurre lo mismo en España? Sí. Si comparamos, por ejemplo, nuestra fiscalidad con la de los países escandinavos, donde paga más quien tiene más y eso permite mantener un sistema de prestaciones sociales mucho más desarrollado y justo que el nuestro, veremos que un trabajador español paga el equivalente al 78% de los impuestos que paga un trabajador sueco, mientras que un rico español (1% de la población), únicamente paga el 20% de los impùestos que paga un sueco rico. Ahí está la clave, en volver a la situación anterior a los Reagan, Bush, Aznar y demás defensores del neoliberalismo económico radical. En efecto, de eso se trata: de subir los impuestos a los que más tienen, en lugar de quitar los derechos a los que menos tienen.

Pero ¿qué han hecho nuestros políticos para luchar contra la crisis? ¿Han subido los impuestos a los ricos? NO; ¿Han promulgado leyes contra los paraísos fiscales? NO; ¿Han perseguido legalmente a alguno de los especuladores que provocaron la crisis? NO; ¿Han modificado la fiscalidad de los instrumentos que permiten la elusión fiscal a los ricos como las Sicavs, etc.? NO. ¿Qué han hecho entonces? Reducir las prestaciones a los desempleados, retrasar al edad de jubilación, subir los impuestos indirectos como el IVA o de la energía, los que pagamos todos, en lugar de subir los de los que tienen las rentas más altas, recortar los presupuestos de sanidad, de eduación, de cultura y de ayuda al desarrollo, reducir el sueldo de los funcionarios, regular el marco de las relaciones laborales abaratando y facilitando los despidos, etc…

Como dice el gran Eduardo Galeano mientras pasea por las acampadas de Sol y de la plaza Catalunya dándoles su pleno apoyo, este mundo es infame, pero dentro de él, a punto de nacer, hay otro, un mundo nuevo y diferente. El parto no está siendo fácil, pero no cabe duda de que movimientos como el del 15-M o campañas como la de ROBIN HOOD demuestran que ese nuevo mundo está vivo, está latiendo y está luchando por nacer. Iniciativas como las del FESTIVAL ACTÚA nos recuerdan que tú y yo, que todos nosotros, aquí y ahora, somos los ginecólogos que podemos y tenemos que ayudar a que ese mundo nuevo nazca.

El día 9 de junio se proyectarán los cortos finalistas en la sala Golem de Madrid y el día 10 de celebrará en esa misma sala la entrega de premios y la clausura del festival de este año. Allí nos veremos. Si quieres ver si estás a tiempo de verlos en tu ciudad míralo en la web de INTERMON/OXFAM (www.intermonoxam.org) dentro del apartado del FESTIVAL DE CORTOS ACTÚA.

Nada mejor para acabar esta entrada que el trailer del documental LA DOCTRINA DEL SHOCK, de Michael Winterbottom y Matt Whitecroos, basado en el libro de Naomí Klein, que se proyectará en la clausura del FESTIVAL INTERNACIONAL DE CORTOMETRAJES ACTÚA DE INTERMON/OXFAM, y con el corto hecho por Alfonso Cuarón y la propia Naomí Klein sobre este tema

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Carlos Olalla
Madrid

Por circunstancias de la vida me pasé más de veinticinco años dirigiendo empresas en la que, sin lugar a dudas, fue la etapa más aburrida y frustrante de mi vida. La verdad es que nunca me gustaron esos trabajos y lo pasé fatal. Cuando cumplí los 45 me encontré con que una reestructuración empresarial me ponía de patitas en la calle y sin un duro. Por si fuera poco, nadie me quería dar trabajo porque decían que ya era demasiado “viejo”. A mí siempre me había gustado el mundo del cine y, como estaba en el paro y tenía tiempo, empecé a estudiar interpretación. Me pasé tres años siendo el “abuelo” de todos mis jóvenes compañeros en una conocida escuela de teatro de Barcelona. Durante aquel tiempo recibí alguna propuesta de trabajo para reincorporarme al mundo de la empresa, pero no quise aceptarlas: el nuevo mundo que había descubierto me había atrapado por completo, así que decidí cambiar una maravilla de sueldo y una mierda de trabajo por una maravilla de trabajo y una mierda de sueldo. Puedo deciros que ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida: por primera vez soy libre, la palabra jefe ya no significa nada para mí, hago lo que verdaderamente me gusta y, lo mejor, trabajo con gente sensible y abierta que piensa y siente como yo. ¿Qué más se puede pedir?

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